domingo, 14 de octubre de 2007

Un cero a la izquierda



Biografía de Jorge Zabalza
La polémica queda abierta: Zabalza plantea debate público sobre la historia de los tupamaros



INTRODUCCIÓN
- En la presentación del libro escrito por Federico Leicht, el ex dirigente tupamaro, rompe un viejo pacto no escrito entre los militantes revolucionarios de lavar entre casa ciertos trapos sucios. Zabalza sostiene que el trabajo presentado abre un debate para que sea cotejado publicamente.
- Al mismo tiempo, José Mujica, al ser consultado dijo: ”Yo no me dedico a pelearme con mis viejos compañeros. No me dedico. Usted me puede preguntarme 4.000 veces, y no va a conseguir un carajo. Tengo cosas dentro mio que son sagradas.
- Zabalza dijo que hay diferentes opiniones sobre la historia de los tupamaros, y su conocimiento y discusión es lo mejor para la sociedad y el sistema político.
- El actual integrante de la dirección del mln y diputado por Paysandú, Juan José Domínguez, expresó a Brecha su sorpresa por el contenido del libro. Sostuvo que Zabalza “juega una mala pasada, porque cualquier organización puede tener una serie de planteos que no necesariamente tiene que hacérselos a los demás. Domínguez se preguntó qué pretende lograr del mln con estos planteos. Y añadió que Zabalza se aisló del proceso que emprendieron los tupamaros en democracia y en realidad busca un alineamiento de gente hacia su posición actual.
El parlamentario tupamaro estimó que “nadie puede decir cosas que puedan herir el proceso en curso”, y agregó:… ”las etapas son las etapas, y no podés salteártelas; nosotros no vamos a decir absolutamente nada, porque es entrar en algo que no le hace bien a nadie”.

resumen
LA REPUBLICA UY – Política p3 - Viernes, 12 de octubre, 2007 - AÑO 8 - Nº2696
Zabalza planteó debate con los históricos del MLN

Se presentó ayer (jueves 11) en la Asociación Cristiana de Jóvenes el libro del periodista Federico Leicht "Un cero a la izquierda, la biografía de Jorge Zabalza". En la oportunidad, uno de los históricos fundadores del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) entendió que el trabajo "abre un debate", el cual habría que "cotejar públicamente" .
Finalmente Zabalza, acompañado de su hijo, subrayó que "quisiera morir" como Fidel Castro "sin bajarse ni un tantito de la posición revolucionaria" .
Consultado por la prensa, dijo que el libro "abre un debate", sobre todo en lo que refiere al MLN desde 1985, "y ojalá que se dé en los mejores términos".
"Sobre esa historia de los tupamaros hay muchas opiniones distintas, habría que cotejar públicamente, porque es lo mejor para la sociedad y el sistema político", agregó.
Recomendó leer el libro "porque (el director de Búsqueda, Danilo) Arbilla tiene un ojo muy especial para ver las cosas, muy a la derecha", dijo en referencia a la nota publicada por el semanario.
En otro sentido, recordó "la masacre de Jacinto Vera", de la cual los responsables aún están "impunes, nunca fueron investigados, ni por la Policía ni por la Justicia, los gobernantes de aquel entonces, Luis Alberto Lacalle y Angel María Gianola" (presidente y ministro del Interior de la época).
Sobre el gobierno actual entendió que lleva adelante "un proyecto económico y social que favorece al capital multinacional y está inscripto dentro de lo que plantean los organismos financieros internacionales" .
"Se está produciendo una neocolonización, si el 25% de la tierra está concentrada en pocas manos y extranjeras, y no tenemos a nadie en el gobierno que diga que soberanía nacional es oponerse a la extranjerización de la tierra", concluyó.

El ministro de Ganadería José Mujica, fue consultado ayer sobre el libro de Zabalza.
"Yo no me dedico a pelearme con mis viejos compañeros, no me dedico. Usted me puede preguntarme 4.000 veces, y no va a conseguir un carajo. Yo no gasto porque tengo sagrado, cosas acá adentro", afirmó. *


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BRECHA DIGITAL UY – Viernes 11 de octubre de 2007
Zabalza quiere discutir el derrotero tupamaro en democracia
A quemarropa


Una biografía del ex dirigente tupamaro* plantea estos y otros temas con el objetivo de estimular un debate sobre el derrotero del mln y su actual pertenencia a la institucionalidad democrática. Al mismo tiempo, Zabalza rompe por primera vez un viejo pacto no escrito entre los militantes revolucionarios de lavar entre casa ciertos trapos sucios.
¿Cómo se decidió la muerte del peón Pascasio Báez? ¿Qué posición tenía Raúl Sendic sobre el ingreso al fa? ¿Qué tuvo que ver el mln con los sucesos del Filtro? ¿Hasta cuándo trabajó políticamente por la insurrección popular? Éstas y otras cuestiones sobre el proceso histórico del grupo guerrillero, sus contradicciones internas y la forma en que algunos de sus integrantes fueron abandonando sus proyectos originales para adherirse a la “democracia burguesa”, aparecen en el libro Cero a la izquierda. Una biografía de Jorge Zabalza, del periodista Federico Leicht.
El centro del trabajo de 200 páginas es la vida de Zabalza desde sus primeros años en el departamento de Lavalleja en el seno de una familia del cerno blanco, su pasaje por distintas organizaciones de izquierda hasta llegar al mln, sus años de prisión y su posterior liberación para retomar luego su militancia, con la “revolución todavía en el horizonte”. Pero esa profunda pertenencia a la organización tupamara también revela varias circunstancias que se mantenían en secreto y que ningún otro militante de la “orga” había referido en público.

DOS DIRECCIONES.
En la narración periodística quedan claras las discrepancias de la mayoría del mln con varias posiciones de Raúl Sendic, a quien incluso llegaron a excluir de una reunión convocada especialmente para discutir cómo contener sus incursiones públicas, debido al convencimiento de que estaba fuera de sus cabales. Y mientras en diciembre de 1985 se convocaba a la tercera convención nacional tupamara para discutir varios temas de importancia, entre ellos la reorganizació n, el libro revela que simultáneamente se iniciaron las primeras reuniones secretas del “Grupo de los 17”, una dirección paralela que funcionaba a escondidas del resto de la “orga” y que tenía entre sus integrantes a Sendic, Zabalza, Mujica, Huidobro, Manera y Marenales. Los tres objetivos fundamentales de ese grupo, según el libro, eran mantener despierto el horizonte insurreccional, sostener el vínculo con movimientos guerrilleros del exterior y garantizar los mecanismos de financiamiento gracias a esta relación de solidaridad internacional o mediante las modalidades “a la antigua”, que consistían en expropiaciones o asaltos.
“La guita tiene que venir de los ricos”, decía por aquellos años José Mujica, según el autor. Así, las expropiaciones continuaron como forma de financiar al mln, pero también llegaba dinero gracias a la solidaridad de otros movimientos revolucionarios, como la eta vasca, el Movimiento Todos por la Patria (Mtp) de Enrique Gorriarán Merlo y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (Mrta) de Perú.
Como ejemplo de ello el periodista menciona un viaje realizado por Zabalza en noviembre de 1993 a Perú a buscar dinero aportado por el mrta. Allí trabó amistad con Néstor Cerpa Cartolini, quien en 1997 resultó muerto al liderar la toma de la residencia del embajador japonés en Lima, en la que Zabalza quiso pero no pudo participar. El libro sostiene que ese viaje del “Tambero” se inscribió en una estrategia orgánica y colectiva seguida entre el 92 y el 94 con el fin de conseguir dinero para cubrir el déficit de 100 mil dólares que tenía la radio Panamericana (la CX 44 de entonces, manejada por el Mln).
Las diferencias internas se profundizaron con los años, al extremo que uno de los “viejos”, que también integraba el Grupo de los 17, Jorge Manera Lluveras, decidió a mediados de 1988 alejarse de la dirección del mln. Entre los motivos esgrimidos señaló el deterioro del relacionamiento en la dirección por “vanidad, autobombo, caudillismo, protagonismo, afán de lucimiento y predominio”. “Los caudillos o aspirantes aceptan adulones y en ciertos casos se dejan influenciar por éstos”, añadía Manera, según Leicht. Más o menos por esos días Zabalza, Julio Marenales, Arturo Dubra y Luis Rosadilla viajaban a Libia procurando nuevas fuentes de financiamiento y la posibilidad de entrenamiento para 20 militantes tupamaros, lo cual se logró en setiembre de 1989.
En enero de ese año se había producido en Argentina el intento de ocupación del regimiento militar de La Tablada por parte del mtp, liderado por el ex erp Enrique Gorriarán Merlo. El mtp era uno de los movimientos amigos del mln. Los tupamaros debatieron qué posición tomar y predominó la postura de Sendic y Cultelli de expresar su solidaridad (que incluyó el asilo de varios militantes argentinos en Uruguay), lo cual generó el repudio del fa, que sin embargo luego admitiría el ingreso del mln. La decisión de pedir esa integración también fue objeto de acaloradas discusiones, al extremo de que Sendic, Zabalza, Cultelli y seis integrantes más de la dirección defendieron la postura de no hacerlo, pero finalmente quedaron en minoría.
En abril de ese año se realizó el referéndum sobre la ley de caducidad y, según el libro, el mln montó un “plan defensivo” previendo un levantamiento de sectores del Ejército en caso de que triunfara la papeleta verde. Pocos días después de la derrota, el 28 de abril, Sendic murió en una clínica de París, y con él se terminaba también una época en el movimiento.
En abril de 1991 ocurrió uno de los hechos más traumáticos para los tupamaros, que según la publicación “comenzó a socavar su histórica posición frente a las acciones armadas”. Un grupo asaltó la distribuidora de diarios y revistas de Eddie Espert y en el lugar apareció un documento de identidad de Ricardo Perdomo, histórico militante tupamaro. Zabalza dijo a Brecha que luego del asalto la imagen de Perdomo “quedó muy deteriorada. Yo oí hasta expresiones que hablaban de bandidismo, pero Perdomo no hizo nada en beneficio propio, no era un bandido” (véase entrevista).
La relación del movimiento con policías y militares también era un tema de ardua discusión en la orgánica, y Fernández Huidobro era un firme defensor de la profundizació n de ese vínculo.** A fines de 1991, señala el libro, se produjeron varias reuniones en un chalé de Parque del Plata propiedad del padre del teniente coronel Eduardo Radaelli, quien junto con Wellington Sarli (un ex miembro del ocoa) serían vinculados posteriormente a la desaparición y asesinato del químico y ex agente de la dictadura chilena Eugenio Berríos.
La extradición de tres vascos acusados de pertenecer a la eta, en agosto de 1994, puso en juego otra vez la solidaridad del mln con “quienes desde 1985 los habían apoyado económicamente en varios momentos difíciles”. Pero particularmente para Zabalza, relata el libro, “era la oportunidad de poner a prueba la fuerza militante que desde años atrás venían acumulando, de bautizarla con fuego en una instancia confrontativa” . En la tarde del 24 de agosto, y mientras la dirección del mln se reunía en una camioneta Combi para evaluar la situación, había otro ómnibus “repleto de cócteles molotov y 5 mil miguelitos, además de una banda de jóvenes radicales deseosos de entrar en acción”, cuenta el periodista.
* Cero a la izquierda. Una biografía de Jorge Zabalza, de Federico Leicht. Letraeñe Ediciones.
** Brecha intentó sin éxito consultar al senador Fernández Huidobro sobre todo el relato de Zabalza. Intentó primero en su celular y después en su despacho, donde se informó que estaba de licencia por razones médicas.

Silencio oficial

Las revelaciones contenidas en Cero a la izquierda, que involucran a muchos de los que todavía hoy integran la dirección del MLN, no generaron aún reacciones entre ellos. Varios de los dirigentes consultados por Brecha prefirieron no hacer comentarios, al menos hasta leer el libro y evaluar adecuadamente su contenido.
Uno de ellos fue el diputado Luis Rosadilla: “Mientras no haya leído el libro no quiero creer que el Tambero haya dicho esas cosas”, fue su breve comentario.
El actual integrante de la dirección del mln y diputado por Paysandú, Juan José Domínguez, expresó a Brecha su sorpresa por el contenido del libro. Sostuvo que Zabalza “juega una mala pasada, porque cualquier organización puede tener una serie de planteos que no necesariamente tiene que hacérselos a los demás. Esto es una cuestión muy negativa de su parte”.
Domínguez se preguntó qué pretende lograr del mln con estos planteos. “¿Con esto quiere decir que antes éramos revolucionarios y ahora no lo somos más? ¿Vamos a salir a decirle que sí somos porque hacemos tal o cual cosa? Es un disparate”, comentó el legislador. Añadió que Zabalza se aisló del proceso que emprendieron los tupamaros en democracia y en realidad busca un alineamiento de gente hacia su posición actual.
El parlamentario tupamaro estimó que “nadie puede decir cosas que puedan herir el proceso” en curso, y preguntó: “¿Quién va a dudar de la intención revolucionaria del mln? Es real, concreta y lo va a seguir siendo. Pero las etapas son las etapas, y no podés salteártelas, eso está en cualquier manual marxista y él los conoce bien. Si él va a hacer la contraposició n a eso nosotros no vamos a decir absolutamente nada, porque es entrar en algo que no le hace bien a nadie”.

1972
Encima del desastre en que estaba sumido el mln en el litoral debido a varios problemas durante 1972, cayó el asesinato del peón rural Pascasio Báez, con una dosis de pentotal. Según señala el libro de Leicht, esa ejecución fue una decisión tomada por Mario Píriz Budes (quien luego resultaría un colaborador de los militares) frente a la indecisión de la dirección tupamara. Ante la gravedad de la situación, Raúl Sendic le pidió a Zabalza que se fuera a Paysandú, hacia donde partió el 22 de abril de 1972, encomendándole la tarea de reorganizar las huestes tupamaras.
No le fue muy bien porque poco tiempo después volvió a caer preso, y el 26 de junio de ese año, junto a otros ocho tupamaros apresados (entre ellos Eleuterio Fernández Huidobro y Alicia Rey, la compañera de quien luego se convirtiera en “el” símbolo de la traición, Amodio Pérez) era trasladado al Batallón Florida para negociar la rendición incondicional.
En ese marco, y por iniciativa de Fernández Huidobro, según el libro se acordó que Sendic, quien todavía permanecía prófugo y era la figura más representativa en libertad, ingresara tres veces al batallón para reunirse con Marenales, Mujica y el propio Fernández Huidobro, gracias a la convicción de este último de que se podía negociar que se detuviera la tortura, arriesgando incluso la integridad de Sendic. Ante esto, Zabalza asegura que Huidobro “quiso mantener su protagonismo político desde las entrañas del enemigo, bajo la influencia del grito de los torturados, cierto, pero la historia le recomendaba tener la humildad de dejarse torturar en silencio hasta que lo mataran. Ya no era un hombre decisivo en la revolución tupamara y menos para impulsar una rendición incondicional. La historia no lo absuelve. Y llevó a Sendic al Batallón Florida. Pecado capital. Crimen. Comprometió la seguridad de muchos compañeros, la vida de Raúl y todo”.
ENTREVISTA
Con Jorge Zabalza
El plan insurrecional se mantuvo por lo menos hasta el 95”

—¿Qué objetivos persigue con las revelaciones que aporta en el libro?

—Con estos temas quiero insistir hasta el último momento de mi vida, porque el papel que nosotros seguimos jugando tiene que ver con que no quede una interpretació n de la historia y un mensaje del mln oficialista, el cuentito de hadas.
- Que quede otra versión, y que hagan con ella lo que quieran, pero que quede claro que no nos entregamos todos, que no nos resignamos todos, que no cambiamos de visión todos. Ése es el papel que podemos jugar algunos, y no me siento solo en eso.

—¿Se pensaba por aquellos días de 1985 que existía alguna semejanza con la situación previa a 1973 que podía terminar en una insurrección?

—No en el presente. Se pensaba que en el futuro podía generarse una situación semejante a “El Tejazo” (las maniobras de distracción para propiciar la fuga masiva del Penal de Punta Carretas) o a la huelga general de 1973, un movimiento militante que estuviera en condiciones de armar barricadas, cócteles molotov, miguelitos, empantanar a la Policía, resistir.

—¿Por qué pensaban que se podía recrear un clima que hiciera viable ese proyecto?

—Llegar a eso no era cuestión de voluntad nuestra, analizábamos lo que ocurría, cómo el modelo económico y social que se imponía implicaba un aumento de la brecha en la sociedad y eso lleva inherente la necesidad de reprimir, porque la represión forma parte del modelo. Veíamos que en algún momento ese modelo se iba a desarrollar de manera conflictiva. Pero analizábamos que la situación era diferente a la del resto de América Latina, porque allí no existía un fa que jugara el papel de amortiguador entre los dos polos de la brecha, los oprimidos y la rosquita. Tal vez lo que nos comimos en el análisis es que esos amortiguadores funcionaron muy bien, aún hoy funcionan bien, y se convirtieron en progresistas y se desarrollaron.
El análisis también tenía la confirmación en Argentina, porque ocurrieron cosas como el alzamiento de los carapintada. Acá no ocurrió eso porque ganó el voto amarillo, pero si esa diferencia entre el verde y el amarillo hubiera sido al revés, ¿qué hubiera pasado en Uruguay? No fue tan desacertado el análisis. En el libro se relata cómo frente al referéndum nos sucuchamos todos, porque temer lo peor no estaba tan fuera de lo posible. Y también veíamos la posibilidad de que en Uruguay hubiera sucesos como los que ocurrieron después, en 2001, en Argentina.

—O sea que piensa que nada de eso no ocurrió en Uruguay por la función de amortiguador que cumplió el FA.

—Sí, un amortiguador mucho más efectivo que ahora. Pero en la época en que nosotros analizábamos eso en el Grupo de los 17 yo tomaba mate con el Pepe Mujica, y el Ñato era el que orientaba la discusión. El problema es que esos amortiguadores del fa recibieron el refuerzo de los viejos guerrilleros, que se adscribieron a cumplir la función de garantía del régimen político que impera en el país. Ése es el viraje.

—Ahí volvemos al objetivo del libro: plantear lo que usted entiende como viraje.

—Seguro. Lo que plantea el libro es un debate. Ese viraje que dieron los compañeros yo lo quisiera debatir, porque ellos jugaron un papel muy importante en ese desarrollo progresista de los amortiguadores. ¿Qué hubiera ocurrido si Fernández Huidobro y Mujica se hubieran mantenido tozudamente en el análisis, como ocurrió durante tanto tiempo, de que en este país había que cambiar el orden social y político en lugar de modificarlo y subsistir dentro de él? ¿El fa habría contado con la fuerza con la que cuenta y nosotros habríamos quedado tan aislados?


—¿Ese viraje se discutió en el mln o se dio por la vía de los hechos?

—La experiencia que tengo de los partidos políticos de la izquierda revolucionaria es que las discusiones nunca se dieron planteo contra planteo, se dan por la vía de la discusión pública, hoy en día a través de los medios. En el mln vino por un abandono de la militancia, de los proyectos de territorialidad y por suscribirse a jugar un papel en la orgánica del fa. El dilema de alguna manera hizo eclosión cuando pasó lo del Casino Carrasco, acatamos o no la decisión de Tabaré Vázquez.
Yo me mantuve en que iba y votaba en contra, la posición de Mujica era hacer el planteo crítico pero votar favorablemente o irse de sala. Yo no quise trasladar las prácticas parlamentarias de los partidos tradicionales a lo que era una actitud comprometida con los cambios sociales.

—¿Y esa discusión no se dio ni siquiera cuando se trató el ingreso del mln al fa?

—Por un lado quedamos los que votamos negativamente el ingreso al fa (Sendic, Cultelli, Irma Leites, Villanueva…, fuimos nueve). Pero por el otro no se planteaba suscribirse al “centrazo” del que hablaba el Ñato en Mate Amargo: la posición era pedir el ingreso al fa con la formación de un polo ideológico revolucionario, que fue el mpp con el pvp, el mro, el pst, más independientes, entre ellos Helios Sarthou. No era sólo entrar, era plantar una estaca en la izquierda, ese término es de Mujica con su gracejo gauchesco. Claro, después la estaca se le dobló.
Pero en aquellos días el discurso de todos nosotros planteaba la diferencia entre lo que era el Frente Grande y lo que era el Encuentro Progresista. Sendic lo sintetizó en el 87. Decía “vamos a ponernos de acuerdo en tres o cuatro cositas”, pero las cositas eran reforma agraria, no pago de la deuda, estatización de la banca y aumento sustancial de salarios y pasividades para reflotar el mercado interno. Además de eso, él decía que había que ingresar en la unidad sin exclusiones, pero no en la unidad para transar ni para reunirnos con los que transan. “Somos imbancables, compañeros”, terminaba Sendic. Él planteaba la necesidad de seguir cambiando el orden social, como está muy claro en varios de sus discursos. Como ha sido olvidado, porque hoy Raúl se ha convertido en una imagen de un viejito bonachón de barba blanca, y no fue eso, no era un viejito bueno. Eso es una falta de respeto.

—¿Cómo se da la evolución del mln desde su ingreso al fa hasta el episodio del Hospital Filtro, en agosto de 1994? Usted dice en el libro que el Filtro podía haber sido la ocasión de un “bautismo con fuego” para muchos jóvenes militantes. ¿Ésa era la posición mayoritaria de la dirección del mln?

—Claro que era mayoritaria, y particularmente en el Grupo de los 17, que estaba conformado por quienes habíamos sido los militantes de primera línea del mln, estábamos todos. Y manteníamos discusiones muy duras. En el centro de la cosa estaba mantener el horizonte insurreccional en el discurso, mantener el cuestionamiento del sistema (hay que leer lo que escribió Raúl sobre el plan por la tierra y contra la pobreza). La necesidad de cambiar el régimen político era colectiva, como también lo era la de no renunciar a las armas, y Raúl también era claro en eso. Nosotros salimos de la cárcel y nunca renunciamos a las armas. Hubo un episodio que deja claro eso: cuando Enrique Tarigo asumió la presidencia del Senado sacó un revólver con seis balas y dijo que iba a disparar cinco y la última la iba a usar contra él. Raúl, preguntado sobre ese tema, dijo que él tenía un revólver con seis tiros pero iba a tirar los seis. Y ése era el planteo nuestro: mantener el horizonte insurreccional.
Nosotros también estábamos en el Filtro para mantener los vínculos de solidaridad con los movimientos revolucionarios del mundo entero. Y en la medida de nuestras fuerzas los mantuvimos. Y además siempre pensamos que una organización revolucionaria tiene que tener una independencia financiera, que no puede depender de los esfuerzos de los militantes.
Esos tres elementos (lo insurreccional, los vínculos con los movimientos revolucionarios y la independencia financiera), que hasta mediados del 94 se decidían en el Grupo de los 17, pasan a ser discutidos en el Comité Central. En éste se aprueba el Plan 91-92, que tiene un concepto de ocupación de territorio, dominio político a través de los comités de base del fa, y lo social a través de las organizaciones sociales, los asentamientos, los sindicatos. Eso se concreta a través del Plan Cerro-Teja, que tiene que ver con mi ida para allá, y tiene que ver con que las coordinadoras E y F del Cerro tenían una fuerza importante del mpp.
En ese momento también se discute la participación en listas, y estuvimos todos de acuerdo en que como ya teníamos la fuerza militante suficiente para incidir en lo social podíamos participar, porque teníamos además la práctica de Hugo Cores y Sarthou, que decía que podíamos tener una participación al menos digna. Mi balance hoy no es ése pero en aquel momento pensaba así. Entonces, ¿qué hacíamos? En aquel momento estaba el grupo de los 12 conduciendo al fa, que integraba el Ñato y en el que hacía acuerdos con Rodríguez Camusso, con Alberto Couriel. ¿Nos disciplinábamos al fa o manteníamos una actitud de desacato permanente? Ésa era la actitud que veníamos manteniendo, la crítica a lo que hacía la imm con la venta callejera, la pelea por los asentamientos, el apoyo a los trabajadores municipales cuando chocaban con su patronal que era de izquierda.

—¿No se evaluaba cómo afectaría al gobierno de izquierda en Montevideo una insurrección con la participación del mln?

—Teníamos una visión muy crítica del gobierno de izquierda, no teníamos a nadie ahí. Pero además quiero aclarar que nosotros colectivamente no veíamos el proceso insurreccional como algo promovido y llevado adelante por el mln en tanto “vanguardia revolucionaria” . Veíamos al mln preparándose para apoyar algo que tenía que darse a nivel popular en función de un montón de situaciones que hicieron que en Argentina sí se diera lo que no se dio acá.
Nosotros nos negábamos a admitir también la crisis ideológica, de valores, de ideas. El papel del mln y sus medios y discursos era mantener ese planteo de poder, y las denuncias de corrupción y de violación a los derechos humanos. Ése era el papel del mln. Si se daba o no dependía también de otros actores. El actor principal fue el fa, que actuó como amortiguador, y la cosa cambia cuando la “barra brava” se pasa para el otro lado. Entonces quedamos colgados de una telaraña, y la enorme mayoría de nosotros nos fuimos para casa.

—En el libro se cuenta de una misteriosa reunión entre usted, Fernández Huidobro y otros dos “viejos”, cuyos nombres se omiten, con los militares Sarli y Radaelli, que luego terminarían involucrados en el asesinato en Uruguay del agente chileno Eugenio Berríos. ¿Qué se trató en ese encuentro? ¿Cómo surge ese relacionamiento?

—Yo no sé más de esas reuniones que lo que está en el libro. Pero yo lo he dicho muchas veces, esos militares son amigos del Ñato, Radaelli es amigo del Ñato, y el chalé donde nos reunimos era del padre de Radaelli. Por eso la defensa cerrada del Ñato cuando los extraditaron a Chile.

—¿Esa línea de trabajo de Huidobro con militares y policías fue algo que se decidió orgánicamente o se trataba de una inquietud personal?

—Hay de las dos cosas. Él ahora se va del mln porque quiere libertad, en realidad siempre gozó de libertad, él en la orgánica planteaba cosas y siempre hacía más o menos lo que quería. Es que por el peso de él en la dirección, no así en las convenciones, siempre predominaba en las discusiones. Eso fue decidido en la orgánica.

—¿Y cómo se procesaba el tema de esas reuniones en la orgánica?

—Él hizo algunos contactos, planteó el hecho de las reuniones en la orgánica. En el Comité Central planteamos con un grupo de compañeros que quienes tenían una estrategia eran los militares, que querían hacer un operativo de inteligencia, y que nosotros no nos planteábamos nada. No sé si el Ñato no se planteaba nada, porque tanta persistencia en el tema… Se puede ver cómo ante la ausencia de una organización revolucionaria la relación con estos locos pretendidamente nacionalistas sustituye a la organización. Es la tesis que él ha sustentado muchas veces.

—En el libro se habla de la estrecha relación con movimientos revolucionarios del exterior. ¿Hasta cuándo se mantuvo ese vínculo?

—Se mantiene hasta hoy, aunque sobre bases diferentes. En aquel momento practicábamos la solidaridad activa. Por ejemplo, cuando me fui del mln una de las cosas que me ayudó en la decisión fue la posibilidad de ir a ayudar en la toma de la embajada de Japón en Lima por el mrta.

—¿Y qué pasó?

—Me descartaron porque estaba siendo una figura muy conocida, y había otra gente no tan conocida que habrá participado. Eso fue en 1997, yo estaba en la presidencia de la Junta Departamental. También pasó que el asunto se postergó dos años, porque hubo una caída importante de gente. En fin, yo pensé que podía dar una mano importante. La idea, muy tentadora por cierto, era secuestrar a Fujimori.

—¿Hasta cuándo continuó la preparación de militantes con el horizonte insurreccional?

—Yo puedo decir que hasta el 95 se seguía, después habría que preguntarle a Julio Marenales si hubo algún entrenamiento en Playa Verde, capaz que sí. Yo hasta el 95 sé lo que pasó, la práctica nuestra era tener una organización que hacía posible contar con armas de lucha popular: molotov, miguelitos, cubiertas, materiales para hacer barricadas. Así como sabíamos a dónde ir a buscar el carburo para blanquear una pared, sabíamos a dónde ir a buscar las cubiertas. En conflictos muy grandes, como el de cutcsa del 88 o los 80 días de huelga en la construcción, ahí estuvimos nosotros.

—Y las expropiaciones como forma de financiamiento, ¿también siguieron hasta ese momento?

—Como dice el libro, el mln pagó todas las deudas que tenía por la radio Panamericana, cx 44. A menos que la plata se la haya dado Manini Ríos al Pepe, de algún lado salió, ¿no? Pero yo en esas cosas me muevo en un marco muy estrecho, porque no soy ortiba. Lo que rescato es el proceso histórico, nosotros salimos de la cárcel con una intención revolucionaria que era concreta, no verbal, y eso se extendió hasta el 95, abarca una historia de diez años, que son más que los años del 68 al 73. Y esa visión era compartida por todos, la dirección éramos fundamentalmente los cuatro compañeros del Mediocampo de los que habla el libro. Cómo se hacían los contactos internacionales (como el viaje a Libia), cómo se redactaban los proyectos, en eso estábamos los cuatro, y de eso yo quiero dejar constancia para la historia.
El palito de la colmena, como decía Mujica, éramos los cuatro, y el palito no era para vender más barato el pollo inflado a agua congelada sino que era para lo otro, para mantener vivo el horizonte insurreccional. Hay que recordar que en el camino hacia ese horizonte murió Rony Scarzella,* cuya muerte sigue impune. También hubo más muertos, Facal y Morroni, en los hechos del Filtro, que tienen que ver con esta estrategia del mln, y ahí también hay responsabilidad política del mln. Yo quiero que la historia tenga otra versión, y no sólo esa del cuentito de hadas. Y de paso rescato la dignidad de un compañero como Ricardo Perdomo, cuya imagen quedó muy deterioriada. Yo oí hasta expresiones que hablaban de bandidismo en la época, pero Perdomo no hizo nada en beneficio propio, no era un bandido.

—¿Hay lugar todavía para ese horizonte insurreccional?

—Pienso que al amortiguador progresista le está pasando lo mismo que al batllista, está empezando a rechinar. Qué va a ocurrir no sé, pero sabemos que nuestro papel acá es ser una referencia, y si a partir de eso y de la lucha social aparece algo, yo no tengo la bola de cristal. Cuidado que el amortiguador progresista no se deteriore y termine como el batllismo cuando se transformó en pachecato, es decir, en un sistema represivo. Cuando se planteó la reforma naranja, el discurso de la izquierda era “están preparando el instrumento jurídico para la represión”, y era verdad. ¿Qué están haciendo ahora con el delito de sedición, el de usurpación? Están preparando el instrumento jurídico para la desocupación de fábricas, de tierras, para meter preso al que no tenga cédula. Es bárbaro el discurso progresista, pero por las dudas están preparando la represión, porque es inherente al modelo económico y social que se está aplicando.
FW
* Ronald Scarzella, militante del Movimiento por la Tierra asesinado en La Paloma en 1993 (véase contratapa de Daniel Gatti en Brecha, 7-V-93). El homicidio nunca se aclaró.

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