martes, 23 de septiembre de 2008

De gente joven, de penas viejas.


Esto somos.

Memoria en Libertad busca contribuir al diálogo entre generaciones y entre distintos sectores de la
sociedad respecto de las vicisitudes que vivieron niños y adolescentes en la dictadura. Quieren dejar su grano de arena en la reconstrucción de la memoria colectiva.
Apoyan plenamente la anulación de la Ley de Caducidad y buscan la manera de ser incluidos en la ley de reparación integral a las víctimas del terrorismo de Estado.

Para comunicarse con el grupo:


emoriaenlibertad@gmail.com.


Niños y adolescentes que sufrieron la dictadura se juntaron para hablar.

El grupo Memoria en Libertad se constituyó este año. Reúne a los que durante la dictadura fueron niños o adolescentes, hijos y parientes de presos o desaparecidos. La semana pasada, en la Facultad de Psicología, empezaron a recoger testimonios de los que hoy son treintañeros.

Buscan sanción y reparación.

“Nunca participé en una fiestita de la escuela, nunca bailé en las fiestas de fin de año. Lo entendí
ahora, hablando con Matilde. Ella cuando iba a ver a su padre preso los miércoles no iba a la escuela.

Entonces, al otro día la maestra la llamaba y frente a toda la clase le preguntaba por qué no había ido a la clase. Y le decía que optara por ir a ver a papito o pasar de año”, así explicó Micaela Rivero la malevolencia docente que sonrojaba de tristeza a su amiga y que a ella no le permitía asistir a las fiestas escolares por estar señalada como hija de.

A los pequeños rehenes de la dictadura les quisieron borrar la sonrisa como a sus padres. Pero el
sistema de represión institucional fue otro para los chicos. Primero el miedo al garrote, a los gritos y los insultos que recibían tanto ellos como sus padres. Después la humillación de tener que desnudarse frente al personal de las cárceles en las que estaban recluidos sus padres.
El autoritarismo de la dictadura no fue un dolor exclusivo de los adultos que sufrieron todos los
maltratos que pueda desarrollar la perversión humana. Niños y adolescentes también vivieron la
violencia. Los hijos de los presos en algunas ocasiones se quedaban sin referentes familiares y pasaban de una casa a otra. Algunas maestras se encargaban de recordarles que sus padres eran delincuentes subversivos; las fuerzas represivas ingresaban a sus casas por las noches y se llevaban los juguetes, las fotos y hasta sus cuadernos. Para ellos, los monstruos que acechan los sueños infantiles eran reales, no pesadillas.

Identidad Los niños eran fieles y pelearon también contra el miedo en silencio, pero el tiempo pasó y llegaron a los treinta años podridos de haber permanecido callados tanto tiempo.
Ahora se están juntando en el colectivo llamado Memoria en Libertad para poner en clave común sus experiencias y buscar cierta sanción y reparación por las brutalidades que les hicieron vivir. En el exilio, los compañeritos de aventuras les preguntaban qué hacían en aquellas tierras lejanas a su terruño. La mayoría respondía con mentiras del estilo “mamá está estudiando y por eso estamos acá” Memoria en Libertad busca testimoniar las peripecias de los niños y adolescentes cuando gobernaba el terrorismo de Estado. El grupo trabaja para “iniciar un proceso de recolección de testimonios tratando de recoger el abanico de situaciones que vivimos como niños o adolescentes”, informó Camilo
Abrines.
“El Consejo del Niño se utilizó como cárcel política. [...] Hay niños y adolescentes que fueron
víctimas de tortura en los cuarteles. Chicos de 13, 12 o menos años”, indicó Abrines.

También había chicos “que eran usados como rehenes en interrogatorios para presionar a los padres”, puntualizó Rivero.

El espacio también se constituyó como un lugar para descargar la mochila del dolor y para conversar de las cosas que el terror no quiso ventilar. “Una cosa muy importante es que en las historias, que parecen diferentes, tenemos un nivel de comprensión entre nosotros hasta la profundidad, aunque sea en las anécdotas; es un nivel de comprensión entre iguales”, comentó Rivero.

“Tenemos mucha necesidad de hablar, nos estamos organizando para eso y también para cuidarnos”, explicó Magdalena Louis.

Memoria en Libertad quiere garantías para que no se repita el terrorismo de Estado, para que se
eduque en derechos humanos y, por supuesto, para saber qué pasó. Para Louis la cuestión es que la sociedad y el Estado se hagan responsables: “Siento que a las últimas generaciones no les interesa saber de la historia, y es la historia reciente, no es de hace 200 años. [...] Que se enteren de lo que vivieron nuestros padres y nuestros abuelos, que sepan que puede volver porque está presente en América Latina, es parte de nuestra historia y se tienen que hacer cargo”.

¦ Guillermo Garat

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