domingo, 5 de octubre de 2008

La hora señalada



Quién iba a decir unos años atrás que un viejo guerrillero que cuestionó el sistema, se transformaría en la figura más carismática de la izquierda uruguaya y podría ser el Presidente de una institucionalidad antes cuestionada? Pero es así, nomás. José Mujica, integrante del MLN - Tupamaros, contra todos los vaticinios, es hoy la figura que mayor potencialidad tiene para ganar las próximas elecciones nacionales en nombre de la izquierda. Su competidor en la interna del Frente Amplio, es el ex ministro de Economía, Danilo Astori. Éste, siempre fue visto como el hombre capaz que ganar más adhesiones de un electorado no frentista. Era uno de los grandes argumentos a su favor. Empero, desde hace ya varios meses, Mujica tomo ese lugar: el de un liderazgo indiscutido hacia la interna y el mejor candidato para dar la pelea fuera de la izquierda gracias a sus dotes de excepcional comunicador.

De acuerdo a una de las empresas más serias en el rubro, Factum, en su última encuesta representativa del 100% del electorado real, si las elecciones uruguayas fueran este domingo, el Frente Amplio tendría el 45% de los votos, mientras los partidos conservadores (Nacional y Colorado) sumados, obtendrían el mismo porcentaje. La indefinición alcanza al 6% de los consultados. Es claro que el presidente Tabaré Vázquez es partidario, y así lo expresó públicamente, de una formula Astori-Mujica. Pero la voluntad de los frenteamplistas camina en sentido contrario y e invierte el orden: Mujica - Astori. Paulatinamente la polarización entre ambos ha ido dejando fuera otras opciones. Y la supremacía del tupamaro ya no solo es interna sino externa. Eso pese a que el principal crítico de su candidatura ha sido Mujica mismo. También paulatinamente, ambos van siendo expresiones de las dos corrientes que conviven dentro del Frente que no es ajeno en su interna a la lucha de clases.

Mientras el ex guerrillero encabeza los sectores de izquierda en la interna, el ex ministro de economía lidera a los más moderados. Mientras el primero apuesta a la integración con latinoamérica, el segundo quiere relaciones más carnales con los EE.UU. Hay quienes desde la izquierda y la ultraizquierda afirman que ambos son lo mismo, dos caras de una misma moneda. Serían dos expresiones del renunciamiento del Frente Amplio a sus postulados históricos. Entre tanto, la coalición y movimiento de izquierda que gobierna, deberá motivar a una militancia ignorada durante estos tres años y medio largos. Una militancia que no logra entusiasmarse con lo hecho, y que por lo tanto no logra desarrollar su potencial con respecto al tiempo que vendrá. Es cierto que en el Frente los debates siguen en torno a programa y candidaturas y es muy difícil salir a la calle a trabajar por algo que todavía no tiene un rumbo claro.

Pero también las últimas elecciones internas dieron una señal de alerta: la estructura de la izquierda descansa hoy en las viejas generaciones de luchadores que, con sus años a cuestas, mantienen en alto una de las más ricas experiencias políticas uruguayas: los comités de base izquierdistas. En la instancia los jóvenes faltaron a la cita. Es cierto que, como ocurre con la sociedad uruguaya en general, amplios sectores juveniles han sido ganados por una cultura del individualismo, del consumismo, del hace la tuya, de la negación de proyectos colectivos y carente de la rebeldía necesaria en cada generación. Son amplios los sectores juveniles que aborrecen la actividad política o, en el mejor de los casos, son indiferentes a ella. No han generado sus propias utopías (todo se reduce a tener el nuevo modelo de celular, por ejemplo).

Nuevas generaciones que muestran un sentido de pragmatismo donde no hay lugar para proyectos solidarios y colectivos. El tema es de toda la sociedad, pero la juventud se adapta a ello sin mostrar síntomas de rebelión ante el pensamiento único impuesto por el capitalismo. Frivolización de todo y superficialidad frente a todo son las consignas del día, en todos los estamentos sociales. Hay claramente sectores que siendo numéricamente más reducidos, siguen la pelea por la utopía en diversos planos. Algunos lo hacen en las estructura partidarias. Los más, lo hacen en nuevas formas de agrupamientos menos estructurados, unidos por valores fundamentales, necesidades concretas y acciones conjuntas. El tema, es que la izquierda ha ignorado este fenómeno creciente cuando ha sido gobierno y no ha sabido potenciar y desarrollar todas sus posibilidades, no para cooptarlo, sino para nutrirse de la frescura y creatividad allí existentes.

Como vemos el futuro del Frente Amplio no es un tema menor. Ha sido la gran herramienta de cambios construida en medio de muchos dolores y algunas importantes alegrías durante casi cuatro décadas. Hoy se debate si el Frente, que nunca fue o se definió como una fuerza revolucionaria, sigue siendo de izquierda, es decir un paso en la transición hacia el socialismo. Corre el riesgo de tradicionalizarse, en el peor sentido de la palabra, transformándose en una de la pata "progresista" de un bipartidismo restaurado. Es decir, una opción capitalista, más humana, que atiende más la justicia social, lo cual no es poco pero, tampoco alcanza. El Frente Amplio nació para tocar, remover las estructuras más profundas del poder conservador del Uruguay. Cambiar las reglas del juego para que los más infelices sean los más privilegiados. Ir en el camino de la construcción de un socialismo uruguayo y no plantearse solamente un capitalismo de rostro más humano.

Los grupos que por radicales emigraron del Frente Amplio, como el Movimiento 26 de Marzo, ven ya como no pueden consolidar una alternativa eficaz y creíble dentro de la sociedad. Hoy el Frente sigue siendo la única alternativa de cambio real en un Uruguay malherido por décadas de neoliberalismo. El tema es hasta donde van a llegar en esos cambios. Y la respuesta, más allá de las negociaciones cupulares, está siempre en la gente. De la gente de izquierda, depende el rumbo que el Frente tome en el tiempo que vendrá. Porque todo indica que seguirá siendo gobierno al menos por un período más y que necesitara lo que obtuvo en los últimos comicios: mayorías parlamentarias. Sin ellas no se podrían haber logrado algunos cambios significativos.

Negociando con la derecha, cada transformación dependerá de tortuosas negociaciones con una derecha que anhela volver al gobierno y desandar los avances logrados por Frente, por pocos o tímidos que los mismos sean. La hora señalada, no se trata de un programa o de candidaturas. Si bien son temas medulares. Se trata de fijar un rumbo. Y la gente, aunque algunos dirigentes quieran, no puede, no debe estar ausente. Sin gente, sin participación, sin crítica y autocrítica, la izquierda dejará de ser izquierda. Sería un retroceso histórico para el Uruguay y dentro del, los más pobres.

COMCOSUR

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