sábado, 5 de septiembre de 2009

del “Negro López”

.MESA REDONDA “A 40 AÑOS DEL 68” Teatro Florencio Sánchez, 28 de agosto de 2008.
Intervención del “Negro López”

JOSÉ LÓPEZ MERCAO: Estudiante de secundaria en el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo - IAVA, en 1968. Dirigente del Frente Estudiantil Revolucionario – FER.


El viejo IAVA


José López Mercao: En ese momento yo era uno más del FER. Y me dijeron los compañeros que hablara yo, y es una responsabilidad, porque fue una historia muy segmentada.
Ahí en preparatorios, que fue el eje neurálgico de la actividad del FER, se estaba un tiempito y se pasaba a la Universidad, se incorporaba a la lucha clandestina, pasaban muchas cosas. Así que hay prácticamente cuatro generaciones que en poco tiempo, entre el 67 y el 74, jalonan esa lucha.

Me pidieron algo escrito, no es mi estilo leer, pero voy a intentar llegar al final de todo esto.
Le puse “A 40 años del glorioso 68”, le podía poner “La gran ilusión” (como la película), porque también fue parte de una gran ilusión mundial, planetaria, universal.

El FER surge a comienzos del 67, en el seno de la Juventud del Movimiento Revolucionario Oriental (el MRO), la que a su vez es un producto de la escisión de un grupo de la Unión de Juventudes Comunistas, acontecida en 1966. Su origen tuvo una implantación modesta en el IAVA, y casi marginal en otros centros de estudio como el Miranda, el liceo del Cerro, el nocturno del Zorrilla. La excepcional capacidad concentradora del IAVA, que congregaba alrededor de 8000 estudiantes, contribuyó a que andando el tiempo, se constituyera en el centro neurálgico de la movilización estudiantil del año 68, y en el lugar donde el FER llegó a aglutinar a no menos de 1000 estudiantes. Sin embargo, nada hacía sospechar ese excepcional crecimiento de 1967, cuando el FER participó de las elecciones de la Asociación de Estudiantes de Preparatorios, con la lista 18, bajo el lema “Por el socialismo y la libertad”.
La votación que recibió el FER en esa oportunidad fue irrisoria, ante los más de 2000 votos que obtendría la derecha nucleada en “Reafirmación” y los pocos más de 300 que recogerían “Acción Gremial Universitaria - AGE” e “IDEAS”, agrupaciones que respondían respectivamente a las juventudes “Demócrata Cristiana” y a la “Unión de Juventudes Comunistas”, el FER obtendría algo más de 70 votos.
Sí, así se arrancó.

El 67. En mayor abundancia lo han descrito los compañeros. Lo que fue la ofensiva con el movimiento obrero, contra el pueblo en general, la inflación, las Medidas Prontas de Seguridad (que se implantan el 9 de octubre del 67, lo que provoca la renuncia de cuatro ministros: Michelini, Vasconcellos, Rugeri y Véscobi. Es importante, porque eso también tuvo su correlato a nivel estudiantil, el impacto que hace en la derecha corriente todo el proceso del pachecato. Pero también en el plano internacional, el 67 fue muy rico. Apunté: comienza la ofensiva del año nuevo lunar en Vietnam; ecos de la revolución cultural en China; en Bolivia moría el Ché, con toda la carga simbólica e ideológica que tuvo para esa generación; se reunía la Organización Latinoamericana de Solidaridad en la Habana con una fuerte delegación de la izquierda uruguaya, que quiero recordar, casi en su totalidad, con la excepción del Partido Comunista - hay que decirlo - adhirió a los postulados Guevaristas, de subordinación de todas las luchas a la lucha armada; pero también se reunía en Punta del Este la Conferencia de Presidentes de la OEA: Duvalier, Costa Silva, Johnson, Onganía, Strossner; solo faltó Somosa que mandó al canciller; y durante 10 días, en el mes de abril, la universidad estuvo ocupada y cercada por la policía. A punto. La mesa estaba servida, estaba el pan y el vino, pero el protagonismo colectivo, llegaría el año entrante, el 68.

El 68 no comenzaba con mejores auspicios que el 67. Se creaba la ley de ordenamiento salarial (un nombre inocente, pero era una declaración de guerra contra los trabajadores). El Consejo Superior de Salarios se crea, y el 26 de abril, llega una nueva marcha de la UTAA, desde Bella Unión y dos días después una formidable devaluación lleva al dólar a 250 pesos, disparándose el escándalo de la infidencia que compromete seriamente a varias figuras políticas, principalmente a nuestro conocido Jorge Batlle. El primero de mayo se dispara la confrontación al pasar la columna obrera ante la Embajada de los EEUU, y el 14 de mayo se inaugura el Primer Congreso Ordinario de la CNT, al mismo tiempo, el mismo día, que comienza la insurgencia estudiantil.

Este entorno influye sobre aquel FER primigenio, que al contrario de lo que había hecho en 1967, se presenta a las elecciones de estudiantes, no con una lista, sino con una plataforma de principios. En la misma se profundizaban los principios de libertad y socialismo, agregando la voluntad de luchar junto a los trabajadores. Para ello, para afrontar la coyuntura que sobrevenía - que dicho sea de paso se visualizaba con notable claridad - se declaraba obsoleta la organización del gremio que no contemplaba la participación directa de los estudiantes. Queríamos un gremio organizado en base a asambleas de clase y juntas de delegados; y en cuanto a la determinación de no presentar delegados, no fue menor el diagnóstico de coyuntura. Sobrevenía un tiempo, en que por razones de seguridad, resultaba peligroso exponer las identidades de los compañeros, en una lista encabezada por el lema “Por el socialismo y la libertad”. En los hechos la precaución no resultaría desmedida.

Era otro FER. Ya los escasos integrantes que provenían de la juventud del MRO habían roto sus vínculos con la misma – los habían echado -; era otro tiempo y también era otro estudiantado. La agrupación tradicional de las derechas, “Reafirmación”, se fractura, surgiendo en un ala liberal, el Frente de Reacción Independiente.
El FER lanza una plataforma de principios, y se realizó su difusión clase por clase, interrumpiendo los cursos curriculares, con la autorización de los docentes, para inducir la discusión de la misma, a menudo con la participación de los propios profesores.

Algunos de los que en aquel momento nos integramos al FER, debemos el vínculo que por primera vez alguien nos interpelaba y nos concedía el derecho a decir lo que queríamos decir. En definitiva sin que lo supiéramos, estábamos asistiendo a la emergencia de una nueva camada de cuadros, que iban a convertirse en referentes ante el movimiento tumultuoso que se iba a dar en muy poco tiempo.

Digo a propósito referentes y no dirigentes, porque la naturaleza de ese movimiento, no se compadecía con los dirigentes, al menos en el sentido al que el término nos tiene acostumbrados. ¿Qué característica tenían esos referentes? Creo que fundamentalmente, cuatro: su capacidad persuasiva, su oratoria, el ir al frente en un proceso de lucha que tuvo por excelencia como escenario la calle, y el no pedirle a nadie, algo que no estuviera dispuesto a hacer él mismo. Eso es muy importante en aquella generación.

Y en ese período que va de abril a mayo, nos encontramos con una suerte de enigma, porque en menos de un mes todo cambia. La prensa de la época data el comienzo de la insurgencia el 14 de mayo. Ahora, ¿qué sucedió en ese ínterin? En ese período fermental, la memoria comienza a ser imprecisa, algunos hechos son datables por entonces. Como por ejemplo la primera asamblea en la que la posición del FER es mayoritaria, se dio con la comparecencia de trabajadores de UTAA, que habían sido reprimidos el primero de Mayo. En la asamblea se acordó apoyar solidariamente a la lucha de los cañeros, y no puedo dejar de recordar que el grupo de compañeros de UTAA, que llegaron al IAVA, iban acompañados por Paco López, un compañero del transporte ejecutado durante el Golpe de Estado en Chile y cuyos restos fueron encontrados y repatriados hace pocos años. Sin embargo se trató de una asamblea pequeña, como era costumbre por esos momentos.

Luego un hecho para nada menor, que es poco recordado, la toma por asalto del gimnasio anexo al IAVA, que se encontraba clausurado para las actividades deportivas por haber sido habilitado como depósito de material de la “Alianza para el Progreso”. Rompimos las ventanas, entramos, exhibimos durante varios días ese material. Fue la demostración de que lo que denunciábamos era real. Habíamos denunciado algo que era correcto y lo habíamos corroborado a través de la acción directa. De esa época data otro hecho que habla de los espacios de autogestión. Lográbamos inmediaciones, como fue la toma del salón de actos, que nos era negado para la realización de las asambleas generales, pero también fundamentalmente en el período siguiente, para las Juntas de Delegados. Un Delegado por mayoría con voz y voto, y otro para la minoría, con voz pero sin voto. Un procedimiento de funcionamiento absolutamente democrático y anti burocrático, que pautaría la vida futura del IAVA, hasta que a fines de 1970 * la dictadura lo desconcentrara, advirtiendo el error que había implicado concentrar a más de 8000 estudiantes en un centro de estudio.
Es recordable también en esa época, la posición del FER en torno a la invasión de Checoslovaquia, por las tropas del Pacto de Varsovia. Para nuestra sorpresa nuestra posición fue coincidente con la de Fidel Castro. Salvo en un aspecto: aquel después de criticarla de una forma demoledora, la consideraba un último recurso para salvar al Socialismo. Nosotros la rechazábamos porque considerábamos que esa experiencia corrompida ya había barrido con todo el Socialismo, y que lo único que se laudaban allí eran cuestiones de poder.

Un párrafo aparte merece la forma organizativa de ese FER primigenio, en que las decisiones no se tomaban por mayoría sino por consenso, lo que aseguraba que lo que llamábamos la barbarie de la mano levantada, fuera sustituido por el intercambio, la confrontación de ideas, que a su vez era un poderoso estimulante para la formación política de aquella muchachada.

Pero vuelvo a la pregunta que formulara antes, que no es una pregunta retórica. En el lapso de un mes la más poderosa agrupación de derecha de secundaria (de ahí había salido el MEDL, el CEL, los grupos que tatuaban esvásticas), se derrumbó. Desapareció como los grandes dinosaurios de la faz del Planeta. Súbitamente, y sin que exista una explicación unánime sobre ese punto.

Pero hubo más que eso, también en poco tiempo se derrumbó la CESU, la coordinadora, a la que la asociación de estudiantes no pertenecía porque la derecha nunca lo hubiera permitido por ser notoriamente dirigida por la UJC (Unión de Juventudes Comunistas). La estructura de la CESU tampoco se correspondía con la implantación que tenía este movimiento, con su apelación a la acción directa y también a la democracia surgida desde las bases. Y todo cambió de modo súbito. Explicar el por qué es una tarea más de antropólogos que de historiadores. Porque los documentos escritos que den cuenta del fenómeno no existen, o en el mejor de los casos son escasos e imprecisos.
En ese breve período de tiempo, estallaba el mayo francés. Algunos historiadores tienden a sobrestimar la influencia del mayo francés en Uruguay. En realidad entiendo que la insurrección de los estudiantes de Nanterre, es parte de la sincronía histórica que estableció a lo largo y ancho del planeta un movimiento estudiantil, que tuvo expresiones emergentes en París, pero también en México (recordar la masacre en la plaza de las Tres Culturas), o en lugares tan distantes como Praga o la Universidad de Berkeley.
En todo caso estábamos ante un movimiento universal y no global. La globalización abole las diferencias y anula la interdependencia. La universalidad de las cosas en cambio destaca lo específico, y anula las inflexiones imitativas. Y agregamos algo más, fue luego de 1917 el único movimiento universal que puso en entre dicho al capitalismo en su conjunto.

Tal vez el hecho que explique de manera más aproximada ese súbito cambio haya sido la movilización cuando los aumentos dispuestos del boleto estudiantil, en un país donde el incremento del crecimiento anual del costo de vida, medido el 30 de junio de 1968, alcanzaba 166.8 %. La irritación que causaba tal medida era también el reflejo de lo que pasaba puertas adentro de los hogares asalariados de los que proveníamos mayoritariamente. Y en torno al tema comienzan a definirse claramente dos concepciones con respecto a la naturaleza del fenómeno y de las luchas futuras. Así mientras la CESU planteaba una movilización que ponía el énfasis en las negociaciones con las autoridades de la Intendencia Municipal y con parlamento, el FER planteó la acción directa y la intransigencia. En un principio las promesas de la Intendencia parecieron dar razón a la CESU ya que el 16 de mayo Carlos Herrera, intendente colorado, prometió instrumentar un sistema de subsidios para que el boleto estudiantil no sufriera incrementos. Pero 12 días después el intendente se desdijo, afirmando que el boleto estudiantil sufriría aumentos para atender a las demandas de los trabajadores del transporte. Ante ello la movilización estudiantil se volvió permanente, con fuerte presencia en las calles, barricadas, pedreas, balaseras por parte de la policía y con el resultado de que el 24 de junio se incrementó el costo del boleto general, pero el costo del estudiantil permaneció inalterado hasta el comienzo de las vacaciones. El costo para el CESU fue enorme, sobre todo porque se empezó percibir que en el fondo de esa movilización había una resistencia creciente a una crisis estructural que se estaba manifestando en todos los niveles. A partir de allí, la confrontación por el tema del boleto continuó, pero con la demanda del boleto popular, vinculando demandas específicas del movimiento estudiantil con las de la población.

Al paso de hendidura de ese movimiento, se seguía avanzando hacia la dictadura. Nuevamente el 13 de junio se implementan las Medidas Prontas de Seguridad y renuncian Alba Roballo, Manuel Flores Mora y Queraltó a sus respectivas carteras de Cultura, Trabajo y Salud Pública. El 14 de agosto, pocos días después de que la policía asaltara el edificio central de la Universidad y varias facultades, era asesinado Líber Arce, el primer mártir estudiantil quien inauguraría una larga lista venidera. Allí comienza el crecimiento y la expansión del FER; crecimiento en escala pero también en incidencia en otros centros de estudio, a partir de la mega concentración del IAVA.
Su planteo político con fuerte énfasis en la denuncia del imperialismo, en anunciar el carácter estructural de la crisis y la necesidad de apelar a todas las formas de lucha para oponerse al sistema, y no meramente al gobierno, se correspondía con su propuesta gremial. Con la puntería puesta en la confrontación en la calle, la acción directa, en la formación de cuadros y fundamentalmente en la organización desde las bases, es decir en las Asambleas de Clase y las Juntas de Delegados, que efectivizaran lo resuelto en una asamblea multitudinaria, en la que también se nombra un comité de movilizaciones, que coordinaría la lucha en el espacio que mediara entre las Juntas de Delegados.
Sin embargo la estructura del FER, como agrupación, en un principio quedó rezagada a esa formidable erupción. Hasta fines del 68 el FER era una agrupación relativamente reducida de poco más de medio centenar de compañeros. En lo particular recuerdo una especie de ruptura, que abriría las compuertas a la participación en la agrupación de cientos de estudiantes, la incorporación de las tres primeras muchachas, que pusieron su sello de género, a una agrupación que contaba con diecisiete estudiantes, todos ellos del sexo masculino. Con la participación, del modo más natural, caían también algunos rezagos que traíamos sin saberlo.

En el 68 también se profundizó la labor política e ideológica, que tenía como eje al órgano de prensa del FER “Barricadas”, un periódico hecho a mimeógrafo que en su primer ejemplar llevaba a la cara de Artigas en portada. En los siguientes números desfilarían en tapa el Ché, Trostsky, Lenin, Mao Tse Tung, generando cierta desorientación entre quienes querían ver en ese nuevo fenómeno una adscripción ideológica a los modelos conocidos. En realidad lo que se expresaba a través de esa miscelánea, era una búsqueda que buceaba en todas las heterodoxias y que sería compartida luego por los miles de estudiantes que en los años venideros serían parte de esa experiencia.

Para continentar esa expansión se creó la Inter - agrupacional, en la que se coordinaba con agrupaciones del FER surgidas en otros centros, y otras que sin compartir la sigla, tenían características comunes. En ese período se trabajaba en estrecha coordinación con otras agrupaciones afines a lo que posteriormente sería la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil), como la lista 3 de Magisterio, u otras que provenían de instancias anteriores como la Agrupación Reforma Universitaria (ARU), en el nocturno del IAVA, y Acción Directa Estudiantil Revolucionaria en el liceo Zorrilla.

A la luz de lo que vendría, el 68 puede ser considerado un año bisagra. Algunas de las características del FER del 68, son superadas por la afluencia de centenares de militantes. Por ejemplo el concepto de agrupación, que llegó a continentar medio centenar de jóvenes, se reconfiguró en los grupos de militancia coordinados por los llamados “grupos chicos”. Esa reorganización fue la adaptación a las nuevas circunstancias marcadas por una creciente represividad y por el cambio en la forma de las movilizaciones que en el futuro estarían coordinadas por el “grupo chico”, de manera de evitar filtraciones que permitieran a la represión anticiparse a las movilizaciones que en el futuro adoptarían la forma de manifestaciones relámpago. A su vez la desconcentración operativa habilitó el ingreso de cientos de militantes afines a la línea del FER y generar un amplio frente de formación y captación para las nuevas generaciones que ingresaban al IAVA, con una enseñanza media intervenida.

Pero además es en ese año, que comienza la forja de la identidad de una generación que deja de ser patrimonio del FER, y comienza a ser un hecho de multitudes. En otras palabras estamos en presencia de la configuración de un sujeto social. Es difícil con el paso del tiempo, con el cambio de las circunstancias históricas, de las consignas, de las tareas, de la configuración del propio Universo, comprender la mística que animaba a aquella generación.

Tomo de la crónica de mi hermano el Memo Reimann, algunos de los nombres que tenían los grupos de militancia: Liberación, Moncada, Grito de Asencio, Patria o Muerte, 26 de Julio, Pando 8. Eran expresión y a la vez condición para el crecimiento, pero también formaban parte de una estrategia expansiva que comenzó a ser inteligible en 1970, cuando se produce la intervención de la enseñanza secundaria. Esa organización flexible y operativa, permite a los integrantes de los grupos de militancia, repartir su inscripción a los diferentes centros programados, expandiendo la organización y la memoria de las luchas precedentes en los que recién ingresaban, promoviendo la formación de grupos de clase.
Entre el 69 y el 70, la presencia del FER en la calle se atenuó, privilegiando la formación teórica. En ese período el fenómeno que surgió en el IAVA, se difundió a todos los centros de secundaria de Montevideo, a los que se integrarían algunos del interior, y también centros privados, por ejemplo el Juan XXIII, el Liceo Francés, el IUDEP. Y paralelamente, agrupaciones de la misma sintonía se consolidaban en el ámbito universitario. En buena medida animadas por compañeros que habían pertenecido al FER. Es el caso de “La 58” en Medicina, “La 26” en Humanidades, “La 11” en Ingeniería, “La 68” y “la 8 de Octubre” en Derecho y el grupo militante en Química y “Área 3” en Arquitectura, entre otras. Es el tiempo de la creación de la Liga de Estudiantes Revolucionarios (LER), que coordinó la movilización de miles de estudiantes, que no solo se plegaron a la lucha callejera, a los cortes de calles, a las barricadas, a la ocupación de los centros de estudios, sino que también intervino activamente en el respaldo y la acción conjunta con los trabajadores en estado de conflicto permanente. Apelando a la memoria, haciendo una enumeración somera se puede recordar: el conflicto de la carne durante los años 68 y 69; el respaldo al conflicto bancario en el 70; con la ROE en torno a la legendaria FUNSA, incluyendo el hostigamiento a los carneros, coordinados por el inolvidable Hugo Cores; la ocupación de Guiringuelli en Paso de la Arena; el conflicto de TEM; el respaldo a los trabajadores de CASMU; ATMA; DECOVI… podría seguir.

Pero también en esa época, el FER, que ya había sentido desde finales del año 68 el atractivo de la izquierda armada, particularmente con referencia al MLN, comienza a estar surcado por las diferencias del tipo de accionar y de su relacionamiento con el movimiento de masas. Ya algunos de los referentes del FER, estaban en la clandestinidad, en prisión o habían muerto en acciones del MLN (el caso de Carlitos López en 1970). Algunos de los integrantes del FER, sobre todo la primer hornada de militantes cuestionan el predomino de posturas militaristas dentro del MLN, califican su accionar de foquista y claman por la construcción del partido marxista-leninista de la revolución. Desde la vereda de enfrente se los denomina “cartillistas” (o cartillas) por el documento en que fundamentaban su posición. La polémica se laudó con la separación en dos sectores, el FER partidista, FER propiamente dicho, y el FER 68, pro-tumaparo, que coexistieron y coordinaron la militancia. En todo caso, la irreconciabilidad de las posiciones que se dirimían dentro del MLN, no adoptaban el mismo carácter a la interna del FER, donde ambas vertientes siguieron actuando, por lo menos hasta 1974 conjuntamente.
Que los partidistas no lo eran tanto y que los foquistas tampoco, lo demostraría después el curso de los hechos. Basta decir que uno de los motivos adicionales para la polémica fue la adición de los militantes del FER 68 al naciente Frente Amplio (a través del Movimiento 26 de Marzo), y la negativa de incorporarse de los partidistas que lo consideraban una coalición meramente electoral. Por lo demás a este grupo le quedó resto para constituir la Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores y contribuir años después a la conformación del Partido por la Victoria del Pueblo en Buenos Aires. En los hechos compartieron el heroísmo, el compromiso, la lealtad, la causa revolucionaria. También los errores, los que vistos a la distancia, son curiosamente parecidos.

Por último compañeros quiero tomar una frase del formidable artículo publicado días atrás por el semanario Brecha por el Memo Reimann. Refiriéndose a nosotros, los de entonces, dice lo siguiente: “no iban tras la utopía, como se empezaría a decir después. En aquél momento no eran utópicos la credibilidad, la convicción, el compromiso y el rechazo a una sociedad que hedía muy mal en análisis adolescentes.” Agregando unas hermosas palabras, que resumen aquel alumbramiento: “el mayo uruguayo había nacido en los patios del IAVA y la sigla del FER resplandecía en las pupilas adolescentes.” El concepto de utopía, popularizado por Tomás Moro, a comienzos del siglo XVI, ha generado una polémica entre los lingüistas en torno a su origen etimológico. En realidad esa discrepancia es metáfora de una desavenencia mucho más profunda que discurre a través de la historia, y es línea demarcatoria de actitudes ante la propia vida. Según unos, la “u” inicial del término corresponde al griego “ou”: ningún lugar, para otros se corresponde con el prefijo “eu”, por lo que utopías sería lugar bueno, o mejor lugar. En todo caso los protagonistas de esta historia sabían mejor que nadie en que bando se encontraban al buscar en este mundo la isla de utopía. Ese lugar bueno, o mejor lugar, por los que tantos darían la vida.
Pero si la palabra utopía tenía una etimología imprecisa, ya no sucede lo mismo con el concepto mártir, que también proviene de una palabra griega que significa testimonio (de allí la condición de testigos que se adjudican algunos grupos religiosos modernos). Para las viejas culturas orientales, ninguna causa podría tomarse en serio si no tenía mártires. Es decir, gente dispuesta a dar la vida por ella. Hablamos del Líber, de Hugo, de Susana. También de los mártires del FER, Julio Espósito, Carlitos López, Fernando Blanco, Horacio Rovira, Silvia Reyes y Diana Maidanic; el Petizo Wili Jávitz, el Fune Lucas, el Colorado Recagno, la Cacheta Carretero, el Oso Couchet, Juancito , el Arcos Enrique Pagardoy, el Nacho Arocena, Miguel Angel Moreno, Rafael Lezama, Ruben Prieto, Juan Miguel Morales, Josefina Clein, Beatriz Anglet, Elio Serra, Armando Arnoy y tantos y tantos otros. Tal vez sería preciso mencionar especialmente, en un país en que el suicidio tiene características epidémicas, a los dos únicos compañeros de entonces que se quitaron la vida, Daniel Escaso y el Cacho Caetano. Uno en Suecia y el otro en Francia. Tal vez con la convicción de que era preferible la muerte al desarraigo. Es que esa generación ni se mataba ni emigraba. Simplemente al decir de Oscar Willde, sentía que un mapa del mundo que no incluyera la isla Utopía, no merecía ni siquiera una mirada. Y por esa utopía, era capaz de dar la vida.
Pro eso entonces….estas palabras, este pedacito de memoria, en nombre de ellos.
Viva la libertad!, viva el socialismo!, viva el FER!, viva los compañeros!

(aplausos de la platea; cuando comienza a dar la lista de nombres de los militantes, la voz se quiebra hasta el final de la oratoria).




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