sábado, 6 de marzo de 2010

Del barco al tambo

El Tambero de los neo-tupas





EN FAMILIA. JUAN CARLOS LOPEZ MENA (DERECHA) YA INCORPORO A SUS HIJOS EN BUQUEBUS Y EN EL MEGA TAMBO DE PUNTA BALLENA.

LECHERIA INTENSIVA EN PUNTA DEL ESTE.



El dueño de Buquebús instaló un megatambo en confinamiento total, para 1.500 vacas en ordeñe.



Héctor A. Huergo.
hhuergo@clarin.com

Juan Carlos López Mena es el empresario que la semana pasada reunió a más de mil empresarios argentinos y uruguayos con el presidente electo del Uruguay, José Mujica.

Mientras resonaban los ecos del discurso de "El Pepe", que invitó a invertir en su país garantizando reglas estables y seguridad jurídica, nos enteramos que López Mena estaba edificando un nuevo negocio: un tambo absolutamente revolucionario, nada menos que en Punta del Este.

Gracias a los buenos oficios de Marcelo Catalá, gerente de DeLaval (proveedora de buena parte del equipamiento), conocimos el emprendimiento.

Imponente: ya cuenta con 750 vacas en ordeñe y avanza rápidamente hacia las 1.500, en confinamiento total, con galpones diseñados para el sistema de "estabulación libre" (free stall) característicos de los tambos californianos.

Allí nos esperaba López Mena. Un hombre que cultivó el perfil bajo (hasta ahora.), pero que no puede ocultar que pertenece a la raza de los entrepreneurs, esos seres que nacen con un instinto especial para encontrar tesoros escondidos en los recovecos más insólitos y variados.

Descubrió su vocación de hombre de negocios cuando a los 20 años salió a vender camisas en Colonia.

Al poco tiempo vio la veta del servicio de transbordar turistas y terminó armando el emporio de Buquebús, que no para (acaba de incorporar el transporte aéreo, con aviones de última generación que ya vuelan a Punta del Este).

"Yo nunca tengo dinero. Lo invierto todo. Se me ocurrió lo del tambo porque cuando venía a casa los fines de semana, tenía mucho tiempo libre y algo había que hacer".

Su casa está enclavada en una cuchilla de Altos de la Ballena, a escasos kilómetros de la emblemática Punta Ballenas.

Hacia el sur y el oeste, el mar. Hacia el norte, el campo. Pero un campo quebrado, con mucha piedra, aunque con buen potencial para producir forraje.

"Como de esto no sabía nada, ataqué el tema sin prejuicios, pero buscando la última tecnología. Seguramente con los barcos puedo estar cometiendo errores, porque como llevo muchos años en eso, uno se va cargando de experiencia, lo que es bueno, pero está el riesgo de no caer en algún vicio. Cuando uno tiene la mente virgen para un tema, todo es más fácil".

La mayor parte del forraje viene de afuera. Las vacas no pastorean. Silo de maíz, de pasturas, granos y torta de soja, forman parte de la base de la ración. La soja se compra, "pero quiero sembrar yo mismo unas 2.000 hectáreas para autoabastecerme".

En todo su pensamiento rondan tres ideas: autogestionarse el alimento, reciclar todo lo posible y agregar valor en cada etapa.

Y un paradigma indispensable, no tanto por el lugar donde está enclavado el emprendimiento, sino como mandato de la hora: la cuestión ambiental.

Instaló un sistema de tratamiento de los excrementos que asegura el reciclado de agua (un insumo crítico en Uruguay) y la recuperación de nutrientes, que vuelven al campo con el riego.

El lavado de los establos se hace por flushing, con agua reciclada.

Ahora está analizando la instalación de una planta de biogás, a partir de la bosta del tambo. El biogás se utilizará para generar energía eléctrica y agua caliente, que se utilizarán en el establecimiento.

La cuestión de la bioenergía atraviesa todo el proyecto. La soja se almacena en unos silos, y pasa por una extrusora y un filtro prensa para extraer el aceite. Con el aceite elabora biodiésel en el mismo módulo. La torta es la proteína de la dieta de las vacas. El biodiésel se destina a la flota de ómnibus de Buquebús "y próximamente a los barcos".

El tambo cuenta con los galpones para las vacas en ordeñe, y un establo para maternidad y crianza de los terneros, con una propia sala de ordeñe de calostro.

Los terneros viven en corralitos, en grupos de 25 a 30, y son alimentados automáticamente con el "calf feeder" de DeLaval.

En otros establos se recrían y engordan los machos, y se desarrollan las hembras de reposición.

El complejo cuenta con una planta de lácteos que se está poniendo en marcha en estos días. Con equipamiento también de última generación, se van a elaborar quesos de alto valor (camembert, brie), con marca propia.

La planta está diseñada para procesar toda la leche del establecimiento, que pronto alcanzará los 50.000 litros diarios.

"Pero uno nunca sabe donde termina", remata.

Por lo que transmite, realmente no sabe hasta donde va a llegar.

Al salir del tambo, lo que queda claro es que esta historia recién empieza.
Intensificar es clave

El tambo de López Mena introduce un concepto que va a generar debate, porque desafía la tradición pastoril del Uruguay. Y de la Argentina, donde el tambo estabulado de Adecoagro en Abolengo (cerca de Rufino) es el primer antecedente en gran escala.

Lo interesante es que el tambo de Punta Ballena aparece en el medio de una oleada muy resonante de inversión neozelandesa en la vecina orilla. En los últimos años, un fondo de inversión de ese origen adquirió más de 40.000 hectáreas de

campo, con la idea de aplicar el famoso sistema neozelandés, basado en praderas y pastoreo directo, con varias unidades de tamaño pequeño o mediano. Es inevitable pensar en una colisión intelectual entre los dos modelos: el intensivo con

estabulación plena y alimentación mecánica, versus el tradicional, con las vacas procurándose el alimento por sí mismas a través del pastoreo.

La "amenaza" de la agricultura y la forestación ponen el telón de fondo en este debate. La idea es que a medida en que se va descubriendo el potencial agrícola de las tierras uruguayas, la tendencia a la intensificación se irá profundizando.






http://www.clarin.com/suplementos/rural/2010/02/20/r-02143867.htm

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