sábado, 19 de mayo de 2012

El mitin oficial


PUBLICADA EN CARAS&CARETAS EL VIERNES 18 DE MAYO DE 2012

MANDO MILITAR SE APROPIA DEL 40 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE LOS 4 SOLDADOS

El mitin oficial

La conmemoración del 18 de mayo de 1972 será hoy para el Ejército, por primera vez en la historia, más importante que su fundacional 1811. Una “orden de operaciones” del comandante de la División de Ejército I, obligó al gobierno a ponerse a la cabeza de un mitin militar que tendrá como único orador al comandante Pedro Aguerre. Una contraorden para que oficiales y subalternos asistan de civil, implicará que todo oficial uniformado caiga en desacato.

ROGER RODRIGUEZ
rogerrodriguez@adinet.com.uy

El comandante en jefe del Ejército, general Pedro Aguerre, con el respaldo del gobierno, realizó un “anticipo ofensivo” y se puso a la cabeza de un mitin militar en conmemoración, hoy, de los 40 años del incidente en el que cuatro soldados murieron en manos del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T), para evitar una maniobra interna en el Ejército donde grupos y logias decidieron jerarquizar el aniversario aunque se llegara, casi, al desacato…
La convocatoria oficial al acto, que anualmente encabezan los clubes Circulo Militar y Centro Militar ante un monolito dedicado a los cuatro soldados en Avenida Italia y Abacú, se decidió en la propia Torre Ejecutiva luego que trascendiera un comunicado público de la organización de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, donde denunciaban que el jefe de la División 1 del Ejército, general Sergio D’Oliveira había convocado a sus tropa y oficiales.
Paradójicamente, fueron los familiares de las víctimas de la dictadura quienes revelaron que D’Oliveira había suscrito la “Orden de Operaciones 04/12” por la que se ordenaba a la “totalidad del personal superior y subalterno disponible” a la “misión” de participar en el acto recordatorio del 18 de mayo de 1972 y señalaron su preocupación porque la orden fue autorizada por el ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro.
“Constituye una injerencia indebida e inadmisible de las Fuerzas Armadas en la vida política de nuestro país. Estamos viviendo una escalada en la cual se convoca a las Fuerzas Armadas a asumir funciones que no le son propias en un régimen democrático. Circunstancia que conlleva a magnificar tanto la necesidad de su actuar como su imagen, sin un proceso de rectificación y depuración institucional. Exhortamos a tomar cabal conocimiento de la situación y generar una fuerte corriente de opinión que permita revertirla”, expresaron en el comunicado.

“Anticipo ofensivo”
D’Oliveira, quien ascendió al generalato en el gobierno de Tabaré Vázquez y asumió la principal División del Ejército el pasado 31 de enero, cuando sustituyó al general Daniel Castellá quien pasó a desempeñarse como Jefe del Estado Mayor de la Defensa, incluyó en su “orden” a la Brigada de Infantería N° 1, la Brigada de caballería N° 3, el Batallón de Ingenieros de Combate N° 1, el Grupo de Artillería N° 1 y el Cuartel General de la División de Ejército I.
En la “idea de maniobra” de D’Oliveira se preveía que el personal superior y los suboficiales concurrieran uniformados, pero esa resolución fue modificada por la Presidencia de la República, cuando se ordenó al comandante Pedro Aguirre “apropiarse” del acto y transformarse en el único orador de un aniversario en el que, por primera vez en la historia, el Ejército no recordará su origen en la Batalla de las Piedras de 1811, sino un episodio de la “lucha antisubversiva”.
El discurso de Aguirre –que será breve- comenzará evocando al General José Artigas y su legado, se lamentará la muerte de los cuatro soldados y todas las muertes ocurridas en los enfrentamientos de los años sesenta y setenta (no se reivindicaría la lucha contra la subversión durante la dictadura) y se subrayará que las fuerzas armadas están subordinadas al poder político y se encuentran al servicio de la nación.
La “oficialización” del mitin militar constituiría una concesión del mando militar a una de las más poderosas logias de la interna militar, conocida como la “Dinastía”, a la que pertenecieron los ex comandantes en jefe Raúl Mermot, Carlos Daners y Santiago Pomoli, y a la que actualmente pertenecerían los generales Sergio D’Oliveira (División Ejército I), Willie Purtscher (División Ejército II), Juan Villagrán (División Ejército III), Juan Saavedra (Escuela Militar) y José Burone (Calen).

Escribir la historia
La conmemoración del episodio en que fueron muertos los soldados Saúl Correa, Osiris Núñez, Gaudencio Núñez y Ramos Jesús Ferreira, aparece también como un juego de “equilibrios” hacia una interna donde hubo grupos que no compartieron los actos del centenario del Ejército, celebrados hace un año por iniciativa del ex comandante Jorge Rosales (también de la “Dinastía”) y se constituye, a la vez, en una manifestación hacia un sistema político que ya parece estar disputándose la “simpatía” y, sobretodo, el voto militar.
La verdad sobre lo ocurrido aquel 18 de mayo de 1972 es uno de los puntos de discrepancia entre la historia oficial redactada por las Fuerzas Armadas y el revisionismo histórico impulsado tras la reinstitucionalización democrática. Los militares denunciaron el caso como la matanza de cuatro soldados indefensos que tomaban mate dentro de un jeep y los tupamaros replican que fueron muertos en combate y con sus cuerpos se armó una escena propagandística para mostrarla ante la opinión pública.
Los cuatro soldados se encontraban dentro de un vehículo militar en la puerta del domicilio del entonces comandante en jefe del Ejército, general Florencio Gravina, que fue definido como uno de los objetivos de una serie de operaciones guerrilleras que en esa jornada había planificado el MLN-T, lanzado en el marco de su ofensiva luego de los episodios del 14 de abril de aquel año y de la declaración del estado de guerra interno y la aprobación de la ley de seguridad por parte del Parlamento.
La forma como quedará escrito el incidente ante la historia promete ser tan conflictivo como el caso del homicidio del coronel Ramón Trabal. Los militares siguen adhiriendo a la historia oficial de un “Comando Raul Sendic” y la revisión histórica sospecha de un ajuste de cuentas interno. Casualmente, el actual comandante del Ejército, Pedro Aguirre, era yerno del militar asesinado en Paris en diciembre de 1974

Dientes de tenientes
Para la logia “Tenientes de Artigas” –a la que pertenecen los actuales generales Carlos Loitey (Jefe del Estado Mayor del Ejército), Guido Manini Ríos (Sanidad de las Fuerzas Armadas) y Domingo Montaldo (Agregado militar en Washington)-, lo ocurrido aquel día de 1972 fue el golpe psicológico que modificó la actitud del personal subalterno de las Fuerzas Armadas, alineándolo con la oficialidad, terminando -según han escrito en publicaciones de la logia- con los tiempos del “Ejército civilista” fruto de la “Pax Batllista” de 1904, y permitiendo el resurgimiento del “viejo soldado oriental”.
La reivindicación histórica que los “Tenientes de Artigas” hacen de aquel 18 de mayo, se ha visto reflejada en varios incidentes entre el mando político y la oficialidad militar, en particular el caso del agregado militar en Estados Unidos, coronel Pedro Picabea, quien en setiembre de 2005 desobedeció una orden de retirar de su escritorio en Washington la foto de los soldados del jeep por parte del propio presidente Tabaré Vázquez.
El actual mandatario, José Mujica, entonces Ministro de Ganadería, también fue protagonista de un conflicto con el Centro Militar que a través de su publicación “El Soldado” lo acusó de una campaña de descrédito a las fuerzas armadas al aseverar que el los cuatro soldados habían sido colocados dentro del jeep y que hubo un quinto soldado que disparó primero desde la azotea del domicilio de Gravina, ya que en esos días de 1972, Mujica estaba prófugo tras escapar de Punta Carretas y no participó del operativo.
Curiosamente son ahora dos tupamaros, el presidente Mujica y el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, quienes decidieron autorizar el mitin militar a través del cual, por primera vez desde la dictadura, las fuerzas armadas podrán hacer una exhibición corporativa de su “fuerza”, bajo una orden de sus mandos a pesar de que desde la casa de gobierno se adujo que la invitación al personal militar, superior y subalterno, es “voluntaria y de civil”.

NOTA DEL AUTOR: La concentración alcanzó finalmente a 3000 personas. Solo un par fueron uniformados. El discurso del comandante Aguerre fue tan breve como se preveía. Estuvieron los "viejitos" que aún siguen libres. Entre ellos Ivàn Paulos. Habrá que estar atentos, ahora, a la interna militar. La "orden de operaciones" de D'Oliveira no fue un error. Las lógias y agrupaciones se están moviendo...

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