sábado, 14 de julio de 2012

Beresmundo Peralta, compañero y hechicero


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Para muchos, “El Viejo Lilo”; para muchísimos, “El Canario Peralta”, para muy pocos, “El Dr. Peralta”
Siempre de entrecejo fruncido; serio como tamango, pero de una hermosa e inolvidable sonrisa compañera; de pocas palabras, aunque sustanciosas y sencillas; grandote, corpulento, fuerte, lleno de conocimiento y enseñanzas, pero siempre humilde.
No era un “simpático”; era un maestro de la afabilidad callada y medio chúcara.
No hay uno solo de los centenares de sobrevivientes de aquellos miles que fuimos en las cavernas de “Libertad”, que no sienta todavía su poderoso apretón de manos como la mejor de las medicinas en un mundo de rejas fascistas que querían clavarlas en nuestras almas para que nunca más pudiésemos sentir el calor fraterno de otras manos hermanas tan necesitadas de otras manos hermanas, como las nuestras.
Beresmundo Peralta, duraznense, médico, luchador revolucionario, cincuentón cuando cayó en las otras manos –las de los torturadores y los ladrones “del proceso”, las manos que jamás tendrán ni olvido ni perdón-, estuvo ocho años ininterrumpidos, día a día y noche a noche, siempre listo para atender a algún compañero que se sintiera mal, por lo que fuera, así le significara quedarse sin recreo y hasta sacrificar las esporádicas visitas familiares.
La palabra Médico le calzaba justito como la de Revolucionario, pues “El Canario Peralta” fue ambas cosas con la misma fe y el mismo fervor imperdibles. Con la fe que es fruto de la certeza y de la convicción de que ser justos es nuestra principal riqueza espiritual.
Supo ingeniárselas como un verdadero “hechicero” con los escasísimos medios técnicos de que disponía y con la enorme presión de una milicada bruta y jodida que no perdía la oportunidad del verdugueo ni aunque te viera arrastrándote de dolor o casi desmayado de fiebre. Y, siempre, siempre, “Lilo” te recibía con esa generosidad fresca y elemental que es lo primero que espera encontrar el que está embromado, así sea nomás un leve dolor de muelas o el jabón que te pegás con el bulto que te apareció en el cuello.

Beresmundo murió hace un par de días, tres meses antes de cumplir los 90 años y cuando muchísimos de sus entrañables compañeros y hermanos habíamos dejado de verlo desde 1980 o un poco más.
En mi caso, no tengo empacho en decir que cuando tenía que caer en las manos de “Lilo”, de alguna manera me sentía como protegido por un auténtico padre, habiéndolo perdido al mío por falta de asistencia médica a mis 15 mayos y a sus 51 diciembres, un 11 de julio del año 1965, cuando la “fatalidad” de la miseria y el desamparo me pusieron un arma en las sienes para que un día no hubiese más gente que debiera morir por vivir en el traste del mundo y no poder encontrar un canario como Beresmundo, Médico y Revolucionario, que le diera una mano poderosa y certera como la suya.

¡Cháu, Canario Peralta!. Habrá socialismo para todos, con Médicos como vos y con Revolucionarios como vos!.
¡Habrá Revolución y Justicia como vos supiste enseñarlas!.

Gabriel –Saracho- Carbajales, Montevideo, 13 de julio de 2012.

 
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Asimismo será el mismo menú (buen plato de buseca, vino, pan y postre) y, por cierto que
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Teléfonos 233 680 25 (de 15 a 19)     099 685  934 (cualquier hora)


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