PUBLICADO EN CARAS&CARETAS EL VIERNES 7 DE SETIEMBRE DE 2012
BIANCHI: CASO FONTANA DE HEBER DEBE INVESTIGARSE COMO “CUESTIÓN DE ESTADO”
La ex secretaria del senador José Germán Araújo
declaró en la causa de los vinos envenenados que el 5 de setiembre de
1978 causaron la muerte de Cecilia Fontana de Heber. Explicó a la
Justicia detalles de la investigación que en 1984 les llevó a concluir
que una ex funcionaria policial había escrito las esquelas que
acompañaban las botellas. Una pericia caligráfica externa reabre la
posibilidad de que esté involucrada en el caso. El senador Heber
mantiene su convicción sobre esa implicancia.
Cecilia Fontana de Heber, esposa de Mario Heber, y madre del actual ... probó el vino envenenado el 5 de septiembre, falleciendo casi de inmediato
TEXTO: ROGER RODRÍGUEZ / rogerrodriguez@adinet.com.uy
A
34 años del atentado contra el directorio del Partido Nacional que
derivó en la muerte de Cecilia Fontana de Heber, esposa del dirigente
blanco Mario Heber y madre del hoy senador Luis Alberto Heber, el
Juzgado Penal de 9° Turno, a cargo de la jueza Gabriela Merialdo, retomó
las actuaciones que había reabierto en 2007 cuando el caso, que había
sido amparado en la ley de caducidad de la pretensión punitiva del
Estado por el presidente Julio María Sanguinetti, volvió a ser
presentado por el nacionalista Carlos Julio Pereyra, con el patrocinio
del abogado Javier Barrios Bove.
La jueza Merialdo recibió tiempo
atrás los resultados de una nueva pericia caligráfica solicitada a
técnicos de España, con la que se pretendía comprobar si la ex comisario
María Lemos había sido la autora de unas esquelas manuscritas que a
fines de agosto de 1978 acompañaban tres botellas de vino que de forma
anónima habían sido enviadas a Luis Alberto Lacalle, Pereyra y Heber,
los dos últimos miembros, con el escribano Dardo Ortiz, del
‘triunvirato’ que en plena dictadura dirigía en forma semiclandestina al
Partido Nacional. El informe español, sin embargo, reclama más
elementos de estudio para pronunciarse en forma terminante.
La
responsabilidad de Lemos, de la cual esta semana el senador Heber
reiteró estar convencido, había sido confirmada inicialmente por un
análisis caligráfico realizado en 2010 por el inspector Roberto de los
Santos, director de Policía Técnica, que determinó la detención con
prisión de la imputada. Sin embargo, un rápido ‘contrainforme’ efectuado
en sólo 24 horas por el entonces subjefe de Policía de Montevideo,
Washington Curbelo (en la actualidad al mando de la jefatura de
Soriano), sostuvo que Lemos no había escrito aquellas notas y promovió
la libertad de la sospechosa.
La letra de las esquelas que vinieron con las botellas era de la agente María Lemos
El nombre de la agente María Lemos
ya había sido mencionado ante la frustrada comisión investigadora del
Parlamento que en 1986 no llegó a indagar seriamente el caso. El dato
había sido proporcionado por el senador José Germán Araújo, quien en
aquellos días hacía firmes denuncias sobre violaciones a los derechos
humanos por parte de militares y policías de la dictadura. Araújo fue
expulsado del Parlamento en diciembre de 1986, cuando se aprobó la ley
de caducidad. Volvió a ser electo en 1989, pero, víctima de una
enfermedad, murió en 1993.
Merialdo convocó días atrás a la
entonces secretaria de Araújo, doctora Graciela Bianchi (hoy directora
del liceo Bauzá), quien no sólo ratificó aquella denuncia del líder de
la Corriente de Unificación Frenteamplista (CUF), sino que aportó
inesperados detalles a la Justicia sobre las investigaciones por
violaciones a los derechos humanos que entonces pudieron hacer desde la
bancada parlamentaria. Bianchi le contó a Caras y Caretas los pormenores de su testimonio judicial, con el que la policía María Lemos vuelve a quedar comprometida.
Germán Araújo
LA INVESTIGACIÓN DE GERMÁN
“Yo
a Germán lo conocí en 1984, cuando Los Olimareños actuaron en Buenos
Aires, antes de su regreso a Uruguay. Con mi familia fuimos a verlos al
estadio de Obras. Encontramos a Germán en una librería de la calle
Corrientes y lo saludamos. Después lo terminamos llevando al aeropuerto y
nos pidió que le pasáramos un libro de la Convergencia Democrática,
porque a él se lo iban a quitar. Estábamos en dictadura… A partir de
entonces, entablamos una amistad de familias. Yo empecé a trabajar con
él y lo ayudaba preparándole materiales, como cuando tuvo una polémica
con Juan Raúl Ferreira, antes de las elecciones”, recuerda Bianchi.
“En
esos tiempos, el capitán Jorge Nader se comunicó con Germán para
aportarle los expedientes que en la Marina habían instruido contra el ex
comandante en jefe Hugo León Márquez. Bianchi fotocopió aquellos
documentos. Nader llegó a confesarle: “Yo soy nazi, pero Márquez es
corrupto”. De aquellos expedientes surgieron varios capítulos de los
negociados de la Armada que Araújo denunció en el Senado: las cajas
negras, el capitán Avilés, las botellas de whisky del barco hundido,
entre otros. “Yo estudié aquellos expedientes, dos de la Marina y uno en
el que el Ejército investigó a la propia Marina. Germán fue quien hizo
la denuncia pública y provocó un escándalo”, narra.
“Después –agrega
Bianchi–, cuando Germán fue electo al Senado, como yo era abogada y
escribana, me propuso que fuera a trabajar con él como secretaria
técnica. La secretaria personal era su hija. Yo me había integrado al
grupo de Germán. Primero le pusimos AIDA [Agrupación de Independientes
Democracia Avanzada] y después fue la CUF [Corriente de Unidad
Frenteamplista] que integraba la Lista 1001 de Democracia Avanzada.
Antes de la dictadura, yo había estado afiliada a la Unión de Juventudes
Comunistas [UJC]. Me afilié dos meses antes del golpe de Estado de
1973; era muy oportuna. Cuando terminó la dictadura quedé independiente y
me uní a Germán”.
“Con el tema de los vinos envenenados ya nos
habíamos encontrado en el 84. Cuando se supo que Germán iba a ser electo
senador tuvo una atracción muy especial para toda la gente que quería
dar información. Fueron días muy tensos que sólo entendemos los que los
vivimos. Teníamos el aliento de la dictadura en la nuca. Yo llegué a
sacarles el pasaporte italiano a mis hijos, por las dudas de que tuviera
que huir del país. Se trabajaba muy solo, no contabas con la ayuda de
nadie. Llegamos a hacer cosas muy cómicas. Yo, por ejemplo, marcaba con
un pelo los expedientes y los informes escritos, para saber después si
alguien había entrado a revisarlos”, dice entre risas.
Bianchi
explica que había tres temas que Araújo quería tratar. El del
vicealmirante Márquez, el del secuestro de Elena Quinteros y todo lo
relativo a paramilitares o parapoliciales. “Juntamos toda la información
que pudimos. Les tomamos declaración a muchísimas personas y apareció
gente que ofrecía su ayuda. Ex mujeres, ex amantes, familiares… Por
ejemplo, al Cacho Bronzini, que lo teníamos identificado por el
testimonio de Alberto Grille, que estaba en la embajada de Venezuela
cuando secuestraron a Elena, lo terminamos denunciando ante un juzgado
penal por pegarle a su mujer. Entonces no había juzgados especiales”.
Sede de la Dirección Nacional de Inteligencia, sita en Maldonado y Paraguay
LA PIOLA DE LOS PARAMILITARES
“Cuando
empezamos a tirar de la piola de los paramilitares aparecieron los
nombres de Víctor Castiglioni, Hugo Campos Hermida, Boris Torres y
otros. También nos aparecía lo que llamábamos ‘carne podrida’, que era
información falsa que nos daban con el propósito de confundirnos o
retrasar la investigación. No teníamos oportunidad de equivocarnos. Lo
de los paramilitares fue una investigación paralela, porque no hubo
denuncia en el Senado. En aquellos días aparecieron varios policías que
colaboraron con nosotros. No recuerdo sus nombres. Quizá podría
reconocerlos si me muestran fotos de la época”, desafía la docente.
En
ese marco les llegó la información sobre los vinos envenenados que
causaron la muerte de Cecilia Fontana de Heber: “Primero apareció un
funcionario y después una pareja. Los tres eran policías. Nos dieron
datos que fuimos chequeando con gente del Partido [Comunista] que estuvo
presa en Inteligencia de la calle Maldonado. Después de mucho chequeo
se llegó a la conclusión de que la información reiteraba el nombre de
María Lemos como la responsable de escribir aquellas esquelas que
acompañaban las botellas de vino”.
También pudieron
confirmar lo acelerada que había sido la carrera policial de Lemos.
Desde el Senado se pidió su legajo, pero nunca fue enviado. Cuando se
formó la comisión investigadora por la muerte de la señora de Heber se
volvió a pedir ese legajo pero nunca se pudo obtener ninguna
documentación que permitiera comparar con las esquelas la letra que la
funcionaria policial tenía entonces. El ministro del Interior en ese
momento, Carlos Manini Ríos, no les proporcionó información. Después
comenzó a operar su hermano, Víctor Beto Lemos, director de
Hurtos y Rapiñas, de quien no tenían denuncias como torturador, pero al
que Bianchi conocía porque era el técnico de sus hijos en el club Siete
Estrellas, el cuadro de baby fútbol del barrio.
“Siempre nos
dieron el nombre de María Lemos, pero nunca nos entregaron una prueba
escrita para compararla con las tarjetas. Yo me estudié toda la
colección de la publicación Azul y Blanco para encontrar alguna
referencia a la interna blanca de la que entonces se hablaba como motivo
del crimen. Se decía que, como con Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez
Ruiz en 1976, el atentado de los vinos buscaba retrasar la salida de la
dictadura. En la investigadora parlamentaria, de la que se tomaban actas
parciales, Carlos Julio Pereyra aportó muchos datos al respecto. Luis
Alberto Lacalle menos, aunque su familia también pudo ser víctima de
aquellos vinos”.
DE CUZQUITOS Y DESCONSUELOS
Cuando
el tema llegó a sala, la discusión era si se pasaban los antecedentes a
la Justicia o se llevaba a cabo la investigación en el Parlamento. El
senador José Korzeniak, que era reconocido como constitucionalista y
había hecho su tesis para recibirse de abogado precisamente sobre el
tema de las comisiones investigadoras parlamentarias, decía que no se le
podía dar las llaves del gallinero al zorro. El debate parlamentario,
sin embargo, terminaría degenerando en un recordado escándalo: “En eso
estaban cuando entró a sala Juan Raúl hecho una furia, rojo de cara.
Pidió una interrupción y le dijo a Germán que era un irresponsable al
manejar el nombre de alguien querido del Partido Nacional como
responsable de las esquelas… Germán no entendía nada”.
Bianchi
narra aquel histórico incidente: “El vicepresidente Enrique Tarigo
decidió suspender la sesión y en un clima tenso, en el que Juan Raúl
quería pegarle a Araújo, terminamos Germán, [Alberto] Zumarán y yo
negociando en la salita que teníamos en el ambulatorio. Zumarán dice:
‘Che, petiso, ¿estás loco?, ¿cómo vas a meter a Consuelo Beherens en
este problema?’. Yo le dije a Zumarán que como escribana le podía labrar
un acta de que jamás habíamos manejado ese nombre. Consuelo trabajaba
en el ministerio y era muy querida por la familia de Wilson Ferreira
Aldunate. Yo sabía quién era porque mi tío abuelo había sido chofer de
los Beherens, que era una familia aristocrática muy reconocida. Germán
le explicó que sólo teníamos el nombre de María Lemos, pero quedó
caliente y terminó haciendo en sala la historia de los ‘cuzquitos’ que
derivó en el lío con Juan Raúl y Manuel Flores Silva, y finalizó con el
levantamiento de la sesión”.
“En la valoración que
hicimos después, en la que Germán se hizo la autocrítica, nos dijimos
que los que le habían dado la falsa información a Juan Raúl habían
logrado el objetivo. Se frustró el pasaje a la Justicia y el trabajo de
la propia investigadora, que se quedó sin herramientas para mejorar su
funcionamiento. Aquel episodio nos terminó de dar la convicción de que
quien escribió aquellas esquelas fue María Lemos, la que efectivamente
tuvo una vertiginosa carrera policial que la llevó a ser directora de la
cárcel de Cabildo y siguió en actividad hasta hace un par de años. El
caso de los vinos terminó cerrándose y fue amparado en la ley de
caducidad hasta que Carlos Julio Pereyra replanteó la denuncia judicial
con el abogado Javier Barrios Bove”, revela.
Nunca más se tocó el
tema en los ámbitos en los que Bianchi trabajó en los últimos
veinticinco años. “A mí siempre me llamó la atención que este tema
quedara bloqueado. Uno podía pensarlo del caso de Elena Quinteros o de
otros que implicaban a gente de izquierda, pero no de éste… Nosotros no
pudimos aclarar el caso Quinteros porque Juan Carlos Blanco estaba
sentado en el Senado, con el respaldo de la bancada colorada. Para mí,
el caso Fontana de Heber era una asignatura pendiente. Ahora que fui a
declarar al juzgado tengo la sensación de que pude aportar un elemento
más. Entonces no pudimos conseguir un legajo y sólo llegamos a un
nombre, pero ahora actúa la Justicia. Para mí, éste es uno de los casos
más graves entre las violaciones a los derechos humanos, porque es
atípico de lo que hacía la dictadura. Hay que ir hasta los Borgia para
encontrar algo semejante. A mí me preocupó siempre que los partidos
tradicionales, que tenían el poder y que aún mantienen una buena cuota,
se hayan callado la boca. A mí, como persona de izquierda, me preocupa
por la peligrosidad del tipo de atentado, por la forma como ha sido
tapado y por cómo aún hoy se impide saber la verdad… Ir a declarar fue
un alivio personal y, de alguna manera, me permitió honrar la memoria de
Germán, cuyo trabajo fue interrumpido cuando lo echaron y no fue
defendido suficientemente en el Parlamento. Creo que la muerte de
Cecilia Fontana de Heber es un episodio que hoy tendría que ser
investigado seriamente como una cuestión de Estado”, concluye Bianchi.
Juan Raúl: "Es exacto"
El
ex senador Juan Raúl Ferreira admitió que el Partido Nacional fue
víctima de una "operación" política en 1986 cuando se discutía si el
caso de la muerte de Cecilia Fontana de Heber se indagaba en una
investigadora parlamentaria o los antecedentes se enviaban a la justicia
y confirmó a Caras&Caretas que la versión de Graciela Bianchi sobre
el incidente parlamentario que entonces protagonizaron con José Germán
Araújo es correcto. El hijo de Wilson Ferreira Aldunate dijo que tiene
la certeza de haber identificado al responsable de aquella maniobra,
aunque evitó revelar su nombre hasta no tener todos los elementos que
confirmen su identidad.
“De ese incidente, yo me acordaba por la
indignación que nos provocó pensar que Araújo iba a nombrar en sala a
una persona tan querida (Consuelo Beherens) como presunta responsable de
las esquelas. Era un momento raro de la vida del país, en el que la Ley
de Caducidad abrió heridas que fueron más allá de lo jurídico. Existía
desconfianza de unos y otros. Hace poco, quienes están investigando en
la causa judicial me plantearon el tema y yo me puse a rastrear y
averiguar lo que realmente pasó. Hoy estoy seguro de que Graciela
Bianchi tiene razón. Tengo la convicción de quien fue y ahora pude saber
cuáles eran los antecedentes, porque estuvo involucrada en temas
embromados, de esta persona que entonces fue merecedora de nuestra
confianza. No lo menciono aún para no arruinar la investigación que se
está haciendo, pero el relato de Bianchi es exacto. Se nos dijo otra
cosa y la desconfianza que existía incidió en lo que ocurrió”, explicó
Juan Raúl, quien al cierre de esta edición se encontraba en Buenos
Aires.
Los investigadores del caso tienen particular expectativa
sobre el verdadero contenido de una documentación desclasificada hace un
año por el Departamento de Estado norteamericano, que en principio
había divulgado con múltiples tachaduras un total de 14 documentos sobre
la muerte de Cecilia Fontana de Heber y ahora aceptaría divulgar los
párrafos que entonces fueron censurados porque implicaban aspectos
políticos de Estados Unidos o revelaban la identidad de agentes o
fuentes de la Central de Inteligencia Americana (CIA).
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