martes, 22 de octubre de 2013

“El Mono Douglas”, Revolucionario y Hermano


de Gabriel Carbajales


Recién anoche, a cuarenta años de haberlo conocido en el afamado cuartel fascista de La Paloma, del Cerro, supe que “El Mono Douglas” es en realidad Daniel Alberto Antonio Moreira Morales, “el recluso número 778” para los desalmados que gerenciaron el campo de concentración maragato en el que hoy el sistema sigue triturando vidas principalmente muy jóvenes llevadas a situaciones límite por infancias y adolescencias de una miseria diseñada en los bancos y los ministerios de economía y del interior de un país en el que desde que nos conocemos, nos hablan de “desarrollo” y “mejoramiento de las condiciones de vida” de los que pareceríamos haber nacido para estar sobrando en un mundo regido por valores que de humanos no tienen un gramo y que te condenan a parecerte a tus verdugos o a rebelarte de algún modo para no ser simplemente “excedente demográfico” sin cabida en la vallada geografía del “sistema republicano” del capitalismo obsecuente-dependiente.
Y digo que Daniel “es”, porque aunque se nos haya ido de última parranda buyanguera el sábado pasado a las seis de la mañana en el hospital de Minas, este “Mono” Compañero es otro más de los muy queribles seres de este mundo capaces de morir para seguir viviendo en la dimensión moral y espiritual que jamás conocerán nuestros verdugos del “proceso”, de aquel proceso descarnado de violencia burguesa, y de este de hoy, de violencia disfrazada y de burlón gargarismo anticonsumista y aletargante, que ofende y embrutece a plena conciencia (por ahora).
Con María Isabel, Compañera y amiga común que lo veía al “Mono” con mucho más frecuencia que yo, habíamos acordado en la impresionante marcha en defensa de la tierra, el agua y la vida del último viernes, irlo a visitar el domingo, sin presentir para nada que su enfermedad fuera tan grave como para que pasara lo que pasó y nos quedáramos sin poder darle el abrazo que necesitábamos los tres y que tratamos de sustituir hablando anoche de él, preguntándonos qué pasó en su vida alejada del mundanal ruido (había dejado Montevideo hace algunos años para meterse de lleno en un proyecto de vida rural-artesanal y de nuevos vínculos sociales con la gente de “pata en tierra”) y concluyendo, por fuerza, que esta muerte en la plenitud de los 60 y poco de años, es otro crimen de lesa humanidad que sólo podrá ser juzgado y castigado como corresponde el día que triunfen los principios y las metas humanas por las que “El Mono Douglas” jamás dejó de luchar.
Nos conocimos con “Douglas” –su seudónimo de lucha en el viejo Movimiento de Liberación Nacional- en la segunda mitad del año de la derrota de quienes nos habíamos propuesto oponer la violencia “artesanal” de los de abajo a la violencia profesional de los de arriba de esta sociedad de la opresión y el crimen, finada ya aunque parezca tener vida y aunque siga desplegando una furia antiobrera y antipopular cotidiana a la que hoy apenas podemos oponerle una resistencia completamente defensiva que, sin embargo, se nos cobra como si todavía estuviésemos en los turbulentos ´60/´70 empuñando unos vetustos fusiles de utilería y unos pininos ideológicos que, la verdad, eran moco de pavo al lado de la ideología brutal y asesina de los que terminarían siendo los verdaderos sediciosos y terroristas del orden burgués.
“El Mono Douglas” –apodo que fusionó su nombre de guerrillero con el que surgió de su impresionante agilidad y versatilidad física admiraba desde las ventanas del celdario maragato cuando jugaba al fútbol, al basquetbol o a lo que fuera- entró a la “sala de máquinas” de Artillería Uno en los primeros días de junio del ´72, con apenitas 20 y pico de años, y salió de “Libertad”, con unos 35, a mediados de 1984, en ciernes del “regreso democrático” que él decidió aprovechar para sintetizar sus inacabables ímpetus revolucionarios con una actividad cultural capaz de hacerle desarrollar vocaciones artísticas tardíamente descubiertas, con lo que sería su manera de proseguir lo que antes trató de cristalizar en la confrontación frontal con los que siguen diseñando los destinos de la inmensa mayoría de la humanidad:
Daniel Moreira Morales es uno de esos genuinos genios de la cultura de abajo, verdadero pionero de un arte popular que había dormido durante decenas de carnavales en el corazón de los barrios: apenas volvió a poner un pie en la otra “Libertad”, se metió y comprometió de lleno, en cuerpo y alma, con la “antimurga BCG”, esa joyita irreverente y ácidamente cuestionadora, nunca bien ponderada, nunca reconocida como matriz potencial de un carnaval abortado, que rompió los esquemas de la ideología fabricante de la cultura en la que “la gente” somos solamente espectadores inertes que aplaudimos y aplaudimos pasivamente el cuplé criticón del gobierno y los políticos más pegadizo de cada año, y nada más…
Todavía siento en mi piel el beso y el abrazo del “Mono Douglas” a la una de la madrugada de una noche de tablado oesteño demorado para recibir a las últimas y los últimos salidos de los campos de concentración de Punta de Rieles y de San José, en 1985, sorprendiéndome, atrapándome cálidamente, enamorándome de la antimurga BCG en una de sus bajadas de la tarima del poder de un carnaval ya tan mercantilizado como el fútbol, en el que un conjunto de “locos de la bolsa” (teatreros y murgueros de alma) le mostró al pueblo laburante que todo lo debemos esperar “de nosotros mismos” y que nunca será tarde para concretar un destino que diseñemos nosotros y no los dueños de todo el carnaval burgués de siempre.
Los energúmenos torturadores del “Mono” por ahí andan, sueltos, lo más panchos, haciendo buenos negocios con empresas “de seguridad” y otros curritos con que complementar sus miserables jubilaciones de “militares retirados” después de la gran cobardía de aplastar al movimiento popular oriental con picana, muerte y desapariciones por las que no habrá ni olvido ni perdón, jamás-
“El Mono Douglas”, siempre joven, siempre vital, siempre revolucionario y socialista en serio, sigue en nosotros aunque su corazón no haya podido seguirle el tranco de hombre bueno, de buen amigo, de hermano de la vida, mismo, de inmortal de veras… y poder decirlo sin que suene a lisonja póstuma y falsa, es lo mínimo que se merecen Compañeros y Compañeras así, como él.
A la Compañera y Amiga María Isabel, mi agradecimiento –nuestro agradecimiento- por haberme dejado compartir el dolor con ella y por haber sentido que estaba bien no haberme llamado el domingo no ya para combinar la ida a Minas, sino para decirme que “El Mono” había muerto mientras nos disponíamos a visitarlo.
Y a vos, querido “Douglas”, dejanos lagrimear un poco para enseguida seguirla hasta donde nos dé la nafta con tu ejemplo enérgico y contagiante, y para sentir que la muerte es nada más que un nudo en la garganta tratando de nombrarte y decirnos que son los que viven como vos, la materia prima de esta amada revolución que sólo es un sueño utópico en las cabezas y las almas vacías de los que están muertos aunque vivan y conspiren contra ella al santo cuete, por completo.
¡Hasta la Victoria, “Douglas”! ¡Siempre hasta esa victoria que será inevitable y por la que vos seguirás empuñando todas las armas necesarias aunque algún músculo se nos afloje y nos deje sin poder pisar los tablados humildes pero enaltecedores del pueblo laburante y revolucionario alzando las banderas salvadoras y creadoras del Socialismo!.
¡Habrá patria obrera y murguera de verdad, para todos, “Mono”!... ¡Nos vemos!.-
Gabriel –Saracho- Carbajales, 22 de octubre de 2013.-

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