viernes, 3 de enero de 2014

Un asesino disfrutando

Un asesino disfrutando

fotos de Roger Rodriguez

Mujica no los quiere presos
Subrayado 09/11/2011 El presidente tuvo un intercambio de ideas con militantes de izquierda. Dijo que no es "verdugo de ancianos" y que si tuviera potestad no los tendría en prisión.




Un testimonio de como asesinaron a Zelmar Michelini y Gutíerrez Ruiz 


Haydeé

Haydeé Trías había dado su testimonio por primera vez el 13 de noviembre de 1985 ante el Instituto de Estudios Legales y Sociales (Ielsur) y su declaración escrita fue presentada ante la Comisión Investigadora por el entonces diputado frenteamplista Yamandú Fau, hoy adherente de la candidatura de Pedro Bordaberry, hijo del dictador. Según se refleja en las actas del 7 de abril de 1986 ­cuya síntesis publicó LA REPUBLICA en su edición de ayer­, Trías dijo que a fines de mayo de 1976 su amiga Juliana De Sarro le pidió ayuda y la citó al apartamento de su “compañero” Pedro Mato, a quien encontró con un arma en la mano, desequilibrado, nervioso y en tratamiento médico porque había asesinado al senador Zelmar Michelini. Trías sostuvo y ratificó que Mato le dijo que le habían dado dinero para ejecutarlo, que con ese dinero pagó cuentas y le compró una casa a su madre, que viajó a Buenos Aires con el oficial Manuel Cordero y que tenía en su casa un cuadro con dos armas de fuego con la leyenda “en honor al mérito” fechada con el día de la muerte de Michelini. Según el testimonio de Haydeé Trías, esa noche Mato variaba su estado anímico entre la angustia y la “fanfarronería”. Trías sostuvo que Mato afirmó que había ido adonde Michelini estaba detenido en Buenos Aires, que lo eligieron porque eran conocidos, que le dijo que iba a liberarlo, que lo sacaron a un auto y que allí lo remató.


Martes 24 de marzo de 2009
 Juliana De Sarro, la “amiga” que en 1986 contradijo la denuncia de la enfermera Haydeé Trías ante la Comisión Investigadora parlamentaria sobre el asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, es hoy la esposa del teniente coronel retirado Pedro Antonio Mato Nerbondo, la persona a quien se acusaba por el homicidio. El dato fue confirmado ayer por el propio Pedro Mato en el Juzgado penal de 11º Turno, a cargo del juez Roberto Timbal, cuando fue interrogado por la fiscal Mirtha Guianze sobre su relación con Juliana De Sarro. Mato admitió que en aquellos años había tenido una relación amorosa con quien ahora es su esposa.
El desmentido de Juliana De Sarro ante la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados provocó dudas sobre la credibilidad de lo declarado por una “nerviosa” Trías, quien llegó entonces a ser tildada de “psiquiátrica” por legisladores oficialistas. Trías había dado su testimonio ante el Parlamento pese a recibir diariamente amenazas de muerte. La actual relación de Juliana De Sarro y el denunciado Pedro Mato abre ahora una nueva perspectiva de lo ocurrido en aquella Comisión Parlamentaria cuyas actas números 34 y 35 fueron filtradas al diario “El País” en una violación del secreto legislativo que determinó la clausura de la investigadora de la Cámara baja.


Sabotaje 
Ver documento:
  http://www.lr21.com.uy/politica/357373-haydee-triasmato-me-dijo-yo-lo-remate-y-era-mi-mejor-amigo

 Días después Juliana De Sarro fue convocada por la Comisión Investigadora, pero negó los dichos de su amiga Haydeé Trías. Las actas secretas del Parlamento con esas contradicciones fueron publicadas por “El Duende de la Trastienda” de “El País”. En el Parlamento se planteó una cuestión de fueros y la investigadora fue clausurada. En su libro “Sabotaje a la verdad” (Planeta, 2006), la periodista Florencia Melgar investiga el trasfondo de aquella filtración periodística que constituyó una evidente maniobra de descalificación contra la denunciante Haydeé Trías y, particularmente, contra la investigadora parlamentaria. En su trabajo, Melgar entrevistó a funcionarios del legislativo, reconstruyó el trayecto de las actas y hasta entrevistó al ex presidente Julio María Sanguinetti. El diputado ­ya colorado­ Yamandú Fau le dijo que conocía el nombre del responsable de la filtración, pero advirtió que se lo reservaría para publicarlo en sus memorias políticas. Haydeé Trías sufrió dos atentados, según reveló la revista “Posdata” en 1996. En Agraciada y San Martín fue atropellada por una camioneta con las luces apagadas. Pudo divisar una inscripción del Batallón de Ingenieros Nº 2. En otra ocasión la encapucharon y la golpearon. Debió ser internada en el CTI de la Mutualista Israelita. El oficial (r) Pedro Mato negó ayer ante la Justicia su participación en los asesinatos de los ex legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y de los ex militantes del MLN-T Rosario Barredo y William Whitelaw, perpetrado en Buenos Aires el 20 de mayo de 1976.

“El Burro”

Pedro Mato nació el 24 de setiembre de 1941. Pertenece al arma de Infantería. Revistó en Infantería Nº 3, el Servicio de Información y Defensa (SID), los OCOA de las divisiones de Ejército I y IV, la Escuela de Seguridad Nacional (Esedena), Caballería Nº 5 (Paso de los Toros) y el Estado Mayor del Ejército. Egresado en 1974 de la estadounidense Escuela de las Américas (donde con el grado de capitán realizó el curso de “O-7″ de especialización en contrainsurgencia), al pasar a retiro en 1984 Pedro Mato se radicó en Rivera, ciudad donde había nacido en el hogar de un funcionario municipal y una maestra que llegó a directora de escuela.
En 1996 Mato estaba empleado en la Zona Franca de Rivera y salió en una nota del Canal 2 local. Fue entrevistado por la revista “Posdata” y negó las denuncias de Trías. Dijo que en la fecha realizaba cursos en el Estado Mayor y afirmó que se entrevistaría con el entonces comandante en jefe del Ejército, general Raúl Mermot.
“Aun en el caso de que lo que se dice fuera cierto, se trataría de un delito cometido en el exterior. No hay nada, apenas una persona que dice que lo dijeron. No hay pruebas… A mí me habían advertido, en aquella época del bulín de Garibaldi, que esa mujer se iba a vengar de mí, pero no supuse que de esta manera”, confirmó entonces a “Posdata”.

El testimonio de Haydeé Trías

Por Edison Lanza
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"Por el año 1972, 1973 conocí a una chica (JDS) que estaba en el Consejo del Niño, por ese entonces yo estudiaba en la Escuela Universitaria de Enfermería y recién me había divorciado. Esa chica tenía entre 12 y 13 años, estaba embarazada y su madre -vecina mía- no la quería. Entonces yo la recogí, pero antes de cumplir 14 años se casó con un militar", comenzó relatando Trías.
"Su esposo trabajaba con Cordero y ahí lo conoció, fue ahí que se enamoró de Cordero. Luego de mi divorcio, reinicié mi vida -explica-, me recibo en la Escuela de Enfermería y me mudo a las inmediaciones del Palacio Legislativo. JDS se divorcia y se casa con un civil; sin embargo era visitada por Cordero y Mattos fundamentalmente, y (también) por otros militares.".
Cuenta Trías que en la casa de JDS empieza a "conocer militares. Allí ellos decían que pertenecían a un movimiento contra la subversión y empezaron a dar detalles de las misiones en el exterior, de Orletti, incluso de misiones a México".


La noche clave

"Lo recuerdo perfectamente, era una noche del veintipico de mayo (de 1976).Ella (JDS) me llama al Hospital de Clínicas y me dice que me tome un taxi y vaya porque estaba con (capitán Pedro) Mattos que tenía una crisis de nervios y me dio una dirección a unas 10 cuadras del Clínicas", comienza explicando Trías. "Entonces fui y lo encontré a él, pálido, blanco, desencajado. Con un revólver en la mano, me decía que estaba jugando a la ruleta rusa y que se quería matar. Yo misma lo tranquilicé".

"Ahí (Mattos) me dijo que habían viajado a Buenos Aires con Cordero y que había matado a Michelini. Ella (JDS), entonces, empezó a darme los detalles y él no sólo que consentía, sino que justificaba lo que había hecho: que él no quería hacerlo, que lo había hecho por necesidad, que a la madre la habían desalojado de la casa y que con eso le compró una casita y un lavadero. Ella lo justificó a él (Mattos) diciendo que no tenía nada que ver y que cumplía órdenes superiores".
"Yo por esto tuve problemas pero lo dejo claro: lo que me dijeron fue que Cordero y Mattos cumplían órdenes y que, llegado el momento, Mattos fue el ejecutor", aclara. 

Dolorosos detalles

"Yo después me enteré que los mandaban a los dos (Mattos y Manuel Cordero) para tenerlos enganchados, o sea, uno iba a matar a Gutiérrez Ruiz y el otro a Michelini. Pero cuando Mattos y JDS me lo contaron aquella noche, especificaron que cuando llegaron Gutiérrez Ruiz ya estaba muerto y que le dieron un balazo sólo a Michelini". "Según ese testimonio que recibí, cuando fueron a buscarlos a Orletti, Gutiérrez Ruiz llevaba horas de muerto. También me dijeron que (en Orletti) los habían torturado, que les habían sacado las uñas, que los habían quemado con cigarrillos, que tenían la cara quemada, que tenían no sé qué en los pies y que tenían golpes en la cabeza", especifica Trías.
"Mattos luego me comentó que en el asiento de atrás llevaron a Michelini sobre la ventanilla derecha y que todavía alentaba (por estar con vida), y sobre la izquierda -en el medio de los dos iba Mattos- el cuerpo de Gutiérrez Ruiz, ya sin vida, y que en la valija llevaban los cadáveres del matrimonio Whitelaw", afirma Trías.
"Fue ahí que Mattos me dijo que lo remató, que le pegó un balazo en la cabeza -incluso me dijo en la sien izquierda-. Cuando yo dije eso en la comisión investigadora se armó un lío bárbaro -exclama Trías-. Me hicieron salir de sala y luego me hicieron entrar, y los legisladores me indicaron que mi testimonio valía si Michelini tenía una bala en el cráneo como yo indicaba. Luego se constató que era como yo indicaba".
"Cuando hablé en el apartamento me llamó la atención: una especie de escudo de armas, con dos carabinas cruzadas y en fondo de terciopelo rojo, con la inscripción Pedro Mattos "en honor al mérito" y con la fecha de la muerte de Michelini".
"Esa noche, luego de la conversación, el whisky y un diazepán que le proporcioné, Mattos se tranquilizó. En principio pensé que era una crisis nerviosa y me fui para mi casa sin poder creer que había matado a un senador. Pero al otro día, o dos días después, veo un titular en los diarios y me quise morir. Todo coincidía, entonces me pelé para Buenos Aires, pensé: cuando recuerde que me contó todo me mata". "Estuve años en Buenos Aires y luego regresé -explica-, acá estaba todo tranquilo, empecé a verme de nuevo con JDS".
"Después de los años 80 nos dejamos de ver asiduamente con JDS -prosigue-. En abril de 1985 ella (JDS) reaparece y me viene a decir: 'Prometeme que no vas a decir nada, prometeme, a Manucho (por Cordero) lo van a matar".
"A partir de la visita de ella me empezaron a pasar cosas extrañas. Cientos de llamadas de amenazas, horribles (N. R: da varios ejemplos) (...) y luego los atentados".
"Una noche, salgo de una guardia, siento que me agarran de atrás, me ponen una capucha y me dan golpes, golpes y golpes, no llegué a perder el conocimiento, vi las botas y recuerdo una frase: "'No te ensañes que ya está muerta". Me patearon para la calle, estaba lloviendo y me dejaron tirada en avenida Italia. Un médico que entraba a trabajar vio ese monton de trapos con sangre que era yo y me llevaron para el CTI, ya para ese momento, había entrado en coma grado 4 y luego, ya a salvo pero con fracturas- hundimiento de tórax-, etcétera, me trasladaron al Flitro".
"Entonces, decido irme de nuevo del país. Recién recuperada, comienzo a hacer los trámites para irme a Buenos Aires y una tarde voy a cruzar con luz verde en Agraciada y San Martín y veo una camioneta del Batallón de Ingeniería N 2 -no tengo dudas-".
Hace una inflexión y sigue con el relato: "Bueno cuando veo la luz verde empiezo a cruzar, el que conducía pone el pie en el acelerador y me levanta en el aire, caigo boca arriba y comencé a sentir una sensación de frío mortal. Me llevaron en unas tablas, creo que en un taxi, a Traumatología, y de nuevo al Filtro".
"De nuevo recuperada, claro que con muletas, me fui a Buenos Aires y allí hablé con gente de una comisión de derechos humanos, conté todo. Entonces me pusieron en contacto con Efraín Olivera de Serpaj".


Investigación y decepción.

Al poco tiempo de haber declarado Trías indica que le llega la citación de la Comisión Investigadora del secuestro y asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. "El día señalado llega una camioneta de la Cámara de Diputados y pocos minutos después llegaron unos tipos, karatecas creo, y adelante de mi hija se dijeron "qué hiciste, llegaste tarde estúpido".
De ahí en adelante iba con custodias y en un auto del Departamento de Operaciones Especiales (DOE), Marchesano se hizo cargo de todo".
Luego revela: "Por un acuerdo para mi protección realizado entre Hugo Villar, director del Clínicas, y Julio María Sanguinetti, fui -como en una especie de pase en comisión provisorio- dedicada todos los días a la comisión (investigadora), y se me seguía pagando el sueldo", dice.
"Algunos políticos me ofrecieron muchos beneficios, para que declarara mal o de forma contradictoria, cosa que no acepté", matiza Trías. "Fue un momento muy duro, con muletas, durmiendo en el mismo Palacio, siempre con custodia". 


El final

"Un día yo estaba almorzando en el Palacio y yo vi a un asistente de la comisión cómo llamaba a alguien y le decía: 'Vení que las tengo1 (por las actas). De la propia comisión se mató la investigación", alega. "Después que salieron publicadas en El País -las actas-, la investigación terminó. Ni que hablar que a mí los políticos me defraudaron, pero aunque sea un atrevimiento, también me pregunto si los familiares de los desaparecidos no pudieron hacer más. No sé, tal vez sea injusta, pero yo quedé para siempre amargada".

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