jueves, 20 de febrero de 2014

Sin que la muerte nos detenga, Dardo…

Orlando Gauayasamin


Por Gabriel Carbajales


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De aquellos “amores a primera vista” del amargo 1972 (y los otros amargos que siguieron, por supuesto), hay algunos que –es la pura verdad- no me explico cómo han podido perdurar sin mellarse en lo más mínimo, incluso en el más invencible distanciamiento físico y en el absoluto desconocimiento de la vida de cada cual (no hablemos ya de “visiones políticas” actuales, de autocríticas o de algo parecido) por décadas y décadas de ausencias que tal vez tengan algo que ver con este sentimiento entrañable y fortísimo, que, por desgracia y por suerte, parece crecer como levadura tibia cuando nos enteramos de que “fulano” o “fulana”, la quedó vaya uno a saber en dónde y cómo…
Una caterva incontable de aquellos atorrantes “aventurer@s y romántic@s” que por entonces arrancamos pelito y agarramos pa´l “monte urbano” con un fierro entre las sienes y un par de molotov listas para hacer moco esta podredumbre de capitalismo, nos conocimos realmente –realmente, sí, en cuerpo y en corazón- en los cuarteles, amarrocados, vejados, violados, humillados, y, por cierto, derrotados por paliza y sin poder tener ni la más pequeñísima esperanza de que en la cortita “las masas insurrectas” nos despegaran a los tiros y al degüello de las pezuñas mugrientas de los verduguitos del “proceso” con charreteras de hojalata y discursitos de “peruanismo mercenario”.
Al “Poca” (“Poca Vida”, porque era un hueso caminando; mejor dicho uno de los muchos “Poca Vida” que hubo en las mazmorras “patrióticas” y “democráticas” de aquellos tiempos), a Dardo Raúl Ferreira Gadea –unos meses después el “recluso 648”, hasta 1978-, con el que “nos enamoramos” en el cuartel de La Paloma, en la Villa del Cerro (Grupo de Artillería N° 1), en julio del ´72, lo ví por última vez (o así me parece) subiendo del recreo perdido en un mameluco gigante, maltrecho y re-remendado, que lo hacía parecerse a un muerto desprolijamente amortajado, hasta que descubrías su sonrisa flaca, joven y felíz, inexplicable para el que no haya conocido esa “dimensión casi desconocida” de la condición humana que es la convicción y la fe en la causa aún metidos hasta el cuello en la mierda infecunda de una dictadura lumpen-pequebú y pizarrera (la convicción, la fe y, también, un algo de locura inteligente que te lleva a valorar de una manera inefable una buena atajada en la “cancha grande” –donde se jugaba al fútbol, cuando te dejaban- o descubriendo cómo Engels describía los vínculos dialécticos de la naturaleza en el “Anti-Dühring”*, si no me equivoco, también mientras nos dejaron leer creyendo que hacerlo no tenía nada que ver con la revolución para gente que, como estaban convencidos los aprendices de fachos, saldría con las patas estiradas o apoyada en bastones hechos con palo de escoba, jovatos como Mahoma y más gagá que Jorge Batlle o los ministros de la SCJ).
En realidad, la memoria me falla, creo. Capáz que sí nos vimos con “El Poca” luego de que nos liberara un pueblo al que la burguesía temió no por andar a los tiros pero sí por reclamar lo que resultaba inconcebible en el ´72 –no en la cortita, pero sí en esa larguita que los más nazis todavía están por digerir por más que Sanguinetti se haya roto la lengua explicándoles “el porqué estratégico” de la amnistía y la “ley de pacificación”-…
(La memoria de los ex es un aquellare, por cierto, y por esos “antojos de la ideología”, recordamos más al torturador que el día de las últimas salidas se deshacía preguntándonos si teníamos “dónde pernoctar” -así, mismo, “pernoctar”, como si fuera un botón con academia y bondadoso dispuesto a darnos un lugarcito en el “casino de oficiales” o en su mismo hogar, ¡qué dulce!-, que todo lo sublime de aquellos millones de reencuentros que se entreveraron en los discos duros de nuestras almas con la vertiginosidad de montaña rusa que, parece, a veces se adueña de la lucha de clases, esta cosa rara que cuando parece dormida nos despierta con los rugidos del trueno, y alegra a unos y asusta a otros y en un santiamén la luna se hace sol y las estrellas nos hablan un idioma de futuro y justicia…).
En resumen, no recuerdo nada posterior a la cana en cuanto a Dardo. Hé preguntado mil y una vez por él, y no recuerdo tampoco ninguna respuesta precisa… De pronto hubiera estado bueno rastrearlo por el famoso Facebook o algo parecido; ni se me ocurrió (a los más obsoletos del museo sobreviviente, nos cuesta hacernos fácilmente a esta “realidad de lo virtual”).
Hoy, cuando Crysol nos enteró de su “último exilio”, apenitas si se me anudó la nuez de Adán o de Darwin (¡qué sé yo!), pero sin una lágrima o un moco furtivo de esos que te salen cuando sentís el resfrío de saber que nunca más podrás abrazar y besar a quien has querido mucho y seguirás queriendo hasta que te llegue la hora. No fue así, hoy, lo confieso, porque la muerte es muerte, en realidad, según cómo te hagan vivir la vida los que nunca dejarán de ser para vos un poderoso “referente”.
Casi seguro que es mérito de esa inmensa vida del “poca ídem” que para mí no haya muerto, pero la noticia no es una noticia fúnebre, para nada. Y aunque pocos sepan quién y qué fue y seguirá siendo Dardo, tal vez se lo entienda mejor sabiéndose que Dardo Raúl Ferreira Gadea, ese hueso caminante y alegre, fue uno de los más grandes “anónimos” sin cartelería y sin fama que hubo cuando el MLN era el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), y aun después, cuando la cartetería y la fama fueron “encumbrando” a unos pocos que a la hora del Hasta la Victoria Siempre, habrán de conformarse con un lacónico y a secas “hasta siempre”, nomás, sin “¡Victoria”!.
“El Poca” seguirá siendo mucha vida revolucionaria, y, para los que tuvimos la dicha de que nos “enamorara a primera vista”, siempre andará entre nosotros con pilchas que le quedan grandes y una sonrisa flaca, joven y feliz, de esas que te va pintando la vida cuando ni la muerte borra tus convicciones y tu indoblegable fe en la causa de los explotados y los oprimidos del mundo entero.
¡Cháu, “Poca”, HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE, sin que la muerte nos detenga!!!.

Gabriel –Saracho- Carbajales, 20 de febrero de 2014, año de la dignidad.-




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