sábado, 21 de junio de 2014

El "pacto de silencio" oculta una fosa común

Excavación en fosa común, San Vicente, Cordoba, Argentina. Imagen que oculta Uruguay.

 9 de junio de 2014
 CRÓNICAS DE 30 AÑOS EN PERIODISMO
El "pacto de silencio" oculta una fosa común

El 15 de marzo de 2002 se confirmó que Simón Riquelo era el muchacho que Rafael Michelini ubicó en Buenos Aires con los datos que surgieron de una investigación periodística que realizábamos para Posdata. La información nos la había dado un represor argentino, miembro de la banda de Aníbal Gordon que aceptó colaborar en la búsqueda. La confirmación de la identidad del hijo de Sara Méndez hizo creíble al informante, que había dicho que todos los uruguayos que en aquel 1976 estaban en el centro clandestino de detención Automotores Orletti de Buenos Aires fueron traídos a Uruguay para su "disposición final".
El 17 de marzo, entonces, publicamos en La República que había existido un "segundo vuelo" y una veintena de uruguayos que creíamos desaparecidos en Argentina, en realidad teníamos que buscarlos en Uruguay. Tres meses después, el 9 de junio (hace hoy exactamente 12 años) publicamos otro informe en La República con una presunción que hoy comprendemos como una certeza: los pasajeros de aquel vuelo no murieron por un exceso en la tortura, sino que fueron ejecutados (del mismo modo que había ocurrido en 1974 con los fusilados de Soca). Y algo peor aún: la dictadura enterró a esos desaparecidos en un cementerio clandestino.
La mayoría de los datos que manejábamos en aquel artículo de 2002 en La República se fueron confirmando, corrigiendo y ampliando en las investigaciones continuadas en los años siguientes. Tres años después, la Fuerza Aérea admitió que había existido aquel vuelo de 5 de octubre de 1976 en el que trajeron a los uruguayos de Orletti. Meses más tarde los cuerpos de los uruguayos desaparecidos comenzaron a aparecer en tumbas clandestinas dentro de unidades militares. Pero todavía falta encontrar los cuerpos de los secuestrados que trajeron en 1976 (como volvieron a hacerlo en 1978).
Esa es la verdadera razón del "pacto de silencio" que los militares mantienen en el tema de los desaparecidos y que no terminan de esclarecer las instituciones de un Estado que, aunque hoy tenga otro gobierno, es el mismo que practicó el terrorismo de Estado en los años del Plan Cóndor. Las Fuerzas Armadas no quieren reconocer que, como en Argentina, El Salvador o Guatemala, en Uruguay también existe una fosa común... Más temprano que tarde vamos a encontrarla.

Roger Rodríguez
(9 de junio de 2014)

Los uruguayos secuestrados en Orletti fueron ejecutados y enterrados en una fosa común.


EL "INFORMANTE" QUE PERMITIÓ ENCONTRAR A SIMÓN RIQUELO
CONFIRMA EL ÚLTIMO VUELO DE LOS URUGUAYOS DE ORLETTI

Los militares que participaron en el Plan Cóndor ocultan
la existencia de un cementerio clandestino en el Uruguay

En la noche del 4 al 5 de octubre de 1976 un avión uruguayo partió desde el aeropuerto Jorge Newbery de Buenos Aires. En él fue trasladada una veintena de ciudadanos orientales que estaban detenidos en Automotores Orletti. Todos los "pasajeros" de ese vuelo se mantienen desaparecidos. No fueron arrojados al mar. Estarían en un cementerio clandestino en Uruguay. 

ROGER RODRIGUEZ

El mismo informante que aportó los datos decisivos para encontrar a Simón Riquelo 26 años después de ser separado de su madre, Sara Méndez, confirmó días atrás en Buenos Aires que existió un último vuelo masivo de uruguayos detenidos en Orletti, quienes fueron trasladados a Uruguay por efectivos militares de este país.
La fuente –un ex represor argentino a quien se comprometió reservar su identidad– había adelantado meses atrás que “a los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. Nosotros no sabíamos que los del primer viaje estaban vivos, así que cuando se cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos, para su disposición final”.
En un nuevo contacto, mantenido a mediados de mayo, el informante ratificó y amplió sus dichos y, luego de una larga conversación en la que se analizó caso por caso la detención de uruguayos en Argentina, subrayó: “No me quedan dudas ni confusiones, estoy seguro de ese vuelo, porque fue ese día que (Miguel Angel) Furci se quedó con la chiquita (Mariana Zaffaroni)”.
Las nuevas declaraciones del ex represor sitúan el viaje a principios del mes de octubre de aquel 1976, luego que finalizara una serie de operativos conjuntos contra militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y antes que el local de Orletti sufriera una de sus “limpiezas”, con el traslado o liberación de algunos detenidos.
Los uruguayos que se encontraban en el avión que partió desde aeroparque habían sido secuestrados en Buenos Aires entre el 23 de setiembre y el 4 de octubre, período en el que se desmantela el denominado “aparato operativo” del PVP.
El traslado se produjo entre la noche del domingo 4 y la madrugada del lunes 5, en un operativo dirigido personalmente por el entonces mayor José “Nino” Gavazzo, quien ese día abandonó Argentina luego de meses de comandar a los efectivos uruguayos en Orletti.

La primera etapa de Orletti

Hasta el 18 de mayo de 1976, cuando fueron secuestrados los ex legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, en Uruguay y en Argentina se había sucedido una serie de detenciones de activistas políticos uruguayos pertenecientes a organizaciones enfrentadas a la dictadura militar.
En Uruguay, varios de estos detenidos permanecieron secuestrados durante meses en unidades militares uruguayas antes de ser “blanqueados” y procesados por la justicia militar.
En Argentina, quienes no aparecieron muertos en las calles de Buenos Aires permanecen en condición de desaparecidos, en algunos casos luego de ser detenidos por hasta 48 horas en un centro clandestino de reclusión (CCD) aún no identificado, y en el que habría sido visto el dirigente comunista Manuel Liberoff.
El 1º de junio de ese año es arrendado y ocupado el local de Automotores Orletti. El informante, consultado nuevamente en Buenos Aires, asegura que Orletti no se ocupó el 11 de mayo como sostienen algunas versiones, sino el mismo día que fue alquilado. “El propietario pidió garantías para arrendar y no entregó las llaves del lugar hasta que el contrato de alquiler fue firmado”, dijo.
Una primera etapa de las operaciones que desde Orletti se realizaron contra uruguayos exiliados en Argentina se inicia con la detención, el 9 de junio, del militante gráfico Gerardo Gatti, principal dirigente del PVP, quien sería rehén en un frustrado intento de extorsión por dos millones de dólares.
Desde entonces se realiza una serie de secuestros por comandos militares y policiales vestidos de civil sobre decenas de uruguayos radicados en Buenos Aires. En su mayoría fueron interrogados y torturados en Automotores Orletti. Dos de ellos fueron sacados del local y ejecutados en represalia por la muerte de un comisario argentino.
Un grupo de 24 uruguayos fue trasladado a Montevideo el 25 de julio en un avión de la empresa Pluna que hizo un secreto viaje “chárter” desde el aeroparque de Buenos Aires. Todos ellos fueron procesados por la justicia militar tres meses más tarde, luego de permanecer, primero, en una cárcel clandestina en Punta Gorda y, luego, en las instalaciones de la entonces sede del Servicio de Información y Defensa (SID) de Bulevar Artigas y Palmar.
Este grupo sería presentado a la prensa el 23 de octubre como un comando subversivo detenido en un chalé del balneario Shangrilá cuando intentaba “invadir” el país. Fueron los únicos sobrevivientes de Orletti quienes, luego de cumplir años de condena, con su testimonio iniciaron las causas judiciales contra los mandos militares en Argentina y Uruguay.
Luego de esa primera etapa, las actividades en Orletti se centraron contra argentinos y exiliados de otros países de la región. El testimonio de José Luis Bertazzo, un argentino que meses más tarde sería liberado al confirmarse que no tenía ninguna militancia política, da cuenta de la detención de chilenos, bolivianos y cubanos que fueron “interrogados” en el lugar y continúan desaparecidos.
En ese período es detenido Marcelo Gelman y su esposa embarazada, María Claudia García de Gelman, quien también fue trasladada a Uruguay donde, luego de permanecer un período en la sede del SID, dio a luz una hija que su abuelo recién logró recuperar el año pasado. María Claudia, según habría dicho el presidente Jorge Batlle al senador Rafael Michelini, fue asesinada. Su cuerpo no ha sido devuelto.
El hijo del poeta Juan Gelman y otros detenidos en esa etapa aparecerían a mediados de octubre –dos días antes que los “subversivos” uruguayos de Shangrilá–, pero dentro de toneles de hierro que habían sido hundidos en el canal de San Fernando, en el delta del Tigre argentino.

Las detenciones de setiembre

En el mes de setiembre de aquel 1976 porteño, otro grupo de uruguayos –en su mayoría parte del “aparato operativo” del PVP– fue detenido por comandos binacionales. Serían ellos los “pasajeros” del vuelo de octubre, quienes tras salir de Argentina tuvieron un destino incierto.
Una cronología de los hechos –elaborada durante años por Sara Méndez y Raúl Olivera y divulgada recientemente por Hugo Cores en su libro “Memorias de Resistencia”– narra esta sucesión de detenciones a través de datos recopilados entre testigos de los operativos y los testimonios de unos pocos sobrevivientes y algunos presos que en Uruguay eran interrogados cada vez que uno de sus compañeros “caía” en Buenos Aires.
El 23 de setiembre fue secuestrado en su domicilio de Buenos Aires, el matrimonio integrado por el uruguayo Juan Miguel Morales Von Pieverling y la paraguaya Josefina Keim Lledo de Morales. Ambos están desaparecidos.
El día 26, en un operativo en el barrio San Marín, se produce una balacera contra la casa que habitaban Roger Julien, Victoria Grisonas de Julien y sus dos hijos Anatole y Victoria. El, según el testimonio del ex represor argentino, murió al ingerir una pastilla de cianuro. Los dos niños fueron encontrados tres meses después en Chile. Ella continúa desaparecida.
El mismo día son detenidos Juan Pablo Errandonea y Raúl Tejera Llovet (ambos siguen desaparecidos), y se realizan sendos procedimientos en las casas de las familias de Adalberto Waldemar Soba Fernández, su esposa María Elena Laguna y sus tres hijos; y de Alberto Cecilio Mechoso Méndez, su mujer Beatriz Inés Castellonese Techera y sus dos hijos. Las mujeres y los niños fueron trasladados a Montevideo un día más tarde, en un vuelo de línea en el que los militares uruguayos José Arab Fernández y José Nino Gavazzo fingieron ser sus maridos. Soba y Mechoso continúan desaparecidos.
El 27, en su casa de Vicente López, son capturados Jorge Zaffaroni, su esposa, María Emilia Islas y la hija de ambos Mariana. Ellos dos permanecen desaparecidos. Mariana Zaffaroni fue encontrada años después en manos del agente del Servicio de Información y Defensa del Estado (SIDE) Miguel Angel Furci.
Un día más tarde, son detenidos en la vía pública Cecilia Trías Hernández y su compañero Washington Cram González. El fue visto por Bertazzo en Orletti. Ambos siguen desaparecidos.
El 30 de setiembre capturan en la calle a Ruben Prieto González, quien permanece desaparecido. Ese día son detenidos Beatriz Victoria Barboza Sánchez y su esposo Francisco Javier Peralta Leonor, de nacionalidad española. Fueron llevados a Orletti, donde Beatriz Barboza pudo ver a los niños Julien, a Grissonas y su hija Mariana y a Josefina Kleim. Barboza y Peralta fueron abandonados en la calle con orden de viajar a Uruguay. Antes de hacerlo llamaron por teléfono a sus familiares. Al llegar a Montevideo vuelven a ser detenidos y trasladados al Batallón de Infantería 13º. Gracias a la comunicación telefónica su familia pudo impedir su desaparición.
El primer día de octubre se produjo otra serie de detenciones de uruguayos en Buenos Aires: Rafael Lezama González, Miguel Angel Moreno Malugani, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader, Casimira Carretero Cárdenas, Segundo Chejenian y Graciela Da Silveira de Chejenian. Todos son desaparecidos.
El día 2, también aprehenden a Bernardo Arnone y esa misma tarde, en un bar de la calle Cabildo, son secuestrados Juan Pablo Recagno y Alvaro Nores Montedónico. Arnone y Recagno están desaparecidos. Nores fue trasladado a Montevideo y liberado. La última captura es la de Washington Queiro Uzal, detenido en la vía pública el 4 de octubre.
En sólo once días los comandos de Orletti realizaron 18 procedimientos. De los detenidos, 21 continúan desaparecidos. Todos ellos, y algunos argentinos, habrían viajado en el avión que partió desde aeroparque hacia Montevideo entre el 4 y 5 de octubre, según reveló el informante.
Desde el mes de junio de ese 1976 hasta el vuelo masivo de octubre, otros uruguayos fueron detenidos en Buenos Aires y permanecen desaparecidos, sin embargo, sobre ellos no habría operado el grupo que tuvo como sede Automotores Orletti.
Luego de ese vuelo, Orletti continuó operando por un mes sobre ciudadanos argentinos. El 3 de noviembre, dos detenidos, José Ramón Morales y Graciela Vidaillac, logran fugarse del lugar tras tomar un arma. Denunciaron su existencia en el exterior, lo que habría motivado el cierre del sitio también conocido como “El Jardín” y por la clave “OT 18″.

Motivo de un pacto de silencio

La afirmación de la fuente argentina sobre la existencia de un último vuelo masivo de uruguayos antes del cierre de Orletti coincide con el testimonio de Bertazzo, quien fue liberado ese 7 de octubre y afirma que “los uruguayos se habían ido unos días antes”.
También coincide con la declaración de la fuente, el hecho de que ese lunes 5 en Montevideo fueran liberadas las compañeras de Soba y Mechoso, María Elena Laguna y Beatriz Castellonese con sus respectivos hijos.
Y, fundamentalmente, el testimonio que sobre su traslado y liberación realizó Alvaro Nores, según la cronología realizada por Sara Méndez y Raúl Olivera: “Durante este período (probablemente el domingo o lunes) el mayor Gavazzo me comunicó que él volvía a Montevideo ese día pero que había arreglado para trasladarme a Uruguay. (…) Que él estaba arreglando el traslado, pero que yo no iba a ser trasladado hasta el martes debido a razones que no entendí. El martes a mediodía o durante la tarde fui llevado a un baño en el cual fui desvestido y sostenido debajo de una ducha. Luego me trajeron ropas limpias…”
Nores fue llevado a Uruguay por el entonces teniente primero Maurente y lo recibió en el aeropuerto de Carrasco el teniente Sander del Cuerpo de Coraceros de la Policía. Su liberación, luego de haber sido duramente torturado en Orletti, se debería a un pedido de su hermana María del Pilar, a quien en su libro Hugo Cores señala como “delatora”.
Las hipótesis sobre el destino de los 21 uruguayos que viajaban en el vuelo a Montevideo son pocas.
El informante asegura que el avión que esperaba en la cabecera de la pista lateral de aeroparque partió con todos los uruguayos. La veracidad de sus anteriores declaraciones, que ayudaron a Rafael Michelini a encontrar a Simón Riquelo, permiten suponer que, entonces, el grupo de uruguayos no tuvo “disposición final” en Argentina.
Esto explicaría por qué pese a años de búsqueda los equipos de antropología forense argentinos no han identificado los restos de ninguno de estos uruguayos.
También sería descartable la posibilidad de que estos detenidos de Orletti hayan sido víctimas de un “vuelo de la muerte”. Según una afirmación que un militar uruguayo le habría hecho a miembros de la Comisión para la Paz, Uruguay no tenía aviones del tipo Hércules que permitieran lanzar personas al mar como hicieron los argentinos. “En Uruguay estaban los Fairchild y, si uno le abre su puerta, el avión se cae”, habría ejemplificado.
La única opción, entonces, sería que esos uruguayos de Orletti efectivamente llegaron a Uruguay y aquí tuvieron su “disposición final”.
Una posibilidad que, además, explicaría la razón de fondo de un “pacto de silencio” que se mantiene entre los identificados militares uruguayos que participaron de la coordinación represiva del Plan Cóndor.
Estos militares pudieron mantenerse en la posición de que sólo han “cumplido su deber”, reconocer que alguno “se murió” en los interrogatorios, acusar de las desapariciones a los argentinos y, aún, desafiar con el argumento de que “gracias” a ellos están vivos los 24 que fueron detenidos en Shangrilá y que todos los niños, finalmente, aparecieron.
Todo un alegato que se desmoronaría si, en realidad, el “pacto de silencio” oculta la existencia de un cementerio clandestino en el que yacen los últimos uruguayos que estuvieron en Orletti.

(Diario La República, 09 de junio de 2002)



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