viernes, 18 de julio de 2014

¡Es la reforma agraria!



Las diferencias entre la oposición y este gobierno son profundamente ideológicas. Los representantes históricos del “Honorable” Partido Nacional y el Partido Colorado, muchos de ellos, grandes terratenientes de nuestro país; han gobernado, período tras período, para cuidar sus intereses y propiedades. Mientras que los gobiernos frenteamplistas han comprado y recuperado tierras, para entregarles a los productores y trabajadores más pobres de nuestro campo.
El Instituto Nacional de Colonización (INC) fue fundado en 1948. Hoy, posee cerca de 400.000 hás. Desde el 2005, adquirió el 25% del total de las tierras que administra, convirtiéndose en el mayor propietario de tierras del país. Si bien, el instrumento existía, la falta de recursos (vale aclarar que aun no son suficientes) impedía que el instituto cumpliera con sus objetivos, evidenciando así una clara decisión política.

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¿Es o se hace?

por José Luis Perera López

Yo no puedo creer que este muchacho esté hablando en serio.
Como es público y notorio, en los gobiernos del FA se ha agudizado fantásticamente la concentración de la tierra y su extranjerización, y los grandes capitalistas (sobre todo extranjeros) han
encontrado en estos gobiernos un caldo de cultivo apropiado para instalarse y desarrollarse a la vez que expoliar nuestros recursos.
En 2010, la REDIU mostraba que entre 2003 y 2009 los terratenientes de este país se habían enriquecido, por concepto de renta de la tierra y aumento del valor de sus campos en más de 30 mil millones de dólares. Actualizado ese dato, luego del último Censo Agropecuario, da que entre 2003 y 2013, por concepto de aumento del precio de la tierra los terratenientes de más de 200 hectáreas se enriquecieron en 46.451 (cuarenta y seis mil cuatrocientos cincuenta y uno) millones de dólares. Si se le agrega la renta de la tierra, lo hicieron en 13.631 (trece mil seiscientos treinta uno) millones de dólares. Por lo cual la suma total en la que se enriquecieron los terratenientes en este país en los últimos 10 años es de 60.082 millones de dólares. En buena medida gracias a los gobiernos del FA.
Para colmo, el pago de impuestos sobre la tierra (contribución inmobiliaria, aportes patronales al BPS e impuesto al patrimonio) entre 2003 y 2012 alcanzó 665 millones de dólares. Esto representa prácticamente el 1% del enriquecimiento en el período. Y si se calcula la proporción del total de los impuestos pagados por el sector, (1.711 millones de dólares) es menos del 3%.
Y la redistribución de la riqueza sigue esperando a que algún día llegue la izquierda al gobierno, porque los propietarios de esta masa de tierra, 15 millones y medio de hectáreas sobre un total nacional de 16,5 millones, y beneficiarios de ese colosal aumento de riqueza, son menos de 14.500 personas y empresas. Nacionales y extranjeras.
El problema de la tierra, lejos de lo que plantea este articulista, se ha profundizado con los gobiernos del Frente Amplio.
En la última década hemos asistido a una profunda transformación de la estructura agraria de la mano de la expansión e intensificación de las relaciones capitalistas en el campo, con el protagonismo de empresas regionales y transnacionales financiadas por el capital financiero. Estamos asistiendo a la consolidación del agronegocio en rubros como la soja, el trigo, la forestación, la ganadería y el arroz, todos rubros orientados a la exportación.
En el caso de la forestación, hemos llegado a un escenario en el cual tres empresas extranjeras controlan 650.000 hectáreas, cerca del 70% de la superficie forestada en el país. Estas mismas empresas también controlan la fase industrial y de comercialización: UPM (ex-Botnia) y Montes del Plata montaron, gracias a la concesión estatal de zonas francas libres de impuestos, mega-industrias de producción de pulpa de celulosa.
En el caso de la agricultura (soja y trigo fundamentalmente) 8 empresas, 7 extranjeras y una nacional, controlan 600.000 hectáreas, 50% del área sembrada. Las principales transnacionales agrícolas están presentes en Uruguay, en particular controlando la venta de insumos (Monsanto, Nidera, BASF) y el acopio y comercialización de los granos (Cargill, ADM, Bunge).
Recientemente se conoció que estamos en el 10º lugar en el mundo en cuanto a superficie destinada a la producción de transgénicos.
La ofensiva del capital transnacional en el sector agropecuario provocó un intenso dinamismo en el mercado de tierras. América del Sur es una de las zonas del planeta más codiciadas por los compradores de tierra, lo que agudiza la concentración de la tierra en la zona del mundo donde este recurso está peor distribuido.
Las cifras del Censo General Agropecuario no hacen más que confirmar el proceso: entre 2000 y 2011 los uruguayos pasaron de controlar del 90,4% al 53,9% de la superficie productiva nacional, mientras que las personas jurídicas (sociedades anónimas en su mayoría) pasaron de controlar 1% a un 43,1% del territorio, apropiándose de casi 7 millones de hectáreas en sólo 11 años; mientras tanto la concentración de la tierra aumentó siendo que el 70% de los productores más chicos controlan sólo el 10% de la superficie, mientras que el 10% más grande acapara el 61% de la superficie nacional.
Y este muchacho cree realmente que el FA está haciendo la reforma agraria porque distribuyó 3 mil hás entre algunos colonos? Y cree realmente que el FA está haciendo algo por la soberanía impidiendo que los estados compren tierra? Es soberano el país porque no permite la compra de tierras por parte de estados, cuando sí permite que las trasnacionales se hagan un festín con nuestras tierras?
¿Es o se hace?
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