viernes, 10 de octubre de 2014

Confirmación de la tortura



Un militar retirado describió por primera vez en la Juticia las torturas que aplicaban a los detenidos durante la dictadura: mencionó el "plantón", "submarino", "picana", privación de sueño y desnudar a las mujeres para doblegarlas 

MONTEVIDEO (Uypress) — El capitán retirado Asencio Lucero reconoció ante la Justicia uruguaya que aplicó torturas a personas detenidas durante la dictadura. El militar declaró en el marco de la denuncia colectiva realizada en octubre de 2011 por 28 ex presas políticas.
Plantones, submarino seco y húmedo, picana, tortura psicológica, son las acciones que Asencio reconoció haber hecho y describió en detalle ante la jueza Julia Staricco cómo aplicaba estos métodos violatorios de los derechos humanos.
Lucero era el encargado de Inteligencia en el Regimiento de Caballería N°9. A sus 74 años es defendido por Rosana Gavazzo (hija del dictador José "Nino" Gavazzo) y declaró recientemente ante Staricco. En la audiencia dijo que aplicó torturas durante los interrogatorios a militantes políticos detenidos desde 1972.
El capitán (R) indicó que las metodologías de tortura consistían en "prolongar plantones, submarino seco, submarino mojado, picana, supresión de las visitas", así como "dejar a las mujeres desnudas" porque "esto les generaba mucho pudor", según informó este jueves 9 el semanario Búsqueda que cita la declaración del militar.
Lucero intentó justificar su accionar, señalando que había aplicado torturas "a decenas de hombres y mujeres" en el marco de la "lucha antisubversiva" y que, a pesar de los detalles brindados, consideró que había tratado a las personas "con dignidad".
Además consideró que las torturas eran "desbordes" propios de la coyuntura que se vivía y que él en particular entendía a la tortura como una "presión psicológica" y ejemplificó: "A las tres de la mañana preguntaba (a un/a detenido/a) cómo se llamaba la hermana" o les hacía un "plantón" durante cinco o seis horas "hasta que se desplomaban".
Añadió que el "tacho" (o "submarino") se aplicaba para quienes eran "reacios a conversar" y detalló que el que afectaba más a los detenidos era el submarino "seco", para el que usaba una bufanda, les envolvía la cabeza con esta tela y ponía a la persona cinco horas contra la pared: "Por lógica, habla", dijo Lucero.
Los "pasos" para decidir si se aplicaban torturas consistían, primero, si la persona detenida "hablaba o no". Si hablaba (entendiendo esto por "delatar" o brindar alguna información sobre la organización) "firmaba una declaración"; si no hablaba, pasaba al plantón. Allí hasta que caía. Y, si seguía sin "cantar", el tercer paso era el submarino.
Lucero sostuvo que el tacho "ablandaba a las mujeres" porque les producía "pudor", el exponer su desnudez, la humillación, las vejaciones.
Tras el comentario misógino, el capitán relató que una vez le hicieron "un simulacro de tacho seco" al comandante Litovsky, militar que también está citado a declarar en esta causa.
Asimismo, enfatizó que "nadie daba la orden" de torturar, ya que esto formaba parte de "un sistema" que tenía por objetivo "obtener información"; y agregó que si bien estas acciones "no eran lo correcto (...), cuando se necesita información, es necesario".
El militar sostuvo que durante los interrogatorios había médicos presentes y nombró a Scarabino y a una doctora de apellido López.
Por otra parte, Lucero señaló que "custodió" a los ex tupamaros Amodio Pérez y Cristina Rey.
La declaración de este militar se enmarca en la denuncia colectiva de violaciones a los derechos humanos efectuada por 28 ex presas políticas en octubre de 2011.
Representadas por el abogado Federico Álvarez Petraglia, estas mujeres denunciaron haber sufrido 'delitos sexuales y torturas' de manera sistemática por agentes estatales, hombres y mujeres, 'contra las mujeres detenidas por motivos político-ideológicos', en unidades militares como el Penal de Punta de Rieles, el centro clandestino de detención '300 Carlos', el Regimiento de Caballería Nº 9, el Establecimiento La Tablada y el Batallón de Infantería Nº 5 de Mercedes, entre otros.
En la denuncia se detalla que: 'Los denunciados tuvieron activa participación durante la detención y prisión de las denunciantes en los distintos establecimientos carcelarios, siendo todos ellos responsables directos e indirectos, por acción u omisión, de la comisión de delitos calificados como de lesa humanidad cometidos en forma sistemática y planificada consistentes en delitos sexuales y torturas, afectando su integridad física y mental y su derecho a la dignidad'.
La presentación colectiva de casos es la primera en Uruguay que denuncia los delitos sexuales como delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura uruguaya (1973-1985).




09/10/2014 12:03

Exmilitar admitió picana y submarino a presos en los años 70

Por una causa judicial de derechos humanos fue interrogado el excapitán de inteligencia Asencio Lucero. Se trata del primer reconocimiento de torturas. Un excapitán de las Fuerzas Armadas, Asencio Lucero, admitió ante la justicia haber practicado plantones, submarinos y haber aplicado la picana eléctrica a presos durante la llamada guerra sucia, aunque dijo que lo hacía por “presión psicológica” y con “respeto por el cuerpo humano”, informó hoy Búsqueda.
Lucero explicó así por qué no usaba la picana eléctrica para dar golpes de corriente en los genitales de los detenidos. Su relato llamó la atención a la jueza Julia Staricco y la fiscal Silvia Nipoli, ya que hasta ahora los militares que sirvieron en la dictadura habían reconocido “cachetadas” y algún “agarrón del gañote”, al decir del represor José Nino Gavazzo, preso en la Unidad Domingo Arena. Rosana Gavazzo, hija de éste último, es la abogada del exmilitar interrogado.
A los 74 años, el nombre de Lucero no ha estado en el candelero de los oficiales acusados de violación a los derechos humanos. Fue oficial de inteligencia en el Regimiento Nº 9 de Caballería en los años 70. Declaró ante la justicia el 30 de setiembre y dijo que los presos tenían un “tratamiento respetuoso de los derechos humanos, profesional militar, custodio de las libertades”.
De todos modos, conforme avanzaba el interrogatorio, admitió abiertamente que se para obtener información los presos eran sometidos a plantones hasta que se desplomaban por su propio peso, y a otro tipo de torturas como submarino seco y húmedo, privación del sueño, suspensión de visitas. A las mujeres se las obligaban, inclusive, a permanecer desnudas por largos períodos.
El abogado patrocinante Federico Álvarez Petraglia estimó que el testimonio de Lucero “es muy importante” porque, por primera vez, se reconoce explícitamente las torturas, consigna el semanario.
Lucero dijo ser un “hombre muy paciente” y que su técnica de interrogatorio era la tortura psicológica.
Nombró varios compañeros del regimiento, un médico de apellido “Sacarabino” y una médica de apellido “López”, quienes se encargaban de certificar si el recluso estaba en condiciones de recibir más apremios.
También mencionó como interrogadores a un teniente Braida y a un oficial llamado Brusconi.
La abogada Gavazzo le preguntó si el comandante del regimiento, un militar de apellido Livtosvsky estaba enterado del tipo de interrogatorios, a lo cual Lucero respondió afirmativamente.
Incluso fue más lejos: contó que sometieron al comandante a un “tacho seco” (“submarino”) para que supiera de qué le estaban hablando.
“Le envolvimos la cabeza con una bufanda y lo llevamos para un estanque de agua que él sabía donde estaba”. Describió esa acción como una broma” y señaló que Litovsky “se asustó”.

Viernes 10 de Octubre de 2014

El testimonio del capitán (r) Asencio Lucero, ex encargado de Inteligencia (S2) en el Regimiento de Caballería N° 9, en el cual reconoció la aplicación de diversas formas de tortura contra ex presos políticos, representa “un logro” y confirma que las denuncias presentadas por ex presas políticas tenían sustento, afirmó la activista en materia de derechos humanos, Beatriz Benzano.
Benzano es una de la treintena de mujeres ex presas políticas que, en octubre de 2011, presentó una denuncia colectiva por torturas y delitos sexuales en varias unidades militares, entre ellas el Penal de Punta de Rieles, el centro clandestino de detención “300 Carlos”, el Regimiento de Caballería Nº 9, el Establecimiento La Tablada y el Batallón de Infantería Nº 5 de Mercedes.
Fue en esta causa que el capitán (r) Lucero brindó detalles sobre las torturas perpetradas contra presos políticos, hombres y mujeres, en la unidad militar a la que pertenecía. Lucero reconoció ante la jueza Penal de 16º Turno, Julia Staricco, la existencia de plantones, submarino seco y húmedo, picana y tortura psicológica contra los presos políticos, al tiempo que en el caso de las mujeres se agregaba la desnudez, para ablandarlas.
Asimismo, el militar confesó que no se trataba de prácticas aisladas y que de las mismas estaban al tanto todos los mandos de la época. “Era un sistema, nadie daba la orden (…) yo tenía que conseguir información. El Estado estaba involucrado en un problema tan grande que no se controlaba. Los interrogatorios se hacían en equipo de tres personas, normalmente las mismas”, declaró.
En este sentido, Benzano afirmó, en diálogo con Caras y Caretas Portal, que esta confesión fue “algo inesperado”, pero “confirma lo que denunciamos”, y las distintas prácticas de tortura que tuvieron lugar en las unidades militares. En el caso de las mujeres, se sumó la “violencia sexual”, que es una forma de tortura especial y autónoma, que incluyó desnudez forzada “a todas” y abusos (toqueteos o manoseos) “a casi todas”, y, en algunos casos, la violación, este último, un tema que aún se mantiene como tabú.
Con este panorama, Benzano consideró como “un logro” que exista un reconocimiento judicial de estos hechos, y casi tres años de que se presentara la denuncia. Por esto, dijo que reconocen y se alegran de que la Justicia comience a actuar y que la jueza Staricco haya sustentado la tesis que categoriza a estos hechos como crímenes de lesa humanidad y, por ende, imprescriptibles.
Asimismo, Benzano destacó que “todos” los presos políticos sufrieron la tortura, porque “fue algo masivo y generalizado”. En el caso de las denunciantes, se trata de mujeres “presas en distintos lugares y en distintas épocas, pero que todas sufrimos lo mismo”, al tiempo que en el Penal de Punta Rieles existía un “hostigamiento” por parte de los carceleros contra las presas políticas. Por este motivo, el testimonio del militar “es un aporte importantísimo” en la causa, valoró.



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