jueves, 30 de octubre de 2014

Elecciones: Una Lectura



Voces Semanario 
INDISCIPLINA PARTIDARIA>>
Por Hoenir Sarthou


La voluntad popular se expresa, normalmente, una vez cada cinco años.
Mientras tanto, es encuestada, medida, olfateada, adivinada e interpretada por políticos, encuestadores, periodistas, analistas y politólogos que intentan todo el tiempo saber qué piensa, qué quiere y qué hará “la gente”. Sin embargo, cuando el cuerpo electoral se pronuncia, suele sorprender a todos.
El pasado domingo, las sorpresas fueron varias.
La muy alta votación del Frente Amplio, la bajísima votación del Partido Colorado, el millón y pico de votos a favor del “sí” a la baja de la edad de imputabilidad y el discreto desempeño electoral del Partido Nacional fueron hechos no esperados.
Las iras de unos y de otros -unos por haberse asustado antes, y otros por sentirse frustrados después- se descargan ahora en las empresas encuestadoras, a las que se les atribuye desde incompetencia técnica hasta haber alterado interesadamente los pronósticos.
Pero vayamos por partes, que es mucho lo que hay para analizar e interpretar.

“LOS ORÁCULOS”
Como no tengo relación ni interés alguno en ninguna empresa encuestadora, voy a quebrar una modesta lanza a su favor.
Como ha señalado Marcelo Marchese, los datos de las últimas encuestas, con las que se cerró la campaña electoral, fueron obtenidos entre una semana y diez días antes de las elecciones.
¿Por qué suponer que esa fotografía de la voluntad popular, captada sobre mediados de octubre, habría de permanecer fija hasta el 26?
Eso supondría creer que la opinión de la gente no cambia en los días previos a las elecciones. Y algo mucho más importante: que la divulgación de los datos de las encuestas no altera la realidad.
La idea de que los métodos de las ciencias naturales, aplicados a las ciencias sociales, producen datos objetivos es una ilusión. El volumen de lluvias, por ejemplo, no se altera porque uno lo mida. En cambio, el comportamiento de las personas puede cambiar por el solo hecho de que se les pregunte qué harían ante determinada circunstancia. Más aun si se les indica lo que piensa y hará el resto de sus compatriotas.
No es éste un concepto nuevo. Pero se lo suele olvidar con frecuencia.
En este caso, los pronósticos sobre una baja votación del Frente Amplio, que aparecía en las encuestas superado por el conjunto de los votos de Lacalle Pou y de Bordaberry, robustecieron el temor de muchos frenteamplistas a un “retorno de la derecha más rancia” dándole un fuerte empuje a la militancia para que se volcara a la captación de votos. Así fueron convencidos unos cuantos discrepantes que dudaban sobre si votar en blanco o no.
En idéntica pero inversa forma, los pronósticos probablemente les dieron a los blancos y a los colorados una confianza que los hechos después demostrarían infundada.
“LA DERECHA”
Se podría atribuir el mal resultado de los colorados y el discreto resultado de los blancos a errores de sus líderes (la negativa de Bordaberry a incluir a un batllista en la fórmula; la confianza de Lacalle en su consigna “por la positiva”, que le impidió críticar al gobierno), o a errores estratégicos, publicitarios y de campaña.
Tiendo a creer que su problema es más profundo. Y los resultados del Interior del país parecen confirmarlo.
Mi hipótesis (puedo equivocarme) es que la era del sistema político que componían blancos y colorados “ya fue”. Que ninguno de ellos está ya en condiciones de hegemonizar ideológica y políticamente al país. No por una cuestión de modas, sino porque sus espacios ideológicos y clientelísticos han sido ocupados, sus resortes emocionales están desgastados, y otros son más aptos para cumplir, mal o bien, ciertas funciones que históricamente cumplieron blancos y colorados.
¿Puede el Partido Colorado, escasamente batllista, competir con el paternalismo y el Estado de bienestar que ofrece el Frente Amplio? ¿Puede la mística heroica del Partido Nacional competir con la épica de lucha armada y resistencia a la dictadura que late todavía en el Frente Amplio? ¿Tiene, cualquiera de los dos, la llegada, una red de contactos y un lenguaje para comunicarse con las extensas barriadas, pueblos y asentamientos en los que la corbata y el título universitario despiertan bronca o desconfianza? ¿Cuántos uruguayos vibran todavía con la historia de las guerras civiles, con los mártires de Quinteros o la toma de Paysandú?
Y, más importante: ¿quién tiene los resortes para entenderse con los sindicatos, la Universidad, los intelectuales, las ONGs, la administración pública y el ámbito de los derechos humanos, de la cultura, la enseñanza y la salud?
¿Alguien piensa que Lacalle Pou podría gobernar esos mundos, a los que es ajeno, teniendo además a un partido como el Frente Amplio en la oposición?
¿A quién apostarán, en el fondo, los gerentes de las empresas multinacionales que tienen contratos con el Estado, los bancos que tienen aprobada la ley de bancarización, la Iglesia Católica y las instituciones privadas de enseñanza a las que se les prometieron los “vouchers”?
¿Por qué se desesperan por salir en las fotos, junto a los gobernantes, empresarios “zorros” como López Mena y Paco Casal?
¿Qué señal emite la embajadora Julissa Reynosso al exhibirse junto a Mujica a cada rato y bastante más allá de lo protocolar?
A veces pienso que a Bordaberry y a Lacalle Pou los engañaron. Les hicieron creer que tenían chance de gobernar. Sin duda les queda un electorado tradicional de “colorados como sangre de toro” y “blancos como hueso de bagual”, quizá los estancieros tradicionales, la clase media de zonas costeras, pequeños rentistas, jubilados “pitucones” y profesionales ambiciosos. Pero sospecho que los poderosos, los verdaderos poderosos, dejaron de apostar a ellos.

“LA IZQUIERDA”
Aunque queda pendiente todavía la instancia del balotaje, todo el país intuye que el asunto está liquidado.
Tabaré Vázquez será presidente y el Frente Amplio tendría muchas alianzas posibles para asegurar el resultado. Aunque probablemente no las necesite y le baste con esperar la fecha sabiendo que, a los votos que obtuvo en octubre, se sumarán votantes en blanco y de los que anularon el voto, buena parte de los votantes de los otros partidos de izquierda y también del Partido Independiente . Con eso le sobra para ganar.
Falta analizar ahora uno de los hechos más sorprendentes de esta elección.
Personalmente, nunca creí en el pavoroso “regreso de la derecha más rancia”. Siempre pensé que habría segunda vuelta y que el Frente la ganaría. Por eso –como muchos- pensé que era la oportunidad para que, quienes discrepamos por izquierda con ciertas políticas que el Frente lleva adelante, hiciéramos notar nuestra disconformidad votando en blanco, o anulando el voto, o, en caso de querer incidir en la conformación del Parlamento, votando a alguno de los partidos chicos que se declaran de izquierda.
Mucha gente pensó lo mismo. Porque Asamblea Popular logró meter con cierta holgura un diputado, el PERI obtuvo más de 17 mil votos, el PT otros 3 mil (en total unos 46.000 votos para esos partidos que antes no llegaban a los 20.000), y los votos en blanco y anulados sumaron algo así como 76.000 voluntades, es decir 26.000 más que en las elecciones de 2009. Y ello sin contar a quienes, por similares fundamentos, decidieron abstenerse (conozco a varios). Además, seguramente, una parte de los votos que llevarán a Pablo Mieres al Senado son también de ex votantes frenteamplistas.
Siendo cauteloso, puede estimarse que entre 40.000 y 50.000 votantes históricos o potenciales del Frente Amplio no lo votaron en esta elección de octubre.
Sin embargo, el Frente obtuvo casi el mismo porcentaje de votantes que en 2009.
¿De dónde vinieron esos votos que compensaron a los discrepantes?
No queda más remedio que suponer que fueron ganados a los partidos tradicionales y en algún caso al Partido Independiente.
Algunos “mensajes” de Tabaré Vazquez, en los días previos a la elección, pueden explicar el fenómeno. Los elogios a los EEUU, el declararse “conservador”, las promesas de “vouchers” a los rectores universitarios, las críticas veladas a Mujica por la depenalización de la marihuana y la afirmación de que en su gobierno “habría un solo equipo económico”, parecen haber rendido frutos, atrayendo a último momento a votantes conservadores partidarios de la estabilidad que probablemente habían declarado a los encuestadores que votarían otra cosa.
Huelga decir que esto que afirmo es descriptivo, no valorativo. Por cierto, no me simpatiza la estrategia. Pero, siendo esta una nota de análisis, no puedo menos que referirla.
Así las cosas, el panorama político se perfila como de continuidad, con mayoría parlamentaria del Frente Amplio, disminución de la bancada colorada, aumento de la del Partido Independiente, ingreso de un diputado de izquierda no frenteamplista, que entró con votos en buena medida “prestados”, y el millón y pico de voluntades anónimas que claman por más seguridad y mano dura.
Si no me equivoco, ya en la campaña para el balotaje se verá cómo inciden esas novedades en el discurso y los compromisos de Tabaré Vázquez.







 

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