sábado, 9 de mayo de 2015

Tocar de oido y desatar las fieras



La adicción a las luminarias y la boca abierta
Meter la pata


polémica 

Brasil sorprendido por dichos de Mujica sobre Lula y el mensalão 
El diario Globo recoge hoy en su portada algunas de las frases del expresidente José Mujica publicadas en el libro "Una oveja negra al poder". Dice que Lula le confesó que los sobornos eran la única forma de gobernar el país.

vie may 8 2015 10:40
"Testigo precioso de un secreto". Así califica el diario Globo de Brasil a Mujica y sus declaraciones sobre el caso mensalão en Brasil ( que involucraba coimas a congresistas por parte del PT)  y que son difundidas en el libro de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz titulado "Una oveja negra al poder".

Según publica hoy Globo en su portada, Mujica asegura que escuchó a Lula en Brasilia, a principios del 2010 decirle que el pago de sobornos a diputados era la única forma de poder gobernar cuando él era presidente.

Lula le habría dicho a Mujica: "En este mundo tuve que lidiar con muchas cosas inmorales, chantaje. Por tan sólo nombrar alguna: Este (refiriéndose al mensalão) era la única manera de gobernar Brasil".

Según el libro, el exvicepresidente, Danilo Astori, que había viajado a Brasilia con Mujica, también escuchó la confesión de Lula.

"Lula no es corrupto como (Fernando) Collor de Mello y otros ex presidentes de Brasil" dijo Mujica  a los periodistas en más de 100 horas de entrevistas. "Pero él vivió este episodio (mensalão) con angustia y un poco de culpa."

Mujica y Lula estaban tan cercanos según Globo citando al libro que ambos sabían que Dilma Rousseff se convertiría en el candidato a la presidencia por le PT antes de que incluso se hiciera público. "Lula prefirió ser el poder en las sombras y, más después de los casos de corrupción" dice el artículo que dijo Mujica citando el libro.


Después del revuelo que generó esa confesión en Brasil, Mujica buscó anoche desligarse de lo que había dicho en el libro de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz. En el Salón Azul de la IMM, sentado al lado de los autores y del historiador Gerardo Caetano, el expresidente negó que Lula supiera del "mensalão".
"Entre tantas cosas, aparece en el libro mi amigo Lula ahí hablando del mensalão. ¡No, no! Jamás hablé con un brasileño del mensalão; por cosas que llevó adentro (José) Dirceu para mi no es un delincuente. Estará condenado, pero es un formidable luchador", aseguró Mujica sobre el principal asesor de Lula, procesado en Brasil por este caso.
"Lo que sí es cierto es que hablé con Lula y hablé, porque acá se hizo una doctrina de que la mayoría parlamentaria era un desastre y yo tengo bien claro lo que le pasó a este país cuando (Jorge) Pacheco Areco se quedó sin mayorías parlamentarias (...) Yo hablé con Lula sí, porque a Lula le tocó gobernar en minoría en un país gigantesco. Hablé con Lula y me dijo: sí, he tenido que sufrir chantajes, verdaderas inmoralidades", señaló Mujica.
"Lula no es un corrupto como sí lo era Collor de Mello y otros expresidentes brasileños", dice Mujica en el libro de Tulbovitz y Danza. Contó, además, que Lula vivió todo ese episodio con angustia y un poco de culpa. "En este mundo he tenido que lidiar con muchas cosas inmorales, chantajes", le dijo Lula apesadumbrado a Mujica y a Danilo Astori, unas semanas antes de que asumieran el gobierno de Uruguay. "Esa es la única forma de gobernar Brasil", se justificó. Habían ido a visitarlo a Brasilia y Lula sintió la necesidad de aclarar la situación. "El mensalão también es este país, todo es a lo grande", dijo Lula, cuentan los autores. De todas maneras, Mujica confiesa su admiración por el expresidente brasileño al que considera un "petiso bárbaro".
Consultado por El País, Mujica dijo anoche: "no hablé nunca con un brasileño del mensalão. Lo que pasa que yo no escribí el libro". Finalizada la presentación en la IMM, Mujica se quedó autografiando el libro.



Mujica desató las fieras en Brasil

sacudón político en brasilia

Senador brasileño quiere citar a Mujica al Congreso por dichos de Lula
El líder de uno de los partidos de oposición en Brasil, Ronaldo Caiado, anunció que pedirá al Congreso de su país que invite al expresidente José Mujica para hablar sobre los dichos de Lula acerca de que estaba al tanto del pago de sobornos en el Parlamento.


vie may 8 2015 18:45
La citación se origina en lo declarado por Mujica a los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz durante una serie de conversaciones para la elaboración del libro aparecido la semana pasada titulado "Una oveja negra al poder".

En el mismo Mujica asegura que escuchó a Lula en Brasilia, a principios del 2010 decirle que el pago de sobornos a diputados era la única forma de poder gobernar cuando él era presidente.

Lula le habría dicho a Mujica: "En este mundo tuve que lidiar con muchas cosas inmorales, chantaje. Por tan sólo nombrar alguna: Este (refiriéndose al mensalão) era la única manera de gobernar Brasil".

Según el libro, el exvicepresidente, Danilo Astori, que había viajado a Brasilia con Mujica, también escuchó la confesión de Lula.

El pasaje del libro fue publicado hoy por el matutino O Globo y generó un revuelo político en Brasil.

Esta tarde, el senador federal Ronaldo Caiado, líder del partido Demócratas -un partido político de centro-derecha que junto al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) integran el arco opositor a Dilma Rousseff y sus aliados- anunció que quiere conocer los dichos de Mujica de primera mano.

Por esa razón pedirá al Congreso que invite a Mujica a declarar y citando el pasaje del libro que se refiere a Lula, sostuvo: "La acusación es muy seria, incluso porque la propia izquierda brasileña trata a Mujica como una especie de mártir y coloca a su persona más allá de cualquier sospecha. Si él dice que el expresidente Lula, no solo confirmó tener conocimiento sobre el mensalão (el pago de los sobornos), como admitió que era su única forma de gobernar al país, eso pone en jaque la tesis que lo dejó libre de sospecha".

"Las investigaciones del mensalão se detuvieron justamente cuando estaban a centímetros de de llegar a Lula. Es preciso terminar con esa barrera  imaginaria de protección al Palacio de Planalto (sede el Ejecutivo brasileño). El 'lava jato' (el escándalo de corrupción vinculoado a Petrobras) no puede eximir a Dila y Lula", agregó Caiado.

La invitación se hará extensiva también al ministro de Economía, Danilo Astori, quien también habría escuchado los dichos de Lula en aquella oportunidad.

Otra derrota para Dilma por culpa de Mujica


Ni que hablara Rockefeller

“Le dije a Dilma (Rousseff) que es una macana que ellos no vayan con nosotros a intentar ser miembros observadores de la Alianza del Pacífico. No me contestó nada, pero me escuchó. Con Ollanta Humala también hablé mucho de esto. Lo metió Alan García en la Alianza del Pacífico y él no se quiso echar para atrás. Brasil es el que tiene que buscar la costa del Pacífico. Le dije a Dilma que tenga una política especial con Perú. En la costa del Pacífico se va a jugar un partido muy importante”


Mujica: "Me dan lástima los que sienten odio por los militares"

Las frases destacadas de Una Oveja Negra al Poder

 

Enemigos íntimos

El ex presidente José Mujica dijo que no siente odio por los militares: “me dan lástima los que sienten eso se quedaron con aquellos años y con ese discursito, peleando con los muertos.Les sacas eso y no les queda nada”. 

Los militares

Considero que los milicos juegan un rol clave. No hay que ser ingenuos. Está muy claro que sin las Fuerzas Armadas no se puede. El Nunca Más dictadura militar es un hermoso sentimiento, pero la garantía de que realmente ocurra es que la cabeza de la oficialidad del Ejército reflejo más o menos la realidad del país. Por eso los del Frente Amplio tenemos que ganar militares para nosotros. Es es la garantía de la democracia. Lamentablemente me encontré con una izquierda pacata que tiene miedo de hacer política con los milicos. Yo tengo miedo de no tener milicos en mi partido políico”.
No le tengo odio a los milicos. Hay compañeros de izquierda que no lo pueden entender, que no me lo perdonan. Duele y por momentos da bronca que lo vean como una traición. Intenté transformar el mundo y me hago cargo. Si no eran los milicos eran otros. No los odiaba, fueron instrumentos. Debe ser horrible vivir toda la vida con ese resentimiento. Me dan lástima los que sienten eso. No se dan cuenta que uno también peleó con aprensión. Se quedaron con aquellos años y con ese discursito, peleando con los muertos. Les sacas eso y no les queda nada, no entienden que la vida continúa y vienen nuevas generaciones. Vivir envenenado es vivir al pedo”. 

“Mujica es auténtico, de eso no cabe duda. El asunto es que se puede ser auténticamente un canalla.”

In vino veritas
Soledad Platero
Columna de Opinión
Caras y Caretas, Montevideo, 7-5-2015

A mí me tendrían que hacer un monumento porque soy el único tipo uruguayo de la política que dice lo que piensa”, les dijo, entre cientos de otros asertos semejantes, el actual senador y ex presidente José Mujica a los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz (ambos de Búsqueda).
No tengo idea de qué criterios se usan para hacer monumentos ni para emplazarlos en lugares públicos, ni me mueve una preocupación especial acerca de cuestiones de arte y urbanismo. Lo que me llama la atención en las palabras de Mujica es el elogio de la sinceridad, esa virtud que lo hace merecedor del monumento y que parece conferirle a él todo su espesor de tipo genuino y confiable, de persona íntegra, de buena gente.
Hace algunos años, la campaña publicitaria de cierto supermercado mayorista tenía como personaje central a un veterano que siempre decía lo que pensaba. No hay ni que decir que el señor era insufrible. Con la misma cara socarrona con que le decía a una madre que su bebé era feíto, le comentaba a su señora que la vecinita se había vuelto una potra. Era un impune, un grosero, un atrevido. Un individuo desagradable cuyo valor esencial consistía en dejar salir del cerco de los dientes las palabras más ofensivas y desubicadas. Nadie en su sano juicio lo creería merecedor de un monumento, y es improbable que a alguien se le hubiera ocurrido mandarlo a juntar votos para la causa que fuera.
Pero resulta que la política es un ámbito bastante desprestigiado. Es casi unánime la percepción de que los políticos mienten, y en ese contexto no es raro que la sinceridad cotice alto. Así, una vez difundidas varias de las afirmaciones de Mujica en el libro de Tulbovitz y Danza (Una oveja negra al poder, Sudamericana, 2015), las repercusiones no se hicieron esperar. Y aunque muchos se mostraron indignados por la deslealtad del ex presidente, muchos otros le festejaron la gracia.
Entre los argumentos a favor y en contra de Mujica hay algunos especialmente penosos. Uno (en contra), el que remite a la “unidad de la izquierda”, como si una especie de omertà obligara al silencio para no poner en riesgo algo que ya parece, al menos en términos electorales, suficientemente consolidado. Otro (a favor), que da por buenos los disparates porque “son verdad”, como si decir verdades tan obvias como innecesarias fuera, en sí mismo, algo bueno.
Sin embargo, aunque Mujica cimentó buena parte de su prestigio personal en la repetición de lugares comunes y obviedades, lo que llama la atención en la “sinceridad” de las expresiones sobre sus compañeros de ruta y sobre dignatarios extranjeros es la mala leche. Hablar de si Astori es o no una persona carismática podría hasta ser comprensible a la hora de elegirlo para encabezar una lista, aunque difícilmente se podría considerar pertinente en el contexto de una entrevista con la prensa. Ahora, contar que no pudo “mear en medio de una multitud, a escondidas” es, directamente, una tocada de culo, una canchereada infame que merecería el repudio sincero de todo el mundo, por encima de cualquier opinión sobre Danilo Astori o sobre la conducción económica del país. Decir que Constanza Moreira o Alberto Curiel fueron senadores “de garrón” (reservémonos, llegado este punto, las opiniones sobre asesores como el Pato Celeste) o salir a decir que no pusieron un peso es, lisa y llanamente, una canallada. Y además, según parece, es mentira.
Por eso, en el elogio de la franqueza de Mujica parece haber menos un deseo de escuchar verdades que una voluntad de revancha, una especie de regodeo en que alguien hable mal de esos cajetillas que se sientan en el Parlamento y deciden la suerte de todos.
Y los que lo festejan son los mismos que le reconocen la viveza cuando explica, tras varios caliboratos y en medio de la festichola en el Quincho de Varela, que su vecino es un canario bruto que no terminó primaria pero “mueve 150 personas” y así consigue que los nuevos uruguayos paguemos, locos de la vida, casi treinta pesos por una lechuga que le costó dos pesos producir. “Encontró el marketing”, dice Mujica, y no falta quien diga que tiene razón, como si esa verdad, esa correspondencia exacta entre el enunciado y el mundo contuviera una justificación moral de la avivada.
Porque no se les ocurre, a los festejantes de las verdades obvias, rascar un milímetro la superficie de ese razonamiento y sacar la cuenta de cuánto ganan los 150 embolsadores de lechuga, los armadores de packs de puchero, los fraccionadores de perejil que trabajan para el vecino de Mujica y sustentan con su sudor el éxito de su estrategia de marketing.
Si alguien todavía cree que en Uruguay no existe la farándula política debería repasar el fenómeno del Quincho de Varela. Porque la verdad última del Mujica político debe leerse en eso de lo que el Quincho de Varela es metáfora. Lo que Mujica es, políticamente hablando, es un caudillo ruralista. Un viejo zorro campechano que cree en serio que el capitalismo es lo más grande que hay, que estudiar no sirve para nada, que el mundo es de los vivos, que a los pobres hay que ayudarlos con caridad y que las ideas, las ideologías y las disquisiciones intelectuales entorpecen la libre y necesaria circulación del dinero y las mercancías.
Mujica es el que cree que para mejorar la educación (que, dicho sea de paso, no es, para él, otra cosa que la capacitación para el trabajo) hay que hacer mierda al gremio de docentes, es el que se cree macanudo porque les dice a los hombres que tienen que “aprender a perder”, es el que anuncia la inutilidad de un paro general contra el TISA porque “el G20 no se va a impresionar por un paro del Pit-Cnt”. El Quincho de Varela, ese edén en el que las princesas se morfan un choripán mientras conversan con sindicalistas y con ministros de izquierda, es la imagen más lograda de la utopía sin antagonismos de clase que Mujica, a pesar de sus discursetes en foros internacionales, promueve un día sí y otro también.
Mujica es auténtico, de eso no cabe duda. El asunto es que se puede ser auténticamente un canalla. Se puede ser, con toda franqueza, una persona jodida, un viejo fatuo, un soberbio que protege a sus amigos y crucifica a sus competidores con la misma despiadada lógica con que lo hace cualquier jefe mafioso, cualquier empresario sin escrúpulos, cualquier político sinvergüenza.
Se puede jugar el juego de la idiosincrasia y en ese juego enchastrar a unos y festejar a otros, sacar pecho con la parada de carro a una mandataria extranjera, se puede ser perdonavidas o bravucón, se puede hablar de más y moverse dentro del amplio registro que va desde las verdades obvias hasta las mentiras flagrantes. Y se puede sacar, de todo eso, rédito personal. Pero medida en términos políticos, esa ganancia es sólo pérdida. Porque aunque se junten votos y hasta se arrase en las elecciones, el retroceso hacia lo más mezquino de la vida social parece irreversible.




Mujica se ha asegurado una resonancia mundial en los medios imperiales que controlan la opinión. Naturalmente lo difunden con bombos y platillos porque les conviene, va en la línea de la derecha y de las multinacionales así como del gobierno imperial, que busca presentar al antiguo "rebelde" como un hombre que ha "entrado en razón", más o menos como hicieron con Jeltsin en la antigua URSS. Les sirve para mostrar al mundo que no hay que hacer resistencia, al contrario, trabajar en consonancia con las políticas imperialistas. Este caso es bien elocuente. Después de falsamente haber adulado gente, incluso haberlos alabado públicamente ahora sale diciendo que NI UNO le era fiel. A él, no a ningún FA, o programa o intereses populares que es como corresponde medir la fidelidad. Muchos de los obsecuentes y seguidistas reciben este "agradecimiento" de Mujica, no están ni a la altura de su perra!.



 




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