lunes, 10 de agosto de 2015

El regreso de la rata: ¡Juicio y castigo!



La operación "el regreso de la rata", y nosotros... 


TRISTE, GROTESCA, ABSURDA CAMPAÑA, PERO NADA INGENUA 

 Ciertos imponderables, han hecho posible que de alguna manera se pinchara el operativo "regreso" del mercenario Héctor Amodio Pérez, sólo en apariencia en visita promocional de su libro "Palabra de Amodio", preparada desde hace un par de años entre "El Observador", "El País", la CIA y alguna otra gente que ha creído ingenuamente que "la palabra de Amodio" podía arrojar algo de luz sobre "la historia del pasado reciente"... Por lo pronto, únicamente el hecho de haber ingresado con la documentación ilegal que le proporcionaron los fascistas entre 1973 y 1974 cuando lo liberaron como pago -con unos cuantos dólares de propina- por los servicios prestados, y, además, algunas denuncias en su contra por su co-resposabilidad en aberrantes delitos de lesa humanidad, han generado algo de Atención pública sobre su propagandeada presencia en Montevideo. La cacareada "conferencia de prensa" a unas horas de su arribo, fue un papelón mayúsculo, convirtiéndose de hecho en la exposición pública -triste, grotesca, absurda- de un personaje desgraciado, neciamente soberbio, claramente resuelto a tratar de trasladar su responsabilidad personal como activo militante del aparato represivo de la dictadura, hacia otros protagonistas de los tiempos de derrota del MLN-Tupamaros cuyas conductas -sobre todo en la actualidad- están en tela de juicio por diversos motivos -nada menores, sin duda-, aunque en todo caso no es precisamente Amodio Pérez el más indicado para colocarse "en juez" de nadie. De absolutamente nadie. La solvencia moral de este sujeto -si es que alguna vez la tuvo en grado mínimo- lo inhabilita tan siquiera como testigo parcialmente creíble, y sus reacciones ante las preguntas de los periodistas en la "conferencia" -algunas de ellas con la carga esperable de un Goyo Alvarez o un Bordaberry-, son la evidencia irrefutable de que su "operativo regreso" es lo que es: el enchastre masivo de apariencia "selectiva" y la pretensión de colocarse como "héroe de la película", justo él, uno de los personajes más abyectos, desquiciados y degradados de la historia de ayer y de la de hoy mismo. 

Sin embargo, "atenti al lupo". El "caso Amodio" es solamente el pretexto. El personaje es nada más que el cretino útil ocasionalmente contratado -una vez más y no necesariamente la última- para realizar destacadamente una tarea clave en la campaña ideológica concebida por los más gorilones como estratégica en términos contrarevolucionarios: la realidad los induce a concluir que la manera de tratar de neutralizar al movimiento popular que destruyeron desde 1972, pero que reverdece a pesar de todos los pesares, es sembrando incesantemente semillitas de desconfianza y desmoralización entre las mujeres y los hombres de este pueblo trabajador -muy golpeado, pero no aplastado- al que empecinadamente tratan de hacerle creer que todas y todos somos de algún modo una bazofia humana como Amodio y Gavazzo o renegados como lo son algunos de los que ayer empuñaron las armas contra el gorilaje y hoy no se apean de una "militancia" en definitiva funcional al sistema. 

 La operación "el regreso de la rata" se vale de la rata, pero ni cuenta solamente con ella ni su arsenal se reduce a las 300 páginas de un librito impreso entre "El País" y "El Observador" con abundante excremento antipopular en lugar de tinta. Esto es nada más que un aspecto, una parte, un pequeño volúmen de proyectiles, de algo mucho más de largo aliento y más ambicioso pergeñado por la crema de una clase dominante que sabe muy bien que no alcanza con el reformismo conciliador para ponerle freno a las impresionantes tensiones sociales y las explosiones de pueblo movilizado que necesariamente irán presentándose como consecuencia inevitable del sostenido y profundizado egoísmo de quienes por ahora sostienen el mango de la sarten sin poder darse "el lujo" de aflojarle siquiera un cachito (la burguesía, de conciliadora no tiene ni tendrá jamás un pelo, mucho menos cuando vuelven a colocarse los zapallos en el carro de la verdad revolucionaria). 

Pase lo que pase con este pobre sujeto llamado Héctor Amodio Pérez o como quiere hacerse llamar, no debemos ceder ante ninguna de las tentaciones del "librepensamiento liberal" que nos habla de "pluralismo" y "cabezas abiertas" al "conocimiento" de todas las versiones y opiniones que "arrojen luz sobre la historia"... La historia es hoy, y ella se construye también con actitudes firmes y porfiadas desde el abajo, aunque los vientos parezcan seguir soplando a favor de los vendedores de "libertad de expresión" y "de palabra" que ocultan la ausencia de libertad real y el empeño imbécil por seguir manteniéndonos no solamente cada vez más explotados y oprimidos, sino también más alienados e idiotizados por la pornografía proxeneta de Marcelo Tinelli o “el suspense” del "misterioso Amodio Pérez" y sus padrinos y madrinas del "cuarto poder". Contra la siembra de desmoralización y desconfianzas, ¡más demanda de Juicio y Castigo, más demanda de Verdad y Justicia en todos los planos de la vida, y más oídos sordos a todas las piruetas mediáticas que desean expulsarnos de la historia, de una historia que es nuestra historia y no la de los que trabajan contra la historia o un par de “demonios” alejados de una lucha de clases en la que ya se han servido demasiados cócteles de distracción, apatía y siembra de “hacé la tuya y dejate de joder con la justicia y la igualdad social”!!!... 


Gabriel -Saracho- Carbajales, Montevideo, 10 de agosto de 2015.-



Entre algunos de los testigos que podrían ser citados a declarar se encuentra el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Además, en este caso fueron nombrados cuatro policías y militares que habrían trabajado en coordinación con el extupamaro.
Grille dijo que accionó como un ciudadano más al saber de la llegada de Amodio a Uruguay y sobre la base de información que vincula al extupamaro como colaborador militar, en detenciones ilegales, y torturas.
La otra denuncia fue presentada por una mujer que asegura haber estado detenida durante la dictadura a causa de la acción de Amodio Pérez. No se saben más detalles de esta causa.
DENUNCIA POR CASO DE 28 EX PRESAS POLÍTICAS. Tras prestar declaración en el juzgado penal de 14º turno, Amodio Pérez se trasladó para declarar ante la jueza Julia Staricco, por haber sido nombrado como colaborador de los militares en la detención, tortura y delitos sexuales contra 28 presas políticas durante la dictadura.
Según informa El Observador, al menos dos militares lo nombraron a Pérez en estas actividades.
DEBERÁ TRAMITAR NUEVO PASAPORTE. Pérez declaró en la tarde de este sábado en el Juzgado de Ciudad de la Costa tras haber ingresado al país utilizando un pasaporte con un nombre distinto al suyo. Funcionarios de Migración del Aeropuerto de Carrasco constataron que en el documento figuraba otro nombre. Walter Salvador Correa Barboza es el nombre que utilizó Amodio para ingresar a Uruguay para la presentación de su libro “Palabra de Amodio, la historia de los Tupamaros”.
A la sede penal de Ciudad de la Costa también concurrió el verdadero Walter Salvador Correa Barboza, quien manifestó a la Justicia que no estaba en conocimiento del tema y aclaró que nunca perdió sus documentos. El hombre se retiró del Juzgado sin realizar declaraciones a la prensa.
Por la mañana, en la sede de la Dirección General de Información e Inteligencia de la Policía, Amodio Pérez declaró que fueron los militares quienes le proporcionaron esa identidad cuando se fue del país en 1973 y se legalizó en España.
El abogado defensor, Andrés Ojeda, dijo que el pasaporte le fue devuelto a Amodio Pérez tras comprobar tanto la Justicia como la Fiscalía que esa fue la identidad que asumió el extupamaro cuando se exilió en el exterior para salvaguardar su vida.
Sin embargo, a última hora del sábado personal de Migraciones consultó a la jueza Marcela Vargas sobre si acreditaba la salida del país con documentación irregular. La jueza reconsideró su decisión y si bien mantuvo la postura de no procesarlo dispuso que Inteligencia incautara el pasaporte español y que Pérez tramite una nueva documentación.
Amodio Pérez pasó la noche del sábado en la sede de Información e Inteligencia.







Justicia accedió a tramitar denuncia de Grille
Amodio Pérez declara en varias causas

El ex militante tupamaro Héctor Amodio Pérez declaró este domingo ante la Justicia en causas por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura; la jueza María Helena Mainard accedió a investigar la denuncia del director de Caras y Caretas, Alberto Grille.



La jueza Penal de 14º Turno, María Helena Mainard, accedió a investigar la denuncia presentada por el director de Caras y Caretas, Alberto Grille, contra el ex militante tupamaro Héctor Amodio Pérez, y dispuso su citación ante la Sede. La magistrada aceptó, en línea con la postura del fiscal Ariel Cancela, investigar a Amodio Pérez y dispuso su citación al Juzgado.
Grille compareció, el pasado viernes ante el fiscal Cancela, y entregó una carta con su denuncia. La denuncia la presentó al conocer el arribo de Amodio Pérez -considerado un “traidor” por el MLN-T-, al Uruguay para presentar un libro con su historia en el grupo guerrillero.
“El señor Amodio Pérez fue uno de los jefes del Movimiento de Libertación Tupamaros, fue coordinador del Operativo Pando donde murieron tres polícías, fue apresado por las Fuerzas Conjuntas habiendo colaborado con ellas, participó activamente a veces directamente y a veces indirectamente, en sesiones de torturas, participó en detenciones de guerrilleros y contribuyó en sus interrogatorios, se fugó de la cárcel o fue liberado saliendo del país con documentos falsos. Nunca fue juzgado por éstos delitos ni fue amnistiado. No cumplió penas pese a haber participado en delitos de sangre. No se conoce con qué documentos entró al Uruguay ni cuál fue la autoridad que los expidió”, expresa el escrito que Grille.
El fiscal analizó los antecedentes y decidió elevar la causa a la jueza Mainard para la adopción de medidas. En el correr de las horas, varios ex militantes tupamaros decidieron plegarse a la denuncia penal presentada por Grille, entre ellos, Julio Marenales, Carlos Haller y Alba Antúnez, así como el jefe de Seguridad de la AUF, Miguel Zuluaga. Todos ellos se presentaron como testigos. También se sumó la denuncia de otra ex militante tupamara contra Amodio Pérez.
En base a esa denuncia, y los testimonios incorporados, la jueza Mainard decidió convocar a Amodio Pérez y lo interrogó durante casi dos horas y medias, según informó Televisión Nacional (TNU). Los denuncia y los testigos afirman que Amodio Pérez participó en operativos de detención de sus ex compañeros en el MLN-T e, incluso, en sesiones de interrogatorios realizados en cuarteles militantes. Por esta causa, será citado el ex ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro.
Pero este no será el único caso en que comparecerá Amodio Pérez. La jueza Penal de 16º Turno, Julia Staricco, decidió citarlo a declarar en otra causa por graves violaciones a los derechos humanos. Esto porque en su momento, el fiscal Carlos Negro (en subrogación de la Fiscalía Penal de 10º Turno) pidió recabar su testimonio, en virtud de las declaraciones de un ex integrante del Ejército, donde se lo involucra en actos ilícitos durante la dictadura.
El capitán (r) Orosman Pereira, ex integrante del Batallón Florida, declaró ante la jueza Staricco, que Amodio Pérez colaboró con los militares en el desbaratamiento del MLN-T. En este ámbito, Pereira afirmó que Amodio Pérez participó de rondas de identificación de integrantes del MLN-T y que, incluso, participó de interrogatorios de algunos de sus ex compañeros.
Amodio Pérez también declaró ante un juez de Ciudad de la Costa, por haber ingresado al país utilizando un pasaporte falso. El pasaporte identificaba a Amodio Pérez con el nombre de “Walter Salvador Correa Barboza”, nacido en Valparaíso (Uruguay), que fue la identidad con la que vivió durante más de 40 años en España. Tras declarar ante la Sede, el magistrado dispuso su puesta en libertad y le devolvió el pasaporte, pero horas después ordenó que el mismo le sea retenido y que Amodio Pérez tramite un nuevo pasaporte con su verdadera identidad. En caso de no ser imputado en las otras causas, y querer abandonar el país, Amodio deberá hacer los trámites ante la Dirección Nacional de Migraciones.

video



El tiro por la culata

Amodio Pérez, el “traidor” tupamaro que vino a presentar “la otra historia” y terminó detenido.

Lunes 10 • Agosto • 2015


“Yo no soy Amodio Pérez”. Así recibió a los cuatro agentes del Grupo de Reserva Táctica de la Policía en la puerta de la habitación 11 del piso 24 del hotel Sheraton, diez minutos después de terminar la conferencia de prensa en la que presentó el promocionado libro Palabra de Amodio. Quien fuera uno de los más altos dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), acusado por sus compañeros de haber sido el gran traidor de la organización, fue entonces emplazado a presentarse, al día siguiente, en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia. Héctor Amodio Pérez, el hombre que vino a contar “la otra historia de los tupamaros” con pasaporte español, amagó, primero, a pedir asilo en la Embajada de España. Pero eligió un mal momento: el embajador Roberto Varela Fariña estaba abocado a la llegada a Uruguay del más importante asaltante de bancos de la historia reciente de España, Daniel Rojo Bonilla, más conocido como Dani el Rojo, que en estos días presentará en Montevideo algunas de sus memorias.

Así y todo, el embajador preparó una posible respuesta ante la eventual solicitud, la que se estila en estos casos: una lista de cinco abogados para el caso de que solicitase ayuda. Antes, la Embajada y el Consulado español corroboraron que el pasaporte con el que Amodio ingresó al país fuese verdadero. Los funcionarios diplomáticos compararon huellas dactilares, chequearon el chip interno del pasaporte y corroboraron con Madrid que la documentación fuera legal. Hasta ahí, las decisiones consulares.

La definición política de la Embajada, sin embargo, fue que Amodio es más uruguayo que español, a pesar de haber ingresado al país con documentación del país europeo, y que, en tanto uruguayo, debía atenerse a las leyes del país como uno más, sin interferencia alguna de la Embajada. “Si éste fuera un país donde los derechos humanos de las personas estuvieran amenazados, sería otra historia, pero para nosotros Uruguay da todas las garantías”, explicó a la diaria Varela Fariña, protagonista involuntario del penúltimo giro novelesco de la historia de los tupamaros.

Amodio Pérez no es Amodio Pérez. Su exilio acordado en España implicó el nacimiento de una nueva identidad, parida por los militares. Pero, a la vez, ese hombre calvo y ojeroso sigue siendo Amodio Pérez. Como si ella misma fuese el testimonio viviente de la traición, su doble identidad, civil y política, reavivó las especulaciones sobre su salida del país y el pacto que la antecedió.

Walter Salvador Correa Barboza es el nombre que los militares le dieron, en un acuerdo celebrado en 1974 y confirmado luego entre España y Uruguay, por entonces gobernados por dictaduras. Un entendimiento celebrado entre los presidentes Juan María Bordaberry y Francisco Franco, y por las cancillerías de ambos países, fue el padre de la criatura que este fin de semana puso en vilo a embajadas y autoridades policiales.

Ese engendro jurídico fue el primer motivo que llevó a la Policía a detener a Amodio Pérez. Si bien luego de una primera declaración la jueza Marcela Vargas resolvió devolverle el pasaporte español a nombre de Walter Salvador Correa Barboza, luego de una consulta realizada por la Dirección Nacional de Migraciones acerca de si habilitaba a una persona a salir del país con otro nombre, la jueza dispuso la incautación de la documentación y ordenó que Amodio Pérez tramite un nuevo documento con su nombre original, de cabecera.

Pero lo que en un principio parecía tan sólo una cuestión judicial de tipo instrumental terminó derivando, con el paso de las horas, en una lluvia de denuncias por violaciones a los derechos humanos. Fue el caso de una presentada por una ex tupamara por la presunta acción coordinada con los militares y su participación en sesiones de tortura durante la dictadura. La denuncia da cuenta de fechas y lugares concretos en los que se vio al ex tupamaro vestido con uniforme militar e interrogando a detenidos. Entre los testigos nombrados en este expediente -a cargo de la jueza Julia Staricco- aparece el ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, que fue citado a declarar. Otra denuncia la presentó el viernes Alberto Grille, director de Caras y Caretas. La tercera lo involucra en una causa que se inició en 2011. Es la que presentaron 28 mujeres que manifestaron haber sido víctimas de abusos en la dictadura. Las juezas Staricco y María Elena Mainard, a cargo de la denuncia presentada por Grille, determinaron ayer el cierre de fronteras. Por lo pronto, Amodio Pérez no podrá retornar a España este fin de semana, como tenía previsto.

Por la causa de las 28 mujeres ya declararon dos militares. Uno de ellos es Asencio Lucero, el primer militar uruguayo en reconocer ante estrados judiciales haber participado en torturas y que, según el propio Amodio, participó en el operativo para su salida del país, en 1974. Lucero testimonió haber recibido información por parte de Amodio Pérez mientras este último estaba preso en el Batallón Florida, del Ejército. A su vez, Amodio lo menciona en su libro como uno de los artífices de su cambio de identidad: “Al día siguiente por la tarde apareció el capitán [Asencio] Lucero, acompañado de un civil que traía un bolso con todo lo necesario. En una oficina hicimos sitio para ubicar las tablillas con los números de identificación y nos hicimos las fotos. Entregamos los nombres que habíamos elegido y tres días después mi padre nos trajo las cédulas, credenciales y pasaportes”.

Otro soldado, el mayor Orosmán Pereira, también habló ante un juzgado de las delaciones de Amodio. “Ayudó muchísimo a detener personas”, dijo. Y dio detalles sobre los contactos entre el ex guerrillero y los militares: que se reunía en solitario con el mayor Armando Méndez (impulsor del funesto organismo llamado Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas, OCOA, director de Aduanas en los 90 y ahora propietario de una empresa de seguridad en Miami) y el coronel Carlos Calcagno (entonces jefe de inteligencia del Batallón Florida), que tenía trato preferencial, que salía a hacer la patrulla como un militar más…

Básicamente, se trata de lo mismo que le achacan sus ex compañeros, empezando por Julio Marenales, que reconoce haber lanzado una granada fallida sobre el jeep en el que, sostiene, Amodio Pérez viajaba vestido de soldado. Marenales es concluyente: “A mí me marcó Amodio. Fue el 26 de julio de 1972. Yo había hecho un contacto en Luis Alberto de Herrera y Emilio Raña. Cuando llegué me encontré con una compañera, de pronto vi venir un camión militar y reconocí, vestido de soldado, a Amodio Pérez. Tenía preparada en el portafolio una granada ofensiva de la Marina, que estaba sin seguro y con la palanca cerrada. Cuando vi el abanico de soldados y, a mitad de cuadra, a un sargento con metralleta que me apuntaba, saqué la granada y la tiré, pero no estalló, porque se ve que la espoleta estaba húmeda. El sargento disparó y la ráfaga me atravesó la pierna, y un rebote me dio en la espalda”. Marenales será citado a declarar hoy y mañana. Su testimonio es muy esperado por el equipo de abogados que presentó la denuncia por los abusos contra las mujeres. El abogado Federico Álvarez Petraglia dijo a la diaria que “existe la expectativa de que exista algún resultado”.

Fuentes judiciales afirmaron a la diaria que es muy probable que también exista un careo con Lucero y con Orosmán Pereira. A estos nombres se sumarán el de Fernández Huidobro -Amodio ha dicho fuera de actas que el ministro de Defensa Nacional “no se va a animar a venir al juzgado”- y un militante de apellido Martelli, que dice haber visto a Amodio vestido de militar en la calle General Flores.

Nada de esto (sino todo lo contrario) dijo Amodio en la presentación de su libro, el viernes a última hora de la tarde, en medio de un impresionante despliegue de seguridad. Su reaparición en sociedad, rodeada de anécdotas que a nadie le interesan (cuánto durmió la noche anterior, por poner un ejemplo) y una cerrada defensa a ultranza de la columna 15 que integró y dirigió (“Era el Luis Suárez del MLN”, dijo), dejó la sensación de que, en realidad, Amodio estaba cobrando cuentas pendientes entre tupamaros, indescifrables para el grueso del ágora.

En la conferencia de prensa del viernes apenas se limitó a repetir lo que dijo hace dos años en una entrevista con el periodista Gabriel Pereyra, de El Observador: que él fue quien “le ordenó los papeles” a Méndez.

A pesar del desafío lanzado por Amodio en las horas previas, ninguno de sus ex compañeros de armas asistió a la conferencia. En dos horas y media se lo vio vacilante, nervioso por momentos, prodigando tics por todos lados, contrariado en su propio relato. La sonrisa se rehusaba a adornar su rostro. “No sé por dónde seguir, la verdad”, reconoció en un momento, y echó mano a la copa con agua que tenía servida a su derecha.

Era el momento de pasar a las preguntas. De qué se hace cargo, se le preguntó. “Absolutamente de nada”, contestó. Y otra vez lo mismo de hace dos años: que no entregó la Cárcel del Pueblo (una responsabilidad que nuevamente le achacó a Adolfo Wasem), que no delató a sus compañeros, que no traicionó. Reiteró estos mismos conceptos luego, en una entrevista con el diario El País, a cargo del operativo de su regreso al país, la edición del libro por su editorial Ediciones de la Plaza, su estadía en el Sheraton... y hasta de los honorarios de su abogado, Andrés Ojeda. Lo dijo el propio Amodio, en forma de agradecimiento durante la conferencia de prensa: “Al diario El País, que ahora me brinda esta oportunidad”. Al otro día, el diario tituló: “Soy un traicionado”.

Un sector de la oposición estaba convencido de que la reaparición de Amodio intervendría, de un modo u otro, en la política doméstica. Que su influencia desafiaría al oficialismo. Varios periodistas hicieron esa profecía, primero en base a la catarsis epistolar, luego con la entrevista de El Observador, y finalmente en la presentación del libro, de la mano de El País.

En espejo con respecto a quienes celebraban a voz en cuello el renacimiento de Amodio Pérez, la actual dirigencia del MLN y ex tupamaros diseminados por varias tiendas no emitieron comentario público alguno sobre la llegada del que consideran “el traidor”, en una actitud que recuerda a la lacónica palabra estampada por Luis XVI en su diario íntimo el 14 de julio de 1789, el día que el enemigo estaba en casa: “Nada”. Según pudo saber la diaria, esta actitud de silencio fue acordada en espacios informales, por fuera de los órganos de dirección.

El mutis tupamaro dejó los micrófonos abiertos para un relato entreverado, de fundamentos insólitos. El más descollante de esa serie fue, quizá, el que Amodio utilizó para justificar su inocencia, amparado en el relato del torturador José Gavazzo, quien en su libro autobiográfico José Nino Gavazzo: mi testimonio, sostiene que Amodio fue “la cabeza de turco” de los tupamaros. La relación entre ambos se remonta a su infancia, según reconocieron el primero en la conferencia de prensa del viernes y el segundo en su libro, aunque hasta en el microdetalle hay, otra vez, contradicciones: lo que para Gavazzo eran juegos de pelota en la calle Darwin, para Amodio era una figura más poética: “remontar cometas”. Más allá de estos detalles, ambos libros coinciden en algo: dejan la sensación de ser esfuerzos de los protagonistas por acomodar un relato imposible de acomodar. La motivación, en ambos casos, no parece ser un “problema de conciencia”, sino de autoestima personal: los errores son de otros; los aciertos y la mirada con proyección de futuro, siempre propios.

Una historia inverosímil
En Palabra de Amodio, Amodio Pérez abre dos frentes: el de Raúl Sendic (su lucha contra) y el de Fernández Huidobro. El primero no puede hablar. Pero en cuanto a lo que tiene que ver con el segundo, el más importante narrador de la historia oficial del MLN, plasmada en diferentes escritos, y autor, en buena medida, de la idea de “la gesta tupamara”, la cuestión es distinta. Amodio deduce que el edulcorado relato de Fernández Huidobro no es tal, pero tampoco aporta la suficiente información para ponderar el suyo propio. Por el contrario, la pesada mochila del “traidor” y un relato con flagrantes contradicciones llevan a un mar de dudas sus aseveraciones más potentes. Sobre todo, si lee que “el Coronel Juan Vicente Queirolo era una buena persona”.

Una de las incoherencias más importantes está reseñada en un artículo publicado por el periodista Leonardo Haberkorn en su blog El informante. Si bien Amodio sostiene que quienes lo acusaban de delatar a ex compañeros a bordo de un jeep militar, en realidad, lo confundían con Donato Marrero y Rodolfo Wolf, físicamente parecidos, Haberkorn señala las contradicciones en torno a su participación en la captura de Enrique Rodríguez Larreta en el cine Arizona mientras se proyectaba la película Pequeño gran hombre. “Sostiene que no puede ser, ya que ni siquiera conocía a Rodríguez Larreta, que militaba en otro grupo político. Pero en otro pasaje del libro, sin embargo, admite que Rodríguez Larreta sí integró el MLN y cuenta que lo tuvieron cinco días secuestrado en medio de una pugna interna. Tal parece que lo conocía...”.

La frutilla delirante de la torta es “la larga partida de ajedrez que veníamos disputando” con el general Esteban Cristi. En este punto, Amodio parece ponerse a la altura de Leopold Trepper, el genial creador y parcialmente destructor de la Orquesta Roja, la red de espionaje que la Unión Soviética había instalado en Europa para recabar información de los nazis. Atrapado por éstos, Trepper presumió de jugar una partida de ajedrez con el servicio de inteligencia nazi, en la que él iba entregando peones “para salvar las piezas mayores”. Sin embargo, el final de uno y otro fue muy distinto: Trepper entró a un edificio de dos salidas y los nazis no lo vieron más. Reapareció en Moscú, donde Iósif Stalin lo esperaba con la celda abierta. Se comió diez años de cárcel estalinista. Distinta es la historia de Amodio Pérez, quien salió del país acompañado y con todas las garantías: pasaportes, dinero, puesta en la frontera con Brasil...

El libro resume las grandes tensiones del MLN a una contradicción Sendic-Amodio, adobada por la mirada del periodista Jorge L Marius, quien relata, convencido, en primera persona, una historia similar a la que luego desarrolla el protagonista. Por momentos, es una pieza más de la máquina, en algunos pasajes el líder emergente, en otros el chivo expiatorio. La traición, en todo caso, se la achaca a Mario Píriz Budes: “Durante mucho tiempo el MLN-T minimizó la influencia de Píriz Budes, porque era un desconocido total y adjudicarle la derrota a un personaje desconocido carecía de toda credibilidad. Les era más rentable acusarme a mí”.

Desde Rivera, donde vive desde entonces, Píriz Budes se excusó ante la diaria de hacer declaraciones sobre estas acusaciones. “Sus inquietudes periodísticas las entiendo, pero no estoy dispuesto a satisfacerlas, y en eso soy intransigente. Siempre tuve como guía aquel principio de todo obrero militante expuesto por Bertolt Brecht: cuando escucha una idea, se pregunta a quién sirve”.

Prima facie, el primitivo “libro de Amodio” que propuso publicar en 1972 al periodista Federico Fasano (con quien había compartido una comisión interna del diario BP Color) y con el visto bueno del mando del Batallón Florida como forma de avalar la tesis de un “golpe antioligárquico”, aparece transcripto como “anexo” en Palabra de Amodio. Los escritos que Amodio entregó a Fasano luego de nueve horas de conversación aún están bajo propiedad del ex director de La República. “Son ochenta y pico de hojillas de cigarrillos, y estoy haciendo la comparación para ver qué se sacó, qué se puso y qué se alteró en este libro”, contó Fasano a la diaria. Los escritos, que venían durmiendo la siesta de la historia, cobrarían ahora otra relevancia, en la medida en que podrían revelar la veracidad o no de lo que Amodio entregó a Ediciones de la Plaza como documentación probatoria.

Así recuerda Fasano su entrevista con Amodio Pérez en 1972: “Él me llamó para que yo escribiera el libro. Lo que me entregó era un borrador, y la idea era escribir un libro. En una palabra: el libro del golpe bueno. Lo que pasa es que descubro lo que hay detrás… una estrategia para salvarse”. Amodio “no quiere pasar a la historia como el gran traidor. Ya por cumplir 80 años, creo que lo que piensa es: me llevo a la tumba dos versiones. Es algo de él, un hombre que dedica su vida a una idea y después la tiene que traicionar. Ahora quiere lavar su imagen”.

Tal vez se equivocó, o se tuvo demasiada fe, o buscaba otro objetivo. Los fundamentos de Amodio Pérez para su “otra historia”, entre insólitos y descabellados, conspiran en contra de la posibilidad de imponer un relato alternativo. Una estadía con aires de comedia, en un país muy distinto del de 1972, termina de delinear un panorama propio del realismo mágico. En todo caso, su reaparición en el hotel Sheraton, a pasitos de la cárcel de la masiva fuga tupamara, ya entró a la literatura como un nuevo giro novelesco en la historia de una guerrilla que bien podrían haber imaginado Jorge Luis Borges, Franz Kafka o Gabriel García Márquez. En cuanto a si a partir de ahora será como el Tzinacán de Borges (mago de la pirámide de Qaholom, en “La escritura del dios”), un hombre asumidamente distinto del que fue, todo indica que ni él mismo se lo cree. “Me arrepiento de haber venido”, dijo en la noche del sábado, amargado, vestido de pijama a rayas, disminuido, menos desafiante en el detritus de la historia en la que se envolvió. Hoy vuelve al juzgado para declarar nuevamente y enfrentar varios careos. La carátula del expediente desmiente que sea otro: “Amodio Pérez, Héctor”. Ricardo Scagliola






1 comentario:

  1. Éste personaje es un engendro, engañó hasta su propio padre. En un acto de familiares en el paraninfo, estaba sentado atrás mío un señor que lloraba desconsoladamente, gire la cabeza y vi un señor mayor, calvo, rellenito, no muy alto y de cara más redonda que Amodio. Me dice Isabel, (madre del gallego Mas) es el padre de Amodio Perez, siempre está solito y llorando, me parte el alma.

    ResponderEliminar