lunes, 17 de agosto de 2015

Los dos Amodios




Lunes 17 • Agosto • 2015

La teoría de los dos Amodios

La “causa Amodio” entra en el sprint final: mañana declararán más tupamaros y la jueza resolvería esta semana.
A esta altura de los acontecimientos, la jueza Julia Staricco está, por decirlo así, escribiendo un nuevo capítulo de la historia de los tupamaros. Lo que hace poco más de una semana comenzaba como una simple comparecencia al juzgado de la Ciudad de la Costa por la doble identidad acreditada en el pasaporte con el que Héctor Amodio Pérez ingresó al país (a nombre de Walter Salvador Correa Barboza) derivó, con el paso de las horas, en lo que abogados, jueces y fiscales dan ahora en llamar “la causa Amodio”. Los ex militares Asencio Lucero, Orosmán Pereira, Armando Méndez y Mario Aguerrondo, y tupamaros de todas las cepas, ya desfilaron por el tercer piso del juzgado de la calle Juan Carlos Gómez. Los últimos en prestar su testimonio fueron el ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, y el escritor Mauricio Rosencof, que declararon el viernes, y el ex presidente y actual senador del Movimiento de Participación Popular (MPP) José Mujica, que concurrió el sábado. Ministro y senador lo hicieron tras bambalinas, en la más estricta reserva, sin cámaras ni más testigos que la jueza, la fiscal y el defensor de Amodio, Andrés Ojeda. Los abogados de la parte denunciante no fueron convocados. La declaración de Mujica fue, en promedio, la más extensa: llegó al juzgado a las 10.00 y se retiró sobre el mediodía. Entró y salió del juzgado por la puerta de la calle Bartolomé Mitre. Este lunes declaran otros tres ex tupamaros: Alba Antúnez, el periodista Samuel Blixen y otro hombre señalado como “traidor” del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T): Mario Píriz Budes.
La jueza viene haciendo un vertiginoso zapping de los relatos de los protagonistas envueltos en la trama de la novela que rodea a Amodio Pérez. Tenía a mano un rebusque único, del que muy pocos jueces se privan: el de mantener los expedientes sin avanzar o avanzando a paso de tortuga. Las causas abiertas, sin desenlace, permiten un juego amplio, fortifican al magistrado y precaven de reacciones. Pero Staricco aceleró el trámite para no dormir el partido. De ahí que varias fuentes vinculadas a la causa dijeron a la diaria que esta semana será clave para la suerte del “traidor” tupamaro. Todo indica que mañana concluirán las indagatorias. Ese día, la jueza enviaría el expediente a la fiscal para que tome posición. Todo indica que la respuesta de la fiscal Stella Llorente se conocerá esta misma semana. Uno de los asuntos que Staricco deberá resolver es si, como plantea la defensa de Amodio Pérez, el ex guerrillero puede ampararse en la Ley de Amnistía para clausurar las actuaciones judiciales.
Los dos Amodios
Amodio Pérez pasó casi todo el fin de semana recluido en su habitación del hotel London. Salió, apenitas, para visitar a su familia en el barrio Brazo Oriental. El hombre que vino a Uruguay a plantear su versión pese a todas las limitaciones que se presentaban en su contra (una causa abierta en la Justicia, un pasaporte con un nombre distinto y el repudio generalizado del grueso de sus ex compañeros de filas) manifestó a los íntimos dos preocupaciones. La primera, que el nuevo cambio de identidad implique problemas para su posible retorno a España, con todo lo que ello le implica. Si en 1972 el ex guerrillero tupamaro pudo radicarse en las afueras de Madrid gracias a un acuerdo entre las dictaduras de España y Uruguay, en caso de regresar a España deberá hacerlo con el pasaporte uruguayo, en la medida en que el símil español a nombre de Correa Barboza fue incautado por el Ministerio del Interior de Uruguay. La segunda, que además de los cambios en el estatus migratorio, el cambio de identidad implica que podría dejar de percibir su jubilación. A esta altura de los hechos, y luego de varias comunicaciones entre los ministerios del Interior de España y Uruguay, las autoridades aventuran que volver a radicarse en la madre patria no será, para Amodio, tan fácil como en 1972.
En realidad, Amodio Pérez pensaba estar en Uruguay solamente 48 horas. Pero lo delató Walter Salvador Correa Barboza. Esto trastocó los planes del diario El País. La razón primera, relataron fuentes vinculadas al diario y a la editorial Ediciones de la Plaza, es que la organización del operativo para su vuelta a Uruguay obvió un detalle no menor: un acuerdo escrito en el que se deslindaran responsabilidades. Esto explica por qué el diario y la editorial debieron hacerse cargo de su seguridad personal, los gastos de alojamiento y hasta los honorarios del abogado. El diario incluso había previsto una edición especial del behind the scenes del regreso del “traidor” del MLN-T, que con el paso de los días se viene transformando en documental. Por lo pronto, fuentes vinculadas al diario y la editorial confirmaron a la diaria que hubo reuniones entre El País, Ediciones de la Plaza, Amodio Pérez y su mujer para analizar cómo continuar la relación contractual. Consciente de la posibilidad cierta de ser procesado, Amodio Pérez ya avisó: “A las rejas no llego”. Algunos ven en esa afirmación la eventualidad de una enfermedad terminal, o simple altruismo por torcer la historia oficial de los tupamaros. Otros piensan que Walter Salvador Correa Barboza se cansó de Amodio. Y que quiere volver a España. Como sea.
Walter Salvador Correa Barboza
Por Gustavo Trinidad

Dos de sus tres hijos están en la puerta de la casa en La Paz, aprovechando la tregua que dio la lluvia el sábado y tomando un poco de sol. El equipo de LA REPÚBLICA preguntó por su padre. “Papá, vení que te buscan”, le avisaron y Walter Salvador Correa Barboza,

“El Tito”, sale a la vereda con cara de desconfiado y como preguntando: ¿y ahora qué? No es extraño porque la cabeza todavía le “hace ruido” tratando de explicarse cómo fue. Es que a los 80 años descubrió que él también había vivido 42 años en España, había trabajado en imprentas y que hasta tenía hijos en la madre patria, con su mismo apellido, faltaba más.
De alguna manera se tranquiliza cuando se le explica que solo se trata de una nota periodística y nos invita a pasar al living.
Muy abrigado porque sufre mucho el frío, saca un cigarro que nunca prende y se sienta en el sillón a tratar de explicar, y de explicarse una vez más, cómo el extupamaro Amodio Pérez le usurpó su identidad.
Había escuchado hablar de Amodio en la época de la dictadura pero “nunca lo vi en la puta vida, nunca nada”, se apura a aclarar.
Pero hace unos días una vecina que vive en Belvedere, donde Tito vivió hace años, llamó a su hijo para decirle que la Policía lo estaba buscando porque estaba requerido. “¿Papá requerido?, si no sale de casa, le contestó.
“Cuando me citaron al juzgado no sabía por qué era. Fui porque tenía que ir. Pensaba cualquier cosa, de todo, repasaba si había hecho alguna macana en mi vida. Cuando me hicieron entrar fui al baño y vi que estaba lleno de camarógrafos y me dije ‘pa, ¿quién estará en el juzgado que está toda la televisión?’, cuenta Tito.
Cuando le tocó declarar no le explicaron mucho tampoco. “Me sentaron y me preguntaron dónde había trabajado, dónde vivía, si era jubilado, si era militante del MLN. Pero yo no era militante ni nada, lo máximo era afiliado al sindicato pero tampoco militaba en el gremio”, explica.
Tito está jubilado hace 12 años, toda su vida trabajó en textiles, la mayor parte en Fibratex.
Luego del interrogatorio le devolvieron la cédula y le dijeron: “gracias, puede irse”. “Cuando salgo del juzgado estaban mis hijos en la puerta y me preguntaron si sabía por qué me habían citado. Les dije que no y me dijeron que era por Amodio Pérez.
En un primer momento no me di cuenta y les dije: ¿Y ese quién es? Después recordé, porque en aquel tiempo todo el mundo hablaba de Amodio. ¿Pero qué me iba a imaginar que el tipo este tenía un pasaporte con mi nombre?”, dice.
“¿Te das cuenta que los hijos de este tipo se llaman Correa también? Y él mismo dijo que en España solo lo conocen como Correa. Qué macanudo, soy mundial, me conocen en todos lados. No me jodas”, dice con cierta resignación.
Todo puede parecer una broma del destino pero Tito reflexiona que “a mí me podrían haber matado, porque Amodio andaba con problemas y además podrían haberme matado para que quedara un solo Walter Correa”, apunta.
Para Tito si Amodio no hubiera vuelto a Uruguay esto no hubiera “saltado nunca”. “O también yo estuve a punto de tramitar el pasaporte porque tengo una hermana en Estados Unidos y me invitó a ir. Capaz que si yo iba a tramitar mi pasaporte saltaba que había otro con el mismo nombre. Pero al final no viajé nunca a Estados Unidos”.
Para la Justicia no hay delito
El Fiscal del Juzgado de la Costa consideró que no existen hechos de convicción suficientes para imputar una conducta delictiva, ya que no se trata de un supuesto de falsificación en cuanto se sortearon los controles migratorios uruguayos y españoles.
La jueza consideró que el pasaporte es un documento formal y materialmente legítimo, que si bien la identidad no se corresponde con la registrada en Uruguay, no es una falsificación ideológica de su identidad tendiente a burlar en forma consciente el bien jurídico de fe pública de nuestro país, en la medida de tratarse del único documento en poder de la persona. La magistrada dispuso el archivo de las actuaciones.
Bonomi
El ministro Bonimi consideró que Amodio Pérez le quiere tomar el pelo al Estado Uruguayo. “Viene con un documento de una identidad que le dieron el general Cristi y Queirolo, que le inventan una identidad (octubre de 1973), le hacen un documento, lo que demuestran que el cambio de identidad no era solo para niños sino que le cambiaban la identidad también a personas mayores, se hace un acuerdo con la España franquista a la que entra y le dan documentos españoles y trabajó y vive 42 años.
Luego vuelve, y cree que es poco serio el Estado uruguayo; que alguien que habla a nombre de Amodio le pueden dar documentos a nombre de otra persona y decir que no va a obedecer a la Justicia”, apuntó el ministro Bonomi.
También se investiga en España
El Ministerio del Interior pidió al gobierno de España que investigue cómo fue que Héctor Amodio Pérez mantuvo en ese país la identidad de Walter Salvador Correa Barboza. El embajador de España en Montevideo, Roberto Varela Fariña, dijo que “el Ministerio del Interior español está colaborando para tratar de aclarar lo más posible las cosas”, ya que la situación plantea a los dos países un problema de doble identidad vigente.


El discurso de Wilson denunciando a Amodio como cómplice del Golpe Un documento histórico de valiosísima importancia: un discurso de Wilson Ferreria Aldunate denunciando a Amodio Pérez como cómplice del Golpe de Estado. .


La resurrección de Héctor Amodio Pérez fue una costosa operación política que salió mal. A pocas horas de su llegada, el pasado viernes 7 de agosto, atravesando el VIP del aeropuerto y acompañado por una custodia exagerada, toda la trama se convirtió en una opereta de la que hoy nadie quiere hacerse cargo. Pero es necesario recorrer pacientemente los pasillos de la razón para intentar darle un sentido histórico y político a esta onerosa gaffe protagonizada por los diarios El País y El Observador y sus periodistas, que ahora “no entienden” o se sienten “profundamente avergonzados” porque la basura se les fue a la mierda.
El mito tupamaro o la mística de nuestra peculiar guerrilla urbana, sería un asunto de exclusivo interés de los académicos y los aficionados a la novela histórica, si no fuera por algunos pequeños detalles de los cuales me permito enumerar dos: el dirigente del MLN José Mujica Cordano llegó a ser presidente del Uruguay y quizá la figura política con mayor proyección internacional de nuestra historia. Y el otro detalle que le otorga interés al “mito” es que Raúl Fernando Sendic, primer hijo del legendario líder de los tupamaros, se convirtió en vicepresidente por el voto popular, luego de haber triunfado en la elección interna de la fuerza política más convocante de nuestro país. No sería nada extraño que se postulara para competir por la presidencia en próximos períodos, porque además es un tipo bastante joven.
Las carreras políticas rutilantes de algunos tupamaros, ex tupamaros y hasta descendientes de tupamaros, le otorgan a esa “leyenda” una vigencia política inocultable. Hasta la última elección de octubre, el Movimiento de Participación Popular, construido alrededor del MLN- T y su Lista 609, continuaba siendo la opción electoral con más votos. Y el traspié de la ex guerrillera Lucía Topolansky frente a Daniel Martínez en las elecciones municipales no puede soslayar que dos intendentes frenteamplistas provienen de ese tronco, así como varios ministros y una treintena de legisladores. Simultáneamente, el otro lado del mostrador está políticamente muerto. Incluso al Partido Colorado el apellido Bordaberry, lejos de significarle un activo, le resulta un lastre, como hemos podido comprobar en varias ocasiones.
En ese contexto, destruir el “mito tupamaro” es un objetivo importante en la batalla cultural que se han decidido a dar los derrotados de la actualidad, utilizando para ello su mejor instrumento: los medios de comunicación. Pero destruirlo con tiempo. Horadarlo. Hacerle una serie de mellas progresivas que terminen por hacer colapsar la estructura del relato, hasta destruir la credibilidad de la versión tupamara de su propia historia, su auge y su caída.
En algún momento la derecha empezó a leer a Antonio Gramsci. Y así, el miércoles 29 de octubre de 2014, tres días después de que el Frente Amplio obtuviera la mayoría parlamentaria por tercera vez consecutiva, el diario El País publicaba un editorial titulado “Razones para una nueva mayoría” en el que, dirigiéndose abiertamente a los líderes de la oposición, les llamaba la atención sobre ese intrincado asunto de la hegemonía cultural. De este modo, El País explicaba por qué el Frente Amplio había arrasado en las urnas una vez más, y animaba: “Se trata de la hegemonía cultural: la generación de un relato, de una identidad, de un deber ser, de un universo simbólico que, todos juntos, producen sentido común ciudadano y aseguran los cimientos para mayorías de izquierda sólidas y duraderas. Hay que entender que la inmensa mayoría de las decisiones de voto en nuestro país no se definen faltando pocos meses o semanas para las elecciones. Aquí hay cultura política de larga duración. Y ella está afirmada en una socialización cultural y ciudadana que legitima las opciones de izquierda”. En este franco, inesperado y correcto análisis del editorialista de El País está la clave para entender lo que se buscaba con la resurrección de Héctor Amodio Pérez, resurrección que viene sucediendo desde 2013, pero que tomó otro cariz con el anuncio de su regreso. Amodio volvió para poner en tela de juicio la historia oficial de los tupamaros. El objetivo de su retorno y de su relato para él mismo y hasta para el autor del libro es irrelevante. Lo único que importa es el objetivo político de los que lo hicieron revivir. Los que financiaron la parada. Lo trajeron, lo pusieron en el Sheraton, lo anunciaron con bombos y platillos, le pusieron una guardia como para proteger a un presidente y, cuando la cosa se puso espesa, le contrataron un abogado para que lo defendiera.
Ya en el año 2004, en plena campaña electoral que llevó al Frente Amplio al gobierno por primera vez, por los subterráneos de la información surgió la especie de que Julio María Sanguinetti estaba orquestando el retorno de Héctor Amodio Pérez con su “verdad”. Quería que la verdad del traidor viniera a suplantar la “verdad” de los tupamaros, a caballo de una buena campaña propagandística para afectar electoralmente a la izquierda. Nadie sabía si aquel rumor tenía algún asidero, y lo cierto es que Amodio no reapareció, pero ahora es posible presumir que no reapareció en aquel momento sólo por un cálculo. Porque es evidente que los colorados siempre supieron dónde estaba Amodio y con qué identidad. Así como deben saber dónde está Alicia Rey y con qué identidad se oculta, si es que todavía vive. No pueden ignorarlo, porque ahora sabemos que la salida de Amodio Pérez del país no fue una fuga ni un exilio común y corriente. Incluyó un acuerdo directo entre Juan María Bordaberry y el dictador español Francisco Franco para darle una nueva nacionalidad, acuerdo que es imposible que ignoraran los líderes colorados. Y además, un acuerdo que quizá implicó algo más que el refugio. Cuando Amodio Pérez llegó a España, en octubre de 1973, España no era la España de hoy: lo que imperaba era una de las últimas dictaduras fascistas de Europa, y grandes movimientos rebeldes se producían tanto en España como en los países de la región. En diciembre de 1973, la ETA mataría al presidente español de facto designado por Franco como su sucesor, Luis Carrero Blanco; en abril de 1974 triunfaría en Portugal la Revolución de los Claveles contra la dictadura de Salazar, y meses después caería la dictadura de los coroneles en Grecia. Es muy probable que Amodio haya cumplido “funciones” también en Europa, muy especialmente dirigidas contra los latinoamericanos que llegaban al viejo continente huyendo de las dictaduras del cono sur. Porque el Cóndor voló en América, pero también en Europa, así que tuvo agentes en todos lados. Que varios años después haya puesto una imprenta no le quita el peso de la sospecha.
El desfile de Amodio Pérez por los juzgados va a permitir conocer mucho más de esta historia. Porque más temprano que tarde el hombre va a intentar reconstruir su relato, y va a largar información de manera incontenible. Dicen los que lo conocen que “va a haber que pegarle para que deje de hablar”. Es un hombre al que le cuesta mantenerse en silencio. Su colaboración en delitos de lesa humanidad lo puede llevar preso debido a su extraña condición de paramilitar notorio, que impide que tanto la ley de caducidad como la de amnistía lo amparen. Su testimonio, corrido ya el manto de exculpación con el que quisieron cubrirlo, puede abrir una puerta para que la Justicia indague y obtenga información valiosa que permita aclarar muchos crímenes y determinar responsabilidades durante el terrorismo de Estado, por lo menos hasta octubre de 1973, o aun después, como el asesinato de Ramón Trabal en Francia en 1974. Sólo hay que mantener la indagatoria, haciéndolo responder cotidianamente a las preguntas de la Justicia, tolerando el testimonio de las múltiples personas que traicionó y haciéndole sentir el desprecio de la sociedad, para que se ponga a ordenar los papeles nuevamente.







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