jueves, 5 de noviembre de 2015

Lo esencial no se vota







La otra tarde, enchufado a la bomba de alimentación como celular a su cargador y aburrido como una ostra por consiguiente, me enredé en una charla virtual con Néstor Kohan. Agudo analista de la realidad, me contó de esta campaña electoral argentina, que se resolverá mediante ballotage el 22 de noviembre. “¿Qué se juega el pueblo argentino con su voto?” fue su pregunta retórica. En estas elecciones, tal vez como nunca, la enorme mayoría votó por reflejo, llevado por el marketing, el despilfarro de dinero y el cronograma que marcan los medios de manipulación de la opinión pública.

Gane quien gane la dictadura de los “mercados” seguirá siendo idéntica a sí misma, es decir, continuará el reinado absoluto de los inversores transnacionales y los grandes propietarios criollos, ellos deciden para dónde va el país por encima de todas las plataformas electorales habidas y por haber y con el único sentido de multiplicar sus intereses. La soberanía nacional es una mentira, solamente existe la soberanía absoluta del gran capital. Nadie la cuestiona. Se vota sobre lo que permiten votar, el resto, lo trascendental, el poder del capital, directo o a través del régimen electoral y parlamentario, no se tocó ni se toca.

La gente no votó-ni vota- sobre la policía y el ejército, tampoco sobre el sistema carcelario ni el ordenamiento jurídico que consagra y legitima al actual sistema basado en la injusticia social. En verdad, el voto simplemente consiente el empleo de la violencia institucional, la permitida por la ley y la constitución, pero usada ilegítimamente para abusar y reprimir la clase trabajadora, los sindicatos en lucha, los estudiantes, las comunidades indígenas, los luchadores villeros, se criminaliza y persigue todo lo que se mueve sin resignarse a obedecer ciegamente ni a aprender a palos.

En realidad, esos temas habían estado en la mesa de debate en el 2001, cuando el movimiento popular quiso echar a patadas las élites políticas al grito de “que se vayan todos”... luego se recauchutó el funcionamiento orgánico de la democracia burguesa y se fue apagando el incendio popular. Sobraron bomberos de todos los pelos y señales y, desde entonces, se retuerce en su debilidad la izquierda que se mueve fuera de los cauces parlamentario e institucionales, sin recuperar la capacidad de lucha y movilización que conmovió la sociedad en aquél entonces y la hizo pensar sobre el sistema, las formas de vida, la justicia social y la autogestión planificada. Desde entonces, me reiteró Néstor -el amigo mío, no el otro, el finado- que el “poder real no se discute en la Argentina”.

No está en disputa y ni siquiera entra en el calendario político. Continúa vigente el régimen instalado a sangre y fuego entre 1976 y 1983 por el frente reaccionario que constituyeron los dueños de la Argentina, sus financistas extranjeros, las criminales fuerzas armadas derrotadas en Las Malvinas, los servicios de inteligencia y la feroz policía nunca derrotados hasta hoy día. Todo eso, me confió el profesor Kohan, “sigue inmodificado. Nos guste o no. Lo neguemos y nos hagamos los distraídos mirando para el costado o no. Las reglas de juego, las de fondo, no se discuten, no están sometidas a votación alguna”. Hay, sin embargo, un aspecto que está en juego: el triunfo de Macri significaría el realineamiento de la política exterior de la Argentina con los EEUU, o sea el adiós a las posiciones “patria grande” desarrolladas por Hugo Chávez y apoyadas decididamente por Néstor Kirchner.




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