jueves, 10 de diciembre de 2015

Romperte el alma trabajando

Si te caes te ponemos en la lista

Hay 115 accidentes laborales por día

>>>> Monitor de accidentes laborales presentado por el Banco de Seguros del Estado



Según el Sunca hay unos 60 muertos al año por siniestros en el lugar de trabajo



El Banco de Seguros del Estado (BSE) y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) lanzaron el Monitor de Accidentes Laborales en Uruguay. El objetivo de esta herramienta es comprender cuándo, dónde y qué personas son más propensas a sufrir accidentes laborales para ayudar a minimizar su ocurrencia.

El número de accidentes laborales ha evidenciado una caída entre enero y abril de 2015, respecto a igual periodo del año anterior. Se registraron 13257 accidentes laborales, 617 menos (-4,4%) que en el mismo período del año previo.
Respecto a la distribución de los accidentes por género, existe una amplia participación de los hombres en el total de los siniestros laborales. En este sentido, 3 de cada 4 accidentes laborales fueron sufridos por un hombre, pues existe una alta masculinización de los sectores de actividad con mayor tasa de accidentalidad.
La construcción y el comercio en general son los grupos que mayor cantidad de accidentes laborales sufrieron en el período analizado. El 14,3% de los accidentados se observaron en la construcción y el 13,7% en el comercio en general. Los servicios profesionales y técnicos representan el tercer grupo, con un 8,7% de los accidentes.
Respecto a la distribución geográfica de los accidentes laborales, Montevideo es el departamento donde se produce la mayor cantidad de accidentes, con uno de cada dos accidentes en el período estudiado. Otros departamentos con altos niveles de siniestros son Canelones (11,1%), Maldonado (4,5%), Colonia (4,4%) y Paysandú (4,4%).
El grupo etario comprendido entre los 25 y los 34 años es el que da cuenta de la mayor cantidad de accidentes, con un 33,6% del total. Este grupo es seguido en importancia por los trabajadores comprendidos entre los 35 y los 44 años (22,9%) y los menores de 25 años (22,1%).
Respecto a las causas de los siniestros, los falsos movimientos y esfuerzos físicos excesivos representan la principal causa de accidentes. Ellas explican en conjunto casi 1 de cada 4 accidentes (24,3%) en el período de estudio. Estas son seguidas por caídas que dan cuenta del 17,3% en el mismo período de referencia. El tercer grupo en relevancia son los choques contra objetos -móviles e inmóviles- o golpeados por estos, que representan un 9,6% del total.


>>> ¡Habrá justicia, seguro que la habrá!!!


Parece mentira que en un mundo despiadadamente mutilado por permanentes guerras inter-imperialistas y por diversas formas del terrorismo de Estado, sean algunas relativamente pocas muertes ocurridas en sus “zonas de paz”, como el Uruguay, las que nos conmueven más intensa y dramáticamente que aquellas que ocurren por decenas y decenas de miles en los desgraciados territorios del codiciado petróleo y de la carnicería bélica por el dominio absolutamente monopólico del planeta.
En su energúmena ”inversión” de dolor y desolación en pos de la más inmunda ganancia capitalista, los timoneles en disputa de la burguesía imperialista han logrado “naturalizar” la muerte alevosa y planificada de poblaciones enteras como si se tratara de inevitables manifestaciones propias de leyes o ciclos biológicos inherentes a la condición humana. Nada nos dicen del magnífico “negocio” extra petróleo que representan la reconstrucción edilicia de las ciudades destruidas y los descomunales gastos en productos de laboratorios químico-farmacéuticos “al servicio de la salud” de los sobrevivientes…
La muerte masiva diseñada en las oficinas centrales de las mega-corporaciones y sus obsecuentes gobiernos, es ejecutada “profesionalmente” por fuerzas armadas regulares e irregulares, y el sector mediático del poder burgués (el llamado “cuarto poder”) nos la muestra con la apariencia de “demos” virtuales de un juego inofensivo que únicamente existiría en las pantallas digitales desparramadas por el mercado internacional controlado por los mismos que diseñan “el genocidio nuestro de cada día” con la sangre fría del peor de los criminales seriales de la “crónica roja”.
La muerte fabricada por el capitalismo no parece lo que es: premeditación, voluntad sanguinaria, espíritu antihumano, crimen, crimen y más crimen en cifras siderales y de formas aberrantes e imperdonables que nada deben envidiarle a la obra espeluznante del “nacionalsocialismo” clásico.
La muerte capitalista es, sin lugar a la más mínima duda, la antesala de la muerte del capitalismo como expresión del egoísmo llevado a límites extremos…
Y hay muertes, “pequeñas” muertes cotidianas y que muy pronto parecen olvidadas, que condensan en sí mismas toda la podredumbre moral y cultural del capitalismo. Hay muertes, “diminutas” muertes, calladas muertes del día a día, que resumen la miseria espiritual de una sociedad dominada por la codicia y la hipocresía elevada a la enésima potencia y enseñada a la gente como si ella fuese “el ideal” de vida y la manifestación del máximo grado de desarrollo al que puede aspirar la especie humana.
El 28 de noviembre de 2015, en Montevideo, la tapa de piedra de un nicho funerario del Cementerio Central (municipal), cayó en la cabeza de Oscar “Coco” Martínez (municipal), mientras el gremio (municipal) procuraba arrancarle a la “nueva” Adiministración (municipal) severas rectificaciones en cuanto a las condiciones de trabajo de sus funcionarios, muy especialmente en los sectores obreros de la comuna.
Sin entrar en consideraciones respecto a hábitos rituales que arrastramos, en general, no se sabe muy bien por qué ni para qué inducidos por creencias que dejan de ser respetables cuando atentan contra la vida misma en nombre de la muerte, el Compañero “Coco” no murió “de accidente laboral”. Murió de desidia trabajando en un medio arruinado y nunca reparado como debería ser; murió desempeñando una ingratísima tarea que en todo caso debería ser realizada con los más modernos medios técnicos que eviten la intervención directa de la mano humana; murió aplastado por el burocratismo insensible y cobarde puesto al servicio, en definitiva, de poderosísimos grupos económicos que han hecho de la muerte (emulando “en chiquito” a sus timoneles de la guerra inter-imperialista) su forma de vida. De repugnante vida.
A “El Coco” lo mató el capitalismo… Y el que crea que esta afirmación es un dislate ultra, que razone, que cuestione, que interrogue, que meta el bisturí a fondo para hallarle una respuesta racional a esta muerte.
No hay “ley de responsabilidad empresarial” que valga. La manzana se pudrió tanto, pero tanto, que lo que hoy presenciamos no son “accidentes laborales”, sino verdaderos crímenes clasistas de un sistema que es precisamente éso: un sistema de destrucción, de abuso, de mercantilización sistemática de la vida y de la muerte.
Un sistema de absoluto desprecio por la condición humana.
¡Salú, Compañero Oscar Martínez! ¡Habrá justicia, seguro que la habrá!!!.-
Gabriel –Saracho- Carbajales, Montevideo, 10 de diciembre de 2015.





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