viernes, 15 de abril de 2016

El dolor venezolano




Comentarios a un trabajo de dos profesores de ese país

Autor: William Yohai
13 de abril de 2016

Dura es hoy la realidad de Venezuela.
Con las severas limitaciones que significa el hecho de, no sólo estar lejos sino  siquiera haber ido una sola vez a ese país, nos atrevemos a ensayar una opinión.
Resulta difícil que un gobierno jaqueado y cada vez más aislado logre llevar adelante un cambio revolucionario.
Desde hace tiempo venimos rumiando la idea que forma el eje del trabajo que reproducimos más abajo. Dos profesores venezolanos plantean un asunto que de tan evidente permanece muchas veces oculto. Dantón, refiriéndose a la actitud que deben tomar los revolucionarios en los momentos críticos, decía: “la audacia, la audacia y siempre la audacia”.
Nos tocó el privilegio de conocer de cerca la experiencia de la Revolución Cubana. Fidel y sus compañeros fueron fieles cumplidores de esa consigna. A cada golpe de la reacción y el imperialismo respondieron con otro mayor. Mirándolo hoy, en medio de esta ciénaga de conformismo y cobardía que predomina en lo que se acostumbra llamar “las izquierdas” en América Latina pero también en Europa (pienso en cosas como las ocurridas en Grecia el último año), aquellos acontecimientos llenos de coraje, heroísmo y espíritu revolucionario destellan en todo su esplendor.
El 6 de agosto de 1960 Fidel Castro pronunció un discurso[1] que debería ser material de estudio  en todos los niveles educativos en una América Latina liberada. En él anunció la expropiación, en cumplimiento de un decreto del gobierno revolucionario publicado en la gaceta oficial, de todas las empresas yankis en Cuba. La medida se tomó en respuesta a las violentas acciones en todos los terrenos que Estados Unidos venía llevando adelante contra la Revolución. Las últimas referían al recorte de la cuota azucarera que desde tiempos inmemoriales beneficiaba a la principal industria cubana. Incluía, esta lista, acciones de franco corte terrorista.
Visto con la óptica de hoy el hecho de que un pequeño país expropie, a 90 millas de las costas del principal imperio mundial, sus empresas, parece una locura. Es verdad que existía el campo socialista parte del cual (China no lo hizo) apoyaba a la Revolución Cubana. Pero el campo socialista estaba lejos y no era posible saber con claridad hasta que punto llegaría su disposición a apoyar a Cuba.
Un pueblo galvanizado, férreamente unido y armado fue el escudo que se opuso a las ambiciones imperiales. La Revolución sobrevivió y avanzó.
Las lecciones que estos hechos nos dejan para un futuro que hoy aparece como muy lejano (pero que, como demuestra la historia podría estar en realidad muy cerca) están siempre vigentes.
Desde hace tiempo venimos barruntando las mismas ideas que esbozan  Gilbert y Marquina.
Chávez y sus compañeros dejaron escapar una oportunidad única después que ellos y el pueblo venezolano derrotaron al golpe en 2002.
Fórmense ustedes, queridas lectoras, vuestra propia opinión.


13-04-2016


Regreso al futuro 

13 de abril



Cuanto más apreciemos la Comuna de París de 1871, menos derecho tenemos a hablar de ella con ligereza, sin examinar sus errores…

Lenin



Los hechos del 11 al 13 de abril de 2002 –el golpe de Estado y el rescate de Chávez por el pueblo– son recordados a menudo por la izquierda venezolana, y con razón. Estos sucesos monumentales marcan nuestro presente, descollan en el imaginario colectivo y seguramente lanzarán una larga sombra sobre el futuro de nuestro país. Pero, ¿qué es lo que recordamos? ¿El 13 de abril representa una victoria arrebatada de las garras de la derrota? ¿Fue un verdadero Ayacucho del movimiento popular?

Planteamos que el 13 de abril no debe recordarse como una victoria sin más; antes bien, es necesario resaltar también su carácter de oportunidad perdida . Lo que aconteció durante aquellos días fue sin duda heroico y extraordinario, como lo fueron un conjunto de momentos en los que el pueblo se alzó y mostró su potencia, pero desafortunadamente paró en el umbral de una revolución. Si no reconocemos que, en el laberinto de la historia latinoamericana, el 13 de abril representa un momento en el que hubiéramos podido entrar en una escalada revolucionaria, perdemos su significado más profundo.

Veamos. De la lectura correcta de un evento histórico, con mente fría y corazón caliente, puede depender el éxito o el fracaso de la revolución socialista. Un buen ejemplo es la mirada dialéctica (es decir, consciente de las contradicciones) con la que tanto Marx como Lenin celebraron el heroismo de la Comuna de París mientras reconocieron que su derrota fue también producto de graves errores internos. ¡Los comuneros no marcharon sobre Versalles! ¡Los comuneros no afianzaron su poder! Estos fueron algunos de los grandes errores que se pagaron caros.

El hecho de que Lenin mantuviese una lectura de la Comuna de París como herida abierta –no solo por la derrota a manos de la reacción, sino también por lo que no hicieron los comuneros– explica, en gran medida, el éxito de los bolcheviques en la Revolución de 1917. Gracias a esta interpretación de la Comuna, entendieron que perder el momento preciso de la revolución sería un crimen imperdonable. También entendieron que dejar de actuar con entrega –luchar contra la barbarie con métodos a veces bárbaros, según la memorable expresión de Lenin– implicaría perder la oportunidad de nuevo... Todo eso porque los bolcheviques comprendieron (y sintieron) la oportunidad perdida que representó la Comuna de París.

Lo mismo se puede decir del 13 de abril. ¡Qué valentía la del pueblo y la de Chávez! Nunca dejaremos de reconocerlo. Sin embargo fue un grave error el de no haber avanzado más en aquellos momentos. El 13 de abril abrió una ventana de oportunidad que duraría hasta 2007, un momento en el que el Proceso Bolivariano hubiera podido avanzar y aplastar al enemigo de clase. La derecha había perdido toda credibilidad y quedó sin fuerza –incluso en el plano internacional–, mientras el chavismo emergió como único bloque con autoridad moral. Chávez tuvo las riendas del movimiento popular y se abrieron las puertas del cielo... pero no intentamos entrar. (Durante aquellos años, el movimiento chavista tuvo una hegemonía que pocas veces se alcanza en los procesos de cambio.)

Ahora bien, cuando constatamos la oportunidad perdida que representa el 13 de abril no estamos afirmando que la destrucción del poder burgués fuese un hecho consumado, un pájaro en mano. ¡No es así en absoluto! Si bien el imperialismo estaba golpeado, éste mantuvo su capacidad de injerencia, con una presencia fuerte en algunos territorios vecinos. El sentido común burgués también persistía en el seno del pueblo y su dominio representaba un grave obstáculo. Aun admitiendo que las posibilidades de éxito no superasen el cincuenta por ciento, esto no es especialmente riesgoso en un contexto revolucionario. ¡Muchos revolucionarios han dado la vida por menos!

El teórico alemán Walter Benjamin argumentó a favor de una “revolución copernicana” en la historiografía. Para los revolucionarios el asunto no es “retratar un evento en su contexto sino retratar nuestro momento en el tiempo pasado en el que emergió”. Así debe ser nuestra tarea frente al 13 de abril. Efectivamente, el “hubiera podido ser” de la revolución socialista en Venezuela nació en aquel momento. Durante los próximos años la tarea revolucionaria no será avanzar hacia un futuro indeterminado y nebuloso, sino volver al momento del 13 abril y reactivarlo. Efectivamente, la tarea es “regresar al futuro” para corregirlo.

Es así porque el futuro del socialismo en Venezuela depende de (re)encontrar un 13 de abril en el que, sin crucifijos, sin vacilación y sin perdón, logremos vengar siglos de vidas truncadas que quedan en nuestro pasado. Escribiremos entonces el capítulo final de la narrativa de nuestra independencia y emancipación. La lectura correcta del 13 abril –la lectura que nos indica que hay que golpear cuando el enemigo es débil, que hay que tomar riesgos, que hay que confiar en la fuerza de un pueblo alzado– será nuestra mejor guía.

Nuestra tarea, aún más evidente en los días de desidia y desmoralización que vivimos donde no se vislumbra un horizonte revolucionario, es reencontrar la bifurcación de rutas que se dio aquel 13 y tomar –esta vez sí– el camino correcto.
Chris Gilbert y Cira Pascual Marquina son profesores de Estudios Políticos en la Universidad Bolivariana de Venezuela.










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