sábado, 9 de abril de 2016

La pulga

¿Será perder el tiempo hablar del Che Guevara? 


 por Jorge Zabalza



Esos meses que siguieron al 24 de agosto de 1994 -la Masacre de Jacinto Vera- fueron decisivos en mi vida. En ellos se dió un fuerte debate entre quienes participamos activamente de la movilización por el asilo a los ciudadanos vascos; la polémica giró entorno a la cassette con la grabación del discurso del Ministro del Interior Ángel Gianola, que manos anónimas entregaron para su difusión a Eleuterio Fernández, manos muy parecidas a las que robaron los discos duros con la información recopilada en diez años de trabajo por el grupo de investigadores antropología forense. El contenido del discurso -crear una guardia nacional para reprimir expresiones de rebeldía popular- fue utilizado como argumento para desalentar la marcha que se estaba organizando a un mes del asesinato de Fernando Morroni y Roberto Facal. Otra parte de la militancia entendió que las amenazas de Gianola fueron previas al 24 de agosto, que la cassette era parte de un operativo para dividir y desalentar la lucha y que no queríamos sumarnos indirectamente a la 'operación desaliento'. De hecho la manifestación se realizó por 18 de julio y fue ordenada y pacífica.

Esa batalla tuvo lugar en el Frente Juvenil, donde también se criticó el papel del MPP en la convocatoria y la organización del movimiento en defensa de los vascos que serían extraditados. Paradójicamente Fernández, que encabezó la crítica a la acción radical de los militantes emepepistas, había sido el que más 'manija' había dado desde los micrófonos de CX44 Radio Panamericana, medio dirigido por Mujica. Dado el espíritu represivo expresado por Gianola, habría otras muertes con toda seguridad. Previsiones que no fueron corroboradas por los hechos. Simple terrorismo ideológico con el objetivo de desmovilizar la calle.

Luego se trasladó al Comité Central del MLN, donde la discusión fue entre la ''no violencia activa', tesis gandhiana sostenida por Fernández, Mujica y otros, y los que tomábamos la resolución aprobada por la V Convención Nacional tupamara: inserción en la lucha social radicalizada como la de los recientes conflictos del transporte, de la construcción, de los estudiantes de secundaria y de los vecinos que ocupaban terrenos para vivir; movimiento militante altamente ideologizado con un rol activo en las luchas sociales (el MPP) y estimular la organización de la autodefensa popular desde el MLN. Las movilizaciones demandando asilo para los ciudadanos vascos en huelga de hambre en el Hospital Filtro, demostraban la posibilidad de la convergencia de las tres formas de lucha: la de masas, la militante y la autodefensa.




Las diferencias políticas se cruzaron con las elecciones internas del MPP para las candidaturas al parlamento. A Fernández y Mujica no les agradó que Helios Sarthou les ganara a nivel nacional por un campo y que este escriba hubiera salido segundo en Montevideo, detrás de Helios, delante de ellos dos. Mujica impugnó la mesa del Cerro en el Comité Central. La discusión fue de muy baja estofa. Hasta una cachetada hubo. Fue el momento precisoen que decidí alejarme de todos los organismos de dirección del MLN que integraba: Comité Central, Comité Ejecutivo, mediocampo, Regional Montevideo y alguna otra cosa que más vale no recordar. Sentí que ya no confiaba más en algunos de mis compañeros/as de toda la vida y, por consiguiente, no podía continuar en una organización que marchaba a pasos veloces hacia el electoralismo y la conciliación, mientras proclamaba su intención revolucionaria. Había perdido la confianza política y moral en varios de los principales dirigentes del MLN, los mismos que hoy día, 22 años después, están ocupando cargos en el poder ejecutivo, la administración central y el parlamento. En realidad, ya habían emprendido el camino para transformar en una 'House of Cards' lo que fue el principal movimiento guerrillero del Uruguay.

Tal vez fui algo ingenuo pero, paso seguido, en el Bar “Las Tortuguitas”, acordamos con Fernández que, para no hacer daño al MLN, participaría en las elecciones como candidato del MPP a la Junta Departamental. y que mi alejamiento acordado del MLN se haría público en 1995 durante la VI Convención Nacional. Era tan grande la bronca y la desilusión, que inicié los contactos para irme al Perú e integrarme a las filas mpre MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru). Ese es el estado subjetivo que se refleja en este artículo escrito para la 'La Pulga' -periódico dirigido por Fernández- en homenaje al 8 de Octubre, a 27 años del asesinato del Ché en Bolivia y a 25 años del asesinato de Salerno-Cultelli-Zabalza en la toma de Pando.

Susana Escudero, la compañera que rescató del olvido este artículo no puede imaginar la tormenta que desató en mi memoria. Le agradezco enormemente.


Sin barco ni armas ni tropas

Fue un día del mes de julio o agosto de 1955 cuando conocimos al Che. Y en una noche -como el cuenta en sus narraciones- se convirtió en futuro expedicionario de <<El Granma>> Pero en aquel entonces aquella expedición no tenía ni barco ni armas ni tropa.
Y así fue que junto con Raúl, el Che integró el grupo de los dos primeros de la lista de <El Granma> . Palabras de Fidel Castro, diez días después de haber sido asesinado Ernesto Guevara.


¿Será perder el tiempo hablar del Che Guevara?
Cosa de dinosaurios amenzados por la extinción sin causa conocida. ¿O el vicio de viejos nostálgicos masticando sus gardeles y maracanases? Tal vez conviniera hablar de encuestas e impugnaciones en esta primavera circense, pero la historia suele hacer trizas los almanaques electorales y nada queda de eso que voces engoladas llaman <tiempos electorales> y siempre dan las doce el último domingo de noviembre. Por eso preferimos reconocer paradigmas que no saben de relojes ni almanaques, que sobreviven en curso de la historia y que son completamente ajenos a las campañas electorales.
Cuanto mas sangrienta la guerra desatada por cuatro o cinco votitos, mas necesario es apuntar mas allá de las nubes...


¿No fue por pequeñeces que creció aquel abajo que en los sesenta buscaba como moverse y en los setenta encontró la forma de golpear?
Y en los ochenta ¡Que convocó a la generación del silencio para empujar a la tiranía hacia el interior de los cuarteles?
Por eso, en esos noventa  de la inseguridad total, del pantano moral y político, vale la pena apostar al lirismo, a la capacidad de soñar que mantienen a los jóvenes, a las reservas del romanticismo que hacen posible grandes cambios revolucionarios. Todavía hay locos capaces de embarcarse en una aventura de un día para otro, de ser uno de los dos primeros en la lista...





 








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