jueves, 1 de septiembre de 2016

Zabalza: las barbas en remojo (video)




>>> Golpe o profunda injusticia? 

Mediante un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Gobierno de Uruguay considera que, “más allá de la legalidad invocada, es una profunda injusticia la destitución” de la Presidencia de Brasil de Dilma Rousseff. Agrega que “aspira a que, en el marco de la institucionalidad democrática, el pueblo brasileño alcance sus objetivos de estabilidad y desarrollo”.









Comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores
El Gobierno de la República Oriental del Uruguay ha seguido con atención los procesos políticos y jurisdiccionales en la República Federativa del Brasil, que culminaron en el día de ayer con la decisión del Senado de destituir a la Presidenta electa legítimamente por el pueblo brasileño.
Uruguay desea destacar el rol de la Presidenta Dilma Rousseff en fortalecer la histórica relación bilateral, que permitió alcanzar una alianza estratégica que ha redundado en beneficio de ambos pueblos.
Uruguay aspira a que en el marco de la institucionalidad democrática, el pueblo brasileño alcance sus objetivos de estabilidad y desarrollo.
Más allá de la legalidad invocada, el Gobierno uruguayo considera una profunda injusticia dicha destitución.
Montevideo, 1º de setiembre de 2016



Una producción Resonando

"Las élites pudieron consumar el golpe en su reducto político de la legalidad y las instituciones burguesas. ¡En los ‘70 el ‘golpe a la uruguaya’ también comenzó en el parlamento con la declaración del estado de guerra interna!... ¿Habría sido posible la canallada con un millón de manifestantes acampando en el Planalto? Si otro millón más tomaba la avenida paulista ¿se habrían atrevido a reprimirlo? Se creó un ejército de millones de consumidores desvinculados de la política y de los partidos y dicha creación debilitó al movimiento popular, facilitando a los conspiradores. Es como serruchar la rama donde uno está apoyado… ¡pero ojo! Que los pueblos no dejan arrebatar sus conquistas aunque los revuelquen contra el suelo."   

Jorge Zabalza






>>> El retroceso no empieza ahora

José Luis Perera López·Jueves, 1 de septiembre de 2016

Se que pertenezco a una ínfima minoría de personas de izquierda con esta posición, pero para mi lo sucedido en Brasil no es un golpe de estado. Un golpe de estado es otra cosa, y quienes por estas tierras americanas lo vivimos sabemos lo que es un golpe y lo que significa, con su estela de represión, cárcel, tortura, muerte, desapariciones. Calificar de golpe al juicio político a Dilma es minimizar todo el drama que vivieron nuestros pueblos a través de una historia perlada de golpes de estado de verdad.

El proceso que acaba de culminar en Brasil se ajustó a la legalidad establecida en ese país y con todas las garantías. Que los argumentos fueron forzados? Puede ser, para mí lo fueron. Que puede no gustarnos el resultado? Puede ser, a mi no me gusta. Pero eso no lo transforma en un golpe de estado. El procedimiento es el mismo que se utilizó contra por ejemplo Collor de Melo (él también decía que era un golpe parlamentario en su contra), y allí si nos gustó, y no lo calificamos de golpe de estado. En muchos países existe el de juicio político (también en nuestro país) y cuando nos gusta el resultado lo aplaudimos (Abdalá Bucaram en Ecuador, Collor en Brasil, Nixon en EEUU, etc.) y cuando no nos gusta lo calificamos de golpe de estado (Lugo en Paraguay, Dilma en Brasil). Se dice por ahí que 61 personas destituyeron a una presidenta que fue electa por millones, y eso es una enorme falacia. Cuando se habla de los millones que votaron a Dilma, se está haciendo referencia a la representatividad que eso le otorga, y eso está bien. Pero se tiende a minimizar el hecho de que quienes la destituyeron también fueron electos por millones (muchos de ellos iban en las mismas listas que Dilma y eran sus aliados) y por tanto están revestidos también de una enorme representatividad. Que en su enorme mayoría son delincuentes y corruptos? Si, claro, todo el mundo lo sabe, pero son corruptos electos por el pueblo brasileño, igual que los integrantes corruptos del PT.

He oído a un conocido historiador (Gerardo Caetano) decir: “Dilma cae como consecuencia de un movimiento político, que podemos llamar de diferentes maneras, pero que en definitiva es un golpe de Estado. Por qué es un golpe de Estado, porque efectivamente culmina con un cambio de gobierno”. Y si, obviamente, bingo!!…de eso se trata el procedimiento del impeachment, un procedimiento por el cual se juzga al primer mandatario y que puede culminar (como en este caso) con su destitución. Eso no lo transforma de ninguna manera en un golpe de estado.

Muchos reclaman a nuestro gobierno que tome una actitud condenatoria hacia lo actuado por el parlamento brasileño, similar a la de otros países, retirando a su embajador. Me pregunto por qué razón debería hacerlo (y me pregunto por qué lo hicieron esos países). Un parlamento de un país hermano, electo democráticamente y en uso de sus potestades legales y constitucionales, con la participación del poder Judicial, el tercer poder del estado, pone en marcha un proceso que termina con la destitución de la presidenta. Para colmo, un dato adicional y que todo el mundo parece menospreciar: las encuestas indican que más del 67% de los brasileños está de acuerdo con el juicio político. Cuál sería el argumento para condenar? Que a nuestro gobierno no le gustan los argumentos esgrimidos por el parlamento brasileño? No es eso una brutal injerencia en los asuntos internos de otro país? Para mí lo es, y muchos de quienes reclaman esa actitud de nuestro gobierno se indignarían si otro país se inmiscuyera en las decisiones de nuestros parlamentarios. Es más, muchos ya se indignaron porque los argentinos cuestionaran la instalación de una planta de celulosa en nuestro suelo.

Señores, así es la democracia y esas son su reglas de juego. Los ciudadanos eligen a sus representantes, y estos toman decisiones en el libre juego de mayorías y minorías. Esas decisiones podrán gustarnos o no. Si nos gustan podemos aplaudir (por estas tierras se ven aplaudidores de todo tipo y color), si no nos gustan podemos protestar, movilizarnos e intentar cambiarlas (de paso digo que estoy de acuerdo con quienes, considerando que es un golpe de estado, se movilizan). El parlamento brasileño fue electo democráticamente, por más que la mayoría de sus integrantes puedan ser catalogados de “una manga de delincuentes del primero al último”, en uso de su soberanía tomó una decisión que los ciudadanos brasileños sabrán valorar. Si les gusta aplaudirán, si no, se movilizarán hasta lograr cambiar el estado de cosas. Esto último no parece que fuera a suceder.

Qué vendrán tiempos difíciles para los hermanos brasileños? Sin duda. Pero ojo al gol…el viraje conservador no empieza hoy...hace un buen rato que los trabajadores empezaron a pagar el ajuste del gobierno de Dilma. Entre otras cosas, la presidenta cae porque perdió su base de sustentación, porque abandonó a quienes la votaron y a los movimientos sociales que llevaron al PT al gobierno. El Mercosur también sufrirá, sin dudas, ya que muy probablemente haya más ambiente ahora para subirse al carro de la Alianza del Pacífico, en lo que están interesados tanto Argentina como Uruguay y también Brasil. Pero ojo...esto no es producto de la destitución de Dilma y la asunción de su compañero de fórmula. A fines de 2014, el flamante ministro de Desarrollo, Industria y Comercio designado por Dilma Rousseff, Armando Monteiro, señaló que “la política comercial avanzará, si el Mercosur no acompaña, en forma UNILATERAL.. El objetivo es ... ¡sellar un acuerdo con la ALIANZA DEL PACÍFICO, con o sin el Mercosur”.

En el fondo, la caída de Dilma y el PT no es otra cosa que una postal del gran fracaso de los progresismos por estas tierras, partidos que alguna vez fueron de izquierda, antisistema, y que llegados al gobierno pretendieron gerenciar el capitalismo. No existen capitalismos buenos y capitalismos malos. El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre, la depredación del medio ambiente y de la vida. La opción sigue siendo socialismo o barbarie.



>>> Hoenir Sarthou 

El debate sobre la destitución de Dilma Rousseff está centrado en si hubo un golpe de Estado o si, al seguirse un procedimiento previsto en la Constitución brasileña, no puede hablarse de ruptura institucional. Me pregunto en qué cambia la realidad la forma en que califiquemos los hechos.
Lo real es que el gobierno cayó por una operación política hecha por un gran número de partidos y dirigentes políticos corruptos con los que, hasta hace muy poco tiempo, los gobiernos del PT habían hecho alianzas e intercambiado beneficios ilícitos.
Esas alianzas y muchas otras maniobras ilícitas (Petrobras, p ej) fueron posibles por el altísimo grado de corrupción económica y política de la dirigencia del PT, Dilma consintió esa corrupción, al menos con su silencio, en algún caso la amparó (los fueros de Lula) y en definitiva se benefició políticamente con ella (los votos de parlamentarios opositores comprados con coimas).
Pero lo realmente significativo en este asunto es la pasividad con que el pueblo brasileño y sus organizaciones permitieron la caída del gobierno. Eso es señal de que la alianza político-social que llevó al PT al gobierno ya estaba rota. En buena medida porque el PT, al tiempo que se corrompía, decidió llevar adelante políticas funcionales a los grandes intereses corporativos globales y no afectar a ciertos intereses poderosos locales.
Frente a ese hecho contundente, ¿qué importa el nombre que le demos a lo ocurrido? ¿Cambiará la realidad brasileña si los uruguayos nos ponemos de acuerdo en decir que fue un golpe?
Sería mucho más productivo analizar los motivos y las vías por las que se rompió la alianza social que había llevado al PT al gobierno. Una ruptura que es también la degradación de una gran esperanza colectiva. Porque eso no sólo está ocurriendo en Brasil.








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