lunes, 3 de octubre de 2016

Haití: Crisis y continuación de la farsa electoral

Manifestantes corean consignas durante una protesta contra el consejo electoral del país con motivo del 25 aniversario de las primeras elecciones democráticas en 1990, en Port-au-Prince, Haití



POR HENRY BOIROLIN, Resumen Latinoamericano, 3 octubre 2016.- A escasos días de la realización de otra farsa electoral en Haití, es necesario reflexionar de manera responsable acerca de la misma. En primer lugar, entiendo que si uno parte de la imperiosa necesidad de la construcción de un proyecto cuyo objetivo fundamental es la radical transformación de la sociedad haitiana, su primera obligación es denunciar que esta elección programada para el 9 de octubre próximo no está orientada hacia una praxis transformadora propia de la lucha por la emancipación. Pues, no se supera la dependencia, el neocolonialismo, la pobreza y la ocupación del país, mediante discursos vacíos de contenido antiimperialista y antioligárquico y, sobre todo, sin acciones concretas en la lucha de clases en contra de los intereses de los enemigos del pueblo haitiano. También hace falta precisar que esta elección está viciada desde la base y, en sus aspectos principales, representa la continuidad de las elecciones organizadas en agosto y octubre de 2015 por el nefasto ex presidente Michel Joseph Martelly y el anterior Consejo Electoral Provisorio (CEP) cuyo presidente era un cínico llamado Pierre-Louis Opont. Cabe recordar que esas elecciones fueron repudiadas y combatidas por la inmensa mayoría de la población. Ya entró en la historia la maravillosa jornada de movilización popular del viernes 22 de enero de 2016 donde el pueblo en la calle impidió la realización de un “balotaje” -con un único candidato (el oficialista Jovenel Moïse)- que había sido programado para el domingo 24 del mismo mes no sólo por Opont y Martelly, sino también por varios representantes de la llamada comunidad internacional comandada por los EE.UU. Para todos esos supuestos paladines de la democracia, no habían existido problemas serios que invalidaran los comicios. Todo era, según ellos, un invento de sectores perdedores que no querían aceptar el veredicto de las urnas. En este marco, lo menos que se puede decir con respecto a ese comportamiento de la comunidad internacional, es que ha sido una canallada.

Sin embargo, a pesar de las mentiras, las fuertes presiones para imponer los “resultados” proclamados por el CEP y, sobre todo, realizar el “balotaje” presidencial, los sectores populares ofrecieron una resistencia muy digna a lo inaceptable. Por tanto, es insensato pensar, luego de algunas maniobras tendientes a maquillar ahora la farsa que van a realizar el 9 de octubre próximo para hacer creer en una supuesta autonomía y control de las instituciones haitianas sobre la maquinaria electoral, que los verdaderos patriotas haitianos serían tan estúpidos para creer que este camino es el correcto para aportar respuestas reales a los acuciantes problemas que afectan a las masas empobrecidas y explotadas. Muchas veces, llego a pensar que los cínicos y traidores que “dirigen” los gobiernos en Haití hace ya varias décadas y que se someten al imperialismo norteamericano y sus socios, toman al pueblo haitiano en su conjunto por idiota e incapaz de luchar para construir y consolidar un verdadero poder popular como sostén imprescindible de un proceso de cambio para terminar con el neocolialismo, la explotación capitalista e imperialista.

Desde mi perspectiva, mal harían los explotados haitianos en considerar a esta nueva farsa electoral como marco maestro para encontrar soluciones a la espantosa crisis derivada del neocolonialismo vigente desde la primera ocupación militar norteamericana (1915-1934), sin realizar un exhaustivo análisis histórico-comprensivo del mismo. Y esto, a pesar de la existencia de una suerte de tentación apologética, desde la caída de la dictadura duvalierista en 1986, de una evidente sobrepolitización -sobre todo por parte de los responsables de la crisis- de la ELECCIÓN como matriz general de lectura y única herramienta para pensar y construir la democracia; la cual nunca definieron de manera concreta en relación a los intereses de clases. En este sentido, hay deliberadamente una decisión de esos “dirigentes” haitianos de mantener al pueblo en la confusión total al pretender instalar desde hace un poco más de tres décadas la siguiente falacia: ELECCIÓN = DEMOCRACIA.

A mi entender, una elección burguesa, donde las tropas de ocupación que están en Haití desde 2004 pertenecientes a la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), son las que van a garantizar junto con la Policía Haitiana la seguridad de dicha jornada, y con las mismas limitaciones que las elecciones de 2015, no puede ser una panacea. Y lo más curioso de todo, es que el actual oficialismo reconoce que las últimas elecciones fueron un verdadero escándalo marcado por fraudes, resultados fabricados, muertes y denuncias de corrupción en contra de varios consejeros del anterior CEP; sin embargo nadie ha sido llamado ante la Justicia. Al contrario, todos los responsables de las barbaridades cometidas y documentadas por observadores nacionales y posteriores investigaciones siguen viviendo con total tranquilidad en el país, violando así el propio decreto electoral vigente. Y como se trata de una comedia, los nuevos consejeros al igual que sus predecesores juraron que están preparados para realizar una ELECCIÓN LIMPIA, HONESTA Y DEMOCRÁTICA. El Ejecutivo, por su parte, está dirigido ahora por el ex titular del Senado, Jocelerme Privert, quien es un presidente provisorio “elegido” en febrero pasado -al terminar el mandato de Martelly- por una “Asamblea Nacional” constituida por diputados y senadores contestados ya que fueron “electos” mediante las elecciones repudiadas y calificadas por 2 (dos) Comisiones de Verificación Electoral de fraudulentas. Tal es así, que la última Comisión, la Comisión Independiente de Evaluación y de Verificación Electoral (CIEVE), creada por el propio Privert, recomendó la anulación de la elección presidencial de octubre 2015, pero “curiosamente” consagró la elección legislativa, a pesar de haber sido parte del mismo proceso calificado de fraudulento. También es menester recordar que Privert había firmado un “Acuerdo” político con Martelly supuestamente para evitar el caos total el 7 de febrero, el día previsto por la Constitución para la finalización del mandato de Martelly que había empezado en mayo de 2011. Luego, dicha “Asamblea Nacional” había otorgado a Privert un mandato para dirigir el país hasta junio de 2016. Estamos en octubre, y Privert sigue actuando como presidente provisorio, porque esta misma “Asamblea Nacional” que tenía que decidir si prorrogar o no su mandato nunca pudo reunirse por falta de quórum. Todas maniobras espurias, que no tienen nada que ver con la Constitución Haitiana actualmente vigente.

En medio de todo este escenario de mentiras, confusiones, maniobras perversas, descubrieron hace algunas semanas un importante cargamento de armas y municiones en un pequeño puerto cerca de la capital que llegó al país de manera ilegal. Sin embargo, hasta ahora no hay un solo detenido. También, meses atrás, un comando armado trató de copar una Comisaría en el extremo sur del país, hubo varios muertos y heridos. Una “investigación” ordenada por el actual gobierno apuntó al ex militar Guy Philippe como autor intelectual de ese sangriento hecho, pero Guy Philippe es candidato para ocupar un puesto de senador de la República y sigue su campaña tranquilamente. En los últimos días, varios candidatos fueron atacados e imposibilitados de desarrollar sus actos de campaña en algunas zonas. Entre tanto, el gobierno norteamericano decidió a escasos días de la elección deportar a Haití criminales y bandidos haitianos que tenían en su territorio. Sin embargo, a pesar de este contexto cargado de tensiones de toda naturaleza, las autoridades del país decidieron seguir con la realización de la elección presidencial, la segunda vuelta para complementar la renovación de la tercera parte del senado como así también la elección de los diputados e intendentes que faltan. Se trata de una situación, cuya gravedad hace recordar a más de uno la jornada electoral del 29 de noviembre de 1987, donde grupos armados ligados al gobierno militar de facto de aquel entonces, asesinaron a votantes, y luego anularon los comicios. Así, haciendo gala de una irresponsabilidad sin límite, los organizadores y los candidatos siguen adelante, y hasta organizaron una mascarada el viernes 27 de setiembre último pasado que denominaron Debate Presidencial entre los principales candidatos. La única figura con cierto peso electoral que no participó en dicho debate fue Maryse Narcisse, la candidata a la presidencia por el partido Fanmi Lavalas (Familia Lavalas) del ex presidente Jean-Bertrand Aristide, quien declaró que no podría participar porque hay un candidato sobre el cual pesan acusaciones de malversaciones, enriquecimiento ilícito, etc. Obviamente, ella se refería a Jovenel Moïse donde hay un efectivamente informe de un organismo estatal de control administrativo que lo plantea claramente.

Ahora, es necesario precisar que todo indica que los perdedores no aceptarán el veredicto del CEP. Un organismo que tomará 8 días -supuestamente para verificar y controlar TODO- antes de proclamar los resultados. Lo que hace presagiar que habrá violencia. También hace falta acotar que nadie está pensando en que habrá un aluvión de votantes. Al contrario, los candidatos poseedores de enormes recursos van a tener que seguir con la perversa costumbre de llevar gente a votar a cambio de algunos billetes. Además, en un país donde la inmensa mayoría está sumergida en la pobreza extrema, resulta escandaloso y repugnante constatar el despilfarro de dinero que realizan ciertos candidatos. Me refiero fundamentalmente a los del partido PHTK (Partido Haitiano Cabeza Rapada) del ex presidente Martelly que tiene como candidato a presidente a Jovenel Moïse, y los de LAPEH (Liga Alternativa para el Progreso y la Emancipación Haitiana) que postula a Jude Célestin a este puesto.

Por otra parte, califico de farsa la elección del 9 de octubre próximo porque también hay un evidente intento de repetir lo que sucedió en los comicios de 2010-2011, donde la comunidad internacional intervino de manera directa para cambiar los resultados que había proclamado el CEP. Algunos de los últimos mails, publicados recientemente por distintos medios de prensa, de la ex Secretaria de Estado Norteamericano y actual candidata a la presidencia por el partido demócrata, la Sra. Hillary Clinton, confirmaron esta flagrante injerencia -sobre todo norteamericana- en aquel proceso electoral que impuso a Martelly como presidente. Un presidente que hasta su nacionalidad haitiana ha sido cuestionada y nunca aclarada. Fue el ex embajador norteamericano en Haití, Kenneth Merten, quien en medio del revuelo que había ocasionado la denuncia acerca de la falsa autenticidad de la nacionalidad haitiana de Martelly, salvó a este último de un juicio de destitución cuando declaró que el “presidente” no era norteamericano y además aseguró que era haitiano. Sin embargo, hace poco más de un mes, este mismo Kenneth Merten, actual representante especial del presidente Obama para el caso Haití, a través de una entrevista a periodistas haitianos afirmó que Martelly no podía ser candidato en 2010-2011, porque él vio cuando Martelly devolvía su carta de residencia norteamericana en la sede diplomática norteamericana en Puerto Príncipe luego de haber sido designado presidente. En efecto, según la Constitución Haitiana, para acceder a puestos electivos, un haitiano ha de tener su residencia en Haití durante los 5 años previos a la elección y no puede poseer otra al mismo tiempo en otro lugar.

Pero esta injerencia a favor de Martelly tuvo un costo muy alto para el pueblo. Salvo para los empresarios norteamericanos y canadienses que obtuvieron durante su mandato todas las ventajas imaginables que puede otorgar un gobierno extremadamente neoliberal tal como lo fue el de Martelly. Un gobierno, por ejemplo, que entregó de manera vergonzosa y escandalosa a empresas extranjeras la explotación de algunas minas en el norte del país. Facilitó mucho más la instalación de zonas francas donde la mano de obra haitiana sufre una explotación atroz ante la indiferencia y complicidad de las autoridades locales. Durante casi todo su mandato, Martelly no organizó elección alguna. Dicha decisión fue de tal gravedad, que el Parlamento Haitiano, al no poder renovarse mediante elecciones, entró en disfuncionamiento; asimismo, durante su último año de gobierno, Martelly dirigió por decreto. Y cuando organizó las elecciones en agosto y octubre de 2015, intentó imponer como presidente -mediante fraude y violencia- a su candidato, Jovenel Moïse, y todo terminó en un desastre que sumergió al país en una crisis mayor. También es menester resaltar que el gobierno de Martelly despilfarró el dinero de Petrocaribe -más de 600 millones de dólares norteamericanos, según varias fuentes haitianas- que el gobierno venezolano había otorgado como forma de ayuda al pueblo haitiano. Es necesario recordar que Petrocaribe según las autoridades venezolanas es: “un convenio de cooperación económica creado en 2005, propuesto por el gobierno venezolano, que contempla la financiación de petróleo y sus derivados a 18 países de Latinoamérica. Su plazo de pago se extiende entre 15 y 25 años, con dos años de gracia y una tasa de interés entre 1% y 2%. Esta alianza contempla una escala de financiamiento entre 5% y 50%, y propone el pago a corto plazo de 60% de la factura en un periodo de 30 a 90 días. Los porcentajes a financiar dependen del valor del precio de los hidrocarburos para el momento de la venta”.

Ahora, no sólo que en algún momento los haitianos vamos a tener que devolverle a Venezuela este dinero, sino que Martelly dejó un país con 70% de su población activa sin trabajo; una moneda totalmente depreciada ya que cuando asumió un dólar norteamericano equivalía a 43 gourdes y al terminar su mandato este mismo dólar valía 65 gourdes; con hambruna en algunos departamentos; con un aumento exponencial de la migración haitiana; con la producción de alimentos en el nivel más bajo de los últimos años; con denuncias de corrupción en todos los niveles de la administración pública; con la adquisición de casas y otros bienes millonarios para él y sus familiares. Y como si fuera poco, Martelly dirigió el país con el mismo estilo vulgar y arrogante que él adoptó cuando era cantante. Nunca pudo separar su rol de presidente con el del músico que construyó una cierta popularidad lanzando obscenidades arriba de una carroza de carnaval. Así, también, durante su mandato centenares de miles de haitianos y haitianas ocuparon las calles para expresar su repudio hacia el gobierno neoliberal, corrupto, pro imperialista, plutocrático, de Martelly.

Sin embargo, a pesar de este balance tan nefasto de su gestión en cuanto a resultados concretos a favor de los intereses populares, Martelly y sus mentores extranjeros, sobre todo el imperialismo norteamericano, como así también algunos sectores acaudalados haitianos, pretenden a través de otra farsa electoral continuar con la tragedia. Y siguiendo la línea política elaborada por el imperialismo norteamericano, el actual gobierno argentino claramente neoliberal, un gobierno de los monopolios, presidido por el Ing. Mauricio Macri, decidió enviar de nuevo tropas argentinas para reforzar la MINUSTAH. Así elaboró un proyecto al respecto que fue votado tanto por la Cámara de diputados como la de senadores. En vez de continuar con el retiro gradual que empezó tardíamente su predecesora, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, el presidente Macri, sin realizar un exhaustivo balance de los 12 años de la MINUSTAH, prefiere ser parte de los que someten al pueblo haitiano. Decisión totalmente opuesta a la de los gobiernos de Cuba y de Venezuela, ya que éstos decidieron ayudar a Haití sin enviar tropas, respetando así la soberanía y la dignidad del pueblo haitiano. De ahí proviene toda la admiración de los patriotas haitianos hacia estos dos gobiernos.

En este marco, entonces, lo único válido que queda para el pueblo es seguir luchando por su emancipación. Y no hay emancipación posible sin la desocupación del país, sin destruir las estructuras neocoloniales. Una lucha que no puede, desde ningún punto de vista, reducirse a la realización de una elección, y mucho menos una elección manipulada por los responsables de la tragedia que afecta a la inmensa mayoría del pueblo haitiano.

Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina
3 de octubre de 2016



POR CARLOS AZNÁREZ, Resumen Latinoamericano, 30 septiembre 2016.- En el marco del Seminario Internacional realizado recientemente en Sao Paulo, Brasil, Resumen Latinoamericano entrevistó al economista y dirigente político haitiano Camille Chalmers, secretario de la Plataforma Haitiana por la Defensa de un Desarrollo Alternativo (PHADA) e integrante de Jubileo Sur. Chalmers es un activo militante contra la presencia de las tropas de las Naciones Unidas en su país y reivindica la necesidad urgente de la autodeterminación para su pueblo.

-¿Cuál es su opinión sobre el panorama político actual en Haití, en el marco de una nueva cita electoral.

Camille Chalmers: El pueblo haitiano está sufriendo una agresión muy violenta del imperialismo, y esto se da no solamente de manera estructural desde la intervención de 1915 donde transformaron el sistema político para someterlo a la dominación permanente del Departamento de Estado. Pero más recientemente estamos viendo una ilustración de lo que llamamos el “capitalismo del desastre”. Después del terremoto las tropas nacionales se aprovecharon de la situación para tomar el control estratégico de espacios económicos. Lo pretenden hacer con la minería, y quieren introducir sistemas de agroexportación y también las zonas francas. Todo ello para transformar el sistema económico haitiano, y utilizar la presencia de las tropas de las ONU, la MINUSTAH; que usaron el pretexto de la crisis política para instalarse en el país. Son una fuerza supuestamente de mantenimiento de la paz pero que están a la orden de los intereses de la estrategia global de los EE.UU, no solamente dentro del proceso de militarización de la cuenca del Caribe sino también para estrangular, para matar todo intento de reconstrucción popular del país. Atacan todo avance económico a favor de las capas mayoritarias. El pueblo de Haití está luchando contra la ocupación militar y contra el imperialismo norteamericano. Está luchando contra la oligarquía haitiana que desde 1986 cuando estalló este potente movimiento popular decidieron matar totalmente ese proceso de liberación del país para instalar el neoliberalismo que ha destruido gran parte de la producción campesina y de las capacidades económicas del país. Por eso se trata de una lucha vital, fundamental, y nosotros queremos conectarla con todo el proceso de la revolución haitiana de 1804 que rompió con la lógica fundamental del sistema de la época que utilizaba la esclavitud como mecanismo de producción y acumulación. Creo que el movimiento campesino haitiano, el movimiento de los jóvenes, de mujeres, barriales, están reclamando esta herencia revolucionaria para constituirse en alternativa revolucionaria frente a esa dominación del capital y del imperio.

– ¿El pueblo haitiano cree realmente en comicios que han sido convocados por el actual gobierno?

Camille Chalmers: No. Hemos conocido durante los últimos años un proceso de desacreditación del proceso electoral. Cada vez fue más manipulado, intervenido, controlado por los Estados Unidos, y todos sabemos que el resultado electoral del 2010 no reflejó la voluntad del pueblo haitiano, y en el 2015 intentaron hacer un golpe de estado contra el pueblo de Haití de manera muy burda. Ese golpe de estado de 2015 recibió una respuesta popular muy fuerte y la movilización exigió que se rehagan esas elecciones que se realizarán ahora el 9 de octubre. Así que estamos en un proceso en el que hay un fuerte sentimiento anti-injerencia, una oposición muy fuerte del pueblo frente a esa conducción que violenta a la dignidad del pueblo haitiano pero al mismo tiempo el pueblo sabe que el proceso electoral no permite resolver los problemas estructurales. De hecho en las dos últimas ocasiones de 2010 y 2015, hubo una participación muy baja de 15-18% del electorado, lo que significa que el pueblo haitiano sabe que debe desatar procesos de lucha que tengan contenido no solamente anti-neoliberal sino también que de transformación del Estado, no aceptar esa democracia importada que intentan meternos como solución a la crisis haitiana. Sabemos que la crisis es mucho más profunda que eso y exige instrumentos políticos que estén a la altura del proyecto de liberación que necesitamos ahora.

-Hace varios meses hubo un proceso semi insurreccional del pueblo, incluso con formas de acción directa y violentas contra los sectores que se ven como opresores. ¿Qué es lo que falta a tu entender, para que esa resistencia se convierta en ofensiva popular-organizada, qué falta en el pueblo y en la izquierda haitiana para unificarse para derrocar no solamente al gobierno sino para lograr el poder para los de abajo?

Camille Chalmers: Una cosa a subrayar es que la violencia reaccionaria de las fuerzas de la MINUSTAH, es una violencia permanente contra el pueblo. Por ejemplo, la introducción del cólera mató ya más de 10.000 haitianos y afectó a casi 800.000, es una tremenda violencia y exigimos reparación, justicia e indemnización. Los movimientos sociales y políticos que surgieron a partir de 1984-1985 para hacer frente a la dictadura de Duvalier, empezaron a construir no solo un movimiento social combativo sino también una instancia que tenía objetivos de transformación del Estado. Ese movimiento popular recibió una respuesta sumamente violenta del imperialismo y de la oligarquía que derivó en intervenciones militares de 23.000 soldados extranjeros, golpes de Estado en 1991 y 2004 y también proceso de corrupción y de cooptación de los dirigente populares a través de múltiples proyectos. Así que frente a esa violencia, el desafío actual es la recomposición de ese movimiento popular que ahora está muy dividido, incluyendo cierta captación por grupos políticos como los de Aristide. Así que es un proceso de reconstrucción, de liberación, de autonomía de un movimiento que es básicamente antiimperialista. Estamos en una coyuntura muy favorable porque trabajamos para transformar el fuerte sentimiento de herencia en la conciencia antiimperialista, y uno de los instrumentos que estamos utilizando para eso es el Tribunal Popular contra los 100 años de ocupación, que empezó el 28 de julio, y que va a durar durante un año.

– ¿Cuál es el papel de la solidaridad internacional dentro de la lucha por la liberación de Haití?

Camille Chalmers: Hay que decir que cuando surgió la nación de Haití, los primeros dirigentes tenían una clara conciencia de que el porvenir radicaba en la posibilidad de construir una fuerte alianza internacionalista para luchar contra la esclavitud; lo que dijo Bolívar cuando salía de Haití para reforzar la lucha contra España. Pero la respuesta imperial fue aislar totalmente a Haití y el resultado de eso es que se desconocen las luchas del pueblo haitiano, la revolución haitiana y su herencia. Así que para nosotros la reconstrucción de los lazos de solidaridad es una prioridad.









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