sábado, 8 de octubre de 2016

No importa si somos parientes

La verdad sincera puede salvar a Jihad Diyab 



“Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante (que ser parientes)”.

Nuestra culturita relativamente occidental, supuestamente cristiana y básicamente regida por la ideología y la metodología falaz de los grandes medios de desinformación del imperialismo capitalista, no concibe así nomás la huelga de hambre como medida razonable de lucha de impronta popular en pos de logros que supongan el mejoramiento de las condiciones generales y particulares de vida o que impidan su empeoramiento. 
En realidad, lo que predomina en el “imaginario popular” de prácticamente el mundo entero, es el prejuicio -el equívoco colectivo sistemáticamente inducido- de que no tiene sentido tratar de resistirse ante los embates letales de la explotación burguesa llevada a extremos inimaginables en los tiempos en los que la pequeño-burguesía convirtiéndose en burguesía, llamaba a entregar hasta la vida para acabar con el anacronismo feudal antihumano, invocándose la “igualdad”, la “justicia” y la “fraternidad” como valores intrínsecos de la condición humana...

Puede afirmarse, incluso, que a estas alturas está muy extendida la idea de que es una locura propia de fanáticos esquizoides poner en riesgo nuestras vidas en función de reivindicaciones sociales que esencialmente representan, justamente, la defensa de la vida, cada día más amenazada por la agudización de los efectos del funcionamiento irracional de un sistema económico-social completamente a-histórico y  crónicamente irrespetuoso de los derechos humanos más elementales.

Así, pues, que en este paisito aparentemente apacible y domesticado, la increíble odisea del sirio-libanés Jihad Diyab no solamente es asimilada mayoritariamente como un episodio exótico y ajeno a la “uruguayéz” inventada, sino que, además, la manera en que el gobierno ha tratado de descalificarle y estigmatizarle, ha producido la percepción casi generalizada de que estamos ante los caprichos majaderos de un tipo “raro” al que se le brindó amparo y paga injustamente con exabruptos “que ofenden la esencia de la bondadosa y sagrada orientalidad”.

¡Dejémosno de jorobar, señores!!! Nos quepa o no la huelga de hambre y sea cual sea la fantasía que nos hayan construido respecto a “otras culturas” y a la magia reaccionaria caganchera fusionada con surealistas arrebatos de un falso progresismo queriendo justificar cualquier barbaridad retrógrada, el caso de Jihad Diyab va más allá de si compartimos o no los fundamentos ético-filosóficos-religiosos de recursos de lucha como el que este supuesto refugiado ha defendido -en serio y no simulando, como se llegó a conventillear desde la misma cancillería- con su propio pellejo y no el de otros.

La verdad de la milanesa es que el asunto Jihad ha sido manejado desde el oficialismo con una torpeza política admirable, que aumenta en la misma medida en que se sigue insistiendo en no admitir que el Estado uruguayo NO CUMPLIÓ los términos del acuerdo contraído con el sirio-libanés 13 años torturado en Guantánamo y que, nos guste o no, Jihad Diyab TIENE RAZÓN.

Si hoy, 8 de Octubre de 2016, el gobierno admite ese incumplimiento y pide más tiempo para resolver la situación; si hoy, 8 de Octubre de 2016, se reconoce pública, honesta y valientemente que la salida está obstaculizada por las presiones imperiales de los EE.UU.; si hoy, 8 de Octubre de 2016, se les ocurriera el gesto elementalmente saludable de disculparse ante Jihad Diyab, el mismo pueblo uruguayo y el mundo entero...

Si hoy, 8 de Octubre de 2016, el simple y sano sinceramiento pudiera más que el “instinto” de justificar lo injustificable como ayer mismo lo hiciera el Sr. Nin Novoa en una absurda y dantesca “conferencia de prensa” que más se pareció a la “crónica de una muerte anunciada”; si eso ocurriera, no solamente cabría la esperanza de que el perseguido Diyab suspendiera su huelga de hambre y de sed a la espera de la concreción de una solución cierta; cabría también la esperanza de que los uruguayos pudiésemos creerle un cachito al menos a un gobierno nacido de la prédica de la defensa de los derechos humanos y un mínimo de justicia negada por todos los gobiernos anteriores.

Tiene sentido, este 8 de Octubre (así, con mayúscula) del 49° aniversario del asesinato de Ernesto Ché Guevara por mandato del Estado yanqui, repetir con el Ché:|

“Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante (que ser parientes)”.

Gabriel -Saracho- Carbajales, Montevideo, 8 de Octubre de 2016.-














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