jueves, 2 de agosto de 2018

Sin papeles

Reunidos sin saber





    Estatus indeterminado

Incertidumbres de la situación migratoria en Uruguay

Valeria España
13 julio, 2018

Los síntomas furiosos de una xenofobia institucionalizada y global nos atraviesan, no podemos negarlo. Existen mujeres y hombres que para llegar a Uruguay están emprendiendo rutas peligrosas, arriesgan su vida y son asaltados por traficantes. Las mafias se benefician de las redes de corrupción que recorren el subcontinente, de la burocracia de estados perezosos, de los sellos que nos dicen quién pertenece o no a este lugar.

El vía crucis no termina al llegar a Uruguay. Explotación laboral, racismo y precariedad habitacional son las primeras caras al llegar al país, heridas que se extienden en el tiempo en la medida que existe una gran dosis de confusión por parte de las autoridades nacionales sobre cómo abordar jurídica y diplomáticamente la regularización de las personas migrantes provenientes de países que requieren visa de ingreso y que, al no contar con ella, para sortear este impedimento, al llegar al territorio nacional solicitan refugio.

Uruguay exige visa para entrar al país a 80 orígenes nacionales, de los cuales tres son caribeños: Cuba, Haití y República Dominicana. Las razones del pedido de visa son múltiples y en gran medida discrecionales; pero esta exigencia, lejos de disuadir la llegada desde estos orígenes, en el caso latinoamericano favorece el enriquecimiento de las redes de tráfico que operan en el corredor Guyana-Brasil-Uruguay.

En los últimos años las solicitudes de refugio de forma “masiva” para entrar al país pusieron en evidencia las limitaciones de esta política en Uruguay, la falta de recursos y la certeza de que ser refugiado en este país es una categoría jurídica que si no se da en el marco de un plan o programa, no implica ningún tipo de garantía específica o trato diferencial.

En este sentido, un solicitante de refugio “común” en la práctica no es sujeto de protección internacional y, de hecho, mientras la Comisión de Refugiados (Core) evalúa su solicitud, no tiene garantizada la obtención de una cédula provisoria. Adicionalmente, es necesario aclarar que el otorgamiento del estatuto de refugiado es excepcional. Por ejemplo: del total de solicitudes presentadas en 2017, la Core concedió estatus de refugio tan sólo al 1 por ciento.

En particular, las solicitudes de personas provenientes de Cuba, de la mano de la “espectacularización” realizada por algunos medios de comunicación, encendieron las alertas de las autoridades. Según datos de la propia Core, la solicitud de refugio de cubanos se disparó en 2016 cuando se presentaron 341 y al siguiente año fueron 2.277. Sin embargo, en el período comprendido entre 2014 y 2017 se han concedido sólo seis refugios.

Los pedidos de refugio presentados este año tienen fecha de entrevista para 2019, es decir, mientras tanto, los solicitantes no tienen posibilidad de acceder a un documento de identidad ni de regularizar su situación migratoria. Como recién llegados, al no tener documento les es difícil conseguir un trabajo formal, acceder a una vivienda digna, sortear los obstáculos, la explotación, los abusos o la presunción de culpabilidad. La omisión y acción estatales están produciendo vulnerabilidades donde no las había.

Estamos recibiendo migrantes con múltiples potencialidades y no sabemos cómo actuar. Los pocos dispositivos que hay atienden a hombres y mujeres con formación, en muchos casos con títulos universitarios bajo el brazo, como si fueran personas en situación de calle, quienes terminan gastando los ahorros que traen en pensiones donde el hacinamiento y el abuso son moneda corriente, mientras intentan acomodarse a su nueva realidad y buscar un posible trabajo con el cuco de “ser indocumentados”, de la incertidumbre jurídica, de su estatus indeterminado en el país.

La respuesta estatal de negar a los solicitantes cubanos la posibilidad de acceder a una cédula de identidad es un terrible error, así como las recomendaciones para que viajen a la frontera, renuncien a su solicitud de refugio y pidan visa, a través de la “carta de invitación” de un nacional al que no conocen: “Mentime, que me gusta”.

Parece que hay preguntas que nadie se anima a responder. ¿Uruguay quiere ser un país de puertas abiertas? ¿Cuál es el sentido de las visas que se exigen a hermanos latinoamericanos, africanos y asiáticos? Si se negara la solicitud de refugio a cubanos en la frontera, ¿se dejarían varados a cientos de migrantes en el Brasil de Temer? ¿Es posible negar la solicitud de refugio? ¿Estaría dispuesto el país a ordenar deportaciones colectivas? ¿Estaría dispuesto a dejar de exigir visas?

La indeterminación y las restricciones están fomentando la formación de mercados paralelos. Entre la comunidad de migrantes se corren peligrosos rumores de un mercado ilegal de “cartas de invitación”, de funcionarios que adelantan fechas de entrevista a cambio de coimas y de la “venta” de cédulas de identidad.

La implementación del plan de respuesta rápida para facilitar el acceso a la documentación provisoria de la comunidad cubana en Uruguay es un primer paso y la implementación del recientemente aprobado decreto 870 del Poder Ejecutivo es una posible ruta para la regularización de estos nuevos migrantes.
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Hay una sensibilidad de izquierda que ha sido herida por la salida de tantos cubanos de la isla, y las acciones del gobierno indican que la preocupación sobre cómo se manejan las relaciones diplomáticas con Cuba es mayor que su preocupación por la realidad que están viviendo miles de cubanas y cubanos que hoy son habitantes de esta república.

Cuba sigue doliendo como lo dijo valientemente Eduardo Galeano hace algunos años en este mismo semanario y cuidar la sensibilidad de un puñado de dirigentes en La Habana a cambio de mantener a miles de cubanos sin cédula de identidad, en la precariedad absoluta, a la espera de un refugio político que no va a llegar, es bastardear el legado de la revolución, de una revolución que en el imaginario de nuestra izquierda herida nació para ser diferente.

Se espera que los individuos busquen soluciones biográficas a contradicciones sistémicas, como dijo Ulrich Beck. Ser migrante en estos tiempos es una forma de supervivencia, una forma de desafiar la mercantilización de la vida, de resistir las fronteras que se multiplican. Pero buscar nuevos horizontes, una mejor vida, no necesariamente es una forma de compromiso global anticapitalista ni tampoco una alternativa anticomunista.

Migrar es una opción más en un mundo globalizado; Uruguay, y concretamente este gobierno, tiene un compromiso y una oportunidad enorme para ofrecer alternativas a las políticas migratorias dominantes a nivel mundial, a las políticas harto conocidas de jaulas, centros de criminalización, visas de origen sospechoso, dispositivos de detención, deportaciones sumarias.
Mientras tanto, ¡no sabemos qué hacer con los cubanos!, y Trump se ríe allá arriba.

*    Abogada. Magíster y doctoranda en derechos humanos por la Universidad Nacional de Lanús. Socia fundadora del Centro de Promoción y Defensa de Derechos Humanos.




Estudio sobre trabajadores inmigrantes: cuántos son y a qué se dedican 

El informe Trabajadores Migrantes difunde la cantidad de empleados extranjeros, su género, país de origen y área de trabajo. El trabajo cuenta 34.086 trabajadores de los cuales 19.422 (57%) son hombres y 14.664 (43%) son mujeres. 

01 de agosto de 2018 | Por: Redacción 180

El documento fue elaborado por el Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS del PIT-CNT y define como extranjero a la suma de los que tienen nacionalidad extranjera y los que obtuvieron nacionalidad legal uruguaya. Acumulan 34.086 trabajadores, de los que 29.084 (85%) obtuvieron ciudadanía o documento uruguayo. De los 5.002 registrados sin documento uruguayo, el 76% son la suma de argentinos (1.694), cubanos (1.149) y brasileños (964). La lista de los que superan los 50 registros sigue con los oriundos de Venezuela, Paraguay, Estados Unidos, India, Perú, Alemania y China, mientras que hay otras 58 nacionalidades que no superan esa cifra.

A qué se dedican

Al momento de dividirlos por el sector en el que están empleados, es necesario hacer la distinción entre persona y cotizante. Una persona puede tener más de un puesto cotizante, si trabaja en más de un lugar o rol. Por eso, el número de cotizantes asciende a 35.875.
De todos ellos, un tercio se limita a trabajar en tres sectores: comercio por mayor y menor (6.978), producción agropecuaria, forestación y pesca (3.768) y la industria manufacturera (3.276).
Para contar el siguiente tercio se necesitan seis sectores acumulados: actividades administrativas (2.542), enseñanza (2.282), alojamiento y servicios de comida (2.105), servicios sociales de salud (1.833), servicios en hogares (1.794) y construcción (1.725). El tercio menos frecuente se divide en 13 sectores laborales.
A la hora de separar los principales rubros por género, las mayores brechas se registran en servicios en hogares (93% mujeres), construcción (77% hombres), servicios sociales de salud (76% mujeres) y producción agropecuaria, forestación y pesca (75% hombres).

Condiciones ventajosas

El informe sostiene que una de las razones por las que Uruguay es “elegido por gran número de trabajadores en busca de nuevas oportunidades” es que para tener derecho a las prestaciones de seguridad social se exige cédula de identidad y no residencia.
Además, resalta que Uruguay fue señalado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) como un “país modelo por su política de libre movilidad para los migrantes sudamericanos en un marco de respeto a los derechos humanos de los migrantes, que lo coloca a la vanguardia de las políticas migratorias de la región”









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