La ministra Muslera se fue llorando y por "falta de apoyo político"
MARTÍN VIGGIANO TWITTER.COM/MARTINVIGGIANO
"Tomá abuelo", le dijo Agustina, la más grande de las tres nietas de
Francisco Beltrame (el nuevo ministro de Vivienda), cuando le dio un
regalo para felicitarlo por su ascenso. Era el dibujo de una casita.
"Para que tengas claro lo que hay que hacer", susurró un allegado.
El episodio sucedió ayer a media tarde, cuando terminaba el acto
público de asunción del nuevo ministro, del que participó la
saliente Graciela Muslera. Fue el momento donde Beltrame pudo
aflojar la tensión del acto emotivo, que tuvo a Muslera como
protagonista.
La ex ministra leyó un manojo de hojas con su "rendición de cuentas"
de los 27 meses de gestión y, entrecortada por el llanto que en
varios pasajes no pudo contener, repartió críticas en un repaso que
tuvo un tono de desahogo. "¿Hasta cuándo podemos sostener esta
tensión (en la Dirección Nacional de Medio Ambiente, Dinama)?", se
preguntó. "Este período ha estado marcado por la tensión entre el
cumplimiento de los cometidos, la creación de capacidades
institucionales, y la exigencia de acompañar el vértigo del
desarrollo de nuestra economía. La gestión del ambiente es hoy un
cuello de botella para el desarrollo. ¿Cómo lo resolvemos, rebajando
las exigencias?, ¿Resignando nuestro rol de control ambiental?",
insistió la ex jerarca, en clara alusión a la ola de proyectos que
enfrenta la oficina. Desde la primera fila escuchaba el director de
la Dinama, Jorge Rucks.
Llorando y ante una sala de actos en silencio, Muslera remató: "Creo
que se acuerdan de mi primer discurso, cuando asumí el cargo. Se
podría resumir en: ´el desafío es muy grande, no me dejen sola.
Acompáñenme".
Más adelante, cuando le tocó hablar al secretario de la Presidencia,
Alberto Breccia, le confesó que "a veces" sintió que la dejaron
"sola" en el gobierno, por lo cual le pidió "disculpas".
A diferencia de la senadora Lucía Topolansky, que justificó la
salida de Muslera por cuestiones familiares, la ex ministra dijo que
se fue por "falta de apoyo político".
Madrugador y matero
"Pancho" Beltrame, un militante orgánico del Movimiento de
Participación Popular (MPP), que entró a la política como tantos en
la izquierda por el ala estudiantil, en la Facultad de Arquitectura,
fue una de las figuras más destacadas del denominado FER68 (Frente
Estudiantil Revolucionario), lo que muchos identificaron como la
expresión tupamara en el área de la educación en esa época. Matero,
hincha de Nacional, sus compañeros lo recuerdan por ser "muy
madrugador", y por eso muchos le decían "tambero". Militó desde la
clandestinidad durante la dictadura (1973-1985).
"Somos veteranos en esta tarea de intentar cambiar la realidad,
somos parte de una generación magullada. Sí se puede cambiar,
debemos cambiar el inmovilismo del ´siempre se hizo así´, y este es
nuestro compromiso y es la invitación que le realizamos a los
funcionarios", comentó Beltrame ayer, en sintonía con la campaña
contra la burocracia del presidente José Mujica.
Al final, ante las cámaras de televisión, Beltrame compartió también
otras de las insistentes inquietudes de Mujica: se quejó de la
prensa.
La traición de Lucía
La traición de Mujica
Muslera dejó su cargo con quejas por trato que recibió en Presidencia
Relevo. En los próximos días la sustituirá el actual presidente de Mevir
"YA RENUNCIÉ". Ni bien comenzó a hablar en el Consejo de Ministros del
pasado lunes, Muslera se quebró y comenzó a llorar, dijeron a El País
participantes de la sesión. Luego de una pausa se inició un diálogo
entre el presidente Mujica y la ministra.
-Muslera: "Yo tengo el nombre del canalla que anda diciendo en la prensa que me van a remover. Si quiere se lo doy".
-Mujica: ¿Por qué no me llamó?
-Muslera: Porque no tengo su celular, porque su secretaria María no me lo pasó y Cachete (secretario de Mujica) tampoco.
-Mujica: ¿No habló con la Secretaría de Presidencia?
-Muslera: Pedí dos reuniones con el prosecretario (Diego Cánepa) y nunca
apareció, y la tercera me dejaron plantada esperando dos horas y no se
hizo. Voy a dejar mi cargo a disposición.
-Mujica: No acepto la renuncia.
-Muslera: Yo me voy, ya renuncié.
Al finalizar el Consejo de Ministros, Muslera recibió el abrazo de
varios ministros y trasmitió que había jurado a sus hijos que no iba a
tolerar que se siguiera manejando su nombre en la prensa.
La ministra señaló que ya le habían pasado por arriba una vez, pero que
no se repetiría. Allegados a Muslera dijeron que los últimos días fueron
muy dolorosos para ella, puesto que se daba como un hecho su remoción
pero ni Mujica ni autoridades de Presidencia le informaron nada.
El portal web de la Presidencia de la República mantuvo hasta ayer a la
noche que hoy a la hora 18.30 el arquitecto Rafael Viñoly presentará al
ministro de Transporte y Obras Públicas, Enrique Pintado, y a Muslera,
el proyecto referido a la construcción del puente sobre la Laguna
Garzón, en el departamento de Rocha.
Un allegado a Muslera dijo que, en principio, la ministra concurrirá a
esta reunión, si bien hubo diferencias entre Mujica y Muslera respecto
al proyecto de este puente sobre laguna Garzón, sobre el que los
técnicos de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) tienen una
visión crítica.
Muslera es la tercera remoción en el gobierno que realiza Mujica en una semana.

Humedales del Santa Lucía
.
Puja entre Defensa y Medio Ambiente
Áreas Protegidas. Generan diferencias entre las secretarías de Estado en partes del país
EDUARDO BARRENECHE
Desde hace seis meses, Mujica no aprueba la creación del Área Protegida
"Humedales de Santa Lucía" por diferencias entre los ministerios de
Defensa y Medio Ambiente. Las pujas entre ambas carteras se repiten en
otras zonas costeras del país.
A fines de 2010, la entonces ministra de Vivienda, Ordenamiento
Territorial y Medio Ambiente (Mvotma), Graciela Muslera, anunció la
creación de un área protegida en los Humedales de Santa Lucía, en
diciembre de 2011.
Muslera había recibido de la Dirección Nacional de Medio Ambiente
(Dinama) y de sus propios asesores sobre medio ambiente un proyecto de
resolución que transformaba en área protegida a extensos predios
ubicados sobre el río Santa Lucía.
La iniciativa también contaba con el respaldo de las intendencias de San
José, Montevideo y Canelones, las que tienen dentro de su jurisdicción
el Santa Lucía. Dicha propuesta, así como el borrador de decreto, fueron
elevados a consideración del presidente José Mujica.
Según fuentes del Mvotma y del Ministerio de Defensa, la mayor parte de
esos inmuebles son de propiedad privada, existiendo algunos predios
estatales de propiedad de Defensa, y otros pertenecientes a la Armada
Nacional. Hace poco tiempo, esta repartición castrense recibió una
oferta de un consorcio para construir en la zona una marina y
emprendimientos inmobiliarios.
En mayo de este año, Mujica envió una carta a las intendencias de
Montevideo, Canelones y San José con una nota firmada por el entonces
comandante de la Armada, Alberto Caramés -indagado por la Justicia Penal
por supuestas compras ficticias. En la misiva, el jerarca de la Armada
se pronunciaba en contra de la creación de esta área protegida,
explicaron las fuentes ministeriales.
Montevideo reaccionó a la nota de Caramés y contestó formalmente que
mantenía su posición sobre el área propuesta y advirtió que la Armada no
tenía capacidad para opinar sobre el tema, agregaron.
CRUCES. Los humedales del río Santa Lucía no son los únicos predios que
generaron controversias entre los ministerios de Defensa y Medio
Ambiente, (ver recuadro).
Desde el Ministerio de Defensa se considera que la Dinama se transformó
en "una especie de cuello de botella" que tranca emprendimientos
millonarios que generarían mucha mano de obra, dijeron fuentes de esa
cartera. En Defensa hay cuestionamientos a técnicos de la Dinama, a los
que acusan de actuar para cobrar más dinero o por móviles políticos.
Jerarcas del Mvotma reconocieron que técnicos de la Dinama cobran hasta $
24.000 mensuales de compensaciones, además del salario, por integrar
equipos que analicen la problemática ambiental de emprendimientos de
gran envergadura como el proyecto minero "Aratirí". Estos técnicos
recibirán esos sobresueldos por un plazo de 18 meses.
Técnicos de la Dinama así como numerosas organizaciones sociales,
también cuestionaron la idea de Mujica, de vender campos en el Cabo
Polonio y en Valizas para que el Instituto Nacional de Colonización
(INC) pueda comprar tierras.
A fines de mayo de 2011, el presidente Mujica manifestó en un discurso
en el departamento de Cerro Lago su intención de vender tierras
estatales -más de 1000 en Cabo Polonio y unas 800 hectáreas en el Parque
Forestal de Aguas Dulces- ubicadas en la franja costera de Rocha. En
este momento la iniciativa presidencial de vender tierras en la costera
rochense se encuentra a estudio del Poder Legislativo.
Planteo en Rocha
Sprechmann & Capandeguy Consultores Asociados propuso al gobierno y a
la Intendencia de Rocha un plan de ordenamiento territorial en Cabo
Polonio. Según informes a los que tuvo acceso El País, la consultora
planteó la necesidad de rehabilitar la playa norte (La Calavera)
mediante el retiro progresivo de construcciones irregulares y retiro
de escombros.
Diferencias entre los ministerios
En Quebrada de los Cuervos -ubicada a 45 kilómetros de la ciudad de
Treinta y Tres-, el Plan de Manejo aprobado por resolución del
Ministerio de Medio Ambiente prevé una gestión sustentable de pastizales
en predios bajo administración del Ministerio de Defensa dentro del
área protegida.
Defensa se opone, ya que ese campo es utilizado por el Ejército para
engordar animales cuya carne es usada para la alimentación de la tropa,
dijeron fuentes castrenses a El País.
Otro lugar donde coliden los intereses de ambas carteras es el Área
Protegida Cerro Verde. Se trata de una zona costera marítima de 1.700
hectáreas terrestres y aproximadamente 6.000 hectáreas marinas, ubicadas
a continuación del Parque de Santa Teresa (Rocha). Es administrada por
las Fuerzas Armadas.
Según informaciones gubernamentales, un grupo de "vecinos", entre los
cuales se encuentran oficiales retirados del Ejército, elevaron a Mujica
una carta firmada por el representante del Ministerio de Defensa en la
zona, lo cual generó que la población del balneario La Coronilla
protestara contra el área protegida.
A esto se agregan protestas debido a los desajustes provocados en la zona por el canal Andreoni.
El País Digital Lunes 25.06.2012
El problema no es el puente, sino lo que hay del otro lado del puente
Qué Pasa
La nueva frontera
La expansión hacia el este de la laguna Garzón, un asunto tan sinuoso como el proyecto de puente de Rafael Vignoly
MIGUEL ARREGUI
El proyecto de puente sobre la laguna Garzón, a la vera de José Ignacio,
es asunto tan largo y complejo como la guerra de Troya, aunque no corra
sangre. Mientras tanto el tráfico local se realiza sobre balsas
pintorescas a cuyo costado permanece un viejo puente inconcluso, un
proyecto privado de 1961-1962, un muñón que afea una de las zonas más
caras y exclusivas de Uruguay.
La laguna Garzón es un muro entre los departamentos de Maldonado y
Rocha: uno próspero gracias al turismo de alta gama; el otro
tradicionalmente caótico y más bien pobretón aunque sus costas nada
tengan que envidiar a las del vecino rico. La laguna oficia de tapón: de
un lado riqueza que asombra, del otro el desierto, al menos hasta La
Paloma.
Las autoridades municipales de Rocha, con el gobierno nacional y muchos
empresarios detrás, creen que ya es tiempo de quitar el tapón y dejar
que parte de la prosperidad de Maldonado, donde el precio de los
inmuebles anda por las nubes, se derrame hacia Rocha. La forma más
sencilla es construir un puente sobre la desembocadura de la laguna
Garzón, arrumbar las graciosas balsas y darle continuidad a la ruta 10. Y
entonces la gente, que es gregaria y cómoda, dará con naturalidad un
paso más hacia el este sin miedo a alejarse del ruido y los servicios.
UN SANTUARIO A COLONIZAR. Justo a continuación de José Ignacio el
departamento de Rocha cuenta con una zona cuasi virgen para captar
turismo premium. Entre la laguna Garzón y la laguna de Rocha, con la
ruta 10 como eje, se extiende un territorio costero de unos 33
kilómetros de extensión, arenoso y muy erosionado, de baja calidad para
la actividad agropecuaria pero de un áspero atractivo turístico. Sus
playas, una larga línea recta azotada por grandes olas seguidas de una
fuerte succión, son tan bonitas como inutilizables para baños -salvo que
el bañista se ate a un bidón y se una a la costa con una larga cuerda.
Nadie niega a Rocha su derecho a sacarle más renta a su faja costera,
con desarrollos más prolijos que la maraña en que se convirtieron Punta
del Diablo o Valizas, y sin la masividad que cambió la otrora apacible
faz de La Paloma. Como santuario natural ya tienen Cabo Polonio y otras
áreas, pero dejan poco dinero.
Hay una batalla en torno a las formas que deberían tener los nuevos
desarrollos en Rocha. Uno de los dilemas: ¿servirá esa costa
privilegiada y desolada para disfrute de unos pocos, excéntricos y
pudientes, o bien, en el largo plazo, a un número mayor de turistas,
aunque ello implique un cambio sustancial en su fisonomía? Otro punto de
debate: ¿el puente sobre laguna Garzón es en verdad necesario?
Nadie se opone en voz alta a la vinculación entre Maldonado y Rocha por
la costa oceánica. El dilema en todo caso ha sido: balsa o puente.
En el gobierno, en las intendencias involucradas -todos frenteamplistas-
y entre los empresarios se entiende que negarse al puente es tapar el
sol con las manos. Al fin de cuentas los argentinos llegan a José
Ignacio después de atravesar 100 puentes. Las balsas forman parte del
folclore local pero, para una civilización basada en el consumo, la
rapidez y el automóvil, un puente lo es todo, o casi. Y no se pueden
reclamar los privilegios y vicios de la civilización moderna sin pagar
un precio por ello.
DE SALSIPUEDES A GARZÓN. Las balsas defendidas por muchos lugareños y
ambientalistas, que para la Dirección Nacional de Hidrografía llevan los
números 16 y 17, sirvieron desde 1960 para cruzar el arroyo
Salsipuedes, en el sudeste del departamento de Río Negro. En 1993 fueron
transferidas, con balsero incluido, Gosmar Alvez, el "Negro Cantry", a
la laguna Garzón. Algunos han llegado a reverenciarlas como
"ecológicas", aunque de eso tengan poco y nada: gruesas chapas, tubos y
lingas de acero, y una lancha que quema combustible para arrastrarlas.
Se propuso moverlas con un guinche eléctrico, en nombre del ambiente,
pero los automóviles que cruzan por ellas, hasta 500 en un día de
temporada y 40.000 al año, seguirán consumiendo petróleo.
"El puente en sí es irrelevante", sostiene Eduardo Ballester, un
argentino radicado desde hace 11 años en Maldonado que integra en José
Ignacio la ONG Faro Limpio; "lo que importa es lo que se haga del otro
lado del puente".
El arquitecto Jorge Rucks, director nacional de Medio Ambiente (Dinama),
afirma que "todo indica que no hay mayores problemas ambientales" si se
construye un puente adecuado, un poco más largo que el planeado
originalmente. "El problema es la percepción local", precisa. "Eso fue
claro en las audiencias públicas realizadas: en Maldonado velan por su
entorno, en tanto en Rocha creen que si no tienen puente están
embromados en términos de desarrollo".
Sin embargo Martín Pittaluga, concejal por el Frente Amplio del
Municipio de Garzón, que también incluye a José Ignacio, se opuso con
tenacidad a la construcción del puente, a contramano de su propio sector
político. Durante años defendió el sistema de balsas como parte de "un
turismo diferente" y freno al desarrollo a cualquier costo que predomina
en Maldonado. Al fin de cuentas la zona entre las lagunas Garzón y de
Rocha ya está comunicada también por caminería de balasto que sale en
forma de peine desde la ruta 9, lo que amortigua el impacto ambiental
aunque obligue a dar un rodeo.
Pittaluga, quien en el pasado presidió la Junta Local de Garzón y es
empresario gastronómico en José Ignacio, estima que "un puente hará que
el tránsito vehicular sea mucho mayor que el que existe ahora y
perjudicará todo el entorno de la laguna Garzón". Se define como
"desarrollista" del sector turístico, pero no a cualquier precio ni con
mirada de corto plazo. "No es un puente necesario, vital", dice, "sino
uno con el que se pretende acelerar los ocho o 10 desarrollos
inmobiliarios", en general de media y alta gama, que se proponen o
planean en la zona. "Mucha gente busca ahora un turismo diferente, más
arisco, de acceso más difícil y más lento: apagar el motor del coche",
insiste.
PUENTE SÍ, ¿PERO QUÉ PUENTE? Las protestas de los vecinos de la laguna
Garzón, unidas a observaciones de la Dirección Nacional de Medio
Ambiente (Dinama), condujeron a un cambio en la actitud del Ministerio
de Transporte, que en 2009 proponía hacer un puente vulgar: otra cinta
de cemento de tránsito rápido.
Por fin el gobierno se comprometió a proteger el área de la laguna
Garzón, a modificar el proyecto inicial de puente y a no convertir la
ruta 10 en una ruta nacional, de paso rápido. Se privilegiarán los
accesos a la nueva zona de emprendimientos turísticos por ruta 9, aunque
haya que recorrer 10 o 20 kilómetros más.
Con el visto bueno de Dinama, la Intendencia de Rocha estableció un
ordenamiento del desarrollo turístico entre la laguna Garzón y la laguna
de Rocha, aunque ciertos fraccionamientos añejos serán respetados. Las
nuevas reglas dicen que los terrenos deberán tener un mínimo de 2.000
metros cuadrados, y que las construcciones no podrán realizarse a menos
de 250 metros de la costa.
En buen romance: la nueva frontera del turismo de clase media-alta, una
suerte de prolongación del eje Punta Ballena-Punta del Este-José
Ignacio, será de baja densidad de población y en terrenos amplios
alejados de la costa del océano Atlántico.
"Nadie se atreve ahora a ningunear el territorio (en torno a la laguna
Garzón), a convertirlo en otro paso rápido que conduzca a ninguna
parte", afirma Guzmán Artagaveytia, uno de los propietarios del
restaurante La Huella, en José Ignacio.
En ese punto del debate apareció el célebre arquitecto Rafael Vignoly,
autor del nuevo Aeropuerto Internacional de Carrasco, un habitué de la
zona y enemigo del desarrollismo a toda vela, quien diseñó para el
Ministerio de Transporte un extraño puente-balsa, "amigable" con el
entorno, un compromiso salomónico.
Pero el proyecto Vignoly, dos curiosas vías paralelas de madera,
aluminio y fibra de vidrio montadas sobre balsas que adoptan formas
inusitadas, incluso un círculo, fue rápidamente cuestionado por Eduardo
Constantini, un empresario argentino que desarrolla entre las lagunas
Garzón y de Roca el barrio privado Las Garzas (ver recuadro). El puente
es complejo, caro de mantener y no permite el paso de embarcaciones por
debajo, afirmó Constantini, quien en 2008 estaba dispuesto a poner
dinero de su bolsillo, hasta tres millones de dólares, para financiarlo.
Jorge Rucks, de la Dirección Nacional de Medio Ambiente, defiende el
proyecto Vignoly: "Es un concepto, una idea" que se integra bien con el
entorno y obliga a un tránsito vehicular más lento. El proyecto está a
estudio del Ministerio de Transporte, que resolverá. Otras personas, sin
embargo, dicen en voz baja que el proyecto de puente flotante y
cimbreante es complejo y costoso, una excentricidad más digna de un
reino del Golfo Pérsico que de Uruguay.
Sustituto de la balsa
El 6 de junio el arquitecto Rafael Vignoly presentó un esbozo de puente
"amigable" con el entorno: dos vías de madera, aluminio y fibras que
flotan sobre 22 balsas y adoptan formas diversas. El puente-balsa
sustituiría a la balsa, pero parece caro.
NORMAS ESTRICTAS PARA LA FRANJA
Balnearios de baja densidad
Punta Ballena, Punta del Este, Cabo Polonio, Punta del Diablo: no hay
forma de desarrollo que no sea cuestionable, aunque al fin el turismo,
componente básico de la cultura contemporánea, siempre se abre paso y
altera el ambiente original.
El debate en torno al puente sobre la laguna Garzón "es más amplio que
el puente en sí mismo", dice el arquitecto Jorge Rucks, director
nacional de Medio Ambiente: "también importa el impacto territorial y
ambiental".
En mayo de 2009 la Dinama dio categoría C al puente proyectado por el
Ministerio de Transporte, lo obligó a presentar un estudio de impacto
ambiental más completo y a someter el proyecto a consideración de la
población en audiencias públicas.
Después de mucho debate las autoridades se comprometieron a convertir la
zona de la laguna Garzón, un espejo de agua de 18 kilómetros cuadrados,
en un área protegida, como ya lo es la laguna de Rocha (76 kilómetros
cuadrados, más amplios humedales), que permanece aislada del cercano
balneario La Paloma. Su categoría de "área protegida" impide realizar
fraccionamientos destructivos en los alrededores.
Los 33 kilómetros que median entre las lagunas Garzón y de Rocha se unen
por la ruta nacional Nº 10, una vía de balasto que corre paralela a la
costa y que, a medida que se acerca a la laguna de Rocha, se convierte
en una senda de difícil tránsito vehicular. El gobierno se comprometió a
desafectar la 10 como ruta nacional, lo que permitirá mantener su
rusticidad y disminuir la velocidad del tránsito. A cambio se
privilegiará el acceso a la costa oceánica desde la ruta 9 mediante
caminos perpendiculares. Uno de ellos ya está en óptimas condiciones.
La ruta 10 corre a cierta distancia del océano Atlántico. Jorge Rucks,
de Dinama, sostiene que las "ramblas cercanas a la costa son
destructivas e inducen a una forma de turismo. Se tratará de no repetir
en Rocha la barrera visual hacia el océano que se hizo entre La Barra
del arroyo Maldonado y José Ignacio", con desarrollos hacinados sobre la
costa y enclaves desmañados como el Complejo Terminal del Este (Boya
Petrolera) de Ancap.
La franja costera entre las dos lagunas hoy es habitada por escasas
personas: algunos núcleos de pescadores, unos pocos productores
rurales, obreros que trabajan en nuevos fraccionamientos y "gente de
plata que tiene casa por acá", dice un lugareño.
En ese territorio, a partir de la década de 1930 se realizaron
fraccionamientos con calles apretadas, en damero, y terrenos pequeños.
No prosperaron. La Intendencia de Rocha fomentó la recompra de esos
terrenos y fijó nuevas normas de loteo: más amplitud, más lejanía del
océano, menor densidad. Procura atraer un turismo más parecido al de
José Ignacio que al de La Paloma. El resultado recién se verá en unas
décadas.
26%
caerían las transacciones inmobiliarias este año en Maldonado según estimaciones de la Intendencia.
23,5%
en términos reales cayó en abril la recaudación del Impuesto a las Transmisiones Patrimoniales.
4.200
dólares se pide por metro cuadrado en la zona de la playa Brava, cuando en 2007 se vendía a 2.187.