sábado, 28 de noviembre de 2015

Asesinos en París




INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou



Escribir sobre los atentados en París es pisar terreno resbaladizo. Las sensibilidades están a flor de piel. Si uno recuerda que antes de esas muertes hubo cientos de miles de muertes en territorios árabes, no faltará quien se indigne. Y si sólo recuerda las muertes recientes en París, se indignarán otros.
Por eso, aunque to
das las muertes sean terribles, no voy a lamentarlas aquí. ¿De qué serviría? Tampoco haré juicios morales. ¿Para qué sirve condenar en el papel los asesinatos?
Quizá sea mejor intentar identificar a los verdaderos asesinos, a los de París, Libia, Siria e Irak. Aunque para ello haya que dar un pequeño rodeo.

UN BUEN CONSEJO
Henry Kissinger es un personaje tan despreciable como sorprendente. Alemán nacionalizado estadounidense, fue Secretario de Estado de los presidentes Nixon y Ford, le puso fin a la guerra de Vietnam, recibió el premio Nobel de la paz, fue ideólogo del “Plan Cóndor” y de los golpes de Estado en Chile, Argentina y Uruguay, y todavía le sobró tiempo para dirigir a varias corporaciones y organizar el fútbol profesional en los EEUU. El juez Baltasar Garzón ha intentado procesarlo y se le ha exigido que devolviera el premio Nobel, pero hasta ahora ha eludido las dos cosas.



Allá por 1991, cuando George Bush (padre) invadió por primera vez a Irak, Kissinger escribió un brillante artículo periodístico en el que analizó los límites de la invasión. Dijo que los EEUU no podían derrocar a Sadam Hussein, porque para hacerlo tendrían que destruir a Irak y eso dejaría sin contrapeso a Irán y descompensaría el delicado equilibrio de fuerzas de Oriente medio, lo que traería problemas a los EEUU. En aquél momento, la invasión se detuvo sin derribar a Hussein.
Años después, George Bush (hijo) y Barak Obama cumplieron la ambición de Bush (padre). Con el pretexto de las Torres Gemelas, además de invadir Afganistán, derrocaron a Hussein y, para ello, como vaticinó Kissinger, destruyeron a Irak y a cualquier posible equilibrio de fuerzas en la región. Después, con la entusiasta colaboración de los gobiernos de la OTAN, derrocaron y mataron a Kadafi en Libia, bombardearon a Siria y promovieron revoluciones y levantamientos en casi todos los países de la zona.

Desde entonces, los países occidentales han recibido los efectos del “terrorismo islámico”. Las Torres Gemelas en Nueva York, atentados en Londres, en Madrid, y dos veces en París. Sin embargo, nunca ha sido destruido un blanco militar, ni una instalación estratégica, ni ha muerto un presidente o líder político occidental.


¿Qué pasó en los años que median entre la primera, tímida, invasión a Irak y éste presente de invasiones y atentados generalizados? ¿Cómo un “halcón” de la política estadounidense, como Henry Kissinger, puede parecer una prudente “paloma” comparado con los actuales gobernantes estadounidenses y europeos?


EL PEQUEÑO Y SUCIO SECRETO
El análisis de Kissinger sobre la primera invasión a Irak es el de un político, el de un hombre de Estado. Más allá de su criminalidad, el Kissinger de hace veinticinco años seguía pensando en función de los intereses de los Estados Unidos. Y no sólo él, ya que Bush (padre) fue frenado en 1991. Quizá buena parte de la dirigencia política estadounidense, al igual que Kissinger, seguía pensando la política internacional desde la óptica de los intereses de su país.







El secreto –el pequeño y sucio secreto- es que en los EEUU y en Europa ya no deciden los políticos. Basta ver cómo se resolvió la crisis financiera de 2008, transfiriendo recursos públicos a los mismos banqueros que se habían fundido especulando y defraudando, para percibir que el poder real lo ejercen otros, en ese caso los banqueros. Y basta ver el gasto enorme (también de dinero de los contribuyentes) hecho para llevar la guerra y controlar el petróleo o el gas en los países árabes, para advertir que, además del omnipresente capital financiero, los beneficiarios son las compañías petroleras y la industria del armamento y la tecnología militar. Para esas corporaciones, dislocar al mundo no es un problema si eso sirve a sus intereses. 





No se puede afirmar que el atentado contra las Torres Gemelas, o los ocurridos en Madrid, Londres o París, fueran de conocimiento previo de los presidentes de los respectivos países. Pero sí que, en estos asuntos, nada es lo que parece. Porque, para un presidente, los atentados en territorio propio deberían constituir un fracaso inexcusable. Sobre todo si fueran consecuencia de sus propias decisiones. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a que presidentes como Bush (hijo) y como Hollande, pocos después de los atentados, salgan por televisión postulándose para héroes, anunciando que intensificarán los bombardeos o invadirán un nuevo país
¿Qué es el Estado Islámico? ¿Quién lo financia? ¿Quién le da dinero, le compra petróleo y le vende armas? ¿Quién lo utiliza para intentar derribar al gobierno sirio de Bachar al-Asad?
Son, curiosamente, los “aliados de Occidente”, Arabia Saudita, Israel, Turquía. Los fanáticos musulmanes del “EI” utilizan armas estadounidense y francesas. No sería extraño que las víctimas parisinas hubiesen pagado con sus impuestos las balas que los mataron.
El Estado Islámico, con sus atentados y decapitaciones a cuchillo cuidadosamente filmadas, oficia como un “cuco” repugnante, útil para justificar la intervención de las potencias occidentales. ¿Cómo explicar, si no, que haya crecido en soldados y en territorio pese a ser, en teoría, sistemáticamente atacado por los EEUU y por las potencias de la OTAN?
AJEDREZ
Siria es hoy el tablero de una compleja partida de ajedrez, en la que también juega Rusia. Gas, petróleo, gasoductos, estratégico acceso al Mediterráneo, y el de por sí formidable negocio de la guerra (pagada con fondos aportados por los ciudadanos), son algunos de los factores que explican el fenómeno, más allá de los conflictos religiosos.
Como en toda partida de ajedrez, hay piezas y peones sacrificables. Es muy probable que el Estado Islámico se vuelva inconveniente en poco tiempo y, como pasó con Bin Laden y Al Qaeda, sea sustituido por otro ogro asustador. Y es posible que las vidas de los europeos y estadounidenses estén siendo consideradas también como fichas prescindibles, necesarias para alimentar el odio y justificar guerra. 



La pregunta es, ¿a quién le sirve la guerra? Y, también, ¿a quién no le sirve?
Sin duda, a los ciudadanos europeos no les sirve. Los pone en riesgo y les cuesta fortunas que pasan a manos de la industria militar y de quienes la financian. Sin embargo, es probable que, enardecidos por los ataques y por la incesante propaganda sobre la crueldad del Estado Islámico, los europeos terminen respaldando a los políticos que hagan los discursos más xenófobos, belicistas y liberticidas, con lo que el negocio y el poder de los inversores de la guerra, los verdaderos asesinos, se redondeará.
GUERRA EN EL DICCIONARIO
La guerra tiene además otro frente: el del lenguaje mediático. Un universo paralelo, en el que el término “terrorismo” equivale a “musulmán”, pero no sirve para describir a un montón de aviones europeos o estadounidenses bombardeando ciudades y matando niños. Un universo en el que es posible afirmar que los atentados en París “iniciaron la guerra”, olvidando que Francia viene bombardeando a Siria e Iraq desde hace mucho.
Es un extraño universo en el que la “primavera árabe”, cuando se somete a elecciones, produce aplastantes mayorías de fundamentalismo islámico, y la “oposición pacífica y democrática” (esa que “se convoca por celular y simpatiza con Occidente”)se transmuta en hordas de mercenarios o de fanáticos armados hasta los dientes, como la que linchó a Kadafi luego de que la aviación francesa destruyó el convoy en el que el líder libio huía.




Henry con su patrón
 


Un universo en el que el Consejo de Seguridad de la ONU está integrado por los mismos países que bombardean sin autorización de la ONU.
En síntesis, un universo en el que nada es lo que se nos dice que es, y en el que el escepticismo y la desconfianza son la única forma de evitar la manipulación.
¿TÍTERE DE SEGUNDA MANO?
En ese contexto, Uruguay se jacta de ser aceptado en el Consejo de Seguridad de la ONU.
¿Tiene alguna chance de modificar los planes de los cinco países que controlan e integran en forma permanente el Consejo?
La respuesta es obvia. Lo que hará será legitimar los planes de esa media decena de gobiernos, que a su vez obedecen a intereses económicos que ya no pertenecen ni son controlados por ningún Estado. O sea, un títere de segunda mano.
Cuando la realidad del poder es absolutamente perversa, la lucidez y la distancia son el único camino digno. Lástima que las declaraciones del Canciller, en París, anuncien otro camino.




LAS FORMAS DE COMO NOS MIENTEN PARA INICIAR UNA GUERRA ..!

LAS FORMAS DE COMO NOS MIENTEN PARA INICIAR UNA GUERRA ..!VIDEO CENSURADO! como las grandes potencias utilizan el pánico social y la confusión de la misma para iniciar una guerra..! wow ..! increíble como nos engañan y como sacrifican vidas para logran sus propósitos ..!

Posted by COLECTIVO DIGNIDAD on Jueves, 19 de noviembre de 2015








viernes, 27 de noviembre de 2015

Testimonio de Victoria Moyano en Roma

Nacida en el pozo de Banfield




Maria Victoria Moyano Artigas en Roma declarando, demostrando la existencia del Plan Cóndor, del plan sistemático de robo de bebés, y denunciando la impunidad en Uruguay que impide juzgar a los militares asesinos, torturadores y apropiadores.


Testimonio de Victoria Moyano



Abogado de los represores imputados


Una y todos

Testigos y una hija de militante del MLN desaparecida en Argentina relataron su historia en juicio del Plan Cóndor en Roma.

Empieza el invierno en Roma. El Aula Búnker de Rebibbia está helada. En el marco del juicio por el Plan Cóndor que la Tercera Corte d’Assise, presidida por la jueza Evelina Canali, lleva adelante, con más de 30 imputados de Chile, Uruguay, Bolivia y Perú, por el homicidio y la desaparición de ciudadanos latinoamericanos de origen italiano, se examinó ayer el caso de María Asunción Artigas de Moyano (Mari), militante de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) y después del MLN-Tupamaros. Fue secuestrada en su domicilio, en la calle 595 de Berazategui, en la provincia de Buenos Aires, junto a su esposo, Alfredo Moyano, el 30 de diciembre de 1977. Fue madre de una niña nacida en cautiverio, y desaparecida.
Los dos testigos que declararon ayer relataron haberla encontrado y haber hablado con ella en dos centros de detención clandestina en Buenos Aires: Pozo de Quilmes y Pozo de Banfield. Norma Leanza, argentina, secuestrada el 15 de octubre de 1977, llegó al pozo de Quilmes proveniente de otro centro clandestino, el Puesto Vasco: “En Quilmes estuve en el segundo piso, el de las mujeres. En ese lugar y en ese tiempo pude conversar con las uruguayas cuando nos abrían las celdas para ir al baño y limpiar. Así supe que en el grupo de uruguayas estaban María Antonia Martínez, María Artigas de Moyano y Aída Sanz. A Aída Sanz la vi de lejos, pero María Antonia y Mari me contaron que había tenido familia, una nena, antes de que la trasladaran al Pozo de Quilmes. Mari Moyano contaba que cuando la secuestraron no sabía que estaba embarazada, y a esa altura, en el Pozo de Quilmes, estimaba que estaba entre el cuarto y el quinto mes de gestación. […] El día anterior a mi liberación dejaron que las parejas pasaran un momento juntos en un cuarto en el segundo piso. Allí subió el compañero de Mari Moyano; fue la única ocasión en que lo vi”.
Diego Barreda, obrero argentino del astillero Río Santiago, despedido por la dictadura, fue secuestrado el 14 de julio de 1978. Después de ser salvajemente torturado, terminó en una celda del Pozo de Banfield. Allí se encontró con María Artigas de Moyano, con quien tuvo una relación de amistad. Barreda es autor de una novela, El pantano, inspirada en las mujeres embarazadas detenidas desaparecidas que, como dijo a la diaria, surgió de las palabras que Mari le dijo en el Pozo de Banfield: “Si volvés vivo al mundo de los vivos, escribirás sobre nosotras o no serás nada”.
Barreda contó que en el Pozo de Banfield había una uruguaya embarazada que dijo llamarse María Artigas y que tenía el “privilegio” de salir de su celda para repartir comida y retirar los desechos de los presos; “siempre era acompañada por una guardia, pero cuando abríamos la puerta para recibir la ‘tumba’ [comida en jerga carcelaria] podíamos estar sin tabique y sin esposas para recibir un plato y una cuchara de madera. Así me di cuenta de que su embarazo estaba muy avanzado. El último día, antes de dar a luz, ella llevaba una túnica que tenía manchones de la leche que salía de su pecho. […] Ella me dijo que si era niña quería que se llamara María, igual que ella. Cuando yo llegué a Banfield, era más o menos el 20 de julio, pleno invierno, y yo llevaba sólo el mameluco, que era muy liviano. Cuando pude hablar con ella le dije que estaba muerto de frío; a los dos días, ella me trajo un chaleco, que todavía tengo, hecho con una manta y cosido en los costados con un hilo de alambre. En toda mi vida ni yo ni mi descendencia vamos a olvidar su solidaridad y el hecho de que ella, en la situación en que estaba, supo pensar en mí. […] Cuando nació la nena escuchamos el llanto de una criatura. Desde aquel momento María no apareció nunca más”.
Victoria Moyano, aquella niña nacida en cautiverio una noche de agosto de 1978, y entregada por Óscar Penna, jefe de la brigada de San Justo y dirigente, junto a Miguel Osvaldo Etchecolatz, del Pozo de Quilmes y el Pozo de Banfield, a su hermano Víctor Penna y a su mujer María Elena Mauriño, estaba presente en el Aula. Ella también dio su testimonio y contó los hechos que revolucionaron su vida, a los nueve años, cuando fue restituida a su familia biológica. Relató el rol que cumplió su maestra de primaria Olga Fernández. Todavía en dictadura, Fernández había señalado a Abuelas de Plaza de Mayo que había algo raro en la familia Penna, y cuando pudo acceder a la partida de nacimiento de la niña y se dio cuenta de que Victoria figuraba como hija natural de los Penna sin que la mujer hubiera estado embarazada, hizo la denuncia. Victoria expresó que para “reconstruir la historia de mi mamá y de mi nacimiento” fueron centrales las declaraciones de Adriana Chamorro, su compañera de celda, que será testigo en una de las próximas audiencias. “Desde la restitución de mi identidad pasé toda mi existencia sin padres, viviendo con mis abuelos, con todo lo que significa para una niña de nueve años enterarse de que sus padres están desaparecidos y que no se sabe dónde están. Tuve que aprender a conocer y a querer a una familia nueva, que era muy importante porque me había estado buscando por tantos años, pero yo no la conocía y eso generaba una contradicción. Entonces, cuando se habla de restitución de identidad se debe entender que en lo jurídico es un cambio de nombre, apellido y algunos derechos, pero desde lo personal es otra cosa, que viene desde la identidad más profunda de un individuo, y el cambio de nombre es sólo una parte. Ése es el punto de partida desde el que, durante todos estos años, yo estuve buscando y peleando por el juicio y castigo de los responsables de la desaparición de mis padres y de los 30.000”, relató Victoria.
Luego, en conversación con la diaria, Victoria cuestionó las políticas estatales vinculadas a los derechos humanos que se llevan a cabo en Uruguay: “La política que el Estado uruguayo ha llevado adelante desde la dictadura hasta ahora es la impunidad, la falta de investigación y la protección a los sectores que desarrollaron la represión en Uruguay. Para llegar a atestiguar acá no tuve ningún acompañamiento de Uruguay más que de mi familia y de unos jóvenes militantes que estuvieron hasta último momento llamándome, pero por parte del Estado uruguayo no hubo ningún acompañamiento”. “En Uruguay se incumple la normativa internacional hasta llegar a la paradoja de que tenemos que denunciar en tribunales internacionales, como acá en Roma, lo que se debería estar denunciando en Uruguay”, cuestionó.






David Harvey




El Prof. David Harvey es uno de los más prestigiosos intelectuales de nuestra época. Es precursor en la actualidad de una corriente de pensamiento que ha modificado radicalmente la forma de entender los procesos de conformación del espacio y el territorio en el modo de organización capitalista. Ha tejido los márgenes de varias disciplinas haciendo surgir un nuevo conocimiento sobre las problemáticas y los conflictos urbanos. Sus más recientes inclinaciones teóricas y académicas que buscan hacer visibles y cuestionables algunos procesos que aparecen naturalizados en los discursos actuales, en particular como se desenvuelve el proceso de urbanización y de que manera incide en la conformación de la geografía de las desigualdades.




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David Harvey recibió título de Doctor Honoris Causa



Jueves 19 • Noviembre • 2015

Marx recargado

Harvey destacó la autogestión como “base para generar políticas alternativas” y dijo que hay que “crear nuevas prácticas” en la izquierda.


Con motivo de la visita del geógrafo y antropólogo británico David Harvey, se realizó ayer en la planta de Funsa una actividad para dialogar con este académico marxista sobre El capital en “escenarios de autogestión y economía solidaria”.
El presidente de Funsacoop, Enrique Romero, abrió la charla narrando la historia de la fábrica que hoy produce neumáticos y guantes de goma, gestionada por los propios trabajadores. La empresa cerró durante la crisis de 2002 y los trabajadores decidieron “resistir al desempleo” y organizarse “en pos de la reapertura”, lo que consiguieron luego de aliarse con capitales privados. Con el apoyo del gobierno venezolano del entonces presidente Hugo Chávez consiguieron adquirir la maquinaria y la marca Funsa. En 2011, la sociedad con el inversor se disolvió y el emprendimiento quedó en manos de Funsacoop, que recibió el apoyo del Fondo para el Desarrollo (Fondes).
Carlos Aulet, representante del PIT-CNT en la Junta Directiva del Fondes que gestiona el Instituto Nacional del Cooperativismo, dijo que se está “en un momento de construcción de la autogestión y de la economía social y solidaria”. “El Estado, el bloque social de la autogestión, los sindicatos, la Udelar y la UTU deben conformar un bloque que posibilite y afirme nuevos emprendimientos en una visión distributiva, democrática, de desarrollo local y social. Ésta es una forma de evolución de la autogestión”, agregó. Aulet destacó que “esta movida” fue la que logró que se redactara la ley de institucionalización del Fondes, y que “se va a reeditar” cuando se piense “en cómo se va a gestionar” ese fondo.
Juan Geymonat, del Grupo de Estudios del Capital y Núcleo de Economía Política de la Universidad de la República, se refirió “al lugar del pensamiento marxista” en la universidad, al que calificó de “marginal” tanto en la producción académica como en la enseñanza, lo que se explica, dijo, por la influencia del posmodernismo y del neopositivismo en el ámbito académico desde los 90.
Por su parte, Harvey, de 80 años y residente en Nueva York, hablando en inglés afirmó que “hay una crisis social, política, económica, pero además intelectual”, y que mientras que en el pasado, cuando había crisis, “surgían nuevas ideas”, ahora “hay crisis y nadie sabe qué hacer”. “Hace un tiempo que estoy tratando de entender cómo nos puede ayudar el análisis marxista. Hay muchos marxistas que son conservadores en su pensamiento, que se mantienen en los años 30 o en los 70, y creo que hay que revitalizar ese pensamiento”, agregó. “No podemos ir a Marx esperando encontrar todas las respuestas, tenemos que hacernos muchas preguntas a nosotros mismos yendo al contexto”, dijo. Harvey destacó que a lo largo de la historia surgieron sindicatos, movimientos sociales y de autogestión que son considerados por el marxismo fundamentales “para un cambio social radical”, pero “Marx dice que la autogestión de los trabajadores nunca va a ser suficiente”, porque “es más probable que por sí misma lleve a una situación más de autoexplotación que de emancipación”.
El académico añadió que hay que ver al capital “en general” como capital de mercancía, capital de producción y capital financiero. “Si controlamos una de las formas y no las otras, estamos sumergidos en la lógica capitalista”, explicó. Por lo tanto, para que la autogestión funcione “se tiene que tener un poco de control de todo”, “un poco de control de las finanzas, una fuerte relación con el aparato estatal y un poco de control sobre las mercancías”. “Para que la autogestión sea una fuerza emancipadora, se necesita una revolución social en general”, precisó.
Marxistas y anarquistas, uníos
Más adelante afirmó que la autogestión, que es un movimiento “muy inspirador”, no se puede separar de un proyecto político general de país, y destacó la relación de las fábricas recuperadas de Uruguay y de Argentina con los barrios donde están ubicadas. Harvey expresó que hay que relacionarse con el “aparato estatal” y no concebirlo como un enemigo aunque tenga una lógica capitalista. “Con frecuencia se adopta la posición anarquista de no querer tener nada que ver con el Estado, pero para que éste pueda avanzar hay que tener algún tipo de relación. El Estado no va a ser bueno con nosotros, pero hay que saber manejar esa relación”, explicó. Contó que muchos marxistas no aprueban que sea “amigo de los anarquistas”, y afirmó que el futuro de la izquierda depende de poner lo mejor de los marxistas y de los anarquistas en un programa común.
Para Harvey no sólo hay una crisis del pensamiento burgués, sino también del pensamiento de izquierda, y afirmó que además de las discusiones intelectuales, hay que “crear nuevas prácticas”.
Finalmente, dijo que a nivel mundial unas 2.000 familias tienen concentrado el poder, destacando que “la concentración ha aumentado dramáticamente” desde 2008. Según Harvey, controlan las decisiones políticas y la prensa, y mientras “al capitalismo le está yendo muy mal, a la clase capitalista le está yendo muy bien”. “Organizaciones como ésta que funciona en Funsa son la base para generar políticas alternativas. Establecer alianzas entre los diferentes movimientos es crucial”





El arte de la política

Cómo diseñar un futuro alternativo desde la izquierda, según el académico británico David Harvey.


Ha escrito sobre urbanismo, medioambiente, neoliberalismo, posmodernidad y marxismo; para muchos es uno de los principales autores vivos de las humanidades. El británico David Harvey llegó a Uruguay en el marco de la celebración de los 100 años de la Facultad de Arquitectura, y hoy a las 19.00, en el Paraninfo, recibirá el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República.


-Con el ascenso de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Bernie Sanders en Estados Unidos, Syriza en Grecia y Podemos en España, pareciera que existe un renacimiento de la política radical y de izquierda a lo largo de Europa y Estados Unidos. ¿Cuáles son sus impresiones sobre el estado de la izquierda en el Primer Mundo?
-Quisiera ser optimista, pero francamente soy más bien cauto, por varias razones. Lo impactante de Sanders y Corbyn es que fueron una gran sorpresa para la prensa convencional. Me da la impresión de que esa prensa ha construido una narración sobre cómo es el mundo y está muy cómoda en esa narración, que no incluye a gente como Corbyn o Sanders como gente con influencia alguna. Esa narración estuvo equivocada desde el principio: estaban ocurriendo muchas más cosas de lo que se reconocía. Se puede rememorar algunos de los movimientos sociales de masas que sorprendieron a la gente, como las enormes manifestaciones contra la guerra en 2003. Nuevamente, éstos fueron eventos sorprendentes, que se desvanecieron más bien rápido. La razón por la que soy cauto en relación a lo que puede ocurrir es que veo que Syriza, por ejemplo, llegó en una posición muy fuerte, y ahora se está manteniendo en el poder administrando todas las cosas que dijo que quería abolir. Y creo que si Corbyn dura -y pienso que va a durar más de lo que muchos creen-, va a ser también por haber cedido, en parte, porque el poder ya no está en la política. Y no está en la política por dos razones: una es que las clases altas, la plata grande, domina a la política; y la otra es que las personas que son intuitivamente de izquierda no confían en la política en absoluto, tienden a no votar. Entonces, ocasionalmente aparece algo como Corbyn o Syriza, pero la gente no se mantiene en la política. Hay una especie de política de la antipolítica que domina nuestra izquierda. Y es muy difícil transformar eso en algo organizado o en una campaña política bien orquestada. Por eso no soy optimista en cuanto a que podamos ver cambios importantes como consecuencia de todo esto. Lo que sí veo es mucha gente muy desencantada con lo que ocurre; veremos qué forma de expresarlo encuentran en los meses y los años que vienen. Pueden ser modos de expresión de izquierda o de derecha. La derecha está vivita y coleando en el Norte Global, y está reclamando fascismo. Aún así, conservo la esperanza en que reviva la política antiausteridad.
-Al mismo tiempo que emergen estas nuevas izquierdas, parece haber un resurgir de la importancia del pensamiento de izquierda, tanto en el norte como en el sur. En América del Sur hay una gran discusión entre los que siguen a Ernesto Laclau y piensan en términos de estrategias populistas que logren tomar el poder del Estado y quienes siguen a Antonio Negri y piensan en una política horizontal, no estatal y local. Ninguno parece dar una gran respuesta: las estrategias populistas pueden tomar el poder del Estado pero no saben cómo lidiar con el capital, mientras que las estrategias horizontales nunca parecen ser capaces de crear movimientos grandes y sostenidos. ¿Donde se ubicaría usted en este debate?
-Creo que Negri está cambiando su postura; no creo que esté tan comprometido con esas formas horizontales. De hecho, en una entrevista reciente dijo que su pensamiento y el mío estaban convergiendo, lo que me resulta bastante sorprendente. Existe cierto fetichismo de la forma organizacional en la izquierda que significa que cualquier cosa que no sea horizontal no está contemplada, cualquier cosa de gran escala es rechazada. Yo no veo la política en esos términos; de hecho cada vez que estuve en una estructura de asamblea en realidad no era horizontal, existían liderazgos secretos y todo eso. Creo que sería necesario algo de pragmatismo en esa parte de la izquierda en cuanto a cómo piensa en la organización y en que debería hacer. Es cierto que las estrategias populistas pueden servir para tomar el poder. Pero lo que vimos en Argentina es que existe un límite a lo que podés hacer cuando estás comprometido con una estrategia populista.
-Quería preguntarle sobre ese punto. Varias veces ha usado a América del Sur como ejemplo de un lugar en el que los movimientos sociales fueron capaces de responder al capital. Éste es un momento muy especial para América del Sur, porque todas las fuerzas progresistas y revolucionarias están en crisis o en graves problemas. ¿Cómo ve esta situación?
-Hubo un momento curioso en la historia de América Latina, al final de las dictaduras, en el que vimos cómo se daban paralelamente la democratización y el neoliberalismo, y cómo la colisión de estas dos fuerzas creó una oportunidad para la aparición de una izquierda muy peculiar, basada en cuestiones de derechos que eran perfectamente compatibles con el neoliberalismo, pero que estaba basada también en la profundización de la democracia. Más adelante vemos, por ejemplo, que Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores llegan al poder en Brasil y son, al principio, muy progresistas. Pero paso a paso se van haciendo más y más cautivos del capital, y empiezan a desempoderar a los movimientos sociales. Entre 2005 y 2010 las cosas estaban extremadamente activas, pero desde entonces el poder político ha domado a los movimientos sociales. Por ejemplo, los movimientos indígenas del campo ecuatoriano ya no son tan fuertes como eran. Es una paradoja que hayan sido gobiernos de izquierda los que los desempoderaron. Y ahora esos gobiernos de izquierda están en problemas. Y vemos una situación en la que la derecha puede hacerse cargo, y los movimientos sociales no van a estar allí para crear resistencia. Esto, por supuesto, se une al hecho de que hubo un boom económico en América Latina durante aquellos años, que en buena medida estuvo unido al comercio con China. La caída de los precios de las materias primas generó serios problemas económicos en casi todos los países de América Latina, por lo que estamos viendo tasas de crecimiento cero, y no el fuerte crecimiento de hace cuatro o cinco años. Estas cosas suceden juntas y pintan un panorama muy complicado.
-En ese tema parece haber una contradicción en la acción de los gobiernos progresistas y revolucionarios de América del Sur. Pareciera que su habilidad para redistribuir y para obtener victorias políticas depende de su capacidad para atraer grandes inversiones, ser exitoso en los mercados internacionales y exportar materias primas, todas cosas que dan poder al capital sobre el territorio, ya sea mediante la especulación inmobiliaria, el desarrollo agrícola o la minería. ¿Hay alguna forma de salir de esta contradicción?
-Es el clásico problema que ocurre cuando el socialismo es visto simplemente como algo relacionado a la redistribución y no se presta atención a la producción, a cómo se organiza ésta. Se da exactamente esa contradicción: el programa redistributivo depende en lo crucial del programa de desarrollo, lo que significa que, en esencia, renunciás la estrategia de desarrollo del país a grandes empresas. Tiene que existir una manera alternativa de pensar el modo de producción, que no sea dependiente del capital. Esto no está siendo proyectado, excepto quizá en organizaciones muy periféricas de escala bastante pequeña: economías solidarias, cooperativas de trabajadores, fábricas recuperadas. Estos movimientos son relativamente pequeños y no fueron organizados como una fuerza que reconfigure cómo se produce la riqueza en la sociedad, y que pueda ser aislada del poder del capitalismo global, que deviene cada vez más centralizado y más politizado en la forma en que opera alrededor del mundo.
-Las organizaciones que querrían ir en otra dirección son demasiado pequeñas, mientras que los gobiernos de izquierda son capaces de transformar sus excelentes relaciones con el capital en una forma de obtener apoyo popular. Siendo América Latina una región pobre y desigual, existe una demanda popular real de mayores niveles de consumo. ¿Es posible, en una región pobre, la aparición de un movimiento político que no se base en promesas de crecimiento del consumo?
-Depende de qué forma de consumo estemos mirando. Una cosa que me impresiona de América Latina en los últimos 20 o 30 años es hasta qué punto la forma de consumo que se promueve está construida en torno al automóvil, a nuevas carreteras, a shoppings. Parece casi diseñada para ser estadounidense. Y francamente éste no es, para mí, un modo de producir especialmente sano o valioso. De hecho, últimamente cuando visito grandes ciudades latinoamericanas paso mucho tiempo estancado en embotellamientos, y pienso “por qué este compromiso con lo que en Ecuador llaman 'buen vivir' implica estar sentado en un embotellamiento, rodeado de shoppings y condominios”. En otras palabras, existen formas variadas de consumismo, y creo que el modelo de consumismo que está siendo importado en estos países no necesariamente es una forma de consumismo que uno quisiera promover si estuviera pensando en el bienestar de todos. De hecho, algunas de las protestas que han emergido, por ejemplo los levantamientos en las ciudades brasileñas en 2013, están relacionadas con el precio del transporte, de los megaproyectos en torno a la Copa del Mundo, que estaban recibiendo recursos masivos que no estaban llegando a la gente. Qué consumo queremos es una gran pregunta, y creo que podemos decir a la gente: “Miren, no estamos en contra del consumo, estamos a favor del buen consumo: comida limpia, sana y buena en lugar de comida chatarra, menos tiempo de transporte, mayor proximidad del trabajo a la residencia, rediseño urbano”. En otras palabras, deberíamos buscar un modo de consumo radicalmente diferente del que está siendo promovido, con consecuencias muy desafortunadas para muchas ciudades de América Latina.
-Mencionó el “buen vivir”. Existe una intensa discusión en América del Sur entre los que usan esta categoría desde posiciones decoloniales y antidesarrollistas y aquellos en la izquierda tradicional, más economicista. Como intelectual marxista que estudia la relación entre el capital y la naturaleza y ha propuesto una economía de crecimiento cero, usted parece estar en los dos bandos del debate. ¿Como ve esta cuestión?
-Es un poco incómodo, porque me disparan desde los dos costados. Murray Bookchin, que era anarquista y dejó el anarquismo, dijo recientemente que él pensaba que el futuro de la izquierda dependía de poder juntar lo mejor del anarquismo con lo mejor del marxismo, y que mientras no aprendamos a hacer eso no vamos a ir a ningún lado. Me inclino a estar de acuerdo con eso, porque pienso que muchas de las ideas que se encuentras en los grupos autonomistas y anarquistas en términos de organización social y relación con la naturaleza son muy positivas, y merecen ser miradas y trabajadas. Me gusta la idea del socialismo confederal, un modo de gobierno basado en asambleas locales y asambleas macro, que buscan formas de desplazar al Estado capitalista con otras formas de gobierno. Son ideas muy interesantes. Pero es muy difícil para este tipo de política pensar en cómo organizar sociedades macro de manera que alimentemos, refugiemos y vistamos a 7.000 u 8.000 millones de personas de una manera razonable. Y no creo que los movimientos anarquistas o autonomistas puedan responder a esa gran pregunta. Esa pregunta fue tradicionalmente abordada por grupos de la izquierda tradicional, aunque de una manera tan dogmática que terminó por despreciar la profundidad de las propuestas anarquistas y de izquierda en lo que refiere a la organización y la naturaleza. Tenemos que juntar muchas de estas cosas de la mejor manera que podamos. Veo que está sucediendo algo de eso en el norte de Siria, entre las poblaciones kurdas de Rojava, que llevan adelante experimentos. He tratado de viajar hasta allá durante los últimos seis meses para ver qué está ocurriendo, pero el gobierno turco no me lo ha permitido. No pretendo ir para decir “acá está la respuesta”, sino para ver que existen experimentos de este tipo que deben ser apoyados. Entonces, nuevamente, creo que existen posibilidades y que hay que tener la cabeza abierta. Y tenemos que pensar que una parte del asunto es estar preparados para redefinir el terreno teórico en el que estamos pensando.
-Uno de los principales conceptos de sus últimos trabajos es que si bien el capital no es capaz de resolver sus contradicciones, sí es capaz de moverlas de manera de que no exploten. Al mismo tiempo, usted pone mucho énfasis en la ciudad como lugar de organización política. ¿Es posible, desde lo local o lo nacional, enfrentar esta capacidad que el capital tiene de moverse mediante burbujas, corridas, etcétera?
-Estoy firmemente convencido de que toda política debe tener raíces en las circunstancias locales. Pero también estoy firmemente convencido de que si se mantiene en lo local y no va a otro lugar, fracasa. La pregunta, entonces, es cómo construir atravesando diferentes escalas. Existen intentos de construir conexiones internacionales. El MST [Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra] de Brasil intentó hacerlo, organizaciones como Vía Campesina tienen un alcance global. La única respuesta a esa pregunta es que comencemos a configurar vínculos firmes y activos entre organizaciones, en términos de su acción política. Te puedo dar un pequeño ejemplo: la Unión Europea está en serios problemas como configuración. Existe una generación entera de estudiantes que atravesó Europa gracias a programas de becas como Erasmus. Yo le pregunto a estos estudiantes por qué no construyen la base de una organización completamente distinta que diga “hay cosas que valen la pena de Europa, pero no la forma capitalista basada en Maastricht, y nosotros somos la generación revolucionaria que va a reconfigurar esto”; y ellos casi siempre dicen “Europa es burócrata” y todo eso. Esto nos lleva al problema del descreimiento en la capacidad para hacer algo. Hoy empezamos hablando sobre hasta qué punto un movimiento antiausteridad puede desarrollarse a lo largo de Europa e incluso más allá, y esto es posible si se logra canalizar a los sectores de la población que ven algo valioso en trabajar juntos, en un ambiente de respeto a las diferencias, para diseñar un futuro alternativo. Eso es lo que espero ver, y es de lo que hablo tanto, para tratar de hacer que la gente empiece a pensar en ello. Porque si no ocurre, vamos a estar encerrados con esta bestia capitalista, a la que no le está yendo muy bien, a pesar de que a los capitalistas les esté yendo extremadamente bien. Ellos tienen que ser privados de su poder, y eso va a ocurrir o bien pacíficamente, por medio de la aparición de movimientos de masas, o bien de una manera mucho, mucho peor.

La "concepción progresista" de Macri



>>> Vázquez dijo que no se puede catalogar el programa de Macri como “neoliberal ni de derecha”

El presidente Tabaré Vázquez admitió que ha tenido posiciones discrepantes con los legisladores de su sector y dijo que el nuevo presidente argentino Mauricio Macri tiene propuestas "desde el punto de vista de una concepción progresista".
En el reciente congreso de ministros, desarrollado en Durazno, el presidente pidió un "aplauso" para Macri, algo que incomodó a algunos sectores del Frente Amplio como el MPP que apoyó en forma explícita al candidato oficialista Daniel Scioli.
El líder del FA dijo que "por lo poco que ha hablado" con Macri, "hay condiciones favorables para Uruguay, aunque dijo que hay "un signo de interrogación" sobre el "manejo de las políticas económicas".
En los ocho meses de gobierno, Vázquez ha tenido fuertes encontronazos con su fuerza política, algunos de ellos públicos.
Muchos comentaristas políticos han manifestado que este Vázquez no es el del primer gobierno y que su alejamiento de poder más el estilo de gestión que dejo el expresidente Mujica han debilitado su forma de ejercer el poder.
Uno de los hechos en los que se notó este episodio fue el conflicto de la educación, en el cual el presidente Vázquez quedólo junto a la ministra María Julia Muñoz.
La situación política del gobernante lo obligó a repensar su estrategia del "cambio de ADN" en la educación, y de hecho se cobró dos víctimas: el director nacional de Educación Juan Pedro Mir, y el subsecretario Fernando Filgueira, ideólogos de la propuesta educativa con la que el presidente ganó la campaña de 2014.
En ese sentido reveló que antes de decretar la esencialidad en la educación le adelantó la idea a todos los diputados y senadores del Frente Amplio, y que de ellos solo uno dijo no estar de acuerdo.
En declaraciones al semanarioVoces, el jefe de Estado dijo que si hubiera sabido la opinión mayoritaria de la bancada no hubiera firmado el decreto.
Sin embargo, en la reunión ocurrida en la mañana, había 64 legisladores, dijo Vázquez, y salvo uno, ninguno expresó sus reservas.
El mandatario dijo que ese legislador que se mostró contrario -a quien no nombró- lo hizo "una enorme valentía y una gran franqueza".
Luego de la firma de la esencialidad la situación con los gremios docentes se tensó aún más, y llovieron las críticas dentro del Frente Amplio para el presidente.
Esa jornada el tema era el presupuesto quinquenal, pero Vázquez de detuvo en la conflictividad en la enseñanza y les confirmò que firmaría el decreto, un hecho inédito en un gobierno de izquierdo.
"Quizás pasó desapercibido, dije que íbamos a seguir dialogando y a decretar la esencialidad", reveló el presidente.
Vázquez señaló que el decreto nunca fue reglamentado y se levantó porque él entendió que había un acuerdo.
La firma de la esencialidad fue "algo como para decir: muchachos vamos a ponernos las pilas en un tema importante".
El presidente descartó que su posición sea débil por falta de apoyo de su bancada y lamentó que la oposición "tenga que recurrir a esos argumentos para marcar presencia", consigna el semanario
Dijo que de los nueve proyectos de ley que el gobierno envió al parlamento hay ocho aprobados y la restante iniciativa tiene media sanción.
El dos veces mandatario contó además que una de sus principales fuentes de consulta es su hermano, Jorge Vázquez, actual subsecretario del Ministerio del Interior.
"Está en un cargo importantísimo que está cumpliendo excelentemente bien. Pero cuando tengo que hablar algunos temas políticos, los hablo con él.


>>> Una "ola progresista en la región"
También dijo que lo habla con sus ministros y ministras, al tiempo que señaló consultar al Frente Amplio "más de lo que la gente piensa".










Almagro es la basura de la OEA

Luis Almagro, secretario general de la OEA pidió al gobierno venezolano "actuar ya" contra la violencia y el asesinato de un opositor.



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>>> Pero la OEA no pide 
por la muerte de los Mapuches, los escuadrones de la muerte en las fabelas de Río, los paramilitares colombianos, las mujeres de Guatemala, los periodistas muertos en Honduras...


Violencia policial en las calles de Haití en protestas contra fraudes en las elecciones, cuando solo el 18% votó. 

>>> Juego a la derecha






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>>> Respuesta de Maduro
 
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Almagro es la basura de la OEA