No dieron fruto
El juez de Crimen Organizado, Néstor Valetti, afirmó en Argentina que el
recluso Luis Alberto Suárez Correa, alias el "Betito", es el
delincuente más peligroso del país y agregó que narcos tienen contactos
con la banda brasileña Primer Comando.
En una conferencia realizada la semana pasada en la Universidad de
Palermo (Buenos Aires) sobre Narcotráfico y Sociedad, Valetti hizo
alusión a Suárez Correa, alias el "Betito", aunque sin nombrarlo. "El
delincuente más peligroso tiene 29 años y fue detenido en 2006. Está en
una cárcel de máxima seguridad exclusiva para capos narcos e igual
controla un ejército de 50 sicarios. Disputa así el mando territorial de
algunas zonas. Manda desde la cárcel", dijo el magistrado.
Valetti también señaló que los narcos uruguayos efectúan reuniones de
negocios en Buenos Aires. "El problema es que en la última década
penetró el flagelo de la pasta base en Uruguay. Ha cambiado la sociedad.
Creció la violencia. Hoy vivimos entre rejas porque la calle es de la
delincuencia. Los jueces y fiscales estamos con custodias, en autos
blindados", dijo Valetti, según consignó ayer el diario argentino La
Nación.
El juez antimafia señaló que estas bandas de traficantes utilizan a
adolescentes como brazo armado. Agregó que, tras reclutarlos, los narcos
los hacen adictos y "los transforman en sicarios a cambio de droga".
A juicio de Valetti, los traficantes uruguayos comenzaron a "disputarse
sus lugares de influencia", ya que entre enero y noviembre de este año
se cometieron 85 homicidios relacionados con ajustes de cuentas
ejecutados por sicarios.
Para la Policía, el surgimiento del "Betito" es producto de la mezcla en
las cárceles -sobre todo en el Penal de Libertad- de delincuentes
comunes uruguayos con miembros de carteles internacionales.
Medio centenar de narcos mexicanos, colombianos, brasileños, argentinos y
europeos están hoy alojados en celdarios del Penal de Libertad.
Investigadores policiales indicaron a El País que esos delincuentes le
pasaron información al "Betito" para armar su infraestructura delictiva
que opera desde Cerro Norte y se extiende a otros barrios cercanos.
En mayo de este año, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi afirmó que
el 70% de los presos que son puestos en libertad vuelven a delinquir, y
la mayoría comete delitos más violentos que aquellos por los que fueron
encarcelados. "Estas personas hicieron en la cárcel un posgrado del
delito, por lo cual se pretenden instrumentar políticas de
rehabilitación mediante el trabajo, el estudio y deporte", dijo.
Jerarcas policiales indicaron a El País que los traficantes mexicanos
enseñan a los narcos uruguayos que la estrategia para trabajar
tranquilos es diseminar el terror. En México reina la violencia y los
carteles tienen bajo amenazas a policías y operadores judiciales.
Las fuentes agregaron que los colombianos, por su parte, instruyen a los
delincuentes uruguayos sobre cuáles son las mejores rutas para traer
drogas desde Colombia, Bolivia y Paraguay.
En tanto, los narcos brasileños enseñan en las cárceles uruguayas cómo
perfeccionar el sistema de distribución de drogas en barrios.
Para la Policía, es una obviedad que los narcos uruguayos tienen
contactos con organizaciones brasileñas de traficantes como Primer
Comando o Comando Vermelho, ya que son proveedores de marihuana y
cocaína.
En Buenos Aires, los traficantes foráneos concretan negocios para
comprar pasta base, según afirmaron policías de la Brigada Antidrogas.
Las cabezas de las organizaciones no llevan dinero ni traen la droga.
Ese trabajo lo realizan los "perros" (subordinados). En mayo de 2010,
efectivos de Orden Público del desaparecido Departamento de
Investigaciones de Montevideo detectaron que una mujer de 23 años, que
pertenecía a la banda del "Betito", viajó a Buenos Aires con US$ 100.000
a comprar pasta base y pagar deudas antiguas, informó la Policía.
Los policías detuvieron a la joven cuando descendió de un
ómnibus en la terminal de Tres Cruces. En su equipaje encontraron 399
tizas de pasta base que equivaldrían a 41.200 dosis.
CARRERA. El inspector retirado Eduardo Bica Font conoce al "Betito"
desde sus comienzos delictivos a fines de la década de los noventa. Bica
Font, quien se retiró en el 2010, fue jefe del Departamento de Hurtos y
Rapiñas y entre 1990 y 1993 fue comisario de la Seccional 24ª del
Cerro, entre otros cargos.
"En esa época, Suárez Correa era un `gatito` como dicen ellos. Era uno
más que iniciaba su carrera delictiva. El capo del Cerro en aquel
entonces era Gustavo de Armas (asesinado por otros delincuentes) y
`Betito` le hacía algunos mandados", dijo el expolicía.
Señaló que De Armas poseía un organización de delincuentes y asaltantes
y, en forma simultánea, daba los primeros pasos en la venta de drogas en
la zona del Cerro.
Bica Font recordó que el primer asalto de relevancia que se le conoce a
Suárez Correa es el realizado a una exfábrica de neumáticos ubicada en
la zona de Paso de la Arena.
La banda estaba constituida por jóvenes del Cerro que rápidamente fueron atrapados.
Otras fuentes policiales indicaron a El País que Suárez Correa
posteriormente incursionó en "las salideras bancarias". Así se denomina
en la jerga carcelaria a los robos con motos a las personas que retiran
sumas de dinero en los bancos.
Según la Policía, entre 2004 y 2005, "Betito" organizó la "Superbanda"
que cometió copamientos y atracos a restaurantes, agencias de pagos,
distribuidoras y supermercados.
"Es obvio que la cárcel es una escuela", dijo Bica Font.
El 22 de enero de 2006, el "Betito" fue capturado por la Policía tras
protagonizar un accidente de tránsito en la ruta 48, a poca distancia de
la ruta 5.
Las fuentes relataron que, antes de la colisión con una camioneta de un
granjero, el "Betito" y los hermanos Buriani, Alejandro y Marcelo,
habían salido de la whisquería Tutankamon. En el choque solo sobrevivió
Suárez Correa.
Dentro de su "currículum" también se encuentra una fuga de la cárcel de
Paso de los Toros. También fue quien entregó una pistola 9 milímetros
al exsenador del MPP, Víctor Vaillant, y al comisionado parlamentario,
Álvaro Garcé.
Policías carcelarios indicaron que, en los últimos cinco años, se
intensificó la relación del "Betito" con narcos extranjeros recluidos en
Libertad.
A un integrante de la oficina del comisionado parlamentario, Suárez
Correa dijo: "no voy a rapiñar más. Ahora voy a hacer plata en serio".
Poco después, desde la cárcel armaba su organización en Cerro Norte con
una base "familiar". Fuentes policiales indicaron que familiares
directos del "Betito", que forman parte de su círculo de confianza, lo
ayudaron a formar la estructura y mantenerla.
Según las fuentes carcelarias, Suárez Correa es un preso tranquilo que
generalmente aparece como mediador cuando la situación se pone tensa en
el Penal de Libertad.
La banda cuenta con una extendida estructura que ha captado a peligrosos
delincuentes, hoy reconvertidos en traficantes tras su paso por la
cárcel.
Las fuentes estimaron que Suárez Correa saldrá de la cárcel en el 2025.
Tenía prevista la libertad el 8 de julio de 2017 pero se le sumarán
causas pendientes por copamiento y por dirigir una organización de venta
de drogas desde el establecimiento.
ABOGADO | "LO QUIEREN COMO ENEMIGO"
El abogado del "Betito", Diego Durand, dijo que a su cliente lo quieren
transformar "en un enemigo público" cuando las causas por narcotráfico
que hay en su contra suman en total "nueve kilos de droga". "¿Eso es un
gran narcotraficante", se preguntó. "Me preocupa que cada cierto tiempo
se quiera hacer alusión a él (a Luis Alberto Suárez Correa)", expresó
Durand a El País y cuestionó que su cliente no sea citado a declarar en
un juzgado para indagarlo sobre estos asuntos. El abogado dijo que por
los bloqueadores de celulares que se instalaron tiempo atrás en el Penal
de Libertad, "el Betito" (como los demás reclusos) solamente tiene
acceso a un teléfono público con el cual se comunica con su familia
"durante tres minutos por semana". Agregó que Suárez Correa tiene tres
causas en trámite (una por rapiña y dos por narcotráfico) por lo que
acumulando las penas de todos los expedientes su cliente será liberado
"en unos 10 años". El abogado dijo: "me preocupa el manejo de la
información sobre Suárez Correa, porque habría que ver hasta dónde llega
la imparcialidad del juez".


El senador del MPP, Víctor Vaillant, y el
comisionado de Cárceles, Álvaro Garcé, debieron trasladarse en la tarde
de ayer al Penal de Libertad, donde negociaron la entrega de armas por
parte de dos peligrosos reclusos.
Por la tarde de ayer, el senador del MPP,
Víctor Vaillant, y el comisionado de Cárceles, Álvaro Garcé, se
trasladaron en forma inmediata al Penal de Libertad, luego de recibir
información acerca de un recluso con armas de fuego en su poder. Luego
de una reunión con las autoridades del penal, ambos se dirigieron al
celdario para mantener una entrevista con los reclusos, dijo el propio
legislador frenteamplista a El País.
Luis Alberto Suárez Correa,
alias "el Betito" y su hermano Pablo, fueron quienes entregaron un
revólver y una pistola 9 milímetros a Vaillant y Garcé, según fuentes
policiales. A cambio de esa entrega, los dos presos serán amparados en
un régimen especial de protección y se alojarán en otra cárcel.
Los
hermanos son delincuentes considerados peligrosos. "El Betito" creó y
comandó la "Superbanda" que cometió una docena de copamientos a agencias
de pagos, restaurantes y supermercados.
Montevideo Portal
El cerrojo de la seguridad pública: la cárcel
Marzo 17, 2016
Primera nota de una serie sobre la realidad de las cárceles uruguayas
Es uno de los nudos más apretados de las políticas de seguridad
pública. Es una de las instituciones más ineficientes del Estado, pero
cada tanto los políticos le dan nuevas herramientas y la hacen más
abarcativa. Allí, de forma directa o indirecta, los delincuentes
coinciden con el Poder Judicial, el Legislativo y el Ejecutivo. Es la
cárcel. El Observador presenta a partir de hoy una serie de notas que
van desde el sistema de penas y rehabilitación, pasando por los riesgos
de que un ciudadano honesto caiga en el infierno, hasta la cárcel como
cuartel general de la delincuencia con el testimonio de quienes pasaron
por allí y una nueva visión acerca de qué hay de cierto en eso de que la
cárcel es "la universidad del delito".
Las penas y la rehabilitación: la inflación punitiva
Una imagen tradicional de cualquier película de Hollywood sobre
cárceles
es la de presos con mameluco naranja, formados en fila antes de salir
al patio o ir al comedor. Los 10 mil presos que hay en las cárceles
uruguayas jamás protagonizan una situación como esta ni ninguna otra que
tenga que ver con el orden o la disciplina.En las prisiones uruguayas,
donde supuestamente se pena la violencia, lo único permanente es
precisamente la violencia.
En las prisiones uruguayas, donde supuestamente se pena la violencia, lo único permanente es precisamente la violencia.El
censo policial que se hizo en 2012 reveló que el 40% de los presos
habían recibido algún castigo o tenían algún tipo de lesión producto de
situaciones violentas.
"Cada día salen de la cárcel 10 presos dispuestos a reincidir". La
frase, pronunciada por el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, alude
al que posiblemente sea uno de los capítulos del tema seguridad al que
menos trascendencia se le da nivel de opinión pública y cuya incidencia
en el aumento del delito y, sobre todo, en los índices de violencia, es
evidente.
Cuando la Policía detiene a un delincuente, están los
que tienden a pensar que se cerró un ciclo para ese bandido, cuando en
realidad es un eslabón de una polea que no tiene comienzo ni fin. Es
difícil que la opinión pública atine a preguntarse de dónde vino ese
delincuente ni adónde irá cuando recupere la libertad.
"En gran
medida, la opinión pública elude el principio básico de que la prisión
es antes un medio para devolver a la sociedad individuos en mejores
condiciones, que un fin en sí mismo", sostuvo en un seminario de la
Universidad el sociólogo Luis Eduardo Morás, quien ha realizado
investigaciones sobre violencia y reclusión.
La cárcel es el
lugar, único, donde coinciden las acciones del Parlamento y sus leyes,
los fiscales y jueces que las aplican, la Policía que persigue a los
infractores, y los delincuentes.
La cárcel no tiene un papel
disuasorio como algunos señalan. En todo caso esa puede ser una
consecuencia de su existencia. Las cárceles deben cumplir dos funciones
básicas y complementarias: por un lado sancionar al que viola la ley y
alejarlo transitoriamente del resto de la sociedad, y por otro
rehabilitarlo para que, un vez cumplida la pena, pueda reinsertarse en
esa sociedad a la que le produjo un daño. En Uruguay, si se tradujera en
términos económicos, el primero de estos principios (la sanción) sufre
una inflación creciente, y el segundo (la rehabilitación) una deflación
decadente.
En Uruguay, si se tradujera en términos económicos, el primero de estos
principios (la sanción) sufre una inflación creciente, y el segundo (la
rehabilitación) una deflación decadente.Cuánto
más presión parece haber en el peso de la sanción, más impacta eso en el
otro factor penitenciario que es la rehabilitación.
"Animales enjaulados"
La
ley dice que la sanción que debe cumplir un preso es el encierro por un
período determinado por la ley. "A nadie se le aplicará la pena de
muerte", comienza diciendo el artículo 26 de la Constitución, que es
como decir que todo el que caiga preso en algún momento volverá al seno
de la sociedad. El artículo constitucional se completa: "En ningún caso
se permitirá que las cárceles sirvan para mortificar, y sí sólo para
asegurar a los procesados y penados, persiguiendo su reeducación, la
aptitud para el trabajo y la profilaxis del delito".
La ley
rechaza la tortura, y no habla de celdas llenas de mugre e inundadas, ni
de la convivencia con las drogas, la prostitución, los cortes
carcelarios, el cobro de peajes o las bandas organizadas, ni de la
presión y amenaza a las familias de los más débiles, ni de otras tantas
cosas que existen hoy en los centros de reclusión uruguayos.
Una
publicación de la ONU sobre cárceles en Uruguay se refería así a los
módulos de metal (las latas) que funcionaron en Libertad: "Los internos
se hacinan como animales enjaulados. Las condiciones en todos los
contenedores eran espantosas y revelaban una falta completa de respeto
por la dignidad humana de los internos. Los contenedores no tenían
ventanas sino una abertura muy pequeña de un lado. En verano, las
temperaturas en estas latas de acero eran muy elevadas y los internos
tenían que tomar turnos frente a la pequeña abertura para tener
suficiente oxígeno para respirar.
En
verano, las temperaturas en estas latas de acero eran muy elevadas y
los internos tenían que tomar turnos frente a la pequeña abertura para
tener suficiente oxígeno para respirar. El sistema
de drenaje estaba colapsado. Los internos tenían restringido el acceso
al agua, por lo que se veían obligados a beber del retrete. Además, para
orinar y defecar tenían que usar bolsas y botellas de plástico que
tiraban después al patio común de cada módulo. Como resultado de esto,
los contenedores estaban rodeados de montones de basura, lo que producía
un olor insoportable. Los internos solo podían salir de las celdas como
máximo cuatro horas por semana". Hubo una acción de amparo y la
Justicia, responsable de enviar allí a personas procesadas, no se
consideró competente como para cerrar estos módulos.
¿Es un
fenómeno novedoso esto de meterlos en jaulas? En 1986 el ministro del
Interior, el colorado Antonio Marchesano, dijo que Punta Cartetas era un
caos, "una ciudad dentro de otra", En 1994 el ministro nacionalista
Ángel Gianola dijo que la corrupción policial contribuía a la violencia.
Juan Pedro Martínez entonces director de Libertad dijo que en la
prisión no había agua potable. Héctor Carracedo, defensor de oficio, que
Libertad era "una cloaca pensada para destruir al presos no para
rehabilitarlo". En 1995, tras una visita, la Comisión de
derechos humanos del Parlamento dijo que Libertad era "inadecuada para albergar a seres humanos".
En
2009 el sistema se sacudió cuando llegó al país Manfred Nowak, el
relator de la ONU, quien calificó a las cárceles de "oscuras e
inmundas".
Aunque mejoró en algo sus condiciones, Uruguay aún
viola directamente o camina por el pretil de varias leyes
internacionales a las que adhirió: la Convención Americana sobre
Derechos Humanos; la Convención Contra la Tortura y otros Tratos o Penas
Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención Interamericana para
Prevenir y Sancionar la Tortura; el Protocolo Facultativo de la
Convención de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contra la
Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Una de
las cosas que combate el derecho internacional es el ocio en las
cárceles, algo que parece una burla en los lugares de encierro del país.
Para
peor, en diciembre pasado la ONU estableció como "tortura" cualquier
sanción que mantenga aislado a un preso más de 15 días , dijo a El
Observador el comisionado parlamentario, Juan Miguel Petit. El
funcionario admitió que en Uruguay no se cumple y una fuente de la
Policía reconoció que hay sanciones de "meses".
Naturalmente -o
sea, sin tener en cuenta todas las condiciones degradantes antes
mencionadas- la cárcel produce en el preso aislamiento afectivo,
ausencia de intimidad, frustración y una nueva escala de valores
"basadas en la desconfianza y la agresividad", dice un estudio académico
de expertos extranjeros (Intervención psicopedagógica en contextos
diversos), que añade que en algunos reclusos se producen severos
desequilibrios psiquiátricos.
La presión de los 90
Massimo
Pavarini, catedrático del Departamento de Ciencias Jurídicas de la
Universidad de Bolonia y experto en cárceles, dijo a Página 12 que hay
muchos presos "sufriendo (...) y siempre son los delincuentes pobres,
los locos, los que son criminalizados. Me parece una perspectiva digna
reducir la violencia. Pero, primero, hay que reducir la violencia de la
reacción penal, la violencia institucional que es terrible, mucho más
terrible que la criminalidad".
Esa inflación sancionatoria
provocada por las condiciones de encierro se vio agravada en la década
de 1990 con el incremento de las penas, o sea, más tiempo de permanencia
de los presos en esos lugares donde campea la violencia.
El ex
comisionado parlamentario de cárceles, Álvaro Garcé, quien fuera
candidato a la Intendencia de Montevideo por el Partido Nacional, no
tuvo reparos en una publicación de ONU en criticar la situación
carcelaria cuando gobernaba el nacionalismo.
A mediados de los 90
"el sistema carcelario atravesaba una profunda crisis; el
desconocimiento de los derechos de los privados de libertad era entonces
generalizado. Tal crisis, fue el resultado de la combinación de dos
factores: el explosivo aumento de la población reclusa y la falta de
inversión en cárceles. (La situación comprometió) la imagen nacional".
A partir de 2010 "asoman los primeros resultados: una mejora en la
infraestructura penitenciaria y el inicio de una transformación de la
gestión", agregó.
¿Es esta una visión "progresista" que justifica de alguna forma las políticas oficiales en torno a la seguridad?
"A
mí me gustaría que los jueces y los fiscales fueran más a menudo a las
cárceles", dijo Garcé a El País en su momento. Posiblemente uno de los
uruguayos que más sepa sobre prisiones, Garcé aludía a que los
magistrados deben pensar dos veces antes de enviar a una persona a esos
pozos inmundos en los que cualquiera puede tropezar y caer dentro.
Cuánto
más se reproduce en la sociedad esa violencia a la que son sometidos
los delincuentes en las cárceles, los políticos se ven más presionados
por reclamos de mayores penas.
Dos bibliotecas y el peso de los hechos
Algunas
voces, como la del fiscal Gustavo Zubía, acompañan esos reclamos.
"Tenemos una detención y sometimiento a proceso del 10% de los
delitos
cometidos. Y, de esos, hay un 40% que son procesados sin prisión y
cuando le aplican la pena queda siempre estrictamente en el papel, ya
que no pasa un solo día en la cárcel", dijo en una reciente ponencia. En
declaraciones a El País sostuvo:. "Es un muy buen negocio delinquir.
Pero se puede frenar, podés poner sanciones más severas".
La
evidencia empírica no le estaría dando la razón al fiscal: las penas han
aumentado y con ellas los delitos. Por eso hay otras voces que van en
sentido contrario, como la del catedrático en Derecho Penal Miguel
Langón. "Existe una discusión criminológica en torno a si el anuncio de
las penas tiene eficacia, es decir, si tiene o no un resultado
disuasivo. En general, se sostiene que tiene muy poca eficacia
disuasiva. Es decir, al delincuente no le importa si la pena es de seis u
ocho años, ni tampoco que la pena mínima pase de doce a dieciséis
meses", expuso en un trabajo académico.Indicó que "el delincuente se
contiene más si ve que la Policía funciona, que los Juzgados actúan y
existe posibilidad de ser atrapado por el crimen que cometió y no por la
pena que eventualmente le puede recaer" .
Indicó que "el delincuente se contiene más si ve que la Policía
funciona, que los Juzgados actúan y existe posibilidad de ser atrapado
por el crimen que cometió y no por la pena que eventualmente le puede
recaer" .El sociólogo Morás sostuvo que "los
datos disponibles muestran que este camino no sólo no logró revertir la
violencia delictiva en los últimos 20 años, sino que ha generado nuevos
problemas".
En 1963 la población total del Uruguay era de tres millones y la población carcelaria era de 1.500 personas.
Mientras
que la población total ha aumentado a 3.390.000, hay 10.100 presos,
según cifras a marzo de 2016. Este incremento en las tasas de
prisionización estuvo acompañado de un aumento sostenido de los delitos.
Cada
año ingresan unas 800 personas a la cárcel. Aludiendo a esa imagen
ajena a las cárceles locales de presos formados ante la autoridad, el ex
director nacional de Policía, Julio Guarteche, dijo que "lo peor" que
se le puede dar a un delincuente como sanción por el delito cometido "no
es violencia, sino orden. Hay que hacerles saber que van a caer en un
lugar terrible no por lo duro sino por lo ordenado. En naciones europeas
pasa el guardiacárcel y le pregunta al preso si va a ir a taller o al
estudio; si dice que no, queda 23 horas encerrado. Al otro día ya dice
que sí".
En 2015, 170 personas fueron procesadas por intentar ingresar droga a las cárceles
'El cuartel general de la delincuencia': segunda nota de una serie sobre la realidad de las cárceles uruguayas
Generalmente los delincuentes más pesados están en prisión. Son
profesionales del delito, CEO de empresas criminales que funcionan como
tal, y por eso en su largo periplo más de una vez "pierden" y se ven
tras las rejas. Pero el negocio debe continuar. Tienen decenas de
subalternos a los que mantienen junto a sus familias y que dan todo por
él: le llevan drogas a la cárcel, transmiten mensajes mafiosos hacia el
exterior o matan al rival que el capo señale. De alguna forma, la cárcel
es el cuartel general de la delincuencia.
Estos capos del delito
tienen en sus manos la vida y la muerte. "He visto a muchos perros
(seguidores del líder) romperle el pecho a otros a cuchillazos solo
porque el tipo para el que perrea se lo pidió", dijo a El Observador un
expreso. (Su testimonio se presentará en futuras notas).
El juez de
crimen organizado
Néstor Valetti dijo en un seminario en Buenos Aires (2012) que las
organizaciones criminales uruguayas tienen puntos de contacto con el
grupo brasileño Primer Comando, uno de los grandes bloques de
delincuentes que se formaron dentro de las
cárceles brasileras.
"El
delincuente más peligroso tiene 29 años y fue detenido en 2006. Está en
una cárcel de máxima seguridad, exclusiva para capos narcos, e igual
controla un ejército personal de 50 sicarios. Disputa así el mandato
territorial de algunas zonas. Manda desde la cárcel", dijo Valetti en
alusión a Luis Alberto Suárez, alias Betito.

El expediente judicial del Betito repite el de otros presos que
comienzan con el hurto, pasan a la rapiña y, si pueden, ingresan en el
narcotráfico, como líderes o como "perros", usados por los capos para no
quedar vinculados con delitos más graves, como el homicidio.
Varios
integrantes de su familia, que trabajan con él en este negocio, también
terminaron en prisión. Los delincuentes no tienen demasiados problemas
para vincularse desde la cárcel con gente relacionada a la delincuencia.
Valetti dijo estar preocupado por el uso de adolescentes como brazo
armado del narcotráfico, un problema común en la región. "Reclutan
menores, los hacen adictos y los transforman en sicarios a cambio de
droga", dijo.
"Las bandas empiezan a disputarse sus lugares de
influencia", dijo en alusión a lo que se denomina "territorialización"
del delito. En 2015 hubo 98 asesinados que tenían antecedentes penales.
La Policía ya sabía y había advertido que esto iba a ocurrir porque es
de libro: cuando entra el narco rompe con todos los paradigmas conocidos
de la delincuencia y su incidencia social. Valetti centró ese fenómeno
en Uruguay en el ingreso de la pasta base. "Cuanto más fumás, más
necesitás y más robás", dijo el exrecluso que habló con El Observador.
El juez antimafia recordó que los magistrados andan "con custodias, en
autos blindados". Incluso se detectó un atentado en ciernes contra el
exdirector nacional de Policía, Julio Guareteche.
Si bien el narcotráfico aceleró los tiempos e incrementó la
violencia de la cultura delictiva, hay grupos organizados que operan
desde las prisiones en otros rubros.
Por ejemplo,
la llamada "banda del Tacoma", caso en el que dos o tres presos
pergeñaron una maniobra con el fin de hacerse de varios miles de dólares
a través de un supuesto secuestro de otros delincuentes. El asunto
terminó con dos muertos.
Hace unas semanas se produjo un
homicidio que en principio se atribuyó a hinchadas de fútbol rivales
pero tras una investigación se supo que la orden de eliminarlo surgió
del penal de Libertad porque era integrante de una banda rival.
El
surgimiento de bandas ha agravado la natural tensión que hay en las
cárceles pero que se desborda cuando, por ejemplo, falta cierta droga en
el mercado y un grupo le roba a otro, o cuando "por cuestiones de
momento" alguien mata a uno y luego se desata la venganza. El exrecluso
que estuvo en Comcar y en Libertad dijo que en el pasado los jerarcas
carcelarios mezclaban a integrantes de bandas enemigas "para que se
mataran".
El sociólogo Luis Morás, estudioso del tema carcelario,
explicó en un seminario que hay evidencia de la transmisión
generacional o familiar de prácticas delictivas, como en el caso del
narcotráfico, entre otros delitos. "Las organizaciones carcelarias
extienden la cultura tumbera al exterior de la sociedad; alientan la
corrupción interna y hacen cada vez más recurrente medidas violentas
como los ajustes de cuenta", dijo.
La Policía coincide con este
diagnóstico sobre la violencia que provoca la cárcel y que derrama luego
hacia el resto de la sociedad. Así al menos ha sido el proceso en
naciones de Latinoamérica, el continente con las mayores cifras
delictivas del mundo.
La familia es el dealer
Familias en la puerta del COMCAR
Policías que trabajaron en el sistema de inteligencia
carcelario dijeron que los contactos más frecuentes de los delincuentes
se hacen a través del celular. El gobierno colocó bloqueadores de
llamadas en algunas cárceles para evitar la comunicación de presos con
el exterior, pero mientras que un policía aseguró que los presos ya
saben cómo sortearlo, otro dijo que los bloqueadores frenan un 90% de
las llamadas pero no todas ni todo el tiempo.
Pero la realidad
es que la polea de transmisión que nunca se detiene entre el interior y
el exterior de los penales, y que es la que permite el ingreso de
celulares como de drogas o, en casos más graves
armas, son los familiares o amigos que utilizan para ello tanto las visitas como la corrupción policial.
"Entran
la droga en lugares increíbles y sobre todo las mujeres, en la vagina,
en el soutien o en la gomita que usan para el pelo"
"Entran
la droga en lugares increíbles y sobre todo las mujeres, en la vagina,
en el soutien o en la gomita que usan para el pelo", dijo un policía que
aportó un dato revelador: en el último año hubo 170 procesamientos de
personas que quisieron entrar droga a la cárcel, 92 con prisión y 78 sin
prisión.
¿Por qué se la juegan así? "Le deben
todo al líder de bandas que tienen 20 o 30 integrantes. Cuando alguno
cae, el capo se encarga de pagarle el abogado y de mantener a la familia
afuera. Como su negocio sigue funcionando, tienen fondos para hacer eso
y más", dijo un oficial.
"Llevan y traen mensajes. Si alguien
está traficando en el barrio donde es capo el que está preso, a través
de un familiar le manda el mensaje que si quiere trabajar para él todo
bien, sino va a haber bala", contó un policía.
Cuando
no hay arreglo, surge el sicariato. Hay jóvenes que matan por menos de
mil pesos y con eso se ganan además un galón en el mundo de la
delincuencia.
Estilo local
Si bien el sicariato como modalidad recurrente es un fenómeno relativamente nuevo, los ajustes de cuentas no lo son.
En
la década de los 90 el capo único de Cerro Norte se llamaba Gustavo de
Armas, quien tenía un supermercado en ese barrio y en la cárcel llegó a
tener beneficios tales como poseer una moto y un caballo con los que
circulada por el patio de la prisión. "La cárcel era una ciudad adentro
de otra", había admitido el ministro colorado Antonio Marchesano en
1986.
Pero el poder en el mundo del delito puede durar lo que un
lirio. En una de sus salidas transitorias un joven lo mató de un tiro en
el pecho en Cerro Norte, el barrio donde, se suponía, De Armas era
intocable.
Si bien las autoridades carcelarias no minimizan el
contacto de narcos locales con las decenas de traficantes extranjeros
que están en prisión, señalan que los uruguayos tienen su propia forma
de actuar y, por ejemplo, nunca han llegado a formar un cártel, es decir
una organización que se encarga de todo el proceso de tránsito de la
droga de la planta al consumidor. Incluso la mayoría no ingresa en el
lavado de ese dinero. "Acá en vez de hacer tareas de lavado lo
entierran. Un día un abogado de un narco cobró con billetes llenos de
tierra que el delincuente tenía enterrados", contó un guardiacárcel.

La pertenencia a una banda criminal contribuye a que el preso no se
rehabilite sino que, por el contrario, adquiera más recursos para
delinquir. Lawrence Sherman, criminólogo de Cambridge al que el gobierno
contrató como asesor, dijo que la mayoría de quienes caen presos están
en las cárceles por breves períodos y que cuando salen la tendencia es a
cometer más delitos que cuando ingresan.
Además, tienen un largo
período de actividad criminal: el 36% de los presos tiene entre 18 y 25
años, y otro 36% entre 25 y 35 años. La mitad de los presos nunca tuvo
trabajo estable, un indicio de que hizo de la delincuencia su forma de
vida. Si se tiene en cuenta que un 48% son primarios y, según el último
censo, un 36% no se preocupa por trabajar estando dentro de la prisión,
la mezcla resulta explosiva. La cárcel, con sus múltiples tentaciones
para hacer dinero fácil, se convierte en una aniquiladora de la cultura
de trabajo, incluso de aquellos que aún tienen resabios de ella.
Bienvenida violenta
El
criminólogo Erving Goffman describió el proceso que pasa un delincuente
cuando llega a la cárcel: lo desvisten, bañan, desinfectan, le cortan
el pelo (...) le asignan una celda, lo incitan a la rebeldía para medir
su peligrosidad y luego lo castigan hasta que pida perdón. "Son
procedimientos de preparación, manoseos que permiten moldear y
clasificar al recién llegado para la mejor adaptación a su nuevo yo.
Cuando el interno ingresa a la institución total, se levanta una barrera
con su mundo cotidiano, donde la ceremonia de admisión es una
despedida-comienzo".
Abstinencia incontrolable
Las
autoridades deben lidiar con situaciones que están muy instaladas en
las prisiones cuya solución puede parecer sencilla. ¿Está bien que haya
drogas en las prisiones? Una cosa es lo correcto y otro lo posible. El
excomisionado parlamentario de cárceles, Álvaro Garcé dijo que si se
cortara el tráfico de drogas en las prisiones "lo único que generaría
sería una crisis colectiva de abstinencia con consecuencias
imprevisibles".


Por un lado de que el ex comisionado parlamentario y actual asesor en
seguridad del Partido Nacional, Álvaro Garcé, reconoció en Pisando
Fuerte de Radio Metrópolis que el abogado Diego Durand, quien fue
abogado defensor del delincuente Luis Alberto Suárez, conocido como
“Betito”, asesoró en el área de seguridad al candidato blanco Luis
Lacalle Pou al momento de elaborar su programa de gobierno.
“Él en su momento hizo un aporte en lo que fue elaboración de
programa, aunque no estuvo en la presentación de equipo de seguridad
pero se le agradeció su aporte en esa instancia”, aclaró Garcé al ser
interrogado con relación a la información publicada por LA REPÚBLICA.
Posteriormente, Durand se incorporó formalmente al equipo de
Seguridad Humana, y ocupa el lugar 14 entre los candidatos a diputados
nacionales por Montevideo por la lista 40.
A nivel político la noticia provocó encendidas reacciones del lado
del Frente Amplio, uno de los más elocuentes fue el senador Enrique
Rubio quien tajantemente señaló en su cuenta personal de Twitter:
“Estamos fritos si nos confiamos a esas manos”.
“Es poner a un zorro a cuidar el gallinero”
No fue el único. El presidente de la Cámara de Diputados, Aníbal
Pereyra, no ocultó su sorpresa y comentó a este diario que a su
entender, “Lacalle Pou pone a un zorro a cuidar el gallinero y ¡esto no
es sanata!”, y críticamente se preguntó si la propuesta de tener más
seguridad en un año como propuso Lacalle Pou “¿se hará transando con los
delincuentes?”.
Pereyra confesó que reconoce la labor de un abogado al defender a una
persona “pero hay un límite ético”, dijo, “porque basta conocer un poco
los antecedentes para ver que este abogado que asesora a Lacalle Pou en
seguridad humana ha defendido a reconocidos criminales en varios medios
de comunicación”.
El legislador apuntó además que desde la oposición “se está haciendo
un tejido de miedo” con el tema de la seguridad pública “al punto que
lanzan mentiras a la sociedad” y recordó que “las políticas generales
sobre seguridad que están hoy vigentes fueron fruto de los acuerdos
multipartidarios del año 2010”.
Antecedentes
Durante su encendida defensa de “Betito”, el abogado Durand había
realizado manifestaciones públicas a Subrayado, asegurando que su
defendido no lidera una organización de narcotráfico y rechazó que un
enfrentamiento con un rival (el “Chelo”) hubiera llevado a una “guerra
de narcos”.
También cuestionó las declaraciones del juez Néstor Valetti, que
durante un discurso en la Universidad de Palermo en Argentina señaló que
el delincuente más peligroso tiene 29 años y controla a 50 sicarios, en
obvia alusión a “Betito”.
Durand dijo sentir “total impotencia” como abogado y recordó que el
ex juez de Crimen Organizado Jorge Díaz también había realizado
declaraciones similares. Para Durand, se trataba de un discurso político
por parte del Poder Judicial.
El abogado también ejerció la defensa de Mauro Gadea, el confeso
autor del tristemente recordado triple crimen de la ciudad de Mercedes
perpetrado en el año 2006, el caso más espeluznante de toda la historia
policial de Soriano. Gadea confesó el triple crimen de Luis Gutiérrez,
Gladis Aguirre, y la hija de ambos, Marisel Gutiérrez. Los tres
aparecieron en su domicilio muertos con un balazo en la nuca. Las dos
mujeres estaban maniatadas y amordazadas en la cama matrimonial.
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