viernes, 15 de diciembre de 2023

Digan quién es



Marcha por restos hallados en Batallón 14: “A seis meses: digan quién es”
 

 Bajo la consigna «A seis meses: digan quién es», la Asociación Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos marchará el miércoles 20 de diciembre a las 18.30, desde la Universidad de la República hacia la Plaza Libertad, en reclamo de que se conozca a quién pertenecen los restos óseos, que hasta ahora se sabe que son de una mujer, encontrados en el Batallón de Infantería Paracaidista 14 de Toledo, en junio. «Quienes tienen la información permanecen en silencio, manteniendo su identidad secuestrada», apuntó la organización en un comunicado, y agregó que el «no poder aún darle un nombre, unirla a su historia y poder finalmente cobijarla es algo que nos llena de un inmenso dolor»


 

 

lunes, 11 de diciembre de 2023

No le perdonan el éxito

 

El legado de Luis Alberto Heber

 

Luis Alberto Heber fue evaluado en todas las encuestas como el peor ministro de este gobierno.

10 diciembre 2023, Caras y Caretas

Por Carlos Pelaez



Durante la gestión de Heber la inseguridad creció, los crímenes violentos se acumulan diariamente, las bandas criminales continúan en la impunidad y su política antidrogas fue un fracaso


Pero hay más: el caso Astesiano se llevó a la mitad de la Dirección Nacional de Policía; el caso Penadés nos mostró a jerarcas y policías complotados para obstruir a la Justicia y el caso Marset, reveló que su ministerio se organizó para mentirle al Senado. Ahora también se sabe que policías usan el Sistema de Gestión de Seguridad Pública para extorsionar a otros policías.
Desde el 25 de mayo del 2021 hasta el 4 de noviembre de este año duró la gestión de Luis Alberto Heber al frente del Ministerio del Interior. Cualquier balance que se realice con rigor sobre su pasaje por tan importante organismo es negativo. Aunque, en honor a la verdad, el caos en ese ministerio no comenzó con él, sino con su antecesor Jorge Larrañaga.
Sin embargo, Heber llegó a Interior con antecedentes, por lo menos, cuestionables. Hasta el 2020 fue el legislador con mayor antigüedad en el Parlamento. Con el acceso de la coalición al gobierno, debutó como ministro de Transporte y Obras Públicas y una de sus primeras decisiones fue adjudicar la terminal de contenedores del puerto por el plazo de 60 años.
Otra de sus decisiones fue suspender la aplicación del SICTRAC, es decir, el sistema que detecta y sanciona a los camiones que circulan sin permiso del Ministerio de Transporte. Hace una semana dirigentes gremiales del transporte de cargas señalaron su preocupación porque “varios procedimientos han demostrado que la droga entró al puerto en camiones. Entonces, si la droga entra en camiones pero a los camiones nadie los controla, estamos en una situación muy vulnerable”.
Primero Jorge Larrañaga y luego Luis Alberto Heber desmantelaron una de las más saludables políticas que había comenzado el inspector Roberto Rivero y luego siguió Julio Guarteche. Con mucho trabajo habían desplazado a viejos oficiales involucrados en actos de corrupción. En los 10 años de la gestión de Eduardo Bonomi se expulsó de la Fuerza a algo más de 3.000 policías por abusos o actos de corrupción.
Desde el 2020 muchos de esos oficiales fueron convocados nuevamente a filas. Y no son pocos los que lo hicieron con ánimo revanchista. Muchos de nuestros mejores funcionarios policiales quedaron por el camino.
El caso Astesiano permitió conocer qué clase de jerarquías teníamos en el Ministerio del Interior. A pesar de la defensa permanente de Heber, la mitad de la Dirección Nacional de Policía fue desplazada. Algunos renunciaron y otros fueron formalizados.
Heber mentía en cada oportunidad. Porque sus investigaciones administrativas urgentes siempre daban como resultado que no había ninguna irregularidad. Pero la información y el accionar de la Fiscalía demostraba otra cosa.
Heber falseaba la información pública cada vez que hablaba del descenso en el número de delitos cuando en realidad lo que había caído era el número de denuncias.
Y así continuó hasta convocar a una reunión en una dependencia de su ministerio para organizar cómo le ocultarían al Senado la existencia de una comunicación enviada por el subsecretario Guillermo Maciel a la vicecanciller Carolina Ache, en la que se informaba la condición de “narcotraficante peligroso” de Sebastián Marset, antes de otorgarle el pasaporte.


El caos interno
Desde el comienzo del gobierno actual se expuso parte de la debacle cuando la mitad de los jefes de policía o altos oficiales recién nombrados en todo el país debieron ser sustituídos, varios terminaron formalizados y alguno preso.
El lamentablemente fallecido ministro creyó que con consignas vacías de contenido, como “hay orden de no aflojar” o “a la policía se la respeta”, lograría contener los altos índices de inseguridad. Pero solo logró empoderar a funcionarios que se sintieron impunes, además de desalentar a los buenos policías, que son la mayoría.
Luis Alberto Heber, que no estaba preparado para el cargo, heredó una situación que se le fue de las manos.
Desde el 25 de setiembre del 2022 cayó casi la mitad de las más altas jerarquías de la Dirección Nacional de Policía.
El caso Penadés expuso a un alto oficial, ahora preso, quien, complotado con otro policía y algunos particulares, intentaron obstruir la investigación fiscal con información falsa.
Más de 40 policías se suicidaron en los últimos dos años.
Varios funcionarios asesinaron a su pareja con el arma de reglamento.
La política del acomodo también se aplicó en la Policía.
Lo más reciente fue encontrar a 13 funcionarios del establecimiento carcelario Comcar que dieron positivo a un test de cocaína y marihuana.
La corrupción llegó hasta el Sindicato Policial de Montevideo (SIFPOM). Su actual secretario, Fabricio Rios, expareja de la presidenta Patricia Rodríguez, tiene varias denuncias por acoso sexual y laboral.
El pasado 3 de octubre Rodríguez renunció al sindicato y la semana pasada asumió un cargo en el Ministerio del Interior al frente del Centro de Atención a Víctimas de la Violencia y el Delito (CAVID), aunque antes protegió a su pareja.
El 8 de junio Heber había firmado un decreto por el cual el cabo Fabricio Ríos fue ascendido a subcomisario con destino al Hospital Policial. Según expresa la resolución “se trata de un contrato válido por tres años”. En ese simple acto Ríos recibió como aumento la mitad de su sueldo.
La Coordinadora Nacional de Sindicatos Policiales (CONASIP) cuestionó la decisión ministerial señalando que “hace 10 años Ríos no cumple ninguna tarea policial porque tiene licencia sindical”.
Integrantes del sindicato dijeron al periodista Eduardo Preve “que algunos usan el Sistema de Gestión de Seguridad Pública (SGSP) para extorsionar a otros policías”.
Astesiano también lo usó para entregar información a terceros e incluso usó el sistema de videovigilancia para espiar al presidente del Pit-Cnt, Marcelo Abdala, o a otras personas sobre las que no pesaba ningún requerimiento. También un policía intervino en el espionaje a los senadores Mario Bergara y Charles Carrera. Y otro espió al exdirector nacional de Policía, Mario Layera.
En Tacuarembó se complotaron para acusar a un defensor de oficio que les era molesto. En la Jefatura de Cerro Largo llamaron a concurso para ingresar a ese organismo. Uno de los postulantes salió en el lugar 162. Pero “por una orden superior se alteró la lista y quedó en el lugar 30”, señaló el periodista Gabriel Pereyra.
Esta breve reseña de hechos gravísimos muestran la magnitud de la crisis policial.
No pocos veteranos funcionarios dicen que “la institución está destruida”.
No basta con gritar “a la Policía se la respeta” si la ciudadanía no los percibe como respetables. Esta también es una pesada carga para la mayoría de funcionarios que cumplen su tarea con honestidad y el máximo esfuerzo.
La responsabilidad absoluta de este deterioro es del exministro Luis Alberto Heber, quien jamás logró tener control político sobre sus dirigidos.


No pudo con la inseguridad
La coalición de gobierno hizo su campaña prometiendo mejorar radicalmente los datos del delito. Tuvieron un año bueno gracias al encierro generado por la pandemia. Pero una vez que pasó, la inseguridad volvió a ser uno de los temas de mayor preocupación ciudadana.
Tanto Larrañaga como Heber creyeron que la inseguridad era un tema policial y se resolvía con más presos. Lo lograron con la LUC.
Pero los resultados están a la vista. Los asaltos y rapiñas son cosa de todos los días; hemos normalizado que haya dos o tres asesinatos por día y crímenes horrendos. Reaparecieron los copamientos. Las pandillas asolan a los barrios más pobres y se han adueñado de territorios.
Han cerrado centenares de bocas de drogas, pero se abrieron otro centenar. Para peor, Uruguay dejó de ser un país de tránsito para ser un país de acopio y exportación de cocaína.
Hay 15.000 presos en condiciones infrahumanas, salvo menos de 100 que están en Florida.
No bastaba con gritar “se terminó el recreo”.
Nicolás Martinelli, quien sustituyó a Heber, tiene una visión más realista. Parece haber comprendido que sólo con la cárcel no se resuelve la inseguridad. Y que el problema de las drogas se debe encarar con inteligencia para enfrentar el mayoreo además de combatir el lavado de dinero.
Si además logra mitigar la corrupción existente en sus filas, será un logro muy importante. De su actitud y decisiones depende la vida de muchísimos uruguayos.

 

 

 

 

lunes, 27 de noviembre de 2023

Bambi en Santo y Seña



Darle prensa a Marset


El programa de TV encuentra antes al narco mas buscado que Interpol.

El mensaje de Santo y Seña y Nacho Álvarez:
"No todos los delincuentes son malos, MARSET por ejemplo es un padre cariñoso y devoto católico que está siendo víctima de la corrupción política latinoamericana."

"No todo delincuente tiene q ser mala persona" dice como si nada la periodista Patricia Martin de  Santo y Seña. Mientras te resalta lo bien que la trató Marset, lo presenta como un hombre de familia y gran padre. Cuál es el objetivo? Romantizar a un narco? Suavizar el escándalo de corrupción?

"Soy correcto primero que nada y profesional en lo que hago. El que vende no consume. No me gusta la joda, no me gusta usar drogas. Soy de familia, tranquilo, mi casa Mis cosas"

El narco Sebastián Marset, acusado -entre otros delitos graves- de mandar matar a fiscal paraguayo que lo investigaba por su accionar delictivo y de amenazar de muerte a la fiscal uruguaya Mónica Ferrero, es entrevistado en horario central en la TV mientras lo busca todo Interpol.

“Uruguay a mi punto de vista es el país menos corrupto en Sudamérica”,
dijo el Narcotraficante mas buscado de america, quien se pudo esconder gracias al gobierno uruguayo.

"Yo en el tema pasaporte no gasté un dólar, si me hubiera dicho hay que pagar tanto para que te den el pasaporte exprés, lo hubiera pagado pero tenía a mi abogado que me ayudaba y que me dijo el pasaporte te lo tienen que dar"


En un giro inesperado de esta interminable novela, el narcotraficante uruguayo Sebastián Marset ha anunciado que brindará declaraciones este domingo en el programa "Santo y Seña" del Canal 4, bajo la conducción del periodista Ignacio Álvarez. Este anuncio ha levantado una serie de interrogantes sobre las motivaciones detrás de esta elección y el impacto que podría tener en la opinión pública.
La incógnita principal recae en el contenido de las declaraciones que Marset ofrecerá en el programa televisivo. ¿Qué versión de los hechos presentará el narcotraficante, considerando las graves acusaciones en su contra en Paraguay y Bolivia? ¿Podrán sus palabras tener algún valor probatorio o serán simplemente estrategias para moldear la percepción pública?
Otro elemento destacado es la elección del periodista Ignacio Álvarez como entrevistador. ¿Por qué Marset optó por Álvarez, quien ha expresado públicamente su respaldo al Presidente Luis Lacalle Pou? Este factor añade complejidad a la situación, generando preguntas sobre la imparcialidad y objetividad en la entrevista.
Un detalle adicional que no pasa desapercibido es la conexión histórica del Canal 4 con la familia Romay. Resulta intrigante que Marset haya elegido este canal para su intervención, considerando que la exviceministra Carolina Ache, involucrada en el caso del pasaporte de Marset, está casada con Tomás Romay Bueno, integrante de la familia Romay, ligada históricamente a dicho canal de TV.
Aunque podríamos atribuir estos elementos a meras coincidencias, no podemos pasar por alto que el tema del pasaporte de Marset y los escándalos relacionados han afectado la imagen del Presidente Lacalle Pou. ¿Es esta elección de canal una casualidad o forma parte de una estrategia mediática más amplia para influir en la percepción pública y generar un impacto político?



Leandro Secinaro
Hay que felicitar al Canal 4 y en especial al programa en cuestión que realizó la nota, no por la nota en sí, sino porque la estrategia dio resultado en cuanto a Rating, tuvieron expectante a todo el mundo para ver la nota de Sebastián Marset.
Vimos la nota y la verdad que se hace un esfuerzo enorme y casi logrado por intentar limpiar la imagen de Sebastián Marset, pero es bastante llamativo incluso sabiendo que Marset causó estragos y es buscado de manera internacional.
Ahora parece que es un “santo”, porque si lo escuchas hablar, no hizo nada y todo son noticias infundadas, se deslinda de todo, deslinda a su familia de sus andanzas y niega toda vinculación con el PCC, cuándo hasta la Justicia de Brasil reconoce que hay alianzas entre Marset y el PCC, en operativos han capturado a miembros del PCC vinculados a la organización de Marset, aunque este niegue alianza alguna…
Luego hacen que Marset muestre su “versión más humana”, cuando dice que no está de acuerdo con la legalización de ninguna droga porque eso hace que la droga llegue de manera más fácil a los niños, es increíble que un narcotraficante internacional venga a dar cátedra del tema, cómo si fuera alguien que lucha contra tráfico y es a la inversa.
Insiste en que los que han sido procesados por vinculaciones a él son inocentes, parece que no tuviera banda y trabajara solo, porque al final deslinda a todo el mundo, cosa imposible, porque todo narcotraficante internacional tiene una banda, tiene que tener logística, tiene que tener gente de confianza, tiene que tener insumos, no concuerda su relato, pero se nota que lo hacen tratar de dejar bien al gobierno uruguayo en todo momento, dice que Paraguay y Bolivia son corruptos, no habla de la corrupción uruguaya…
La primera parte de la entrevista deja en claro que intenta desesperadamente limpiar su imagen, dice que no pagó por el pasaporte, ni un solo dólar, incluso hasta le permitieron elegir canciones para pasar en la entrevista. La periodista diciendo que la llamaron de otros países para felicitarla y que se notaba miedo en políticos por lo que podría llegar a decir Marset, siempre la corrupción está en otro país, se nos hace mirar constantemente a Paraguay y Bolivia, la periodista dice que no sabe ni dónde está y que no nota que sea un narcotraficante acorralado… Es realmente de película, parece una novela turca.
“Él es amor y paz, no arregla las cosas con violencia, no quiere hacer eso”
Lo que me gustó es que el Ministro de Gobierno Boliviano le tiró una patada al programa, “nuestro gobierno no tranza con narcotraficantes”. El ministro Del Castillo, de quién Marset parece estar realmente ensañado, lo trata de burro, de ignorante, de miedoso y de hipócrita.
En el segundo bloque de la entrevista, Marset intenta por todos los medios lograr que su familia sea eximida de culpas por sus negocios, es parte del trato, por eso debe ser que la alerta roja de interpol de su mujer, se esfumó de la nada, esto está todo extremadamente digitado, al tiempo que se le hace la nota y que está tranzando la entrega suya y de su familia, desaparece esa alerta roja de interpol. Habla luego el abogado Moratorio, de manual, más de lo mismo, siempre se habla de la entrega y de garantías y quiere que no los extraditen de otro país y sean enjuiciados e investigados por la Justicia Uruguaya, todo parece indicar que quieren que la familia zafe.
Luego se nos avisa que el próximo domingo habrá otra parte de la entrevista, parece que hubieran hablado 4 horas para en definitiva no sacar nada concreto, simplemente su versión con preguntas que no fueron fuertes, no fueron al hueso, sino que las preguntas eran un ping pong donde Marset decía “eso no es así, eso son rumores, mi familia no tiene nada que ver”, una verdadera puesta en escena sin dejar nada al descubierto, no tiró un solo dato de hecho, no comprometió a ningún jerarca de ningún país, al final se anunció con bombos y platillos algo que terminó siendo “santificar” a un narcotraficante peligroso y romantizar su vida con canciones y videos de lujos y dinero, un muy lindo ejemplo para nuestros jóvenes…
Lo que me parece es que Marset de ser un narcotraficante peligroso, se ha vuelto un “botín electoral” porque su entrega está preparada para que acá queden todos como unos fenómenos y se olvide el tema del pasaporte, se olvide el tema del narcotráfico ligado al poder.

Sebastián Marset apuntó a “lavar la imagen” del narcotraficante

La periodista Patricia Martín casi no hizo repreguntas al narcotraficante Sebastián Marset durante lo poco que se vio de la entrevista

Tres analistas de la comunicación, dos bolivianos y uno uruguayo, coincidieron en alertar que la entrevista a Sebastián Marset realizada por el programa Santo y Seña del Canal 4 de Uruguay tuvo la intención de “lavarle la cara” a un peligroso narcotraficante mostrándolo como un “narco bueno” que solo reclama la protección de su familia mientras él continúa con sus “negocios profesionales” relacionados con el tráfico de cocaína.
El periodista Andrés Gómez Vela, el analista de comunicación Max Torres y el analista uruguayo del crimen organizado Nicolás Centurión destacaron que la supuesta entrevista tuvo una clara connotación de “romantizar” a un delincuente confeso y que Marset utilizó al medio y a la periodista para obtener beneficios políticos y judiciales en Uruguay.
Gómez Vela destacó que toda entrevista periodística apunta siempre a buscar la verdad y en este caso no se buscó la verdad sino resaltar la imagen del narcotraficante seguramente con otros fines.
“Una entrevista periodística tiene un fin: buscar la verdad. Un trabajo periodístico debe contribuir a los valores democráticos de una sociedad. La entrevista a Sebastián Marset no cumple ninguna de las dos categorías”, afirmó.
“La entrevista no reveló ninguna verdad, no hemos conocido algo que pueda realmente servir a la sociedad”, sentenció.
“Me da la impresión que el narcotraficante Sebastián Marset utilizó al medio de comunicación para configurar una imagen favorable a sí mismo”, señaló.
“La entrevista apuntó a mostrar el poder fáctico que tiene Marset, la influencia y la capacidad logística para movilizar personas y recursos para sus propios intereses”, remarcó.
“Todo se hizo muy bien condicionado, muy bien armado, lo que muestra que tiene asesores de comunicación política. Hasta el momento, deja la sensación de que usa a los medios para sus intereses”, afirmó Gómez Vela.
Por su parte, Max Torres alertó que “Detrás de la entrevista hemos descubierto un show mediático y un negocio enorme del programa con la entrevista a Sebastián Marset. Dos horas con 40 minutos de publicidad, eso demuestra que fue un gran negocio”, señaló Torres.
“No hubo una entrevista realmente en el caso de Marset, fue un diálogo muy condicionado que apuntó a lavar su imagen y mostrarlo como el narco bueno”, sentenció el experto en discursos mediáticos en televisión.
“Hay cierto lavado de la cara del narcotraficante, mostrar el lado bueno del narco”, precisó.
“Hay cuatro lavados de imagen en la entrevista con Marset:
1. el narco que se presenta con un sentimiento familiar, un narco tierno; 2. el narco que quiere negociar la liberación de delitos de su familia; 3. lavado de imagen de la gestión de Eduardo Del Castillo. El ministro le pidió a Unitel que le proporcionen la entrevista y Unitel pasó solo partes de la entrevista; y, 4. hubo un lavado de dinero legal con un gran negocio de publicidad”, precisó el analista.
“Marset dio frases muy cortas, no fue una entrevista completa”
“Cualquier periodista se hubiera arriesgado a entrevistar a Marset”
“El narco se presentó, dio su versión y no hubo grandes revelaciones”
“Yo sospecho que hubo un condicionamiento de parte del narcotraficante”
“¿Marset vio el video ante de la emisión y ordenó su edición?”, se preguntó Torres.
Desde Montevideo, Nicolás Centurión, remarcó:
“En Uruguay se vio que la entrevista fue para lavar la cara del narcotraficante Sebastián Marset. Se observa el enfoque de la entrevista y cómo se lo presentó a Marset”, alertó
“Fue una presentación cinematográfica de Marset donde se romantizó al narcotraficante con su música y sus pedidos”, explicó.
Según Centurión, “la entrevista forma parte de una estrategia de la defensa de Marset”
“Buscan generar un puente con el Gobierno uruguayo y establecer que es una buena persona”, afirmó.
En este sentido, “la defensa no recibió respuesta satisfactoria de interpol ni de la justicia y la entrevista buscaba revertir esta situación”.
“Hay muchos movimientos y él está buscando que no haya prisión preventiva para su esposa ni sus familiares”, destacó el analista uruguayo.


Banalizando los actos de un narco: Marset y el gobierno ¿coinciden?


Luvis Ho Pareja


En la entrevista realizada en el programa Santo y seña de Canal 4 de Montevideo el
pasado domingo al narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, para que contara «su verdad», extrañamiento su relato coincide casi 100% con los argumentos dados por el gobierno de Luis Lacalle.
Lo que constituye sin duda un problema ético es evitar que la entrevista y el contexto de su presentación contribuyan, en alguna medida, a una glorificación o legitimación frívola de Marset, sin mantener claramente a la vista los hechos por los que se lo acusa. Lo que no se debe hacer en periodismo”, la entrevista a Marset recibe críticas en Bolivia – eju.tv
Marcelo Pereira, director de ladiaria, señala que una periodista aislada en un lugar desconocido, y rodeada por gente armada a las órdenes de alguien requerido por delitos gravísimos, carece de algunas garantías elementales para hacer su trabajo y es poco probable que haya logrado revelaciones contra la voluntad del entrevistado, en cuya trayectoria y vinculaciones hay demasiadas áreas oscuras de las que seguramente no le interesa hablar.
Llegamos así a temas que no son periodísticos ni se miden en términos de rating. Aún menos legítimo, razonable y prudente que considerar veraz a Sebastián Marset es convertirlo en una propuesta de entretenimiento. Quienes nos dedicamos al periodismo no somos policías, fiscales ni jueces, pero sí somos, antes que periodistas, ciudadanas y ciudadanos, y esto implica responsabilidades, añade.
Bien asesorado en lo comunicacional, Marset eligió erigirse como un héroe, como alguien que se anima a decirle de frente algunas cosas al poder. Pero héte aquí que es un narcotraficante, acusado de asesinato, pero no es un héroe. ¿Por qué una persona buscada por narcotráfico puede dar declaraciones a una periodista? ¿Para comunicar dónde está? Obvio que no. Seguramente para demostrar su poder fáctico.
La periodista boliviana Mery Vaca criticó a los periodistas del programa: «Si eres periodista ¿aceptarías que un narco te lleve a una mansión, te use como canal de negociación con las autoridades de su país y que además elija las canciones con las que musicalizarás el programa? ¿Por qué no se le preguntó quién le avisó para huir de Bolivia?».
Fiscal paraguayo antinarcóticos Marcelo Pecci, asesinado
Obviamente, romantizar a los narcos y hacerlos ver cómo santos, es lo peor que puede hacer el periodismo. Marset es un peligroso delincuente, con vinculaciones con altos funcionarios de los gobiernos no sólo de Uruguay, sino también de Paraguay y Bolivia -al menos-. No es una víctima de los gobiernos, ni una buena persona perseguida por los gobiernos por su lucha por los más desposeídos.
Sus vínculos con el poder -o su influencia sobre él poder- ya quedó por demás demostrado, enchastrando, también, a la cúpula del fútbol de su país y de Sudamérica.
El narco uruguayo, de 32 años, tiene una orden de captura internacional por tráfico ilícito de drogas, asociación criminal y lavado de dinero. Lo busca Interpol Paraguay, lo persigue la policía de Bolivia, en Colombia se lo acusa de estar detrás del homicidio del fiscal paraguayo Marcelo Pecci ocurrido en Cartagena en 2022. “El negocio que elegí no es muy bueno, hay mucha traición”, afirmó en la entrevista.
“Para terminar con el narcotráfico, tienen que terminar primero con los policías corruptos, los políticos corruptos. Y hay muchos”, sostuvo el narcotraficante en la entrevista. Los uruguayos, paraguayos y bolivianos bien que lo saben.
Futbolista en Bolivia
La prensa hegemónica ha ayudado a tratar de mostrar a Marset como un héroe, haciéndose eco del afán de altas autoridades uruguayas en ocultarles al Parlamento, al sistema judicial y a la ciudadanía que, cuando se le otorgó el pasaporte a Marset, sabían quién era y por qué delitos se lo estaba investigando. Por eso la ola de renuncias de dos ministros (el Canciller y el ministro del Interior) y un asesor de la presidencia.
Dar pie a que se consideren equivalentes la evidencia y la versión del acusado no es menor. Todo indica que Marset es un narcotraficante en gran escala, un gran corruptor de funcionarios y un asesino, y lo que no es legítimo, razonable ni prudente es asociar la palabra “verdad” con lo que diga.
Por ejemplo, Marset afirmó en la entrevista que no le costó ni un dólar obtener el pasaporte uruguayo cuya expedición y entrega (junto con una nota de la cancillería uruguaya, que no se sabe si le costó algún dólar) lo ayudaron a ser liberado en Emiratos Árabes Unidos y abandonar ese país con destino desconocido.

Incautaron 10 toneladas de cocaína en Hamburgo: los contenedores salieron desde Paraguay y pasaron por el puerto de Montevideo
La decisión de realizar la entrevista quizá no implique una cuestión de principios (generales o periodísticos), pero deja en claro cosas sobre el tipo de país en que nos podemos convertir, señala el matutino ladiaria. En lo periodístico, habría que ver con qué nivel de información previa y preparación se llevó a cabo la entrevista, porque de esto habrá dependido que Marset pudiera manejarse con comodidad o se viera
obligado a confrontarse con datos y argumentos sólidos.
“¿¡El narco da entrevista para hablar bien del gobierno y el gobierno ni siquiera se pregunta dónde la grabó!?”, criticó el diputado opositor Nicolás Viera. El precandidato presidencial por el Partido Nacional (PN) y aún secretario de la presidencia Álvaro Delgado salió al cruce de las críticas de los parlamentarios del centroizquierdista Frente Amplio.
La diputada Bettiana Díaz criticó que Delgado pida sensatez cuando “en la Torre Ejecutiva se juntaron jerarcas del gobierno a ver cómo le iban a mentir al Parlamento y al país”
Bustillos y Heber, los ministros que cayeron por el escándalo Marset
“Sensato sería no haberle emitido un pasaporte a un ‘narco pesado y peligroso’ en 24 horas. Más sensato sería no mentirle al Parlamento. Lamentable es destruir un documento público con los chats entre dos gobernantes. Pero lo más lamentable es que no puedan explicar todo esto de manera honrada”, apuntó el senador Alejandro «Pacha» Sánchez.
El diputado Charles Carrera, por su parte, hizo alusión a la crisis política desatada luego de la difusión de los audios entre el excanciller Francisco Bustillo y la exvicecanciller Carolina Ache. “Los uruguayos pensamos que ya no había secretario de Presidencia porque estuvo bastante callado cuando renunciaron dos ministros, un subsecretario y un asesor en comunicación. Y un día apareció, pero no para hacer autocrítica por la crisis del escándalo Marset: no es el más indicado para hablar de sensatez», sentenció.
Colofón: El narcotraficante Sebastián Marset sigue libre, dirigiendo su vasta red de tráfico de drogas. La televisión uruguaya le permitió su show, quizás en un intento de lavar su imagen, donde el prófugo coincidió con los argumento exculpatorios de un gobierno corrupto.
 
*Periodista uruguayo, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)



sábado, 25 de noviembre de 2023

Aquellos vientos trajeron estas tempestades




Esteban Perez


Al igual que las socialdemocracias europeas que desembarcaron en gobiernos de derecha y ultraderecha, en América Latina los progresismos tibios, timoratos, políticamente correctos, que terminan transando con el capital financiero, abrieron las puertas a los Bolsonaro, Lacalle y los Milei.
    Al decir de un amigo “el peor camino es el del medio porque se termina flotando como un corcho y no se resuelve nada”.
    El progresismo, asemejándose a la forma de administrar el capitalismo de los partidos burgueses, se va alejando de las angustias cotidianas de los ciudadanos más vulnerables, que ya no ven en él ni respuestas ni soluciones claras a su padecer diario.
    En mi opinión no hay peor error ni miopía política que catalogar a los pueblos de “cornudos”. Cuando se les frustra la esperanza, no les queda otra en la timba electoral que apostar por el que promete un cambio, aunque no termine de convencer con su discurso.
    El avance de la ultraderecha no es otro que el avance de los gobiernos burgueses más cipayos del imperialismo, ladrones de las riquezas de su país, sin ningún tipo de miramientos con el pueblo trabajador ni con los ciudadanos “excedentes” del capitalismo.
    Es hora por lo tanto, de mirar a la cara al pueblo y pedir perdón por no haber generado ni conciencia ni poder popular.
    Cuando se desmovilizan las organizaciones sociales, cuando se castra la capacidad de luchar, cuando se dan señales confusas en temas como la reforma de la seguridad social o la LUC, cuando se llama a no movilizarse contra la corrupción, no es el pueblo “cornudo”, somos nosotros que nos asimilamos al sistema y dejamos al movimiento popular solito, desnudo y mirando para dónde arrancar.
    A esta altura, como que dos más dos es cuatro, está claro que un mediocre gobierno progresista no genera corrimiento a la izquierda sino que facilita el camino a gobernantes con perfiles facistoides.
    El derrotado gobierno argentino pseudo progresista, abrazado a la oligarquía y al capital, le soltó la mano al pueblo, bajó la cabeza ante el FMI y sumergió en la pobreza al 40% de los argentinos, desamparó a los descendientes de los pueblos originarios (como siempre históricamente) condenando al hambre a la inmensa masa de trabajadores informales que pululan por las calles de Buenos Aires y deambulan a lo largo y ancho de las provincias del hermano país.
    Pudieron Massa y Fernández pero no tuvieron las agallas o arrugaron ante los intereses de la clase dominante, asumir no pagar la deuda externa,  disponiendo así de una enorme cantidad de divisas que podían haber sido invertidas en gasto social, educación, vivienda, en generar genuino trabajo nacional y desarrollo con un perfil colectivo, solidario y popular.
    No pasará mucho tiempo sin que los argentinos de a pie sientan el rigor del capitalismo salvaje, no porque los gobierne un esquizofrénico, sino porque así lo exige el decadente imperialismo yanqui y el sistema capitalista que ha iniciado su etapa de agotamiento, descargando su agonía sobre los pueblos del mundo.
    Surgirán masivas protestas y sobre ellas, como lo prometió Milei, caerá todo el rigor de la represión. Veremos por lo tanto más sufrimiento que el hoy por hoy en nuestros hermanos del otro lado del río, pero también algunos de sus males llegarán a perjudicarnos.
    Debemos tener la humildad y el coraje para levantar las banderas que nos legó nuestro querido Raúl “Bebe” Sendic:
-    Distribución de la tierra y mejora para el trabajador rural.
-    Terminar con la banca privada en manos de extranjeros.
-    Terminar con la sangría del pago de la deuda externa.
-    Volcar esos recursos y lo quitado a los especuladores, para un aumento general del salario que traiga el consiguiente ensanchamiento del mercado interno.
-    Que las industrias y comercios endeudados con la banca pasen a los trabajadores.

Sólo así tendremos patria para todos.







 

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Hace 40 años




Roger Rodriguez
 8 noviembre 2023


9 DE NOVIEMBRE DE 1983: EL DÍA QUE PERDIMOS EL MIEDO A LA DICTADURA

Hace 40 años se realizó una de las represiones masivas más recordadas en los tiempos de dictadura. Trabajadores, estudiantes y cooperativistas protagonizaron una marcha expresamente prohibida por el gobierno militar.

- "¡Un momento! Somos periodistas", la voz de Zelmar Lissardy me resultó más gutural que nunca. Los granaderos vestidos de fajina habían entrado a palo limpio en el Bar Plaza, mientras en la calle se escuchaba una batalla campal. El oficial, gordito y de bigote, con boina y fusta bajo el brazo, se puso delante.

- "¿Y de qué medios sos?", ­preguntó con irónica autoridad.

- "De United Press International", ­dijo Zelmar con su mejor inglés, mostrando el carné de corresponsal de la UPI.

- "¿Y qué vas a escribir ahora de la dictadura, hijo de puta?", ­fue la respuesta, que operó como un gatillo que disparó la orden de reprimir sobre todos los que por unos segundos creímos que nos íbamos a salvar de la golpiza. Por suerte no llegué a identificarme como cronista de "Convicción", la publicación sindical.

Dos bastones "remaron" a Lissardy sobre la puerta y aproveché la acción para tratar de correr en el movimiento y salvar mis riñones. El oficial, atento, hizo latiguear su fusta en el aire. No sentí el golpe, pero jamás olvidaré el dolor y ardor del talero que me cruzó la nuca y espalda. La prensa no era impune.

Afuera, ya era poca la resistencia. La batalla terminaba con sillas, mesas y vidrios rotos, un caballo rengueando y un granadero que buscaba su gorra. Contra la pared, nos sumamos a cientos de manifestantes, algunos sangrando, que obligados a tener las manos en la nuca apenas podían sostenerse en pie.

El oficial volvió con nuevas órdenes y mucha bronca. "Los periodistas, que se vayan", dijo. No pude retener la cantidad de nombres que me gritaban quienes quedaban. "Soy Rafael Fernández... Me llamo Juan Sosa y ella es Adriana", se identificaban ante quienes podíamos ser sus testigos.

El oficial sonreía al liberarnos. No éramos conscientes de la represión que se había desatado por toda la ciudad. Desde el Centro y el Cordón, desde el sur y el norte, la policía realizaba una feroz batida sobre todo y sobre todos. Un taxi paró, dijo: "Suban", y nos alejó del lugar. Sólo pudimos escribir lo que pasaba...


LA ANTESALA DE UN "BAUTISMO"

 
En 1983 la dictadura había comenzado a permitir canales de expresión social. Pero la convocatoria al 1º de Mayo y la legalización de la central obrera o la marcha estudiantil en la primavera, habían tenido en medio salvajes acciones represivas como la sufrida por un grupo de estudiantes en julio.

El jueves 3 de noviembre de 1983, el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) hizo llover en la ciudad volantes con la convocatoria a una segunda jornada pacífica de protesta. Se reclamaba por "Libertad, Trabajo, Salario, Amnistía y Libre Sindicalización de los Trabajadores Estatales".

Los volantes convocaban para el 9 de noviembre a una jornada de paros parciales que culminaría con una marcha de trabajadores (PIT), estudiantes (Asceep) y cooperativistas (Fucvam) que recorrerían el trayecto de 18 de Julio entre la Universidad de la República la Plaza Independencia.

Aquel viernes 4 de noviembre, los tres dirigentes del Secretariado Ejecutivo del PIT, Richard Read, Juan Carlos Pereyra y Juan Carlos Ascencio, fueron citados por la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) e interrogados por la convocatoria de las organizaciones sociales.
El sábado 5, los integrantes del PIT volvieron a ser citados por la Jefatura de Policía de Montevideo, donde se les comunicó que la marcha no era autorizada. Ese mismo día Read y Pereyra realizaron gestiones infructuosas para entrevistarse con el jefe de Policía, coronel Washington Varela.
Durante el martes 8, miembros del secretariado del PIT fueron interrogados en la DNII sobre las características de la marcha y fueron obligados a firmar una nota en la que se hacían responsables de las consecuencias "imprevisibles" de una manifestación "no autorizada y expresamente prohibida".

Esa misma noche, por cadena de radio y televisión, el ministro del Interior, general Hugo Linares Brum, se dirigió a la opinión pública y sostuvo que la manifestación tenía "fines gremiales y políticos", lo que "desnaturaliza una pretendida manifestación sindical".

La advertencia del gobierno vinculaba la medida sindical a "organizaciones de carácter político ilegal" y, en tono amenazante, el gobierno anunciaba que adoptaría "todas las medidas conducentes para impedir la concentración y manifestación ilegales programadas, para mantener la paz pública".

El ministro anunció "actos de violencia no queridos por nadie" y asoció los festejos del triunfo en fútbol de Uruguay sobre Brasil el viernes 4, en el marco de una "escalada progresiva de violencia" sobre la que "oportunamente se ha alertado a la población".

Uruguay había salido campeón de la Copa América, con aquel inolvidable cabezazo del patito Carlos Aguilera entre dos gigantes brasileños. El partido salió 1-1, pero con la victoria 2-0 de la celeste el 27 de octubre en Montevideo, Bahía sufrió otro "Maracaná". En Uruguay, se gritó contra la dictadura.


LA BATALLA DE "LA PAPONITA"

Durante toda la jornada del miércoles 9 se cumplieron los paros parciales en todo el país. Desde la mañana un espectacular despliegue policial conmovía el centro de la ciudad en un operativo que incluía la "limpieza" de vehículos en 18 de Julio y colaterales, con participación de coches grúas del municipio.

La policía de tránsito trabajó hasta las 17.30 horas, desviando el tránsito y despejando un previsible campo de batalla. Los efectivos de seguridad de la Guardia de Granaderos y Coraceros se instalaron a lo largo de 18 de Julio. Los puntos de concentración de los manifestantes se fueron multiplicando.

Una columna pudo avanzar en forma paralela a la principal avenida, hasta llegar a la calle Minas, donde se le permitía el acceso a 18 de Julio. La "pinza" estaba echada y, conscientemente, los manifestantes ingresaron a ella sin temer al grupo de 36 caballos y jinetes formados sobre Magallanes.

Cuando los manifestantes pusieron un pie sobre 18 de Julio, los coraceros se formaron a sólo cien metros de distancia. La orden del comandante no se llegó a escuchar. Sólo se sintió el retumbar de cascos y el grito de "¡huita! ¡huita!" con que se arengaban, en una carga que parecía filmada en cámara lenta.
Unas seis mil personas fueron desperdigadas. Los sables encontraron cabezas y cuerpos que rasgar. El miedo provocó pánico y heroísmo en una generación de trabajadores y estudiantes que no sabía o poco recordaba de represiones similares en décadas anteriores.

De correr, protegerse y defenderse, se pasó a esperar, aguantar y contraatacar. Cayó un caballo y un jinete. Otro ingresó al bar La Paponita "sable en mano". En frente, en el entonces Bar Plaza, se cerraron las cortinas metálicas. Hasta algún funcionario de inteligencia, vestido de particular, recibió golpes.

En otra docena de puntos del Cordón y el Centro, se desató la represión. Desde el Obelisco hasta Río Branco el cuerpo de choque desplegado salió a la caza de todo civil: joven, viejo, hombre o mujer... eran "Pichis" al fin. Por primera vez el desafío a la dictadura era frontal. La autoridad se desautorizaba.

Las corridas y apaleamientos se extendieron hasta las 22 horas. Los bares y negocios que permanecieron abiertos (los comercios habían cerrado a las 17 hs.) fueron refugios improvisados y sufrieron daños en la batalla. Hubo zaguanes y puertas que se abrieron solidarias y hasta taxistas "rescatistas".

Miles fueron heridos y más de 500 detenidos. El centro se mostraba desolado a la medianoche. La batalla no había sido tal, sino una salvaje represión sobre quienes reclamaban derechos y libertad. El jueves 10, la autoridad reconoció 275 detenidos y un herido leve; 23 personas pasaron a la Justicia Penal.

Menos de 20 días después, cuatrocientas mil personas conformaron un "Río de Libertad" junto al Obelisco. Aquella represión masiva, continuación de tantas otras por tantos años, había de marcar un hito en el fin de la dictadura: el miedo había sufrido su derrota.


(Publicado en el e-group de Generación 83 el 09/11/2003)