Observatorio en Comunicación y Democracia – Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)
7 marzo 2025
El regreso al gobierno del Frente Amplio en Uruguay es una buena
oportunidad para pensar qué proyectos se proponen implementar las
llamadas izquierdas una vez que triunfan en la arena electoral. Hace
muy poco, el presidente de Colombia Gustavo Petro dijo en una entrevista que no había que hacer la revolución en Colombia y que había fallado al creer que podía hacer una revolución gobernando.
Está claro que el Frente Amplio no se propone hacer una revolución en
Uruguay. Entonces cabe la pregunta: ¿para qué quieren las izquierdas
acceder al gobierno cuando son conscientes de que eso no implica tener
el poder real ni la posibilidad de realizar profundos cambios
estructurales?
Vieja pregunta. Hoy, falta de respuestas.
A fines del siglo XIX y parte del siglo XX la premisa era la toma
revolucionaria del poder para destruir el antiguo régimen, inspirados en
el ejemplo de la revolución francesa. Luego construir el socialismo.
En el siglo XXI parece que muchas izquierdas apenas se proponen
administrar un país sin siquiera tener el poder real. Muy lejos han
quedado los debates sobre “reforma o revolución” ya que pocos hablan de
“revolución”, y tal vez se trata de explorar de qué hablamos cuando
hablamos de “reformas”.
La primera parte del breve discurso
de asunción de Yamandú Orsi rescata los 40 años ininterrumpidos de
democracia y aclara que no llega al gobierno “con un espíritu
refundacional”. Citando al prócer José Gervasio Artigas señaló que
“las causas de nuestro pueblo no admiten la menor demora”. Estas
palabras generales de Orsi podrían ser pronunciadas por un presidente de
cualquiera de los dos partidos tradicionales (blancos y colorados) que
gobernaron casi siempre desde la independencia. Es más, lo elogian por
su moderación.
Allá a lo lejos, en los archivos del Frente Amplio, quedaron las
expresiones como imperialismo, sumisión a la recetas del Fondo
Monetario, evasión criminal de divisas, profunda crisis estructural o
privilegios de una minoría apátrida y parasitaria, que figuraban en su Acta Constitutiva de 1971. Si bien no se anunciaba una “refundación”, sí se planteaban “grandes transformaciones”.
Para esa época, el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) , más conocido como Tupamaros, estaba fuera del FA y sus principales documentos
eran aún más radicales. Una y otra vez aparecía la palabra
“revolución”. Desde ya que mucha agua ha pasado bajo el puente a nivel
global, regional y local. Hubo una dictadura, incorporación del MLN al
Frente Amplio, 40 años de democracia y 15 seguidos de gobiernos de
izquierda (2005-2020).
Esto implica que el Frente ya gobernó, y no pocos años.
Tal vez el tramo más impactante del discurso fue cuando Orsi dijo que
es “inadmisible que un país de renta alta como el nuestro tenga uno de
cada cinco de sus niños y adolescentes viviendo bajo la línea de
pobreza”.
No se le puede achacar toda la responsabilidad a Luis Lacalle Pou del
Partido Blanco –que gobernó entre 2020 y 2025- aunque la situación se
hubiera agravado durante su gestión. Implícitamente Orsi reconoce el
fracaso de los sucesivos gobiernos del Frente Amplio (Tabaré Vazquez –
José Mujica – Tabaré Vázquez) ya que no lograron eliminar la pobreza
infantil y adolescente. Vale decir que -en su discurso- Orsi tampoco
presentó un plan para resolverlo.
Esto remite a la pregunta inicial: ¿para qué se quiere gobernar?
Sin temor a equivocarnos podemos decir que la mayoría de la población
uruguaya en 2025 vive mejor que en 1971 cuando nació el Frente Amplio.
Si entonces comenzaba el boom del consumo de televisores, hemos pasado
de la ambición del aparato hogareño para cada hogar a su cuasi
extinción, reemplazado por el televisor “propio” de cada miembro
familiar en su teléfono.
El consumo es un aspecto fundamental en la calidad de vida y ningún
gobierno deja de tomarlo en cuenta. Pero no se trata solo del consumo
personal y la conectividad que permite un celular con sus múltiples
aplicaciones. Aunque blancos y colorados hayan gobernado para las
élites, no se puede negar que –comparado con 1971- las rutas son
mejores, así como los edificios de las escuelas, los hospitales, los
parques, los estadios de fútbol o los tablados para el carnaval, entre
tantas otras cosas que hacen a la vida cotidiana.
En líneas generales se vive mejor que en 1971. También se podría
decir que es la deriva inercial del propio desarrollo del capitalismo.
Sin embargo, Orsi dice que uno de cada 5 niños y adolescentes es pobre.
Y no es un tema menor.
En octubre de 2019, días antes de las elecciones que ganaría Luis
Lacalle Pou, el Movimiento de Participación Popular de Pepe Mujica
realizó un balance
de sus logros en cinco años de gobierno. Allí se resalta que se redujo
la pobreza al 12 por ciento, y que 10 años antes era de 40 por ciento.
Además, que hubo una mayor distribución de las riquezas, un
crecimiento económico sostenido, el nivel de desigualdad más bajo en la
historia, la ley de matrimonio igualitario, la despenalización de
la interrupción voluntaria del embarazo hasta la duodécima semana de
gestación y la legalización de la compra, venta y cultivo de marihuana
bajo regulación del Estado.
Son reformas importantes. ¿Se las puede definir como reformas
estructurales? Sí y no. No cabe la menor duda que la ley de matrimonio
igualitario es una reforma estructural que difícilmente un gobierno
conservador pueda anular. Como lo han demostrado muchos países, es una
reforma que se puede concretar en el marco del capitalismo.
Esto quiere decir, que las reformas más destacadas por el Frente
Amplio en su conjunto no son parte de ninguna revolución y por eso,
según Orsi, tampoco hay motivos para pensar en una “refundación” del
país. En otras palabras, se hará lo que se pueda, o lo que permitan los
históricos partidos y las clases dominantes a las que no se quiere
enfrentar porque sobre esta base se consolidó la democracia uruguaya
desde el fin de la dictadura. Es lo que dijo Orsi con otras palabras.
Ahora bien, la reivindicación de los cuarenta años ininterrumpidos de
democracia que hace Orsi en su discurso conlleva una paradoja. En el
siglo pasado la pasión revolucionaria no contemplaba mantener lo que
entonces se denominaba “democracia burguesa”.
Frente al avance de las extremas derechas, las izquierdas aparecen
ahora como las defensoras de la democracia, ya no “burguesa”, sino
democracia a secas. Ninguno de los componentes del amplio Frente
Amplio propone en 2025 una revolución, ni siquiera enuncia reformas
estructurales. Por el contrario, son las diversas fuerzas de extrema
derecha las que proclaman la necesidad de reformas estructurales
–regresivas- en base a un discurso disruptivo que atrae, frente al
mantenimiento del orden vigente, que defienden las izquierdas.
La mayoría de las personas –no solo en Uruguay- quiere vivir mejor
más allá de cualquier ideología. El Frente Amplio en sus 15 años de
gobierno demostró que puede mejorar muchas cosas, incluso con algunos
cambios estructurales, aunque sabe que no se puede tocar el Poder
Judicial o las Fuerzas Armadas, con todo lo que ello significa.
Por otra parte, y siguiendo con la importancia que le dio Yamandú
Orsi al dato de la pobreza de niños y adolescentes, parece que con
reformas no alcanza. Pero las izquierdas en el mundo, incluyendo la
uruguaya, ya no ofrecen una utopía hacia la que hay que caminar, aunque
se aleje cada día, como gustaba repetir Eduardo Galeano la frase del
cineasta Fernando Birri.
Es posible que en 2025 la vara sea muy baja y solo se trate de
“administrar” mejor el Estado que las clases dominantes construyeron.
El problema central es que, como las izquierdas por lo general tampoco
logran eso, suelen dejar las puertas abiertas para que vuelvan los
gobiernos de derecha.
2.15.1.0