martes, 7 de febrero de 2017

Cuentos de hadas

A propósito de la muerte de Marisa, la esposa de Lula Da Silva


Por William Yohai 7 de febrero de 2017




Leo una emotiva nota del periodista brasileño Eric Nepomuceno sobre la vida de Marisa, la recién fallecida esposa de Lula Da Silva.

No dudo en absoluto de las palabras del periodista exaltando el perfil de luchadora de la occisa. Según él, y también de acuerdo a lo manifestado por Lula y por otros escribas, Marisa habría sido víctima del "linchamiento" judicial y mediático que ambos sufrieron los últimos años. Nadie puede dudar de la incidencia que la tensión nerviosa tiene sobre la salud, en particular sobre el aparato cardiovascular. Menciona Nepomuceno el aparatoso allanamiento que la policía efectuó en casa de Lula como un punto álgido de dicha persecución. Hasta aquí "tudo bom", como dicen nuestros hermanos del norte. Pero me pregunto, ¿cuantos sentidos artículos escribieron Nepomuceno y otros tantos lamentando las seguras trágicas consecuencias que los miles de actos de violencia que sobre los pobres, particularmente sobre los negros de las favelas llevaron a cabo la policía y el ejército durante los años de gobierno de Lula y Dilma? ¿cuántas madres, esposas, abuelas, y otros familiares y amigos fueron víctimas de enfermedades a causa de las brutales acciones de los cuerpos represivos que, bajo la excusa de combatir al narcotráfico arrasaron con poblaciones enteras?

Claro, ellos no tuvieron (y si estoy equivocado rectificaré) Nepomucenos y otros que escribieran sentidos artículos lamentando esas desgracias. Los negros pobres asesinados por miles eran eso......pobres anónimos. Nadie (vuelvo a reiterar que me aclaren si estoy equivocado) gastó tinta y papel (simbólicamente) para exaltar su memoria. Por no hablar de los centenares de muertos en las terribles prisiones y los innumerables dramas humanos de presos y sus familias. Lo digo con toda sinceridad, no me duele el drama de Lula, Dilma y toda esa estirpe de poderosos que se aliaron (peor aún, lo siguen haciendo en el Congreso Brasileño) con los corruptos criminales que ahora ostentan el poder en Brasil. Estos gobernantes del PT que han perdido sus cargos y ahora enfrentan juicios, algunos injustos, otros seguramente no, están defendidos por poderosos e influyentes abogados. Y tienen numerosos escribas que se encargan de defenderlos y exaltar su virtudes. No olvidemos que una parte de la otrora intocable burguesía industrial brasilera está presa. Y lo está porque indudablemente durante los gobiernos del PT y también durante los que los precedieron existió una inmensa corrupción. ¿nada sabían de ella Lula, Marisa, Dilma y todo su círculo íntimo? Tampoco puedo olvidar que tanto Dilma como Lula pusieron en los principales cargos económicos a personajes del poder financiero, los mismos que aún hoy siguen manejando la economía de Brasil. Durante sus gobiernos se profundizaron las injusticias de la sociedad. Es cierto que algunas migajas de la inmensa bonanza que los elevados precios de las materias primas trajeron al país cayeron en boca de los más pobres. Miles pudieron por primera vez llegar a la universidad, aunque muchos lo hicieran a instituciones privadas de ínfima calidad que lucraron con generosos subsidios estatales. Y millones dejaron de padecer hambre. Pero no olvidemos que estas políticas de distribución muy limitada del excedente fueron propuestas en su momento por el mismísimo consenso de Washington. Lula quiere volver a ser presidente.....¿para qué?

Para qué?


¿volvería a poner de ministro a Meirelles, o a Levy, o a Katia Abreu o a tantos y tantas representantes de los bancos, el agronegocio y la gran industria?

¿o haría la reforma agraria y dejaría de pagar más del 30% de la recaudación total del estado como intereses de la deuda pública a los bancos?

Será que uno es un escéptico, tal vez hasta un paranoico pero la verdad es que no me trago esa pastilla.

Por favor...no nos hagan más cuentos de hadas.

Más abajo pego el cuento de hadas de Eric....si él me permite que lo tutee.





La foto es de 1974. Aparece un Lula con aires de jovencito, con una sonrisa luminosa. Un Lula que, a sus 29 años, era flaquito y lucía un bigotito de cantor de bolero. A su lado estaba Marisa Leticia, bella, en el esplendor de sus 24 años. Tenía el aire un tanto tímido de las muchachas pobres cuando viven un momento especial, y al mismo tiempo el aire porfiado de quien quiere porque quiere ser feliz. Así quedó el registro de su boda. Ella era viuda, él también. Ella tenía un hijo, que Lula adoptó con todas las de la ley. Él tenía una hija, de un amor fugaz con una enfermera. Juntos, tuvieron otros tres.
Hay otra foto emblemática de los dos, en plena campaña presidencial de 1989, cuando Lula fue derrotado por un bandolero llamado Fernando Collor de Mello. Él ya no era tan flaco, y el bigotito había dado lugar a una barba hirsuta. Ella seguía bella y el aire un tanto tímido de la foto de la boda había dado lugar a una guerrera en plena batalla.
Entre una foto y otra es como se hubiese pasado toda una vida. Él se había transformado, allá por 1978, en el principal líder sindical del país, y trataba de apresurar el ocaso de la dictadura militar movilizando miles de trabajadores a lo largo y a lo ancho del mapa.
Luego, con el respaldo de religiosos de la Teología de Liberación, un grueso y nutrido puñado de intelectuales progresistas y, claro, importantes centrales obreras, había creado, en 1980, el Partido de los Trabajadores, el mismo PT que lo llevaría a la presidencia del país dos décadas más tarde.
¿Y ella? La figura pública era Lula. ¿Y ella? Bueno, ella era su oxígeno. Su aire, su aliento.
No hubo un solo paso, un solo gesto de él en que ella no estuviese presente. La primera bandera del PT la coció y bordó ella. A cada bajón de ánimo que los tropiezos de la vida provocaban en él, ella lo alumbraba y lo mandaba de regreso al combate. Era determinada y determinante. Él combatía a la luz del sol. Ella era la guerrera que actuaba a la sombra. Sin la guerrera, el combatiente sería muy poco de lo que fue y es.
La llegada de Lula a la presidencia provocó rebelión y repulsa en los beneficiados de siempre, y euforia y esperanza en los abandonados de siempre.
La llegada de doña Marisa Leticia al mal llamado puesto de primera dama provocó la ira ponzoñosa en los privilegiados de siempre y simpatía y calidez en los ninguneados de siempre. Y ella siguió siendo ella: no se dejó ofuscar por las luces del poder, no se dejó naufragar por la solemnidad y las pompas. Siguió con los asados de fin de semana, con las fiestas coloridas de junio. Siguió su vida. Y la quisieron fulminar por eso.
Experimentó en el alma la violencia del prejuicio de clase, ese racismo perverso, mientras fue la mujer del presidente. Pero lo peor, lo mucho más perverso, vino después, cuando un juez de provincias faccioso, absurdamente parcial llamado Sergio Moro, se puso como misión de vida destruir su marido.
Y entonces sí, doña Marisa Leticia fue humillada: un operativo policial invadió su casa, le dio vuelta a su colchón, reviró sus cajones, revisó sus ropas. Frente a la pasividad bovina, cobarde e indigna de los escalones superiores de la Justicia, vio como grabaciones ilegales, injustificadas, ordenadas por Moro, de conversas telefónicas suyas con sus hijos llegaban a la prensa que vive la que quizá sea la más sórdida de las etapas de su sórdida historia. Vio como una edición entera del nefasto ‘Jornal Nacional’, de la red Globo, llevaba a su público idiotizado cada detalle de la casa de campo que ella y Lula usaban. Hasta la marca de las cremas femeninas fueron expuestas al respetable público.
Y siguió guerrera, como siempre. Siguió con la dignidad de siempre. Pero se había transformado en una guerrera herida de muerte.
La noticia de que se había ido para siempre despertó euforia en las redes sociales.
Nada puede ser más demostrativo de la podredumbre que cubre mi país. Nada puede ser más demostrativo de que en ese fango moral en que Brasil naufraga ya casi no hay más lugar para guerreras como doña Marisa Leticia.Son tiempos de temer, tiempos de asco.







3 comentarios:

  1. Gracias no estoy sola. Lamento la muerte de la esposa de Lula, pero todos vamos a morir. Ahora esto de proclamarla 'santa', 'heroína' ya es mucho. Como ustedes mencionan, muertes en las favelas, en las grandes ciudades persiguiendo a los negros, las muertes de indígenas, todas ellas existían antes, durante el gobierno de Lula y de Dilma. Y quiénes matan a los indígenas? Aquellos terratenientes con que el PT se alió. Repugnante me parece utilizar la muerte de su mujer en campaña política, 'pobre Lula está solo, elegilo presidente'.

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  2. La primera vez que leo algo en El Muerto III que me parece esquemático e injusto, la corrupción brasileira no es de la época del PT, viene de una historia bien antigua, el PT y LULA en 13 años trataron de solucionar algunos puntos más importantes por su injusticia.............Pedirle que solucionara la sociedad como un todo me parece irreal, El FA, en tantos años no resuelve también problemas crónicos de la sociedad uruguaya, El PT se alió a determinados partinos por que no tuvo más remedio ,fue los que los brasileiros votaron, puedo estar equivocada, pero mi ver esa realidad es completamente distinta, Lula no utilizó la muerte de su mujer, simplesmente ,denuncio el masacre psicológico que ellos sufrieron.............Ser tan terminande con las experiencias ajenas me parece de una arrogancia sin limites............En fin LIBERTAD DE EXPRESIÒN , siempre.

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  3. PELUSa, Ud. reclama y responsabiliza a LULA por las muertes de negros e indios y por aí vai, entonces con esa misma forma de razonar el FA es culpable por el asesinato de una mujer por su marido, o por el racismo de los uruguayos, por la homofobia,por el machismo...........no entendí como es su razonamiento.

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