CUBA: AYER, HOY... EL ENGAÑO DE LOS ATAJOS; EL DESCRÉDITO DE LOS FRACASOS.
La chacra, 16 agosto, 2026 Álvaro Jaume (siempre redomón!)
Hace un tiempo apareció en el blog “El Muerto” un artículo escrito por un militante que no conozco personalmente, pero a quien he aprendido a respetar por sus fundadas opiniones críticas, artículo en el que, refiriéndose a la asediada y agredida Cuba de hoy, textualmente hace mención al “fetichismo de la pureza”, y escribe: “Esta postura revela un privilegio epistemológico... quienes nunca han gobernado ni enfrentado una agresión imperialista, pueden permitirse el lujo de la pureza”.
¿Lujo de la pureza? Sin duda, una frase que golpea fuerte. Previo al análisis de cualquier contenido, la frase tiene un tinte emocional político, que quienes peinamos canas en la militancia conocemos de sobra: ante embates crueles del enemigo de clase, ante barbaridades humanas como las que produce el actual bloqueo emprendido por NeoCalígula y el renegado Marco Rubio contra Cuba y su Revolución, es evidente que para quienes se sienten de “Izquierda”, solo cabe la denuncia y la SOLIDARIDAD.
De acuerdo. Por algo ha resultado tan indignante la servil postura del MPP, el gobierno de Orsi, y ciertos sectores del FA, ante el GENOCIDIO en Gaza, llevado adelante por la alianza Imperialismo-Xionismo (Trump-Netanyahu). Históricamente, para un militante que intentaba ser revolucionario DE VERDAD, ciertos posicionamientos, ciertas reacciones, se convertían en una cuestión de PRINCIPIOS: ¡cuestionar al OPRESOR en defensa del OPRIMIDO resultaba indiscutible! Pero parecería que en esta época de “TURBOCAPITALISMO”, de “Sociedad Paliativa” —diría el coreanito (BCH)—, la palabra Principios no estaría incluida en el diccionario de lo que se entiende por “Izquierda” o “Progresismo”. Suena a fundamentalismo “jurásico”, ¡prehistórico! Pues bien, volviendo al caso de Cuba, ante el redoblado bloqueo que vive en este momento el pueblo cubano, sufriendo una asfixia material, económica, que se asemeja en parte a lo que es un genocidio de facto, no quedaría otra que la denuncia de este brutal atropello, y las correspondientes respuestas solidarias que cada cual (países, estados, gobiernos, organizaciones políticas y/o sociales) pueda concretar según sus posibilidades.
Denuncia política del plan imperialista, solidaridad práctica, y nada de hacer fenomenología sobre el porqué ocurren las cosas de la manera que ocurren. Pero la aseveración de este compañero sobre el “fetichismo de la pureza” va aún mucho más lejos: desprecia la ÉTICA como sustento clave para un quehacer político diferente al del enemigo, e instaura la teoría de que cuando se gobierna o se sufren agresiones como la que soporta Cuba hoy, la “pureza” resultaría “un lujo”. No tendría cabida. Según su mirada, metidos en el barro de la vida política, no hay que andar con purismos ni principismos de ningún tipo. Desde que me conozco militando (más de 60 años han pasado), esta ha sido una de las clásicas polémicas que nos han atravesado reiteradamente.
Ya con el uso de la palabra “fetichismo” induce a pensar que la ÉTICA en política vendría a ser como un adminículo de segundo orden. Si nos atenemos al origen de la palabra “fetichismo”, viene del griego “facticius”, que significa hacer, derivado luego en algo “artificial” (hecho por el humano), con cierta connotación de magia o hechizo. De quien mejor aprendí su utilización ha sido de Don Carlos, al referirse al fetichismo de la MERCANCÍA en El Capital. Justamente apostando a desnudar el supuesto valor mágico que se le atribuye en el sistema capitalista al dinero, a los objetos (productos) materiales, como si tuviesen un valor propio, inmanente a ellos mismos, cuando lo que está por detrás, oculto, es el trabajo humano real con la EXPLOTACIÓN a que está sujeto en dicho sistema. Entonces —desde un punto de vista marxista— hablar de fetichismo es quedar en la “apariencia”, sin captar lo esencial; es quedarse atrapado en el “hechizo”.
¿Y qué significa “pureza”? ¿A qué alude cuando emplea este concepto en su análisis político? Por el contrario, por contraposición a pureza: ¿ha de inferirse una visión maquiavélica de que en la “política real”, esa que se hace cuando se gobierna o se lleva adelante un proceso revolucionario, VALE TODO? ¿Es “lujo” tener principios, tener una ética que marca la diferencia entre el proceder de los “unos” defensores de una clase dominante, del PODER y el “statu quo”, y los “otros” (¡nosotros!) que pretenden revolucionar, subvertir las cosas? Pero además: ¿desde cuándo un enemigo no agrede? ¿Qué contestarían los bolcheviques del 17, los artiguistas y Don José cuando el Directorio Porteño (con Posadas al frente) a principios de 1814 le puso precio a la cabeza del Libertador, o Mao y el Partido cuando el Kuomintang de Chiang Kai Shek comenzó a matar comunistas en abril de 1927? ¿O a Ibrahim Traoré en la Burkina Faso de nuestros días (Sahel/África), intentando retomar algunos de los pasos iniciados por T. Sankara en su Revolución Socialista de 1984? Más allá de las particularidades cubanas con un bloqueo general que supera los 60 años, todas las revoluciones de corte socialista han sido asediadas, agredidas, combatidas de mil formas distintas por los representantes políticos y militares del Capital, y del Imperialismo a lo largo y ancho del Planeta.
Entonces flaco favor le hacemos a nuestra UTOPÍA REVOLUCIONARIA de plasmar en la Tierra un genuino COMUNISMO, una sociedad sin clases, sin PODER OPRESOR, si callamos, silenciamos, ocultamos los graves errores (no pocas veces “horrores”) de los procesos revolucionarios vividos en estos pasados dos siglos. O peor aún: si pretendemos justificarnos. Justificar procedimientos corruptos, privilegios, elitismos, ejercicios impunes de Poder, o injusticias sociales de todo tipo en virtud de las prácticas del enemigo o en las “inevitables” reglas y crueldades del sistema. La Cuba de los 60 fue para muchos de nuestra generación un FARO que alumbraría el camino hacia un posible NUEVO SOCIALISMO, alternativo al capitalismo de Estado en que habían caído la URSS y todos los países de la Europa del Este.
Pero ojo: era la Cuba del Che, que siendo ministro de Industria, en lugar de quedarse como cómodo burócrata en su oficina, arrancaba a cortar caña los fines de semana cumpliendo con el trabajo voluntario. No la de un mesiánico Fidel, convertido en palabras e interminables discursos, incapaz de entender que la verdadera REVOLUCIÓN no solo “está afuera”, sino adentro de uno mismo, combatiendo la arrogancia, el autoritarismo, y el clásico estilo dirigentista. En el proceso desatado en los 70/80 fue quedando “apagada” esa OTRA Cuba, y con Fidel a la vanguardia fue ganando no el “fetichismo de la pureza”, sino el del “REALISMO”.
Porque el asedio o la agresión hacia cualquier tipo de Socialismo emergente, y los desafíos inherentes a todo proceso de transformación sistémica, obligaron a repensar políticamente con “sentido de realidad”, degenerando luego en prácticas contrarias a los ideales revolucionarios primigenios. Se fue instalando un discurso precisamente antagónico al del fetichismo de la pureza, el del “pragmatismo” convertido en el nuevo fetiche. El del “posibilismo” como hechizo para orientar transiciones (¡cuando no traiciones!) o para ahuyentar el temor a las derrotas y sus dolorosos costos. Así fue que Cuba emprendió el camino del llamado “Socialismo Real”, es decir, el de la ortodoxia soviética. Así fue que surgieron los “Eurocomunismos”, los “Socialismos S.21”.
(II)
Finales de 1983. Transcurrían mis últimos años de exilio en Holanda, magullando el quiebre, el tropezón de los emblemáticos procesos revolucionarios, cuando decido juntar unos pesos (los obreros del primer mundo podían darse esos “lujitos”) para visitar Nicaragua. ¡Un antojo militante! Conocer de cerca una Revolución aún —suponía yo— no fosilizada. Una necesidad existencial de comprobar que en los HECHOS, en la práctica de la Vida (no en los discursos), una Revolución podía arrimarse más a esa UTOPÍA inspiradora de todas nuestras luchas.
El 19 de Julio de 1979 (el mismo día que me liberaron en el Penal) los Sandinistas entraron triunfantes a Managua. Viajé en Marzo de 1984. Corrían entonces casi 5 años de experiencia liderada por el FSLN. Estuve unas tres semanas, visitando, dialogando, entrevistando encumbrados dirigentes del Frente (los hermanos Ortega, entre otros) y discutiendo con funcionarios del naciente Estado. Ni qué hablar, conversando con “nicas de pies descalzos”, “loítas”, campesinos, trabajadores, militantes de base. Todo registrado en un libro que nunca publiqué, que simplemente manejo como material de discusión con compañeros/compañeras, para dilucidar qué pasa con nuestras Revoluciones, por qué tanta distancia entre la TEORÍA y las concreciones históricas.
En su momento significó para mí un punto de inflexión en la mirada, en el análisis político de los procesos. Rescaté la vigencia del libro de G. Orwell, escrito en 1945, titulado: REBELIÓN EN LA GRANJA. La historia de una Revolución traicionada, en alusión a la Bolchevique del 17. Y hoy, más de 40 años después, al enfrentarme a posturas como la de este compañero que tipifica de “lujo” inadmisible “la pureza revolucionaria”, que habla del “fetichismo de la pureza”, retomo el final del libro (pág. 185): “... transcribo ahora la respuesta, que ante mis críticas, me dio otro compañero mientras discutíamos sobre Nicaragua: pero loco, vos pretendés cosas perfectas... Lo perfecto no existe...” o ésta otra: “Sabés hermano, yo no puedo criticar a la revolución Cubana o a ninguna otra, cuando están siendo atacadas por el Imperialismo. No puedo criticar al débil cuando el fuerte lo está agrediendo”.
Insisto, 40 años después, mi respuesta a estos comentarios con los que cierra el libro escrito en aquel entonces, es muy sencilla: ¿En qué quedó la historia Sandinista? La Nicaragua de hoy, la del ex-comandante D. Ortega: ¿en qué ha resultado? Siempre han existido los militantes que necesitan tranquilizar sus conciencias negándose a la crítica del “producto” que resulta de nuestra lucha; negándose a mirar de frente las carencias o errores (repito: sino horrores) que tienen los procesos autodenominados “socialistas”. Que lo justifican todo debido a las agresiones o maquiavélicas jugadas del enemigo.
Parados desde ese lugar, jamás seremos capaces de arrimarle brasas al “fuego de la Utopía”. Por empezar, porque evadimos la responsabilidad política que nos cabe ante derrotas y/o fracasos, sin captar o reconocer que las fortalezas del enemigo se originan precisamente en nuestras propias debilidades. Ejemplos, sobran.
Una de las manifestaciones más visibles de la “decadencia roja” que alimenta la “batalla cultural” de la ultraderecha en esta última década, ha sido la de la CORRUPCIÓN. Ni uno solo de los procesos progresistas que irrumpieron en A.L. a principios de este nuevo Siglo, se salvaron de esta “pandemia”. Salvo el Pepe, ni uno solo de sus máximos exponentes pudo zafar de las acusaciones de corrupción, acomodo, enriquecimiento, etc. Pero la más grandiosa de las incoherencias la ha encarnado el histórico líder J.L. Rodríguez Zapatero, del PSOE español —hoy sumido en escándalos de corrupción de toda índole— que en una de sus comparecencias a la Justicia, declarándose inocente, sostiene públicamente: “SER SOCIALISTA ES TENER POCO, Y DAR MUCHO”. Impresionante frase, ¡notable!
Afirmación que al cabo de los días se satura de hipocresía porque nada más ni nada menos que a él, al “puro” Zapatero, se le descubre un cofre-fort con joyas, evaluadas en 1.3 millones de euros (por supuesto no declaradas). Entonces frente a tanta hipocresía o descaro, frente a tanto discurso cínico, no debería sorprendernos que los pueblos “voten mal” o descrean en la “Izquierda” o el “Socialismo”.
En resumen, constatando semejantes contradicciones, semejantes incoherencias entre discurso y práctica, entre la UTOPÍA enunciada/anunciada y la “distopía” realizada, si será necesaria la incorporación de la ÉTICA al “hacer político”, a las luchas y transformaciones que pretendan ser revolucionarias, que pretendan cambiar de raíz al régimen imperante. Para no seguir alimentando el “amor” al capitalismo, el descrédito en los ideales de un MUNDO NUEVO, la desconfianza en la política y para que no se concluya que NADA ES CAMBIABLE, es hora de asumir que el camino del “fetichismo, no de la pureza, sino del pragmatismo”, está llevando a la ruina a las luchas por la EMANCIPACIÓN SOCIAL. Justamente la obsesión por “gobernar”, o por tomar el “Poder” a cualquier precio, sin trazar un camino de PRINCIPIOS, es la que ha conducido a “traiciones” de todo tipo. Desde el Pepe y el Ñato negociando la Impunidad con los milicos de la Dictadura; Tabaré y el mismísimo Pepe comiendo un asado en Anchorena (marzo, 2007) con el BUSH invasor de Irak; desde Orsi coqueteando con los sionistas criollos (no olvidar que nos compran carne) negándose a hablar de Genocidio, subiendo a un Portaaviones yanqui o negociando con Trump la deportación de cubanos; desde la dirección del PC cubano conversando con Marco Rubio o “la” Delcy Rodríguez negociando directamente con Trump la permanencia del Chavismo en el Poder a cambio de la prisión de Maduro y su Sra.; desde Neocalígula viajando a China para abrazarse con el “Emperador comunista” de Xi y juntos mostrarse como dueños del Planeta, o negociando con la Teocracia Iraní porque no pudo con ella; hasta el fascista de Zelenski aceptando ahora —a regañadientes— iniciar conversaciones con el “zar” Putin, todos, todos, han transitado o transitan la ruta del “realismo”... No se dan el “lujo” de la pureza. Están de acuerdo con la tesis de este compañero. En cambio quien esto escribe, sostiene la tesis opuesta. En lugar de “lujo”, se convierte en CONDICIÓN NECESARIA. No será condición suficiente, pero decididamente sí necesaria. Así lo demuestran los procesos de los tiempos de ayer y de hoy. Es la degradación de la política reducida a la ley del “mal menor”, y las manipulaciones patológicas del PODER, las que nos han traído hasta aquí. Es hora de preguntarnos por qué multitudes de migrantes admiran al capitalismo; por qué una Revolución con más de 60 años de historia tiene una diáspora de unos 3 millones, mantiene abismales injusticias sociales o una triste y enorme distancia entre la forma de vida de los dirigentes, y la de los dirigidos. ¿Es solo por el maldito bloqueo? Los hechos nos vienen golpeando feo la cara, y además es cada vez más urgente combatir la degradación mental y cultural que viene provocando en los pueblos la ultraderecha visceralmente anticomunista. Combatirla con actitudes y conductas militantes que demuestren que política y ética, en lugar de ser un Oxímoron (tal como lo afirmó un compañero Canario, de origen lumpen), CAMINAN DE LA MANO. ¡ES EL GRAN DESAFÍO!








