miércoles, 30 de diciembre de 2015

El “Corsi e Ricorsi” de una lucha

La historia no avanza en forma lineal  Imagen de Ensher


Fabrizio Beorchia
Enviado por Jorge Zabalza





En el s. XVIII, Giambatistta Vico se refería a los ciclos de la historia, como un flujo y reflujo continuo que pautaban la evolución de la humanidad. No es este un artículo de filosofía de la historia ni pretende serlo. Simplemente parece menester utilizar la denominación de “Corsi e Ricorsi” para ilustrar una serie de conexiones de hechos y también nombres, que en última instancia dan cierta legitimidad al discurso y a las políticas que se instrumentan en hechos.


Aprovechar fin de año para hacer el ejercicio de “balance” no parece estar nada mal. Pero yendo al “recorsi”, tenemos que ir algunos años para atrás, donde varios personajes nos podemos encontrar, incluido quien escribe.


El año 2002 estuvo caracterizado por una fuerte crisis económica, que tuvo su repercusión social. En aquél entonces, el movimiento estudiantil era muy fuerte, ya que venía de recoger el legado de los años 96, 97 y 2000. América Latina comenzaba el siglo XXI en una gran inestabilidad política, producto de la crisis económica y social. El 11 de setiembre de 2001, el mundo miraba como la administración Bush inauguraría el siglo con invasiones y muertes a mansalva. Acá cerquita, el pueblo argentino demostraba la capacidad de pelea cuando la situación de hambruna y crisis no da para más, con miles y miles derrocando a un presidente que huyó en helicóptero. En Venezuela, la revolución no será transmitida y un golpe mediático secuestrará a Hugo Chávez. El pueblo en la calle, resiste y obliga a restituir al presidente electo democráticamente.


Por acá la cosa era bien distinta. Se sabía que la crisis económica y social, las “hordas que bajaban del cerro”, los helicópteros que sobrevolaban los barrios periféricos, el estado de emergencia declarado, las razzias, los allanamientos a radios comunitarias, podían desembocar en un quiebre institucional, similar a lo ocurrido en la vecina orilla.


En aquél entonces, el movimiento estudiantil dinamizaba la resistencia y llamaba a luchar contra la crisis. Facultades ocupadas, liceos resistiendo. El movimiento estudiantil de secundaria se organizaba en la Coordinadora de Estudiantes de Secundaria y Utu –CIESU-.


Además de dar respuesta a todo lo acontecido, la CIESU enfrentaba las políticas educativas que consideraba como mercantilizadoras, que respondían a una concepción totalmente mercantil de la educación y de sus sujetos; los estudiantes.


Con el recuerdo a flor de piel y la transmisión de generación en generación de lo que habían sido las luchas en el 96’ y 97’ contra la reforma educativa, el gobierno leyó que una de las principales reivindicaciones del movimiento de la educación –docentes y estudiantes- era la falta de participación. Entonces montó una gran farsa destinada a convencer a los “adolescentes rebeldes”, yendo liceo por liceo “consultando” a los estudiantes en su visión acerca de la educación, muchas veces reducida a planes y programas. Dicho elenco, nombrado como Comisión de Transformación Educación Media y Superior (TEMS) estaba encabezada por Renato Opertti.1


Quizás este sea el nombre más rimbombante del “ricorso” de esta historia. Pero hay otros. Ana Lopeter, actual directora del Consejo de Formación Docente, integraba esta comisión la cual hasta el 2026 los uruguayos pagaremos su deuda, financiada por el BID2. Lopater, egresada de la Universidad de la Empresa, parece reavivar el sueño dorado de las universidades privadas en la formación docente, tal como expresa su sitio web (http://ude.edu.uy/ana-maria-lopater/, consultada el 26 de diciembre de 2015). Otros de los integrantes de este recorso histórico es Ricardo Vilaró. El docente expulsado de ADES por su expreso apoyo al plan Rama integró aquella TEMS y el corso de la historia lo llevó a estar hoy en la fundación dosmil30.


Del otro lado, estábamos los estudiantes, los rebeldes, los cuestionadores, los que nos oponíamos a una educación de mercado y ser simple mano de obra barata. Había de trasfondo una utopía, quizás con el tiempo totalmente lejana, pero era la utopía adolescente, y para los estudiantes, alcanzable.


Llegó agosto y con él la radicalización estudiantil. Decenas de facultades y liceos ocupados. En la estrategia de la CIESU de ocupar y desocupar, quedan hacia setiembre dos liceos ocupados -11 y Miranda- y el Liceo N°10 instala una carpa (cedida por FUCVAM) en los canteros de Av. Italia esq. Mataojo.


El 29 de setiembre, un inmenso operativo policial intenta desalojar la carpa. Enseguida se hacen presente una amplia red de solidaridad. Los estudiantes de Facultad de Ciencias apoyan inmediatamente. He aquí otro recorso; Leandro Grille3. En aquél entonces en la mesa de la FEUU y estudiante de Facultad de Ciencias.


En el mismo cantero, apoyando y observando atentamente se encontraba la otrora dirigente de AFUTU y hoy diputada nacional, Ivonne Pasada. El corsi e recorsi de esta historia, ubica a Ivonne Pasada hablando telefónicamente con J. Faroppa, la noche donde la Metropolitana avanzaba a palo limpio sobre la cabeza de los manifestantes en el Codicen.


La tarde del desalojo de la carpa, donde no hubo incidentes porque los estudiantes desocupábamos lentamente, la policía miraba pero no avanzó (a diferencia del Codicen 2015)


Pero en la noche se producen dos hechos lamentables. Desalojan el liceo 11 del Cerro y el Miranda. En este último, el recorso de la historia encuentra como manifestante a una de las hijas de Bonomi, persona apreciada (la hija) para quienes militábamos.


Otro recorso; los estudiantes del IBO habían ido a apoyar. Entre éstos, y activo militante de la CIESU, estaba Daniel Caggiani, actual diputado nacional, que en la bochornosa conferencia de prensa que armó Bonomi con Murro para legitimar y justificar la represión, dijo algo así como “que horrible la mentira”, refiriéndose a que el cráneo roto de un compañero, los detenidos, la cacería sin orden judicial y con pasamontañas, habían sido un montaje “ultra”.


Quizás la demostración más clara de este recorso de esta parte de la historia sea un recorte del diario “La República”, cuando desalojaron el 11 y Miranda:

Amparados en la oscuridad, sin prensa, sin legisladores, sin la presencia del jefe de Policía, ni el ministro del Interior, Guillermo Stirling, sin autoridades del Codicen, es decir sin las garantías que puede dar la democracia, los coraceros de uniforme negro, con escudos y palos, respaldados por grupos de apoyo llegaron en forma simultánea al Cerro y las inmediaciones del Palacio Legislativo donde se ubica el Miranda para poner punto final, en 20 minutos, a una medida gremial que desde hace 40 días reclama por mayores recursos para la educación.”


Cualquier semejanza con lo acontecido este año en el desalojo del Codicen, es simple coincidencia. O mejor dicho, simple razón a lo que eso tan estudiado pero tan poco comprendido por todos llamamos “Poder”.


Esperemos que en un futuro no tengamos que acudir al corso y recorso, y miremos todos estos años como parte de una historia de lucha que alcance una educación que garantice vocaciones, sueños, anhelos, trabajo, compromiso y que contribuya a una sociedad para todos.


Fabrizio Beorchia
1 Sociólogo, coordinador académico de la Comisión TEMS hasta 2005, coordina el Programa de Fortalecimiento de. Capacidades Curriculares y de Diálogo Político de la Oficina. Internacional de Educación (OIE) y es uno de los asesores técnicos de la Fundación dosmil30, coautor de parte del documento que este año circulara bajo la compilación de F. Filgueira, donde se desarrollan las principales ideas de reforma educativa, evaluación y currículo.
2 “La amortización se efectuará en cuotas semestrales que incluyan el capital y los intereses correspondientes, y la última cuota será a más tardar el día 21 de diciembre de 2016”. Préstamo N° 1361/OC-UR, diciembre 2001.
3 El 27 de setiembre de 2015, Leandro Grille escribe en Caras y Caretas un artículo titulado “el factor pueblo”, donde intenta imitar un análisis o discusión entre Régis Debray y Jean Bricmont con muy poco conocimiento de causa de lo que realmente pasó, no sólo en el Codicen, sino en todo el conflicto de la educación.



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