jueves, 28 de mayo de 2026

No da para mas



Por Hoenir Sarthou (para Semanario Voces)


 Es muy difícil escribir una columna en el Uruguay de hoy en día.

Uno debería hablar de las guerras, que están dañando las economías de la mayoría de los países, y que, de continuar, comprometerán incluso las posibilidades alimentarias de las poblaciones más humildes. O de los avances de la IA, que está destruyendo empleos y psiquis a paso redoblado.

O del complicado minué que bailan EEUU y China al son del capital financiero.

O del cretino de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, que no se cansa de reclamar plata y de sembrar miedo anunciando pandemias catastróficas.

Pero, ¿cómo escribir sobre esas cosas, aunque sean de importancia vital, con lo que ocurre a diario en Uruguay? Tres muertos a balazos en el Cerro; un adolescente baleado durante una rapiña en la Cruz de Carrasco; miles de personas en situación de calle; una de ellas, un hombre de 42 años, muerto por frío y desatención en plena calle de Montevideo; un cadáver aparece desmembrado y con balazos en San Luis; un padre golpeó a la docente de su hijo; otro golpeó a la conductora que atropelló a su hijo; un policía, bastante solitario en el video, intenta detener a palazos una trifulca colectiva en Casupá; varios trabajadores de Canelones son filmados arrastrándose por el suelo en patética pelea.

Son las noticias del día, o del momento. Mañana habrá otras, similares o peores.

Cada vez más violencia, más miseria material, moral y cultural.

Y están las que no salen en los noticieros ni se filman para las redes sociales.

Un profesor de secundaria cuenta que a su liceo, cercano al Palacio Legislativo, asisten alumnos con los cuerpos consumidos y las caras grises por subnutrición prolongada. El liceo tiene cinco becas de alimentación que no alcanzan para cubrir los casos de chiquilines que pasan hambre. La violencia brutal de las cárceles. Jueces que intentan rescatar cualquier vínculo familiar de un niño para no enviarlo al INAU. La atención médica que puede demorar meses, y cada vez más tratamientos, no cubiertos por las instituciones médicas, que son inaccesibles para quien no pueda pagar miles o decenas de miles de dólares.

Mientras tanto, las bocas de venta de drogas teóricamente ilegales prosperan, mandan y meten miedo en todas y cada una de las ciudades del país, con pleno conocimiento de la población, salvo de la policía.

Normalmente me molesta la moralina, la visión de la política como una competencia de escraches y enchastres. Pero, en el contexto del que hablamos, hay noticias y hechos realmente obscenos.

Al presidente Orsi se le atribuye haber comprado, poco antes de asumir el cargo, una camioneta muy costosa con una rebaja o “atención” de U$S25.000 dólares. Y la Presidencia de la República admitió que era cierto. Un presidente no debe recibir regalos, por aquello que dijo Margaret Tatcher, de “No hay tal cosa como almuerzos gratis”.

Cada diputado y cada senador le cuesta al país más de diez mil dólares por mes. Y son ciento treinta legisladores. Sin contar los viajes y el costo del personal que trabaja para ellos en el Palacio Legislativo.

Las empresas extranjeras que tienen contratos de privilegio con el Estado se embolsan miles de millones de dólares por año, en buena medida gracias al agua y a los impuestos que no pagan.

Sin ir más lejos, la vía del ferrocarril central, que funciona sólo para UPM, nos cuesta medio millón de dólares por día. El Uruguay debería pagar, en el próximo año y medio, dieciocho mil millones de dólares por servicio de su deuda pública. Y las AFAPs continúan pagando miserias y tragando cada año los aportes de cientos de miles de trabajadores.

No sólo lo estatal es obsceno. Tenemos mafiosos y narcotraficantes con dinero e influencias asombrosos, jugadores de fútbol multimillonarios, empresarios, medios de prensa y hasta artistas que se embolsan sumas enormes por favor político.

¿Qué clase de sociedad permite que se enriquezcan las corporaciones extranjeras, los bancos, los mafiosos, los políticos, los jugadores de futbol y los empresarios truchos, mientras que los niños pasan hambre, la violencia campea y la indigencia vive en las calles? Disculpen que en esta columna no haya análisis, ni teorías, ni citas. No estoy con ánimo.

Sólo una sociedad enferma puede permitir lo que está pasando. Y la dura verdad es que ocurre porque los uruguayos –todos nosotros- permitimos o nos resignamos a que ocurra.

No podemos seguir así.

No hablo de las elecciones, ni de este gobierno, ni de los anteriores, ni del próximo gobierno. Esto no va a cambiar dentro de cuatro años, ni desde el Parlamento, ni desde los sillones presidenciales o ministeriales.

Hablo de nosotros, de todos nosotros como sociedad.

¿En algún momento nos juntaremos para mandar parar y exigir que se nos rindan cuentas?

Me imagino una especie de “admirable alarma”, que nos convoque y congregue para atender la crisis.

¿Les suena fantasioso?

No lo es. No hay gobierno ni sistema corrupto que puedan resistirse a dos millones de personas resueltas a hacerles saber que algo no va más.

Hay cosas que el mundo nos impone y que no podemos controlar. Pero otras dependen de nosotros. La violencia, el hambre y la indigencia, por ejemplo, son solucionables o controlables desde adentro, incluso con los modestos recursos de que disponemos.

El Uruguay produce, exporta y hasta derrocha alimentos. Ningún niño debería pasar hambre aquí. Tenemos más policías por habitante que la mayoría de los países de América. Si la violencia no se previene, reprime y castiga, es porque no se quiere o porque algo se está haciendo muy mal. Finalmente, nadie tiene derecho a vivir en la calle y nadie debería estar obligado a hacerlo. El Estado tiene propiedades y tierras de sobra para alojar a esa gente que está viviendo en condiciones infrahumanas. Para hacer estas cosas ni siquiera es necesario que todos nos proclamemos santos. Ya no es cuestión de bondad ni de honestidad. Es cuestión de inteligencia y hasta de supervivencia.

La forma en que estamos viviendo es insostenible. Y todos íntimamente lo sabemos.

La pregunta es: ¿qué haremos al respecto?











0 comentarios:

Publicar un comentario

No ponga reclame, será borrado