sábado, 23 de mayo de 2026

Encuestas, políticas y lodos


Álvaro Pan


Recientemente se ha instalado un nuevo tema fogoneado por los medios de comunicación
masivos y es el atinente a la caída en la aprobación del presidente Yamandú Orsi y de la
actuación de su gobierno.


En ámbitos frenteamplistas es común escuchar el concepto de que la fuerza política “no sabe comunicar” y eso se ha instalado como un axioma, una verdad que (casi) no amerita ser demostrada. Sin embargo entiendo que es una verdad de patas cortas, casi como una mentira, si es que nos quedamos en eso y no nos permitimos profundizar un poquito más, tampoco mucho.

El tema es qué canales utiliza el FA para dar a conocer sus políticas de gobierno. ¿La página de Presidencia? Debe haber pocos portales de noticias menos visitados y tan aburridos (cuando no escritos con deficiencias gramaticales). ¿Las redes? En realidad el gobierno no utiliza adecuadamente esos medios y los logros se dan a conocer a través de las redes del Frente Amplio y de algunos sectores que lo integran (básicamente del MPP). Esto conlleva aún más dificultades porque resulta incongruente que se argumente que una cosa es el gobierno y otra la fuerza política, pero luego la difusión de los logros gubernamentales los realiza esa fuerza política.

De esta forma son los “informativos centrales” de los canales privados y sus portales web los que, básicamente, generan la agenda preguntando una y otra vez sobre los temas que pueden ser polémicos y resaltando de los mismos aquellos aspectos más urticantes. No obstante los dirigentes frenteamplistas no escatiman esfuerzo en concurrir a los programas matinales de esos mismos canales, aun cuando sepan (porque lo saben ¿no?) que luego tomarán sólo lo más polémico que no por casualidad es lo que le sirve a la derecha vernácula.

Luego sobreviene el síndrome de la arrogancia término que sería más adecuado que el de soberbia porque la soberbia implicaría el menosprecio hacia los demás. La persona soberbia se siente íntimamente superior a los demás y cree que nadie está a su nivel. En cambio la arrogancia es para quién presume de sus logros y reclama privilegios que cree merecer. La soberbia requiere que los demás validen y aplaudan su superioridad. A veces resulta en un rasgo patológico que permite ocultar la inseguridad propia. Elijan los lectores la pieza de su rompecabezas.



Retomando con el síndrome de la arrogancia, hay quienes dicen que las personas no comprenden lo que se está haciendo desde el gobierno o que reclaman mayor celeridad en alcanzar los logros. El propio presidente afirmó que tiene que estudiar el tema pero que lo va a hacer él mismo, lo va a analizar consigo mismo. Entonces surge la duda, una vez más, si estamos ante un fenómeno de arrogancia, de soberbia, o de desmemoria. Porque el primer líder de esa fuerza política, Liber Seregni, se refirió a la misma como “coalición y movimiento” y compartió la siguiente definición:

“La unidad de nuestro Frente Amplio es tarea de todos los días, es una tarea difícil realizarla. Exige discreción, buen tino, comprensión mutua. Somos una unidad viviente y por eso la unidad se puede perder a cada paso. La unidad no es un bien precioso e indispensable, sino una conquista renovada sin cesar". 

Es cierto que la otra coalición¸ la que le birló el concepto al Frente Amplio y para colmo lo acompañó del concepto engañoso y falaz de: republicana¸ fustiga permanentemente a través de declaraciones, interpelaciones, llamados a sala, conferencias de prensa, pero más allá de una pobreza argumental supina, es parte del juego de la democracia, tal como se la concibe en estos tiempos.

Entonces las declaraciones del gobierno o de sus adláteres políticos, pegan en la herradura más que en el clavo. No comunican lo que se hace por los canales correctos, se distraen en guerra de guerrillas mediáticas y estériles y cuando responden no queda claro si lo hacen a los políticos que les agreden o a la ciudadanía que reclama atender otras urgencias, o las mismas que se atienden pero con mayor compromiso y dedicación.

Capítulo aparte merece la política exterior que uno no sabe bien que padrón persigue porque más que diplomática parece ser un ejercicio de ineficacia donde los comunicados y expresiones resultan irrelevantes. Y ahí nuevamente el fogoneo de los medios tratando de que el gobierno “se pise el palito” así la oposición puede enrostrar y confundir.

Ese ha sido un ejercicio que recuerda a la cinchada de la soga. De un lado se denuncian malversaciones en ASSE, del otro lado se objeta al presidente del organismo. De un lado se denuncia la compra, aparentemente fraudulenta de las patrulleras oceánicas a Cardama, del otro lado se cuestiona al prosecretario por actuar inadecuadamente y se cita a la ministra de Defensa por la designación de jerarcas militares. De este lado se producen renuncias en áreas claves de la salud, del otro se restregan las manos.

En tanto sube el precio del supergas y la gente común y corriente no tiene porqué relacionar el encarecimiento en su vida diaria con esos dimes y diretes políticos y mucho menos con lo que ocurra en el estrecho de Ormuz. Quienes vivimos en democracia estamos alejándonos cada vez más de quienes viven de la democracia. Y si la definición original del concepto Democracia es “gobierno del pueblo” entonces parece lógico que la distancia entre unos y otros sea cada vez más parecida a una brecha.

Luego sobreviene la incomprensión cuando aparecen los Milei, los Trump, los Bukele, los Zelensky y tantos más. Es que una vez más, aquellos polvos trajeron estos lodos. No es un tema de encuestas ni de incomprensión del pueblo, es un poco más complejo. Y el riesgo de sintetizar es que pueden generarse residuos no deseados y peligrosos. Por eso, en materia política, se requiere más del análisis y de la profundización.








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