Álvaro Pan
Recientemente se ha instalado un nuevo tema fogoneado por los medios de comunicación
masivos y es el atinente a la caída en la aprobación del presidente Yamandú Orsi y de la
actuación de su gobierno.
En ámbitos frenteamplistas es común escuchar el concepto de que la fuerza política “no sabe
comunicar” y eso se ha instalado como un axioma, una verdad que (casi) no amerita ser
demostrada. Sin embargo entiendo que es una verdad de patas cortas, casi como una mentira,
si es que nos quedamos en eso y no nos permitimos profundizar un poquito más, tampoco
mucho.
El tema es qué canales utiliza el FA para dar a conocer sus políticas de gobierno. ¿La página de
Presidencia? Debe haber pocos portales de noticias menos visitados y tan aburridos (cuando no
escritos con deficiencias gramaticales). ¿Las redes? En realidad el gobierno no utiliza
adecuadamente esos medios y los logros se dan a conocer a través de las redes del Frente
Amplio y de algunos sectores que lo integran (básicamente del MPP). Esto conlleva aún más
dificultades porque resulta incongruente que se argumente que una cosa es el gobierno y otra
la fuerza política, pero luego la difusión de los logros gubernamentales los realiza esa fuerza
política.
De esta forma son los “informativos centrales” de los canales privados y sus portales web los
que, básicamente, generan la agenda preguntando una y otra vez sobre los temas que pueden
ser polémicos y resaltando de los mismos aquellos aspectos más urticantes. No obstante los
dirigentes frenteamplistas no escatiman esfuerzo en concurrir a los programas matinales de
esos mismos canales, aun cuando sepan (porque lo saben ¿no?) que luego tomarán sólo lo más
polémico que no por casualidad es lo que le sirve a la derecha vernácula.
Luego sobreviene el síndrome de la arrogancia término que sería más adecuado que el de
soberbia porque la soberbia implicaría el menosprecio hacia los demás. La persona soberbia se
siente íntimamente superior a los demás y cree que nadie está a su nivel. En cambio la
arrogancia es para quién presume de sus logros y reclama privilegios que cree merecer. La
soberbia requiere que los demás validen y aplaudan su superioridad. A veces resulta en un
rasgo patológico que permite ocultar la inseguridad propia. Elijan los lectores la pieza de su
rompecabezas.
Retomando con el síndrome de la arrogancia, hay quienes dicen que las personas no
comprenden lo que se está haciendo desde el gobierno o que reclaman mayor celeridad en
alcanzar los logros. El propio presidente afirmó que tiene que estudiar el tema pero que lo va a
hacer él mismo, lo va a analizar consigo mismo. Entonces surge la duda, una vez más, si
estamos ante un fenómeno de arrogancia, de soberbia, o de desmemoria. Porque el primer líder
de esa fuerza política, Liber Seregni, se refirió a la misma como “coalición y movimiento” y
compartió la siguiente definición:
“La unidad de nuestro Frente Amplio es tarea de todos los días, es una tarea
difícil realizarla. Exige discreción, buen tino, comprensión mutua. Somos una
unidad viviente y por eso la unidad se puede perder a cada paso. La unidad no
es un bien precioso e indispensable, sino una conquista renovada sin cesar".
Es cierto que la otra coalición¸ la que le birló el concepto al Frente Amplio y para colmo lo
acompañó del concepto engañoso y falaz de: republicana¸ fustiga permanentemente a través
de declaraciones, interpelaciones, llamados a sala, conferencias de prensa, pero más allá de
una pobreza argumental supina, es parte del juego de la democracia, tal como se la concibe en
estos tiempos.
Entonces las declaraciones del gobierno o de sus adláteres políticos, pegan en la herradura más
que en el clavo. No comunican lo que se hace por los canales correctos, se distraen en guerra
de guerrillas mediáticas y estériles y cuando responden no queda claro si lo hacen a los políticos
que les agreden o a la ciudadanía que reclama atender otras urgencias, o las mismas que se
atienden pero con mayor compromiso y dedicación.
Capítulo aparte merece la política exterior que uno no sabe bien que padrón persigue porque
más que diplomática parece ser un ejercicio de ineficacia donde los comunicados y expresiones
resultan irrelevantes. Y ahí nuevamente el fogoneo de los medios tratando de que el gobierno
“se pise el palito” así la oposición puede enrostrar y confundir.
Ese ha sido un ejercicio que recuerda a la cinchada de la soga. De un lado se denuncian
malversaciones en ASSE, del otro lado se objeta al presidente del organismo. De un lado se
denuncia la compra, aparentemente fraudulenta de las patrulleras oceánicas a Cardama, del
otro lado se cuestiona al prosecretario por actuar inadecuadamente y se cita a la ministra de
Defensa por la designación de jerarcas militares. De este lado se producen renuncias en áreas
claves de la salud, del otro se restregan las manos.
En tanto sube el precio del supergas y la gente común y corriente no tiene porqué relacionar el
encarecimiento en su vida diaria con esos dimes y diretes políticos y mucho menos con lo que
ocurra en el estrecho de Ormuz. Quienes vivimos en democracia estamos alejándonos cada vez
más de quienes viven de la democracia. Y si la definición original del concepto Democracia es
“gobierno del pueblo” entonces parece lógico que la distancia entre unos y otros sea cada vez
más parecida a una brecha.
Luego sobreviene la incomprensión cuando aparecen los Milei, los Trump, los Bukele, los
Zelensky y tantos más. Es que una vez más, aquellos polvos trajeron estos lodos. No es un
tema de encuestas ni de incomprensión del pueblo, es un poco más complejo. Y el riesgo de
sintetizar es que pueden generarse residuos no deseados y peligrosos. Por eso, en materia
política, se requiere más del análisis y de la profundización.



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