TUCIDIDES Y EL REGRESO DE LOS DIOSES
La Chacra, 15 de mayo 2026 Álvaro Jaume(¡siempre REDOMÓN!)
(I)
Hace ya tiempo que vengo insistiendo en que LAS PALABRAS/EL DISCURSO DEBEN TENER EL SUSTENTO REAL DE LO VIVIDO. Para que no sean huecas, engañosas, demagógicas o hipócritas, deben respaldarse con HECHOS DE VIDA. Nuestra generación del 68, si bien en general muy militante, no obstante se vio seducida por el facilismo de pronunciar altisonantes discursos o autoproclamarnos “revolucionarios” más allá de la COHERENCIA con nuestras conductas o posturas concretas asumidas, en tanto seres sociales/políticos que somos.
Siempre estuvo presente el debate: ¿qué significa ser “revolucionario”? ¿Qué actitudes debemos asumir en la Vida, qué opciones debemos hacer, con tal de ser coherentes con el ideal de sociedad que aspiramos construir? Quienes ya en aquellas épocas cuestionábamos los patrones educativos o culturales de nuestros padres o antecesores, por autoritarios o patriarcales, apañando la doble moral burguesa del “HAZ LO QUE DIGO PERO NO LO QUE HAGO”, tuvimos —y seguimos teniendo— bien claro que el primer terreno de disputa de “LO REVOLUCIONARIO” es precisamente el ideológico.
La REVOLUCIÓN como fenómeno totalizador de nuestras vidas, y no meramente como conquista del PODER POLÍTICO, debe ser una práctica personal del cotidiano vivir, que atraviese nuestros cuerpos/mentes, nuestro sentir/pensar aquí y ahora, y NO en un lejano o imaginado futuro. Todo un desafío que para nada nos resultó sencillo de asumir o resolver en el pasado, y que frente a la implantación generalizada y planetaria de este Tecnocapitalismo consumista, aún más difícil y acuciante será poder resolverlo en este presente S21.
Es precisamente lo que puede definirse como desafío ÉTICO. Este traza una línea divisoria entre “conservación y revolución”, entre “lo viejo y lo nuevo”, entre “lo sistémico y lo subversivo o rupturista” que implica al militante como ser humano INTEGRAL.
Precisamente en virtud de este análisis y esta mirada, es que 55 años atrás, cuando se creó el FA, ciertos grupos políticos (y particularmente sus sectores juveniles) sostuvimos que había llegado la hora de construir una herramienta POLÍTICA DIFERENTE, que, por ejemplo, se desmarcara absolutamente de las prácticas corruptas y del clientelismo de los Partidos “Tradicionales” (Blancos, Colorados), acostumbrados a comprar votos con cargos y prebendas. Representantes o hijos directos de la oligarquía criolla fueron, a lo largo de la historia del país, discrecionales e impunes en el manejo del PODER a favor del Capital, ante lo cual el discurso de aquel emergente FA (al menos de ciertos sectores) fue: ¡CAMBIEMOS EL VIEJO MODO DE HACER POLÍTICA! No engañar prometiendo aquello en lo que no se cree, no acomodar, no manipular, no ocultar, etc.
En síntesis, transformar la política tradicional. Resultado: ¡CAMBIO CERO! ¡55 años reiterando MÁS DE LO MISMO! Habría que mostrarle al pueblo que es posible una política con códigos éticos, con políticos que no se conviertan en “casta privilegiada” (dándole de comer a los Milei y similares). En nombre del pragmatismo, del realismo, ahuyentando el “fetichismo de la pureza” (al decir de algún camarada) se fueron reproduciendo políticos profesionales expertos en transar, negociar, acomodar los discursos y el cuerpo, y finalmente —a pesar de diferencias partidarias o rótulos de “izquierda/derecha”— saludarse cordialmente porque no son “enemigos” sino adversarios, en beneficio de la ejemplar “democracia uruguaya”.
Habría para escribir un libro con los hechos más salientes de este proceso de mimetización de los agentes con las reglas del sistema, que produjeron salientes contradicciones con valores pretéritos o históricos discursos: por ejemplo, blancos y colorados coalicionándose cuando en el pasado supieron desenfundar lanzas y sables en defensa de las divisas.
O en marzo del 2007, Tabaré y el venerado Pepe comiendo un asado en la estancia presidencial de Anchorena con el presidente gringo G. W. Bush, conspicuo representante del ala guerrerista del Partido Republicano que por cocardas tenía las invasiones de Afganistán y de Irak. O Tabaré confesando que a ese mismo Bush y a su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, le había solicitado ayuda militar en caso de un enfrentamiento con Argentina a raíz de la papelera Botnia (hoy UPM 1).
Me sorprende la ingenuidad de muchos frenteamplistas “sorprendidos” con la visita de Orsi al portaaviones nuclear yanqui (USS Nimitz) a principios de este mes, cuando hace ya tantísimo tiempo que los límites de la Ética antiimperialista fueron desterrados y desahuciados por los “tótems” de ayer (Tabaré, Astori, Mujica), hoy ya enterrados con todos los honores. Entonces, ¿por qué la sorpresa? ¿Porque cuando ocurren los hechos hacemos como el avestruz? Toda esta reflexión tiene por origen el siguiente episodio:


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