martes, 5 de julio de 2016

Situación de calle


En plena tarde caminando por Malvín residencial un hombre joven revolviendo en un contenedor verde de basura, encontró algo y se llevó un bocado a la boca. Al ver que lo estaba viendo, se rió y me dijo. Es pal perro!, guau guau! y se lo comió. Ese hombre vivía ahí, allí estaba su colchón y una bolsa con sus cosas.  Allí transcurría su vida...






>>> La ministra Marina Arismendi 

 “Que no haya niños ni embarazadas en situación de calle en el país demuestra que trabajamos bien. Es la gran noticia de este censo”, afirmó la ministra Marina Arismendi en alusión a un trabajo de campo realizado con las personas que no tienen techo. Dijo que el perfil de esta población cambió. Ya no hay familias ni madres con hijos en la calle, sino personas con problemas de salud mental y consumo problemático de drogas.







DIEGO PÍRIZ 05 jul 2016
Desde que se abrieron los refugios del Mides por el Plan Invierno, la galería techada del emblemático edificio Lamaro, con vista a la rambla, alberga a un promedio de 15 personas que conviven día y noche: ancianos y jóvenes, drogadictos, hombres y mujeres —una de ellas embarazada— duermen con sus abrigos y colchones de polifón bajo el techo del edificio ubicado en la esquina de Lorenzo Carnelli y Cebollatí, a tres cuadras de la Embajada de Estados Unidos.
"Siempre se ve ahí a una docena al menos, pero desde que comenzaron las lluvias hay cada día más", aseguran los vecinos del barrio. Propietarios e inquilinos del edificio han denunciado en reiteradas ocasiones la situación.
Mabel, que vive hace 17 años en uno de los apartamentos del edificio, aseguró a El País que los reclamos y denuncian han sido constantes desde que ella recuerda. "Hace muchos años que vivo acá, hicimos denuncias ante la Policía y ante el Mides, pero siempre pasa lo mismo: vienen, se los llevan, ellos dejan sus cosas y luego vuelven, no hay ninguna solución", indicó.
La mujer, jubilada, aseguró que cuando le "sobra algo de comida se las caliento y se las doy, porque con estos fríos es muy complicado que estén así sin comer nada. Sé que no les soluciono la vida, pero es lo que puedo hacer, y también sé que no se van a ir, hagan las denuncias que hagan".
Víctor, un vecino de la cuadra también coincide con Mabel. Asegura que en algunos momentos la situación se torna "muy difícil porque muchos de los que duermen ahí son adictos a las drogas". Según el hombre, "por las noches se escuchan los gritos de las peleas que han terminado con más de una persona en la seccional".
Un joven que dijo que se llamaba "Maikhom", indicó a El País que ya tiene "cuatro anotaciones por la Ley de Faltas, a causa de dormir en la calle".
Según relató, "en caso de que me agarren durmiendo una vez más, voy a tener que hacer tareas comunitarias o me mandan a la cárcel, igual no me importa, voy a seguir acá".
Tiene tanta experiencia que advierte: "La Ley de Faltas se aplica si nos encuentran durmiendo en un espacio público, por eso nos despertamos temprano, antes de que lleguen los oficiales", asegura.

Sin salida.

Los refugios del Mides que se encuentran a escasas cuadras de allí y que albergan a decenas de personas por las noches, nada pueden hacer —dicen los funcionarios— para cambiar la situación de quienes rechazan ayuda y deciden estar en la calle.
Nicolás tiene 37 años y hace tres semanas que vive bajo el edificio. Estuvo en Rivera dos meses tratando de rehabilitarse porque es adicto a la pasta base, volvió y "el único lugar seguro" que encontró en la calle fue ese.
"Comida no me falta porque voy a comer de lunes a viernes al refugio, los fines de semana se me complica, pero salgo a pedir, estoy acá porque no tengo adónde ir", aseguró Nicolás, que vestía una remera de manga larga y se cruzaba de brazos para tratar de darse calor. Ayer a las 17 horas, había 10° C.
"¿A qué querés que vaya?, si vas ahí te roban todo, hasta los zapatos. Ya me pasó dos veces, no voy a ir de nuevo para que me sigan robando lo que me queda", dijo Nicolás.
La misma situación afronta una familia entera de cinco personas, incluida una anciana de 85 años. Hace 6 años que todos viven en la calle, y desde hace 3 semanas están resguardados bajo los techos del edificio de la calle Lorenzo Carnelli.
"Lo único que queremos es una pieza, con eso nos conformamos, para poder bañarnos y conseguir trabajo", indicó a El País la hija de la anciana, que tiene 45 años. La mujer dijo que "por estar en situación de calle nadie te da trabajo, y mi mamá, con su edad, no puede hacer nada, cobra una jubilación mínima que no da para nada".
La abuela de los dos jóvenes de la familia, que se encontraban consumiendo pasta base en el momento en que El País la entrevistaba, dijo que el frío de estos días la está matando: "Ya sé que voy a morir de frío", dijo.
"A mi edad tengo que pasar por esto y desgraciadamente nadie nos da una mano, ojalá que esto sirva para que alguien vea en qué situación estamos, con hambre y frío y que nos pueda ayudar", confesó la señora mayor.
La hija enfatizó en que no pretende recibir un regalo, sino que está dispuesta "a trabajar para pagar todo lo que sea necesario con tal de estar mejor".

Prefieren no ir a refugios por los robos

La mayoría de las personas que se encuentran en situación de calle y que fueron consultadas por El País aseguraron que prefieren estar a la intemperie y no ir a los refugios que proporciona el Ministerio de Desarrollo Social, porque allí los "tratan mal" y les "roban la ropa". Pese a ello, sí concurren a los refugios para alimentarse al mediodía. Ayer el menú consistió en guiso de lentejas con verduras, según contaron los indigentes.

Justicia no puede aplicar ley de faltas

La Suprema Corte planteó que la Justicia se enfrenta a una suerte de "círculo vicioso" a la hora de aplicar la Ley de Faltas que dispone el traslado de las personas que acampan en forma permanente en espacios públicos.
Según la norma, deben cumplir pena de 7 a 30 días de trabajo comunitario. El problema radica en que estas personas no tienen "domicilio fijo", según el Mides, y no se les puede citar a cumplir la pena.








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