EL CONEJILLO MALO (B.B.), LOS THERIANS Y LOS
NEURODIVERGENTES POLÍTICOS
La Chacra, 15 de febrero de 2026
Álvaro Jaume (¡Siempre REDOMÓN!)
(I)
Semana convulsionada para un “anciano” (75) que intenta desesperadamente entender lo que está pasando a su alrededor. El pasado sábado, una compañera me pone en “órbita posmo”:
—¿Sabés lo que es la comunidad de los therians?
Ante mi absoluta ignorancia, se propone “desasnarme” (aunque, en estas épocas, comienzo a dudar de si los burros son los más “burros”). Los therians —me explica— son quienes se autoperciben como animales salvajes o exóticos.
Quedo más que perplejo. No tanto por lo de la “autopercepción”, mecanismo muy propio del individualismo “libertario” que se jacta de prescindir de cualquier límite material o fisiológico, sino por el hecho de imaginar una identificación con animales —particularmente aquellos ajenos al mundo de las mascotas clásicas—.
Prisionero también de la “ciberlógica”, busco en internet la etimología de semejante palabreja y descubro que proviene del griego antiguo therion, que significa bestia o animal salvaje. No salgo de mi asombro.
¿Qué lleva a esa necesidad? ¿Qué produce o conduce a que —sobre todo jóvenes— se sientan atraídos psicológica y emocionalmente por un “alter-ser”, al punto de fantasear con semejante mutación?
Intento explicarlo remontándome al origen de esa pulsión: el constante bombardeo del mundo virtual, expresado a través de los miles de millones de celulares y pantallas que han invadido el planeta. Estas “fierecillas digitales” potencian fantasías de todo tipo, hasta hacer posible una auténtica “revolución cultural” que supuestamente libera de la esclavitud carnal y terrenal, permitiendo sentirse o percibirse lo que se quiera.
Por ejemplo, un tigre de Malasia, aunque no se sepa dónde queda Malasia ni se tenga conocimiento real de lo que implica semejante animal.
Hay que reconocer que el capitalismo, como “modo de producción” —diría don Carlos—, pero sobre todo como modo de vida y modelo civilizatorio, implantado casi universalmente, hoy logra producir “mercancías mentales” de este tenor. Y pensar que allá por el 68 varios hablaban ya de la “crisis del capitalismo”…
Sin embargo, del capitalismo industrial (2.0), que luego derivó en la sociedad de consumo (3.0), al actual tecnocapitalismo (4.0) que produce “therians”, el proceso parece —por ahora— imparable.
Bajo la mirada de un Artigas de bronce —el verdadero jamás hubiese imaginado semejante escena— la Plaza Independencia se llenó de jóvenes que admiraban a decenas de personas convertidas en “therians”, demostrando cuán libres se sentían al romper con las “cadenas” de sus cuerpos o vidas reales.
Difícil de digerir.
Lo llamativo fue la enorme difusión mediática. Todos los informativos, canales y diarios cubrieron la movida. ¿Casualidad? Cuando se tocan intereses reales de clase, el bloqueo informativo suele ser absoluto. Pero aquí no.
En la Olla del miércoles fue tema central. Entre risas, broncas y comentarios, los cuerpos castigados por la calle miraban el espectáculo como quien observa un circo.
Yo, por dentro, comparaba esa escena con el ollazo del 11 de abril de 2025, organizado con meses de esfuerzo, que reunió unas 500 personas. Qué difícil organizar lucha. Qué fácil seduce el sistema.
(II)
Si el martes cerré con un aprendizaje, el miércoles lo hice con otro. En la cena familiar surge un nombre para mí desconocido: Bad Bunny.
Descubro que se trata de Benito Antonio Martínez Ocasio, artista puertorriqueño de 32 años, referente del reguetón, ganador de premios Grammy, conocido por reivindicar el idioma español y a los migrantes, y por confrontar públicamente con Donald Trump.
Además, fue figura central del espectáculo del Super Bowl 2026, visto por más de 125 millones de personas.
Sus “pecados” fueron:
-
Cantar todo en español.
-
Reivindicar que América es toda una, no solo EE. UU.
-
Cuestionar la política antiinmigratoria.
El capitalismo demuestra una capacidad notable para absorber conflictos dentro de su propia maquinaria. Pero también es cierto que pequeños gestos de rebeldía generan resonancia simbólica.
(III)
Esta mañana, mientras cebaba mate, en lugar de reguetón puse canto popular. Sonó Cielo del 69, de Los Olimareños.
¡Qué confianza transmitía aquella época! No en que el capitalismo se derrumbara solo, sino en derrotarlo con poder popular.
Hoy el clima es distinto. Figuras como Peter Thiel sostienen que democracia y libertad son incompatibles. La ofensiva cultural de las derechas globales es evidente.
Y entonces, casi irónicamente, me defino como un “neurodivergente político”: alguien que no encaja en los patrones de normalidad posmoderna y tecnocrática.
Un neurodivergente que sigue creyendo en la olla popular como escuela de lucha, en la organización territorial y en el trabajo colectivo.
Porque, como sentencia el amigo Diego Fusaro en Historia y conciencia del precariado, la esperanza está en la lucha.
Y tal vez, más temprano que tarde, tengamos otro cielo. Distinto al presente. Pero con el mismo espíritu del 69.
¡Son tiempos definitorios!



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