lunes, 17 de agosto de 2026

Crónica de una traición a las mayorías

La partidocracia uruguaya

Por Marcos Joel  

El devenir político de Uruguay ha derivado, sin disimulo ni pudor, en una partidocracia. No una anomalía pasajera, no un accidente institucional, una estructura consolidada donde los partidos dejaron de ser instrumentos de representación popular para erigirse en fines en sí mismos, en maquinarias de reproducción del poder. Ya no se legisla para la justicia social. Ya no se gobierna para las mayorías trabajadoras, para el asalariado que sostiene con su sudor el andamiaje económico del país. Lo que otrora fue disputa legítima por el bienestar colectivo, por la redistribución de la riqueza, por la dignidad material del pueblo, se ha degradado en campaña electoral permanente, en marquesina publicitaria, en un teatro de vanidades donde el pueblo es espectador cautivo, aplaudidor forzado, nunca protagonista. Se le convoca cada cinco años para legitimar con su voto lo que ya fue decidido en despachos cerrados, en acuerdos de cúpula, en negociaciones donde el interés de clase brilla por su ausencia.

Hoy, a la oposición le importa una sola cosa, conquistar el poder en 2029. Ni el hambre del jubilado, ni la precariedad del trabajador informal, ni la vivienda negada a las familias populares figuran en su agenda real. Para alcanzar ese trono, no vacila en convertir la rendición de cuentas en botín de campaña, en boicotear la transparencia fiscal como si el erario público fuera coto privado de sus estrategas. Utiliza el control parlamentario no como herramienta de fiscalización al servicio del pueblo, sino como arma arrojadiza, como insumo mediático para construir relato electoral. Es la partidocracia en su expresión más descarnada y cínica, aquella que desconoce la voluntad popular, que pisotea el mandato de las urnas, para servir con devoción ciega a los intereses meramente partidarios, a la lógica de la acumulación electoral por encima de cualquier compromiso con quienes producen la riqueza nacional.

Pero el gobierno, y aquí conviene ser analíticos, no la fuerza política Frente Amplio como proyecto histórico de emancipación, sino el aparato gubernamental que pretende destruir su nombre suplantándolo con su mayoría circunstancial que es el MPP, ha dejado meridianamente claro que opera al margen de toda tradición frenteamplista. Ha sepultado la histórica política internacional del Frente Amplio, aquella que supo plantarse con dignidad ante el imperialismo, que tendió puentes con los pueblos hermanos de nuestra América, que defendió la autodeterminación frente a los dictados de Washington. La ha suplantado por una diplomacia servil, genuflexa, subordinada al gran capital transnacional, al amo del norte y al ente sionista. Se ha despojado de toda retórica antiimperialista, aquella que fue columna vertebral de la izquierda latinoamericana, para arrodillarse ante quienes siempre fueron el enemigo histórico de los pueblos, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las embajadas que dictan política económica, los organismos que imponen austeridad mientras el capital especula sin freno. Se ha desdibujado hasta convertirse en una simple colectora de votos, desideologizada, sin programa, sin horizonte estratégico, obsesionada únicamente con aglutinar sufragios, repartir cargos y administrar la miseria ajena con lenguaje progresista. Ha traicionado la esencia del Frente Amplio, ser movimiento, ser pueblo organizado, ser disputa contra el poder constituido. Hoy es apenas un sello vaciado de contenido, una marca electoral al servicio de la continuidad del orden vigente.

En común acuerdo, y aquí reside la obscenidad mayor, gobierno y oposición han negociado los principios a cambio del eufemismo de la alternancia. Alternancia, palabra hueca, mecanismo pulcro para que nada cambie en lo sustantivo, para que las estructuras de dominación permanezcan intactas mientras los rostros se turnan en la fotografía. Es la alternancia como seguro de vida para la casta, hoy gobierno, mañana oposición, pasado mañana gobierno otra vez, y siempre -siempre- el mismo salario parlamentario, la misma jubilación de privilegio, el mismo acceso al aparato del Estado como botín. La política, que debería ser herramienta de liberación de los oprimidos, se ha convertido en oficio hereditario de una élite que se reproduce a sí misma. Las mayorías populares, los trabajadores, los desposeídos, quedan relegados al segundo plano, al pie de página, a la nota al margen de una historia que otros escriben.

No existe política de izquierda en Uruguay. Existe una casta política aferrada a sus privilegios, blindada por la impunidad, sostenida por un sistema que garantiza su perpetuación.

Hubo un intento genuino, y es deber de la memoria no olvidarlo. Cuando se fundó el Frente Amplio en 1971, nació una fuerza constructora, plural, combativa, verdaderamente popular. Obreros, estudiantes, intelectuales, campesinos, sectores medios empobrecidos confluyeron en un proyecto que desafiaba al orden oligárquico. Pero aquel germen de transformación se truncó bajo el terrorismo de Estado, se mutiló en los calabozos de la dictadura, en las salas de tortura, en el exilio forzado, en la proscripción. Miles de compañeros pagaron con su libertad, con su cuerpo, con su vida, el atrevimiento de imaginar un país distinto. Y lo que sobrevivió a la noche cívico-militar terminó diluyéndose, lenta pero implacablemente, en el neoliberalismo que impuso su agenda tras la posdictadura, repetidos intentos de privatización, desregulación, flexibilización laboral, apertura irrestricta al capital especulativo. La transición democrática no trajo la justicia social; trajo la aceptación disciplinada de las reglas del mercado. Aquella fuerza transformadora no es hoy más que un nostálgico eslogan repetido en actos vacíos, una liturgia sin fe, un nombre sin sustancia.

El individualismo galopante, esa ideología invisible que el capitalismo inocula como sentido común, se ha encargado de instalar la falsa percepción de que ser combativo es algo vetusto, de que la izquierda es reliquia de museo, de que la lucha de clases es concepto perimido. ¡Mentira! ¡Mentira construida desde los medios de comunicación concentrados, desde las usinas de pensamiento liberal, desde la academia domesticada! Ser de izquierda es, hoy más que nunca, exigir el verdadero cambio estructural. No se trata de refundar partidos ni de peregrinar nostálgicamente a los orígenes como si la historia fuera una pieza de museo a restaurar. Se trata de comprender, con claridad, que para mejorar las condiciones materiales del pueblo trabajador primero hay que derribar las estructuras que perpetúan los privilegios de la clase política, los fueros parlamentarios que funcionan como escudo de impunidad para legisladores que legislan en causa propia; el manoseo sistemático de la justicia, instrumentalizada según la conveniencia del poder de turno; la complicidad obscena entre poderes del Estado que blinda a la casta política mientras criminaliza la protesta social; el financiamiento opaco de campañas que convierte la democracia en subasta al mejor postor.

No se trata de pedir reformas cosméticas. Se trata de arrancar de raíz el régimen de privilegios. Se trata de que la política deje de ser carrera lucrativa para unos pocos y vuelva a ser servicio colectivo. Se trata de que el presupuesto nacional responda a las necesidades del pueblo y no a las exigencias del capital financiero. Se trata de que la soberanía popular no sea frase de campaña sino práctica cotidiana de participación, de decisión, de poder real.

Que la partidocracia ceda, de una vez y para siempre, el paso a la democracia verdadera, al gobierno de las mayorías trabajadoras, al poder popular organizado, a la izquierda que no se arrodilla, que no negocia principios por cargos, que no confunde gestión con transformación, que no llama progresismo a la administración dócil del capitalismo. La izquierda verdadera no pide permiso. La izquierda verdadera construye poder desde abajo. La izquierda verdadera no se arrodilla ante el amo del norte ni ante el gran capital. La izquierda verdadera se organiza, combate y vence.







 

domingo, 16 de agosto de 2026

Los aprendizajes en duras épocas



CÓMO PARARSE ANTE LA AVALANCHA TECNO-FASCISTA

La Chacra, 19 de Julio, 2026 Álvaro Jaume (¡siempre REDOMÓN!)


​(I)
Hace exactamente 48 años, un 19 de Julio de 1978, abandonaba el Penal de Libertad. Me parecía increíble aquello de no andar pelado con el mameluco gris, de no ser el “número” 1964, de abrazar la Tribu, de no caminar con las manos para atrás mirando el piso. Todo un impacto emocional volver a respirar minúsculas libertades. ¿Y por qué se me ocurrió vincularlo con este presente tan gris, tan gris como el temporal que nos azota desde ayer, o tan sombrío como la cara del “Araña” que me acaba de visitar, literalmente muerto de hambre y de frío. Es que aquel 19 dejé la mole gris cargando con una nueva mochila repleta de aprendizajes, que serían sustanciales para lo que fue mi vida militante desde aquel entonces hasta hoy. Sobre todo muy consciente de errores que no debíamos cometer más, como por ejemplo subestimar al enemigo, de carencias nuestras que indicaban cuán lejos estábamos del ideal revolucionario que pretendíamos encarnar, y fundamentalmente consciente de cuánta dureza nos faltaba para enfrentar la violencia de un sistema que NO PERDONA ni rebeldías, ni subversiones de ningún tipo. Es que el Terrorismo de Estado fue precisamente eso: una construcción política diseñada para aplastar todo indicio de “sedición” (¡al decir miliquero!), para asesinar, torturar, desaparecer, en definitiva para resolver todo aquello que la mentada “democracia representativa” (propia del orden capitalista burgués) no puede... es pues el recurso utilizado para “apagar el incendio” cuando el PODER de la clase dominante se ve —de verdad— amenazado. Entonces aprendimos por ejemplo, que ante el torturador psicópata, mostrarse débil, sumiso o vencido, ¡ES MUCHO PEOR! Este crece en su morboso delirio de Poder, y el torturado se hunde en la insignificancia, haciendo añicos su autoestima. La lógica de la tortura es precisamente esa: apostar a destruir la dignidad del Preso, intentando convertirlo en ESCLAVO. Si uno cede un dato, el torturador como buen adicto enfermizo, intentará sacar otro y otro ad infinitum, “corriendo el riesgo” —como sucedió muchas veces— de acabar con la vida del preso. En un marco de violencia, realmente INDESCRIPTIBLE. Conocer este tipo de mecánicas, atravesar situaciones límites de esta índole, enfrentarse a los “Gavazzo”, a los Urban o Fresia, personajes que destilaban arrogancia, prepotencia, insisto, morboso placer en destruir al torturado, nos enseñaron la LECCIÓN 1: SIEMPRE QUE UNO PUEDA, QUE TENGA LA SUFICIENTE RESERVA MORAL Y ENTEREZA PSÍQUICA COMO PARA POSICIONARSE DIGNAMENTE ANTE ELLOS, LAS CHANCES DE SALIR ENTERO O GANAR LA PULSEADA, SERÁN MAYORES. La historia de la humanidad nos muestra, mejor, demuestra, que la debilidad del esclavo “empodera” más al amo, y que por el camino de la capitulación no hay chance de ganar ni siquiera la más pequeña de las batallas. Y esto como receta, vale para la política, para la vida en general. ¡¡No subestimar infantilmente, pero jamás hocicar o caer en la sumisión!!


​(II)
Asistimos a una coyuntura mundial tan descarnada, dura y cruda, como lo fue la época de las Dictaduras del Cono Sur, como la nuestra aquí en el “paisito”. Con un “reinado” de un presidente de los EE. UU., el susodicho D. Trump, nunca antes visto: ¡Impunemente arbitrario y avasallante! En estos dos años transcurridos, no hay minuto —a escala planetaria— que no se hable de lo que dijo, hizo o prometió hacer este “neoCalígula”. No solo es la cabal comprobación del histórico rol que sigue cumpliendo el Imperialismo norteamericano en el mundo entero, sino que es la viva expresión de una contraofensiva tecno-fascista que se ha ido desplegando con creciente énfasis a partir de la Plandemia del 2020. A lo largo de este tiempo, he mencionado varias de estas operaciones quirúrgicas del Poder Yanki como ser el secuestro de Maduro y la “absorción” de Venezuela, el asesinato de Alí Jamenei (no. 1 de la Teocracia Iraní), o últimamente la intervención en las elecciones Colombianas a favor del candidato A. de la Espriella (opuesto a Cepeda del “Petrismo”), la aplicación de un 25% más en los aranceles a Brasil defendiendo a Flávio Bolsonaro en su futura lucha en contra de Lula, e incluso hasta “metiendo su colmillo inmundo” en el Mundial de Fútbol (¡llegando al colmo de cuestionar una tarjeta roja que finalmente la FIFA no aplicó!). Con la particularidad de que el Trumpismo ha configurado una “patota política” a lo largo y ancho del Planeta, que viene progresivamente ganando terreno. Desde el Sionista Netanyahu en Medio Oriente, pasando por Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, varios presidentes latinoamericanos (los 13 que en este pasado Marzo formaron el Escudo de las Américas) y algunos aliados claves en el mundo árabe, como ser el príncipe heredero de Arabia Saudita o el presidente de Egipto. Con una iniciativa permanente en lo que ellos mismos denominan “batalla cultural” contra el Progresismo o ”Wokismo” al que tildan de “marxismo radical” o Comunismo. Estrategia sustentada en un fogoneo ideológico sistemático, al punto que la pasada semana el Secretario de Estado Marco Rubio convocó a un “Encuentro Ministerial para abordar el resurgimiento del Terrorismo Político” realizado en Washington DC, al que concurrieron nada más ni nada menos que 66 países. En este contexto, el centro de debates fue cómo enfrentar al “Comunismo entendido como Terrorismo” en todas sus formas. Encuentro al que por supuesto Uruguay concurrió, con una delegación que Cancillería caracterizó de 2do. orden, pretendiendo así justificar la presencia de nuestro País, en semejante Simposio. Y completando el cuadro, detrás de esta “vanguardia política” de ultraderecha, operan los tecno-oligarcas primordialmente surgidos en Silicon Valley o Texas, ¡apostando todos los boletos al despliegue InterPlanetario y absoluto de la Inteligencia artificial (IA), como modelo civilizatorio IDEAL para la Humanidad entera! Léase, TRANSHUMANIDAD. Desde el día que asumió Trump con todos los magnates de las Gigantes Tecnológicas rodeándolo (Musk, Bezos, Zuckerberg, Larry Fink, etc.), luego con la selecta comitiva que lo acompañó a China (una docena de los CEO o empresarios norteamericanos más importantes), las señales del rumbo económico han sido clarísimas: concentración Oligopólica a gran escala (no solo de los tradicionales polos militar y petrolero), y digitalización de la economía mundial. El mejor ejemplo de este proceso es lo que está aconteciendo en la Argentina de Milei. Resulta que Peter Thiel, uno de los ideólogos del MAGA (América Grande nuevamente), asesor de Trump, poseedor —según Forbes— de una fortuna del orden de los 30 mil millones de U$, fundador de PAYPAL Y PALANTIR, esta última una agencia de IA que acumula información militar en diversos países, acaba de fijar residencia en Buenos Aires, y proyecta comprar grandes extensiones de tierra en la Patagonia. Entre otros, con el fin de instalar los enormes “DATA CENTERS” que requiere la IA, demandantes de ingentes cantidades de agua (enfriamiento) y energía (hidrocarburos producidos en “Vaca Muerta”), provocando daños ambientales incalculables. Para este Plan de “Colonización”, este amigote del NeoCalígula cuenta con el beneplácito del Presidente Milei (otro de la “barra T”) que no solo pretende liberar la venta de tierras a extranjeros —en las cantidades que se quiera— sino además, establecer por ley la INVIOLABILIDAD de la PROPIEDAD PRIVADA. ¡Más claro, imposible!


​(III)
Entonces, vuelvo al principio: ¿Cómo actuar frente a los Poderosos, frente a los violadores de los DD. HH., frente a estos tecno-fascistas como Peter Thiel, frente al primer, casi TRILLONARIO en la historia de la Humanidad, como Elon Musk, o frente a la patota política de Trump y sus secuaces? ¿Arrodillarnos suplicando piedad? ¿Ajustarnos a la “corrección política”, al diálogo, al talante democrático (diría M. Bergara) para no levantar las iras del Leviatán? ¿Qué aprendimos del pasado? ¿De qué servía mostrarse débiles ante el torturador o ante el milico que posaba de “bueno”? En la reciente campaña de 2da. vuelta de Colombia, manipulada algorítmicamente para ganar por unos miserables 270 mil votos (¡entre 24 millones!), mientras “El Tigre” Abelardo vociferaba contra el Comunismo y la Guerrilla, el apacible I. Cepeda haciendo honor a su formación teológica, parecía que rezaba a la hora de reclamar el voto para la “Izquierda” agrupada en el Pacto Histórico... Y con fraude incluido, salió derrotado. ¿Entonces? Aquí en el “paisito”, cuidado no solo Orsi, ¡el Frente TODO! parece estarle haciendo campaña electoral al Cuquito para que vuelva a ganar en el 29... ¿De qué le ha servido a Orsi visitar el Portaviones Yanki, no hablar de Genocidio mientras Netanyahu masacraba Palestina, sostener hasta el hartazgo que él es dialogal, rasgarse las vestiduras en nombre de la “Democracia”, donar su “prenda corrupta” (la mentada camioneta) a la ANEP, reconocer que debió ponerse al día con el Impuesto a Primaria, o difundir públicamente que él mantiene regulares conexiones con los expresidentes? Hoy en día todos los grandes medios de Prensa (radiales, televisivos, escritos) se hacen una fiesta con el bajo índice de aprobación del Presidente... el más bajo desde el 85 hasta ahora —según estadísticas— de todos los presidentes, al cabo de un año de gestión. Hasta un mediocre periodista radial se atrevió a preguntarle qué “consejos” le había dado el distinguido y autocrático Cuquito, cuando habló con él. La diversión de la vernácula derecha uruguaya, clasista por antonomasia, de mediocres politicastros blanqui-colorados, es hacerle “Bullying” a un simple y pueblerino canarito como Orsi, que —según ellos— no está a la altura de lo que requiere la investidura presidencial. Y “en de mientras” diría el paisano, ¡cuanto más timorato y débil se muestra el FA (¡otra que animarse a gravar el patrimonio del 1% más rico!) más se empoderan los “malla de oro”, los Poderosos, los “dueños del Uruguay”! El colmo de los colmos ha sido el festejo con el que estos aggiornados y pragmáticos frenteamplistas, el Presidente y sus Ministros, recibieron la llegada al país de la emblemática Tesla, de Elon Musk. Tal como lo sentencia la canción “Maldición de Malinche”, la debilidad nos hace más esclavos. ¡Rematadamente!
​¡SI ALGO HEMOS APRENDIDO DEL PASADO, ES POR DÓNDE NO HAY QUE IR!