martes, 28 de abril de 2026

Cielo del 69

 


 

,...TORMENTAS DEL 2026 

 

La Chacra, 24 de abril de 2026. Álvaro Jaume (¡Siempre REDOMÓN!)

(I) 

¿“SABREMOS CUMPLIR”?

Esta emblemática canción de los Olima, que por aquellos encendidos años 70 entonábamos con enorme mística, marcó también nuestros primeros pasos en abril del 2020 cuando creamos la Olla Popular del “Tole” (Toledo Jr.). Más allá de convertirse en mitigación ante el montaje plandémico orquestado en torno al Covid-19, lo real es que pasó a ocupar un lugar central en la vida de no pocos rostros humanos, golpeados por el virus del hambre y la pobreza endémica más que por el Sars-Cov-2.

Recuerdo intercambiar con el Tambero (J. Zabalza) sobre la olla y lo primero que enuncia la canción: “QUE ACABE LA CARIDAD Y QUE EMPIECE LA JUSTICIA”. Con patriadas de este tipo: ¿no estábamos nosotros precisamente haciendo caridad (“beneficencia social”) en vez de luchar por justicia? ¿Emparchando, amortiguando los efectos de un capitalismo cruel cuya esencia misma es la injusticia social? ¿No estábamos repitiendo el modelito progre que instauró —con el primer gobierno del FA— el MIDES de M. Arismendi (PCU) como paliativo para compensar socialmente los destrozos de un programa económico neoliberal, anunciado por el pope Astori (descanse en paz) a las puertas del FMI en Nueva York?

Teníamos más que claro que el Plan de Emergencia del “amigo” Tabaré, como por ejemplo el plan “Hambre Cero” de Lula en Brasil, eran y son los matafuegos que inventan los gobernantes y políticos autoproclamados de “izquierda” para calmar a las fieras (léase el Pueblo) y calmar su propia (mala) conciencia de burócratas acomodados. Pero, ¿qué hacer en concreto ante urgencias como las que se vivieron en aquellos días con un país paralizado, en cuerpos ya gastados por el hambre y la exclusión?

En los años 69/70, tal como lo transmite la canción con fuerza envidiable (¡sirve escucharla para captar el espíritu combativo de la época!), eran tiempos “CON EL ARRIBA NERVIOSO Y EL ABAJO QUE SE MUEVE”. Entonces, para nosotros, militantes que no padecíamos el hambre, éticamente nos tranquilizaba la total convicción de que estábamos haciendo la REVOLUCIÓN y de que, más temprano que tarde, tomaríamos el PODER y la “tortilla se daría vuelta”. ¡Así de claro, así de REAL!

Desde este lugar, una olla popular podía entenderse como herramienta de acción en un conflicto (por ejemplo, durante la huelga general del 73), un mecanismo coyuntural parte de un proceso de lucha que tendría resultados históricos INMEDIATOS. Pero en marzo del 2020, no solo ya no existía ese cercano horizonte revolucionario que nos calmara —como militantes— el malestar interior de saber que son otros, NO UNO MISMO, los que padecen hambre y exclusión... Teníamos plena consciencia y comprobado que ni siquiera con los dos gobiernos precedentes del FA (atención: ambos con mayoría parlamentaria) el grave problema de la “vulnerabilidad social” (¡como gusta decir a los progres y técnicos en la materia!) estaría resuelto.

Con más razón en un país paralizado, de puertas cerradas, bocas tapadas y pánico a la sociabilidad (acordarse del DFS, distanciamiento físico social). Conclusión: ante la urgencia inevitable, la alternativa parecía clara: o la olla como escuela de vida colectiva, experiencia de AUTOGESTIÓN Y DIGNIDAD DE LOS DE ABAJO; o la olla como “dádiva social” de un núcleo “heroico” de algunos hacia los más castigados de la sociedad en medio de la emergencia sanitaria.

Interpelados éticamente por un contexto crítico, no daba para dudar. Así fue que emprendimos el 08-04 del 2020 el primer camino: el de apostar a construir una olla capaz de “crecer desde el pie” como organización popular. Llevamos 6 años de actividad ininterrumpida (la crisis sanitaria duró dos) y un largo recorrido de humanidad compartida, de construcción política desafiante ante las miserias del sistema, con resultados más que impactantes e inesperados. Estos, en todo caso, pueden comprenderse o conocerse si uno entra en YOUTUBE, en el programa “DE FOGÓN EN FOGÓN”, en el cual el periodista A. Pan (uno de los tantos despedidos de M24) junto con el director argentino del canal, entrevistan y filman a olleras y olleros toda la mañana (miércoles) del pasado mes.

¡La dinámica de la olla “del Tole” queda al desnudo y los contenidos de los diálogos son imperdibles! Además, puede evidenciarse que el gigante “ollón” de guiso (¡2.000 porciones!) vuela todo, ya que, en general, cada persona lleva dos o hasta tres potes de helado de 5 kilos (¡hay familias que durante toda la semana solo comen nuestro guiso estirado!).

En esos videos también se comprueba que, a pesar de cansancios, flacuras, rostros desdentados y durezas, reina el buen ánimo colectivo a la hora de cocinar (en este último año siempre somos entre 20 y 30 para la tarea). Y que realmente, al momento de participar en la Asamblea que religiosamente hacemos mientras se va cocinando el guiso para encarar y decidir entre todos las cosas, se puede palpar que hay un “núcleo duro” de caras comprometidas con la experiencia; como quien dice, con la ¡“camiseta puesta”! 

Nada de esto que es nuestra nueva “normalidad” ollera —sobre todo de este último año— me hubiera motivado a escribir ni a recordar “Cielo del 69”, si no fuese por lo que ocurrió este pasado miércoles 21 de abril. Veamos los hechos, dejando por un instante las valoraciones o consideraciones emocionales.

Desde el arranque en la mañana, para hacer el guiso, éramos 34. A la hora de la asamblea, ya el núcleo de participantes era mayor; y se cierra la historia a las 12 en punto, hora de entrega del guiso, con una INTERMINABLE fila, con varias caras nuevas y un inédito epílogo: POR PRIMERA VEZ EN 6 AÑOS, PARA NO DEJAR A NADIE SIN COMIDA, a partir de cierto momento, comenzamos a servir un solo pote por persona. ¡Las 2.000 porciones NO ALCANZARON!

Una cruda, durísima radiografía del Uruguay REAL que las cifras oficiales del INE no solo no esconden, sino ¡CONFIRMAN! Durante esta semana que culmina, toda la prensa hegemónica, los “grandes medios”, con mucha “alaraca” y ruido, se dedicaron a divulgar que en el Uruguay de hoy, eso que los técnicos bien rozagantes y bien alimentados denominan “pobreza estructural”, sigue inamovible, confirmando que se ha convertido en enfermedad endémica. Una pobreza multidimensional —como gustan definir— de hogares de un 19 %; es decir, arriba de 350.000 hogares que padecen todo tipo de carencias en alimentación, vivienda, salud, educación y recreación. ¡Otra que “pandemia” social!

Y por supuesto que la Coalición festeja cobrándole al FA su inconsecuencia (uno, ya pasados los 75, nunca compró el verso de los ricos y los conservadores de derecha “preocupados” por los pobres), y el FA, con políticos no solo bien alimentados sino bien adiestrados en justificar y consolar, contraataca anunciando programas —estos sí típicamente asistencialistas (“migajas para la negrada”)— del tipo: “La calle no es lugar para vivir” (gracias, Gonzalo) o “Más Barrio” (gracias, Pacha). ¡INDIGNIDAD ABSOLUTA!

Después de haber hecho toda la campaña electoral con la promesa de erradicar la “pobreza infantil” (otro eufemismo demagógico), de agitar Orsi hasta el cansancio la consigna “Sabremos cumplir”, al cabo de un año de gestión el resultado es francamente decepcionante. En general, en el país, la aguja no se movió (en ciertas zonas, retrocedió); en la Olla del Tole, por primera vez, NO ALCANZARON las 2.000 porciones. Como dirían algunos políticos muy pillos (entre ellos el expresidente Lacalle en su discurso del 02-03-22 ante la Asamblea General): ¡DATO MATA RELATO!

Los relatos caen ante la pesantez de los datos. Y qué tristeza y decepción que precisamente sea a manos de un Gobierno que se jacta de ser progresista, que se dice de “izquierda”, que sigan perpetuándose realidades sociales tan duras. Qué contrastante, tratándose de un movimiento político como el FA, marcado por una historia pasada de lucha en favor de la justicia social.

(II) 

 Por eso, este pasado miércoles me volví a la chacra literalmente incendiado por dentro. No solo porque para nuestra generación 68 (¡dale, Jaume, con la “gen 68”!) la construcción del FA como herramienta de lucha política PERMANENTE (no electoral), capaz de superar la fragmentación de la izquierda y transformar REALMENTE la sociedad, fue todo un desafío vivido en la piel, compromiso para miles, vidas entregadas por unos cuantos... sino porque en estos 6 años uno se ha ido encariñando, implicando afectivamente, con abrazos, con cercanía de vida, con esas centenas de caras y familias que COTIDIANAMENTE la están sufriendo, ¡¡¡¡Y MUCHO!!!!

Por ejemplo, cuando a las 6:00 (como todos los miércoles de olla) pasé a buscar a Gabi para venirnos a la chacra y junto al “Trapito” (que vive en una cueva del Pque. Rodó y se viene especialmente para la puja), el Flaco Daniel y Diego J., cargar las camionetas y marchar a Toledo, me comenta “la” Gabi: “Álvaro, anoche no tenía ni un mango para comprar un par de pancitos y leche para Bruno (el nieto que vive con ella), y ‘la hija de su madre’ de la almacenera no me quiso fiar porque ya debía demasiado...”. ¡ELLA Y SU NIETO ESTABAN SIN COMER NADA DESDE HACE UN DÍA!

Es esa misma Gabi, referente/vocera de nuestra olla desde el 2021, que “casualmente” estuvo presa 16 AÑOS; que el pasado 11 de abril del 2025, mientras duraba el “OLLAZO” en Plaza Independencia y cruzamos en patota a la Torre Ejecutiva reclamando la presencia de Orsi para entregarle un documento/petitorio, poco menos que a los gritos le decía al funcionario que nos recibió: “Dígale que baje, que dé la cara, que yo lo voté creyendo que iba a hacer algo... ¡por lo menos que dé la cara!”.

Y ese mismo Orsi que tiempo atrás, siendo intendente canario, había visitado nuestra olla elogiando el esfuerzo que estaba implicando, el pasado viernes 11 del 2025 no fue capaz de bajar desde el piso 11 para dar la cara, para estar con los más jodidos del Pueblo que lo votaron con la esperanza de que algo —REPITO: SOLAMENTE ALGO— cambiara. Un Orsi que terminó, al rato, mandando al Pacha para que pusiera el rostro e intentara calmar las aguas. Todo muy triste, muy indigno.

Cuando en enero del 2025 comenzamos a organizar el OLLAZO, las tres ollas responsables de la movida (la Chimango, la Cumparsita y la del Tole) teníamos claro la importancia y el objetivo de la misma: poner MUCHA GENTE en la plaza, pueblo ollero movilizado en la calle, presionando al “novel” Gobierno del FA para que comenzara a resolver carencias ¡MÁS QUE URGENTES! 

Según datos de la  CPS (Coordinadora Popular y Solidaria): estaban funcionando alrededor de 300 emprendimientos alimentarios (entre ollas y merenderos). Materia prima para la movida política sobraba (las mentadas “condiciones objetivas”); la cuestión era movilizar precisamente a quienes comían en las ollas.

Pues bien, nos recorrimos —en nombre de la Coordinación OLLAZO— varias regionales de la CPS, argumentando el porqué de la movilización justamente al inicio de la gestión Orsi/MIDES (Cibila). Sobre todo porque el aparato político-partidario del FA (especialmente el MPP) estaba obstinado en preservar el inicio de la nueva gestión Orsi/FA, defendiendo una tesitura de expectación respaldada en “amigables” gestiones, en lugar de agitación y movilización callejera. Nos reclamaban “confianza política” (¿¿??) en los nuevos representantes y tecnócratas de turno.

Hicieron todo lo posible por desactivar y boicotear el OLLAZO, pretendiendo deslegitimar la iniciativa por tratarse de ollas “orejanas” y rebeldes. El círculo se cerró con un Orsi ausente, que rechazó mirarnos a la cara; con un OLLAZO digno y razonable en gente, pero lejanísimo de lo que debiera haber sido como factor de presión a cuenta de comenzar a enfrentar las desgracias sociales que hoy, 2026, estamos soportando.

Tuvimos claro lo que iba a ocurrir en el terreno económico, político y social: MÁS DE LO MISMO a cargo del FA. No pudimos quebrar la estrategia progresista que, a lo largo de todo el continente latinoamericano (no solo en Uruguay), viene perfilándose desde comienzos del siglo XXI:

  1. Legitimar al capitalismo (ni qué hablar en su versión tecno y posmo) como el único sistema posible, perfectible o “mejorable” bajo el lema: “¡DEMOCRACIA siempre!”.

  2. Crear ilusiones políticas, ilusiones de cambio, marketing mediante, como lo hizo el FA con el “Sabremos cumplir” o con el “diálogo social” en la pasada campaña 2024.

  3. Desmovilizar a las masas, dejando en manos de los representantes profesionales (¡por algo ganan ingentes salarios y comen más que bien!) y la mecánica INSTITUCIONAL el quehacer político. Democracia representativa; a lo sumo directa cuando no queda más remedio (como la pasada campaña del “SÍ”), pero nunca, jamás, PODER POPULAR construido en las calles, con LUCHA.

  4. Aislar a los radicales, como lo hicieron, en este caso, con las tres ollas promotoras de la iniciativa.

(III) 

Y si algo faltaba para reavivar aún más la mecha interior de la rebeldía y la bronca ante tanto doble discurso y doble moral, un miércoles 21 de abril memorable trae Diego a la olla la inaudita noticia de que el Consejo Municipal de Toledo (alcaldesa y dos concejales coalicionistas, dos concejales del FA) NO autorizaba la utilización del Centro Julio Castro —ubicado en la histórica plaza de Toledo— para el 1.º de mayo, tal como nosotros lo habíamos solicitado.

Pretendíamos proyectar para tan particular día un notable videíto que explica el porqué de la fecha y lo ocurrido con los mártires de Chicago. Pues bien: la “élite” política toledana (para no hablar de “casta”, como lo hace el cínico de Milei), por UNANIMIDAD, no permitió que una olla popular, en un lugar precisamente denominado “Julio Castro”, organizase una actividad en homenaje a los mártires de Chicago. ¿Inaudito? ¿Increíble? ¡No! ¡Vergonzosamente indignante!

Esto confirma cuán dura es la lucha de clases y cuán impío es el PODER a la hora de cuestionar o intentar embozalar conductas orejanas que no les “cabrestean a los que mandan”. Sin duda que, con más razón, el próximo 1.º de mayo, Día de los Trabajadores (no olvidar que para un ollero o una ollera tener trabajo fijo ya es “un lujo”), la Olla Popular del Tole ocupará el centro de la plaza.

Igualmente veremos (aunque sea encerrados en un gazebo y colgados de una nube) el video anunciado, organizaremos un micrófono abierto para todo el Pueblo y, finalmente, compartiremos una fideada que se cerrará entonando “EL HOMBRE DEL MAMELUCO” (¡grande, Saba!). Un verdadero himno a la vida y lucha de los explotados, y un reclamo cada vez más vigente de no bajar los brazos y HACER CADA DÍA INFINITAS MINIREVOLUCIONES que, de a poco y sumándose, vuelvan a convertir en realidad lo que dice la canción “CIELO DEL 69”:

¡QUE ACABE LA CARIDAD Y QUE EMPIECE LA JUSTICIA!

 

 

 

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