jueves, 7 de septiembre de 2017

Comcar: un viaje al pozo más profundo

Población sobrante en Uruguay









Este es el relato de una vida que se fue rompiendo de a poco hasta llegar al Comcar. Allí, donde debería reconstruirse, trabajar y estudiar es un privilegio, y terminar hacinado 24 horas en el módulo más tenebroso puede suceder de un día para el otro por obra del azar.


PAULA BARQUET03 sep 2017
Mamá, no me dejes solo", sollozaba Guzmán la noche que rapiñó ocho ómnibus en El Pinar. "Mamá, trancame la puerta, encerrame, no me dejes salir", le pedía unos días antes de sucumbir a la tentación de la pasta base y probarse por primera vez como delincuente. "Mamá, intername, esto no me sirve", le había dicho tiempo atrás, cuando su adicción era bestial y la ayuda que le daba el psiquiatra, insignificante.
Ahora Guzmán espera a su mamá en el Comcar, desde un rincón del galpón donde se reciben las visitas de los presos del módulo ocho. La lluvia de varias horas se coló por todos lados, el piso está embarrado y la humedad potencia el olor a encierro. Las 15 mesas de hormigón gentilmente vestidas con manteles floreados para los cerca de 60 visitantes están ocupadas, así que el resto se acomoda en el suelo sobre frazadas que después quedarán arruinadas. Hoy Guzmán le pide a su mamá cigarros, sábanas, un colchón, championes, medias. Lo que verdaderamente precisa es un poco de dignidad.
"¿Tocaste fondo? Más bajo que esto no podés caer. Esto es lo más hondo que vas a estar", le reprende su mamá, a lo que él ofrece una sonrisa conciliadora mientras con sus ojos dice que ya no insista, que entendió el mensaje.
Guzmán lleva un año en el Comcar, la cárcel en la que pagan por sus delitos unos 3.800 hombres, 34% de todos los presos de Uruguay. En el Comcar se registran los índices más altos de hacinamiento y violencia, y los más bajos de intervención técnica para la rehabilitación. Cada día hay cuatro heridos y en lo que va del año cuatro presos se suicidaron. Pero el fondo al que alude su madre lo conoció hace 15 días, cuando sin explicación lo trasladaron a él y a otros compañeros, del benévolo módulo seis al ocho. Ahí sí que se muere en vida.
Desde que lo cambiaron de módulo, Guzmán comparte un espacio de dos metros cuadrados con otros cinco hombres que prácticamente no salen de la celda. Ya no lo dejan trabajar, estudia solo cuando el guardia se dispone a acompañarlo a la clase, no sale al patio, no toma su medicación, come una vez por día, duerme cuatro horas, no tiene cama ni colchón.
La arbitrariedad con la que se ejecutó su traslado no es una rareza: más bien es "consecuencia de ciertos movimientos de escasa elaboración técnica que se hacen cada tanto sin contemplar el impacto en los internos", dice Juan Miguel Petit, el comisionado parlamentario que vela por los derechos humanos de los presos. "El director de una cárcel es como un médico con sus pacientes, un profesor con sus alumnos, un director técnico con sus jugadores: tiene que saber quién es quién. Pero si hay 3.800 internos, que entran y salen, ningún director puede saber. El manejo cotidiano se vuelve muy despersonalizado", agrega.
La historia de Guzmán es testimonio vivo de cómo la cárcel puede ser el enemigo más cruel de quien cometió un error y se dispone a pagar por ello. El suyo puede ser el relato de otros cientos de presos de características similares.

Colorín colorado.

Guzmán cayó un día de julio de 2016. Lo buscaban los de Investigaciones porque sospechaban que era autor del delito de moda en El Pinar, y luego de pasar por lo de su novia fueron a lo de su madre. Allí se encontraron a una mujer que había dado más de lo humanamente posible para encaminar a su hijo y que, a esa altura, solo anhelaba un poco de paz. Anotó el teléfono del policía y esperó. Cuando Guzmán se apareció golpeando la puerta en la noche oscura, le preguntó si había robado y él se lo negó. Le dijo que durante las 24 horas anteriores había caído en un sueño profundo en el que la realidad se había desvanecido y ahora solo quería quedarse en casa a salvo. Ella no le creyó y discó el número del oficial: "Venga, Guzmán está acá".
Aquel hombre de 25 años y 1,90 metros, el tercero de tres varones, había sido un problema desde chico. A los cuatro años la maestra no podía con él; era "inquieto, fatal, hiperactivo". La solución para esos niños hace 20 años era una buena dosis de ritalina. Así, sin la atención adecuada, su exceso de energía se transformó en mala conducta y luego en problemas de aprendizaje. A los ocho años empezó tratamiento psicológico y psiquiátrico en el hospital de la zona, pero las dificultades no cedían. Cuando terminó la escuela, sus padres entendieron que el liceo no era para él.
Hizo clases de cocina y dejó por la mitad por un conflicto con un compañero. Hizo clases de electricidad a disgusto, y tampoco terminó. Trabajó un tiempo en una fábrica de pastas, pero no duró. De adolescente pasaba horas jugando al fútbol con los amigos del barrio y peleando con sus padres. Se escapaba de su casa. A esa altura ya se atendía con un psiquiatra de adultos y tomaba cinco medicamentos para mantener a raya sus trastornos de conducta y ansiedad. Él le jura a su madre que solo fumaba marihuana. Ella le cree.
Para fines de 2015 Guzmán era un adicto pidiendo ayuda. Se internó en un centro privado durante dos meses y medio y salió peor, con más ganas de consumir. Igual de ansioso pero ahora, además, obsesivo con las rutinas y siempre al borde de la crisis. Tenía ganas de superarlo, dice su mamá, pero no pudo.
Y ella tampoco pudo más cuando lo vio escaparse por la ventana y recaer. Guzmán se quedaba noches enteras en la calle, volvía "pasado" y agresivo. Se descubrió a sí misma escondiendo hasta el monedero por miedo a su propio hijo. Alguna discusión terminó en "te vas de acá", y alguna vez el psiquiatra intervino diciendo que no era "conveniente" que él, en su estado, viviera "en situación de calle".
Un día todo terminó y el fin del calvario trajo consigo la ausencia. Guzmán ya no estaba. Su madre lloró en la cama durante cinco días y luego retomó su vida. Más tarde supo que, a pesar de que el juez y el fiscal habían recomendado recluirlo en un centro rehabilitador, la administración de cárceles lo había destinado al Comcar.

El psiquiatra intentó incidir. "Siempre expresó deseos de abandonar el consumo, lográndolo por períodos importantes. Siempre mostró deseos genuinos de recuperarse, cumpliendo con los tratamientos y concurriendo periódicamente a controles clínicos", escribió en una carta dirigida al Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). Detalló que, antes de la adicción, se atendía por "síntomas de la esfera del humor y la afectividad", y lo describió como una persona con "vulnerabilidad psíquica y baja tolerancia a las frustraciones". "Por las características de Guzmán creo sumamente perjudicial que se encuentre detenido en el Comcar", remató.
Su padre se endeudó para contratar un abogado al que le pagó US$ 1.200 para que consiguiera traslado a un mejor centro penitenciario, pero eso no sucedió.
Dentro de lo peor, a Guzmán le tocó algo cercano a lo mejor. La Unidad de Ingreso, Diagnóstico y Derivación del INR lo derivó al módulo seis del Comcar, un sector de máxima confianza en el que los reclusos suelen tener años de encierro y ganarse con buena conducta la posibilidad de estudiar, trabajar y ver la luz del sol cada tanto. Tal vez la decisión fue en consideración a la historia de Guzmán y a las recomendaciones del psiquiatra. Tal vez no.
"De lo mejor que tenemos acá, un lujo, respetuoso, buenísimo, cero problema", lo elogiaba una encargada del módulo cuando su madre lo visitaba. Ella, todavía con el rencor en la piel, ironizaba: "Sí, es la madre Teresa de Calcuta".
Durante el año que estuvo en el módulo seis Guzmán no tuvo observaciones ni conflictos, trabajó como "vocero" —el que anuncia las visitas— y desde marzo le permitieron estudiar. El primer semestre del año cursó tres materias de primero de liceo que no aprobó porque los guardias no lo llevaron a dar los exámenes, pero al menos aquellas idas a la "comunidad educativa" le sacaban la cabeza del encierro y le permitieron conocer presos y personal de todo el Comcar.
El viernes 11 de agosto, tras una requisa, el jefe del módulo seis se apareció con una lista y empezó a llamar, recluso por recluso. Nombró a decenas. Guzmán estaba entre ellos. "Había muchos con comisión (trabajo) y estudio. Nos sacaron sin razón alguna, no nos dieron motivo", asegura. Un guardia lo condujo por las calles internas de esa ciudad que es el Comcar, y cuando descubrió a dónde lo estaban llevando, no pudo contenerse: "¿Al ocho me estás llevando, botón?". Seguramente ese "botón" le valió la sanción de interrumpirle las visitas dos semanas después. Quizás sí, quizás no. Ya se sabe: todo es demasiado arbitrario aquí como para sacar conclusiones certeras.

Se picó.

A la hora de las visitas hay dos reglas. Una: no se mira al visitante ajeno. Dos: las peleas se desencadenarán cuando el tiempo se esté terminando, de modo que todos hayan podido ver a sus familias. En ese mismo galpón, hace una semana, la visita "se picó". Empezaron a los cuchillazos y se evacuó el lugar. Eso en el seis no pasaba.
"Todos o casi todos los hombres acá están armados con cortes carcelarios —afirma Guzmán, y eso obviamente lo incluye. Si se pica, yo tengo que cuidarlas a ustedes dos. No puedo dejar que les pase nada".
En el módulo seis el patio es abierto, se juega al fútbol, hay actividades. En el ocho, en cambio, el patio es un piso de hormigón con un techo de chapa que impide ver la luz del sol. Solo se puede salir los viernes, y los que van saben que hay más riesgo de terminar herido que ileso. Casi siempre hay pelea. De hecho, en la celda de Guzmán hay uno que hace un par de semanas bajó al patio y salió con tres puñaladas en cuello, brazo y tórax. Estuvo grave, pero a los pocos días ya estaba de vuelta en el Comcar. Guzmán cuenta que está muy dolorido. Le concedieron una de las dos camas que hay en la celda.
Otro de sus compañeros debe plata por drogas y hace días que está anunciando que va a tener que bajar al patio, que no le va a quedar otra que enfrentar de esa forma su deuda. El más "viejo" de la celda tiene 40 años y está en huelga de hambre para que lo saquen del módulo ocho. Guzmán se ocupó de escribir una "solicitud" para que los guardias estén al tanto. Allí todo se comunica por escrito y con un encabezado de manual: "Señor encargado, con el debido respeto que usted se merece...". Eso lo aprendió en el seis, y acá, en el ocho, es el único capaz de hacerlo.

La comida del ocho es la peor del Comcar. Alguna vez ha tenido que resignar dignidad por pura hambre. Del famoso "rancho" —una olla con un líquido amarillo intenso, pedazos de chancho, algún fideo recocido, alguna verdura— sacan lo sólido, lo hacen "tortilla", le ponen sal y condimento. Cada tanto les dan polenta. Cocinar antes era cosa diaria, pero ahora es casi un lujo porque no hay espacio. Además, requiere ciertas nociones de electricidad, porque lo hacen con una resistencia que introducen en el surco de una piedra para protegerse de las patadas. En cualquier momento, un guardia puede "requisarla" para transarla con los mismos presos.
En el módulo ocho Guzmán piensa mucho. Piensa en lastimarse, piensa en su madre, en su padre, en sus hermanos. Piensa en la calle. A veces se angustia. Ahí adentro, al estado de desolación le llaman "estar en cana". Cuando se repone se concentra en buscar una forma de salir. Tiene una estrategia, pero concretarla implicará tiempo, paciencia, suerte, la voluntad de otros, y un poco de inteligencia. Un día, un antiguo compañero del seis al que se cruzó afuera de clase le dijo "hablá con tal", que trabaja en el supermercado interno del Comcar y además es uno de los encargados del Polo Industrial, donde supuestamente los reclusos de mejor conducta son bendecidos con el privilegio de trabajar. "Tal ya me conoce", dice Guzmán. "Hasta con beso me saluda. Me dijo que va a hacer la gestión, que ya tiene mi solicitud, que tiene que ver, que capaz puede sacarme de acá".
Hay esperanza. Guzmán se aferra a ella aunque sabe que el que manda en el Polo es otro, y que no se concretará nada sin hablar con él, y que para encontrarlo necesita que los guardias le permitan salir de la celda, algo que no sucede siquiera cuando precisa salir a enfermería o cuando le toca estudiar. Si esa ilusión se desvanece, ¿qué le queda? ¿En qué momento se volvió tan difícil trabajar? ¿Y sobrevivir?
*El nombre del protagonista de este informe fue cambiado por su seguridad.


Los desnutridos que zafaron del módulo 8.

El Comcar se divide en 11 módulos que son como barrios de una ciudad. Algunos, como el nueve, se notan prolijos y amigables. Otros, como el ocho, el 10 y el 11, de afuera no dicen mucho pero adentro dejan a cualquiera sin habla. El comisionado parlamentario penitenciario, Juan Miguel Petit, ha definido a estos últimos tres como "agujeros negros" en los que se da un "trato cruel, inhumano o degradante". En total, en estos tres módulos, vive casi la mitad de los 3.800 internos del Comcar y los que estudian y trabajan se cuentan por decenas.
El módulo ocho entró en consideración de la opinión pública recientemente porque allí se detectó en estado de adelgazamiento crítico a ocho internos. El INR los cambió de módulo para mejorar su alimentación, porque en el ocho la comida es mala, escasa, y en la celda de estos reclusos algunos se adueñaban de la comida de otros. Mediante un recurso de amparo, Petit logró que las autoridades se vieran obligadas a diseñar un plan de atención integral para esos reclusos. El comisionado está a la espera de un informe oficial respecto a su implementación.

Exterminio

Bienvenidos: droga sí, pero cédula vieja y capucha no,

Es mi primera vez en el Comcar. Me visto siguiendo al pie de la letra las indicaciones de la mamá de Guzmán: nada de negro, azul o verde, nada apretado, ropa interior clara y sin enganches de metal, nada de caravanas ni anillos. Elijo un pantalón deportivo bien holgado y, como llueve, un buzo rojo con capucha. A 20 minutos del centro en auto, en el 127 o en el 494, se llega a este sitio de Santiago Vázquez al que las autoridades denominan Compen. Por el camino de ingreso que se toma desde la ruta 1 hay que transitar pocas cuadras hasta que se aparecen los bloques de ladrillo con mil ventanas y ropa colgando que todos alguna vez vimos en las noticias. Al llegar hay una pizzería, dos almacenes, dos paradas de ómnibus y más autos estacionados de lo razonable. Unos metros adelante, un centenar de mujeres, algunos niños y unos pocos hombres hacen fila con sus bolsas transparentes cargadas de verduras, polvorones, azúcar, yerba, tabaco, refrescos, tuppers con comida casera, papel higiénico, productos de limpieza, algún pantalón, algún colchón. Ya ingresaron sus datos y esperan en un sector techado que les permitan entrar a la sala de control.
Para los que tenemos que registrarnos no hay resguardo de la lluvia, pero la fila es corta y avanza rápido. Es mi turno. "¿Cédula?". La extiendo, el policía la mira y me dice sin dudar: "Ah no, con esta cédula así no puede entrar". Me señala la punta superior izquierda despegada y me recuerda que es un requisito tener el documento en buen estado. Ni mi credencial ni mi libreta de conducir le sirven, y mi cara de shock no lo conmueve. Me corren de la fila porque estoy trancando el paso y en eso alguien me sugiere: "Pedí que te la peguen en el almacén".
Enfrente, en "lo de Carlitos", conocen bien las normas del Comcar y están habituados a las angustias de quienes rebotan, así que me ofrecen pegarla con la gotita, no sin antes advertirme que hacerlo puede llegar a enojar mucho a los guardias. "Ya estoy jugada", les digo. Mientras hacen magia con mi cédula, una chica suelta lágrimas y gotas de sangre frente a un espejo intentando arrancarse de la lengua el piercing que la separa de su marido preso.
Con la cédula impecable vuelvo a probar suerte, ahora en la otra ventanilla. La fila creció y la lluvia se volvió tormenta. Mientras espero, veo salir del área de controles a una mujer de unos 50 años, rostro serio y ropa de trabajo. La frenaron: algo en sus bultos no está bien. Mira para todos lados buscando ayuda. Otra señora de unos 70, que un rato antes estaba contando a viva voz cómo se había resistido a tirar los panqueques que le había hecho a su hijo, la asiste. No se puede ingresar más de tres kilos de sólido. Las veo abrir un tupper y sacar un poco de algo que parece torta. Vuelve a ingresar con su bolsa disminuida y, al parecer, tiene suerte, porque no se la ve más.
Es el momento de la verdad. "¿Cédula?". La extiendo. Me mira serio. "¿No le dijo mi compañero que no puede entrar? ¿Usted sabe que esto es un delito, adulteración de documento, y que puede ir presa tres años?". En estricto silencio me doy vuelta y miro a la mamá de Guzmán. "No voy a poder entrar", le digo en un hilo de voz. Ella sí entra, y yo voy a esperarla al auto.
En eso, me cae el mensaje providencial de un amigo que, también por trabajo, visitó varias cárceles. Increíblemente, le pasó lo mismo años atrás en el Penal de Libertad y lo solucionó de una forma insospechada. Me pasa la receta. En unos minutos estoy en el Abitab de Santiago Vázquez sacando hora para renovar la cédula, que aunque no está vencida, se merece ir a la basura. Vuelvo con el papel que indica la hora de la cita y los $ 302 que pagué por ella. Lo protejo de la lluvia como puedo, hago la fila y, sin mucha esperanza, me presento otra vez. Pido mil disculpas al oficial que me rezongó. Esta vez, la suerte está de mi lado: "Ah, con eso sí".
Como no tengo bultos enfilo directo a la sala de control, pero ahora me frena una policía femenina. No puedo entrar con capucha, dice. Ese dato no estaba entre las indicaciones previas, pero discutir no es una opción. Así que, empapada, me saco el buzo y quedo de remera. ¿Qué más?
La sala que sigue se parece mucho al área de control de un aeropuerto. Los que llevan comida o ropa se someten a la revisión del lado izquierdo. Los que no llevamos nada vamos por la derecha y nos paramos en una cinta con las piernas abiertas y los brazos separados. Espero unos segundos mientras el equipo me escanea, y listo. Una chica se lamenta porque el policía que mira la pantalla es un viejo conocido. Comparte conmigo su vergüenza. "¡Acá me lo vengo a encontrar! Bueno, siempre se puede decir que el preso es un primo", se consuela.
Por fin adentro. Se abre un portón que revela una ciudad, con calles, canteros y construcciones. No tengo idea dónde es el módulo ocho, pero voy preguntando a los que me encuentro por el camino y, al parecer, la mala racha para mí fue suficiente. Paso el módulo siete, el seis, luego el nueve y el Polo Industrial. Finalmente doy con un bloque de ladrillos pintado de blanco que anuncia —¡aleluya!— que estoy en el módulo ocho. Dos guardias me reciben con una calidez inesperada, me piden mis datos y los del interno al que voy a visitar, y me acompañan al galpón de las visitas donde me encuentro con Guzmán y su mamá conversando en un rincón.
En ese momento, en ese lugar, hay familiares yendo al baño para sacarse del ano la droga que lograron entrar envuelta en papel plomo e introducida en un preservativo. Marihuana, pasta base, cocaína: todo circula en el Comcar, sobre todo los días de visita. Doy un vistazo a mi alrededor y diviso varios buzos con capucha. Ya aprendí: las reglas son para principiantes.











miércoles, 6 de septiembre de 2017

El que esté libre de pecado...

...que tire la primera piedra 





Cosechando Amigos
Mie 06/09/2017
Con Carlos Pelaez


Como malgastar dineros públicos

El caso Raúl Sendic tiene un aspecto positivo: por primera vez se pone arriba de la mesa el tema viáticos que otorga el Estado.

OIR a Carlos Pelaez

Si bien hay una escala de referencia establecida por el Ministerio de Relaciones Exteriores, diferentes circunstancias confluyen para que cada organismo tenga un criterio diferente y montos diferentes.

Tanto así que muchos funcionarios reciben mensualmente más por concepto de viáticos que por salario. Y esto surge con claridad de varios juicios por divorcio donde hay hijos. Muchos padres revelan su salario pero se niegan sistemáticamente a revelar sus otros ingresos.

El caso de los parlamentarios también es grave. El año pasado los legisladores viajeros recibieron unos 150.000 dólares en total por viáticos, de los cuáles reintegraron apenas 7.700 dólares. Se da el caso que en un mismo viaje algunos reintegran dinero y otros no.

O sea, los viáticos y los viajes constituyen una fuente de ingresos importante para muchos. Pero nunca se difundió una evaluación de cada viaje. Y ocurren cosas tan llamativas como el que una diputada viajara con gastos pagos y 420 dólares de viático, para visitar a la dirigente social Milagros Sala que entonces estaba detenida en Jujuy. ¿Cuál era el interés parlamentario de ese viaje?

En 107 meses de gestión al frente de Ancap, Raúl Sendic hizo 109 viajes al extranjero con sus correspondientes viáticos. Casi paso más tiempo afuera que en el país.

Pero curiosamente, las maestras que muchas veces deben trasladarse a lugares recónditos para dar clases en una escuelita rural o desplazarse muy lejos de su domicilio, no tienen viáticos. Todos los gastos de traslado y comida salen de su propio bolsillo.
Algo funciona muy mal.















El empleo que la crisis se llevó





Primera quincena setiembre 2017.


EL EMPLEO QUE LA CRISIS SE LLEVÓ
La empresa de pinturas Sherwin Williams cerró su planta en Uruguay dejando a decenas de trabajadores sin empleo.
La lista de industrias quebradas o con fuertes descensos de su actividad es muy larga desde 2015. Ecolat, Fripur, Schreiber food, Chery, Lifan, Cotrapay, Impresora Polo, Aratirí, son solo algunos ejemplos.i



El índice del INE que registra el personal ocupado en la industria con base 100 en 2006, se mantuvo relativamente estable hasta 2014, para descender luego hasta los 90 actuales. Las horas trabajadas también descienden en un rango similar.ii
En el conjunto de la economía la demanda laboral también se reduceiii a contrapelo del incremento reciente de las cifras del PBI. Zafra turística, el impacto de los ciclos ganaderos sobre la industria frigorífica y un clima favorable a algunos cereales mejoraron del citado indicador en el primer trimestreiv de 2017 y posiblemente del segundo. Sin embargo son factores provisorios que parecen diluirse.
Las perspectivas laborales no son buenas. La encuesta de actividad de la Cámara de comercio revela que solamente el 2% de los consultados prevé un crecimiento de personal contratado, frente a un 14% que espera una disminución mientras que el 84% respondió que permanecerá relativamente estable.


Hasta el Ministro de Economíav reconoce el descenso de la demanda laboral, aunque niegue que es consecuencia de la estrategia de entrega de la economía uruguaya a los grandes capitales del exterior. Por el contrario, su admisión pretende justificar políticas de “ajuste”.
El panorama global es incierto. Diez empresas de diferentes rubros pidieron concurso de acreedores en los primeros días de agosto. Llegando a un total de 73 en lo que va del año frente a 55 del mismo período de 2016. Algunas de fuerte impacto en zonas del interior como Cereoil, o Molinos Florida.
El mercado interno se reduce como consecuencia de salarios insuficientes, el incremento del desempleo y la deuda de los consumidores. Las ventas al exterior se dificultan por el retraso del tipo de cambio local frente a los mercados fuera de la región.
Las políticas económicas de utilizar nuevamente el retraso del tipo de cambio como ancla de otros precios, exhiben nuevamente sus limitaciones. La continua emisión de deuda pública en pesos para fomentar venta de dólares que al aumentar la oferta lo mantengan “planchado” eleva los pagos por intereses. En su esencia constituye una cuarta versión de las viejas “tablitas”vi que promueve nuevamente la importación y el comercio de bienes de consumo. La reducción del mercado interno quita aire a su viabilidad que depende en gran medida de la evolución de nuestros vecinos y en particular de sus políticas respecto al dólar. Y las perspectivas de Argentina y Brasil tampoco parecen halagadoras.
Las luces de bengala y cañitas voladoras que lanza la conducción económica y sus adictos no alcanzan a disimular las sombras que arroja una estrategia económica jugada casi exclusivamente al servicio del gran capital financieo extranjero y algunas industrias extractivas.
La competencia entre países del sur ofreciendo renuncias fiscales, sacrificios del territorio, para promover ingreso de capitales favorece casi exclusivamente a los grandes inversores. Y es suicida en el largo plazo.
La historia de América latina demuestra hasta el cansancio que la dependencia externa acentuada y las venas cada vez más abiertas no tienen nada bueno que ofrecerle a los pueblos de América latina y menos en una fase de proteccionismo agudo y extrema agresividad imperialista como la actual.
GOTITAS DE ECONOMÍA
  • La tasa de empleo registrada por el INE para el segundo trimestre de 2017, fue de 57.8%. En 2015 llegaba a 59% y en 2016 fue 58.2%. Otro indicador del deterioro de la demanda laboral
  • El gobierno uruguayo proyecta realizar 273 kilómetros de vía férrea desde Paso de los toros a Montevideo. A pedido de UPM como condición previa para considerar la eventualidad de construir su planta de celulosa. Si hay recursos ¿Porque no reconstruir un ferrocarril con un diseño que recoja la decisión de la gente y para la gente?
  • Un informe de la Seppyvii sobre la economía paraguaya denuncia que la pobreza rural crece en el país con el gobierno de Cartes desde 37 a 39%.
  • Temer acentúa políticas de privatización. Aeropuertos, puertos, casa de la moneda Electrobras, concesiones en la Amazonia. Vender y vender. Las venas muy abiertas.
  • El gobierno de Trump procura renegociar el TLC entre Estados Unidos Canadá y México. La primera ronda se realizó el 16 de agosto y la segunda será el 10 de setiembre. Está en juego la industria automotriz y su organización del trabajo, el proteccionismo de Estados Unidos y las maquilas mexicanas. Poco deben esperar los pueblos de un Tratado que ha determinado descensos en los salarios de toda la región. Y menos con Trump.
  • El Congresista democráta de Estados Unidos, Tim Ryan reconoció que desde la vigencia del TLC el poder de compra de los asalariados mexicanos se redujo un 8%. Pese a que su balanza comercial favorable y que el 80% del comercio de ese país se dirige hacia Estados Unidos. El negocio es solo para las transnacionales.
  • La reforma laboral en Francia propuesta por el gobierno de Macron y cuya versión final será difundida el 31/8 limita indemnizaciones por despido arbitrario y flexibiliza aún más el mercado laboral. La respuesta frente a las dificultades económicas es mayor explotación de los trabajadores.
i También los servicios presentan casos de cierres de empresas emblemáticas como Alas U, Tiempost, Foto Martín entre otras.
ii La evolución comparada del índice de volumen físico relativamente estable entre 2014 y 2017 de la industria en relación al notorio descenso de las horas trabajadas en el sector revelan un fuerte aumento de lo que se denomina la productividad del trabajo o en términos marxista un fuerte incremento de la plusvalía relativa.
iii Ver primera gotita de economía del presente informe.
iv Las cifras del BCU registraron aumentos superiores al 4% en el primer trimestre respecto al año anterior aunque hay que considerar el rol de los feriados de la semana de turismo que habían caído en el primer trimestre en 2016. De todas maneras el incremento se circunscribe cai esencialmente a las telecomunicaciones y energía eléctrica influida por las lluvías y el mayor uso de energía hidráulica. En particular la industria sin contabilizar la refinería de petróleo circunstancialmente paralizada pasó de un índice oficial de 131 en 2015, a 130 en 2016 y 132 en 2017.
v El 2/7/2017 en la presentación de la Rendición de Cuentas reconoce que se perdieron 40.000 empleos los dos últimos años. Difundido por Ttelenoche 4 el 21 de agosto del presente año.
vi En mi perspectiva vigente desde mediados de 2016, con una fuerte ofensiva en el uso del tipo de cambio como ancla para los demás precios de la economía. 
vii Tomado del último e interesante informe de la sociedad de economía política de Paraguay.










martes, 5 de septiembre de 2017

Audiencia decisiva por asesinato

El Cnel (r) Gustavo Mieres presidente del Tacuarembó FC 



5 septiembre 2017

Fabián Werner / Sudestada /


Audiencia decisiva por el asesinato de Oscar Fernández Mendieta

El militante del PCR murió por las torturas aplicadas en el cuartel de Durazno. Jueza De los Santos se expedirá sobre pedido de procesamiento de cuatro represores


Fernández Mendieta murió por torturas: "tenía quemaduras de cigarrillos, hematomas en todo el cuerpo"



Los militares retirados Gustavo Mieres, Daniel Blanco, Alberto Ballestrino y Liber Morinelli enfrentarán este martes 5 a partir de las 13.30 horas una audiencia decisiva en el marco de la causa judicial que investiga el asesinato de Oscar Fernández Mendieta, un militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR) asesinado el 24 de mayo de 1973 en el Regimiento de Caballería número 2 general Pablo Galarza.

En la mañana de aquel día, en las vísperas del golpe de Estado, un grupo de militares llegó al domicilio de Fernández Mendieta y Graciela Ferreira, ubicado en el en el kilómetro 178 de la ruta 5, en las afueras de Durazno, en busca de material subversivo.

El operativo había sido ordenado por el capitán Juan A. Núñez, quien oficiaba como juez militar. El operativo fue asignado teniente coronel Juan P. Bonfrisco, quien estaba a cargo del Regimiento de Caballería de Durazno. La orden era verificar la existencia de “actividades subversivas materializadas en escondites de prófugos o requeridos por subversión, depósitos clandestinos de dinero, armamento, explosivos, ocultamiento de valores hurtados y documentación del movimiento clandestino” .

Bonfrisco le encargó la dirección del procedimiento al alférez Gustavo Mieres, quien solamente pudo encontrar encontraron veinte ejemplares del periódico “Causa del pueblo”, que podía comprarse en quioscos de Montevideo, y cuatro libros de teoría marxista.

De todos modos, Mieres y sus cómplices se llevaron a Fernández Mendieta para interrogarlo en el cuartel. La última imagen que su esposa Graciela tiene de Oscar es la del detenido, esposado en la parte trasera del vehículo militar, saludándola con las manos en alto pidiéndole que tuviera “coraje y valor”.

Fernández Mendieta murió en la tortura ese mismo día, pero los represores ocultaron el asesinato hasta el día siguiente, cuando se lo notificaron a sus padres. El intento de ocultamiento incluyó el engaño a su esposa, quien había visitado el cuartel para llevarle ropa y tabaco, pero los militares le dijeron que sólo podría hacerlo al final de la tarde. Cuando eso sucedió Fernández Mendieta llevaba 12 horas muerto

>>> Los médicos cómplices


A fin de disimular el asesinato por torturas de Fernández Mendieta, los militares urdieron un engaño que tardó poco tiempo en derrumbarse. Aseguraron que el detenido había intentado fugarse y en su carrera se cayó de lo alto de una escalera y golpeó su cabeza contra el suelo. Según el relato inventado, los militares Blanco y Mieres intentaban reanimarlo mientras Ballestrino (hijo del general Alberto Ballestrino) corría a buscar un médico, quien llegó al lugar cuando el detenido ya estaba muerto.

La autopsia amañada se realizó en la madrugada del 25 de mayo y estuvo a cargo de los médicos militares Julio C. Rossi Salinas, Juan J. Navarro y el médico policial Hugo Bosch, quien estableció que había muerto a causa de un infarto de miocardio. A pesar de la versión del infarto, el informe consigna erosiones y hematomas en la nariz, los pómulos, un hombro y los muslos.

Sin embargo, exámenes realizados al cuerpo en el momento del velatorio consignan la evidencia de la aplicación de tormentos, según un estudio pedido por el entonces senador del Partido Demócrata Cristiano Juan Pablo Terra. El informe de los médicos Edison Scaffo, Carlos Schettini y Eduardo Pastor señala que “los traumatismos son múltiples y en distintas zonas del cuerpo y de muy diversa naturaleza” , denunció Terra en el Senado.

“Por un lado tenemos la opinión médica que he recogido, que señala que el gran hematoma tóraco-abdominal izquierdo es prácticamente imposible, extremadamente difícil, que pueda producirse por una caída sea o no de una escalera. Hay un segundo aspecto. El hematoma grande que se presenta en la sien, podría, a juicio de los médicos, haber ocasionado un derrame cerebral. Sin embargo la autopsia se realiza en el cuerpo sin abrirse el cráneo. Esto es una irregularidad puesto que allí no se explora una posible causa de muerte” , explicó Terra.

Gracias a la denuncia del senador Terra se consiguió la convocatoria del ministro de Defensa Walter Ravenna, quien se negó a concurrir a la primera citación. Sí concurrió a la segunda, pero el parlamento no pudo interrogarlo porque se quedó sin quórum. Ya no hubo tiempo de insistir porque pocos días después se produjo el golpe de Estado que disolvió las cámaras legislativas.

>>> La denuncia de 2006


La audiencia de este martes se realizará en el marco de la investigación judicial surgida por una denuncia presentada en 2006, que sobrevivió a las chicanas que los abogados de los represores suelen utilizar para retrasar los procesos que persiguen los delitos de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado.

Las primeras diligencias fueron ordenadas por la entonces titular del juzgado penal de 7° Turno, Mariana Mota, quien interrogó a los militares acusados de la muerte bajo torturas de Fernández Mendieta y también a los médicos que realizaron el examen del cuerpo durante el velatorio.

Uno de ellos, Carlos Schettini, fue muy claro en su comparencia al detallar los signos de tortura que eran evidentes. “En el reconocimiento yo vi que en la frente tenía quemaduras de cigarrillos […] Tenía hematomas en todo el cuerpo y los dos grandes hematomas en lugares asimétricos […] esto no era muy compatible con una caída. Mi conclusión es que lo habían golpeado” , dijo ante la jueza Mota.

Por su parte otro de los médicos, Edison Scaffo, agregó: “El informe fue firmado por los tres médicos de acuerdo a lo que veíamos. Pero nuestros pensamientos no los pusimos en el informe, concluimos que había algo más porque era un persona joven para morirse de la causa que se había consignado, las lesiones no podían explicar ese fallecimiento, no constatamos que hubiera facturas de huesos tampoco” .

El Regimiento de Caballería número 2 general Pablo Galarza de Durazno se hizo conocido en los albores de la dictadura como uno de los lugares de detención más salvajes en la aplicación de los tormentos. Según consigna un informe del Observatorio Luz Ibarburu

(OLI), varios detenidos que sobrevivieron a la tortura aplicada en ese cuartel señalan la especial crueldad de Alberto Ballestrino, quien aplicaba golpes de karate con los prisioneros, les lanzaba un ovejero alemán para que los mordiera y no tenía problemas en identificarse por el nombre.

La tortura se hacía en el aljibe del cuartel, una habitación grande y subterránea a la que se accedía por una escalera, y en la que se presume fue atormentado hasta la muerte Oscar Fernández Mendieta. Este martes la jueza Adriana de los Santos deberá pronunciarse sobre el pedido de procesamiento de los militares retirados Gustavo Mieres, Daniel Blanco, Alberto Ballestrino y Liber Morinelli, tras el pedido realizado por la fiscal Ana María Tellechea.


>>> Responsables

25 enero 2009


Alberto Ballestrino (h), Daniel Blanco Fanocchio y Gustavo Mieres Ultra pertenecían a la promoción 1972 de la Escuela Militar, la primera que egresa de la Escuela de Toledo, de la que también fueron parte destacados oficiales como Raúl Gloodtofsky, Daniel Castellá, Miguel Dalmao, Ramón Trabal y Juan Villagrán, entre otros.

Toda esa generación (salvo Ballestrino) realizó el curso “Internal Security Opns CC-6″ en la norteamericana School Of America (SOA) entre el 10 de enero y el 3 de febrero de 1972 en Panamá, donde coincidieron con el entonces capitán José “el francés” Baudean, quien efectuaba el “Military Intelligence Off 0-11″.

El joven Ballestrino siempre estuvo a la sombra de su padre y pasó la mayor parte de su carrera en el Regimiento de Caballería Nº 1 Blandengues, bajo la protección del Gral. Manuel Fernández, miembro de la Logia Teniente de Artigas como su padre Alberto “la Chancha” Ballestrino.

En 1973 Ballestrino padre tenía el grado de coronel y era uno de los golpistas que luego ingresó al Parlamento, junto a los generales Gregorio Alvarez y Esteban Cristi según registra una histórica foto. Ballestrino fue jefe de Policía de Montevideo y ascendió a general en 1977. Murió en 2003. Su hijo se retiró como capitán y es hoy pastor de una Iglesia Evangélica.

Blanco, nacido el 22 de abril de 1952, es quien realizó una carrera militar más larga. Era capitán en 1980 y llegó a coronel en el año 2003. Fue coordinador del Area Militar en el Calen, coordinador de instructores en la Escuela de Sanidad de las FFAA, profesor de Administración General en el IMES y estuvo en la Dirección de Personal del Ministerio de Defensa. Pasó a retiro.

Mieres Ultra llegó al grado de mayor en 1986 y también fue “exiliado” en el Regimiento de Caballería Nº 1. Su familia sería originaria de Mercedes, Soriano, donde tendría un hermano apodado el “Mono”; en tanto el oficial Núñez, quien detuvo a Fernández Mendieta, habría estado con el grado de mayor en el Penal de Libertad, donde le apodaba “Mamelli”.

El Regimiento de Caballería Nº 2 de Durazno fue un activo centro de represión, que competía con la Brigada II de la Fuerza Aérea. El RC Nº 2 estaba subordinado a la División de Ejército III, con asiento en Paso de los Toros, cuyo comandante era el general Rodolfo Zubía, pero la unidad de Durazno tenía particular autonomía en la acción.

El Partido Comunista Revolucionario (PCR) era un “objetivo” del Batallón de Ingenieros Nº 5 de Mercedes, donde se centraba la atención sobre quienes ya habían sido “fichados”, y del Regimiento de Caballería Nº 4, donde también se centraban las acciones sobre el OPR 33, que dirigía Gilberto Vázquez. Todos actuaban con el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA).


domingo, 15 de mayo de 2011


>>> Alberto Ballestrino, el pastorcito asesino
HOY ALBERTO BALLESTRINO SIGUE CAMINANDO IMPUNE POR NUESTRAS CALLES VIVE EN EL BARRIO PINARES, Y ES PASTOR DE UNA IGLESIA EVANGÉLICA UBICADA EN LA PARADA 3 DE LA PLAYA MANSA.
Responsables

Vencer o morir. El lema del batallón.


Alberto Ballestrino (h), Daniel Blanco Fanocchio y Gustavo Mieres Ultra pertenecían a la promoción 1972 de la Escuela Militar, la primera que egresa de la Escuela de Toledo, de la que también fueron parte destacados oficiales como Raúl Gloodtofsky, Daniel Castellá, Miguel Dalmao, Ramón Trabal y Juan Villagrán, entre otros.

Toda esa generación (salvo Ballestrino) realizó el curso "Internal Security Opns CC-6" en la norteamericana School Of America (SOA) entre el 10 de enero y el 3 de febrero de 1972 en Panamá, donde coincidieron con el entonces capitán José "el francés" Baudean, quien efectuaba el "Military Intelligence Off 0-11".

El joven Ballestrino siempre estuvo a la sombra de su padre y pasó la mayor parte de su carrera en el Regimiento de Caballería Nº 1 Blandengues, bajo la protección del Gral. Manuel Fernández, miembro de la Logia Teniente de Artigas como su padre Alberto "la Chancha" Ballestrino.

En 1973 Ballestrino padre tenía el grado de coronel y era uno de los golpistas que luego ingresó al Parlamento, junto a los generales Gregorio Alvarez y Esteban Cristi según registra una histórica foto. Ballestrino fue jefe de Policía de Montevideo y ascendió a general en 1977. Murió en 2003. Su hijo se retiró como capitán y es hoy pastor de una Iglesia Evangélica.

Blanco, nacido el 22 de abril de 1952, es quien realizó una carrera militar más larga. Era capitán en 1980 y llegó a coronel en el año 2003. Fue coordinador del Area Militar en el Calen, coordinador de instructores en la Escuela de Sanidad de las FFAA, profesor de Administración General en el IMES y estuvo en la Dirección de Personal del Ministerio de Defensa. Pasó a retiro.

Mieres Ultra llegó al grado de mayor en 1986 y también fue "exiliado" en el Regimiento de Caballería Nº 1. Su familia sería originaria de Mercedes, Soriano, donde tendría un hermano apodado el "Mono"; en tanto el oficial Núñez, quien detuvo a Fernández Mendieta, habría estado con el grado de mayor en el Penal de Libertad, donde le apodaba "Mamelli".

El Regimiento de Caballería Nº 2 de Durazno fue un activo centro de represión, que competía con la Brigada II de la Fuerza Aérea. El RC Nº 2 estaba subordinado a la División de Ejército III, con asiento en Paso de los Toros, cuyo comandante era el general Rodolfo Zubía, pero la unidad de Durazno tenía particular autonomía en la acción.

El Partido Comunista Revolucionario (PCR) era un "objetivo" del Batallón de Ingenieros Nº 5 de Mercedes, donde se centraba la atención sobre quienes ya habían sido "fichados", y del Regimiento de Caballería Nº 4, donde también se centraban las acciones sobre el OPR 33, que dirigía Gilberto Vázquez. Todos actuaban con el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA).





lunes, 4 de septiembre de 2017

Dictamen Tribunal de Conducta Política del FA




Fallo sobre Sendic establece "responsabilidad ética y política" del vicepresidente 

Ni Sendic ni ninguno de los miembros del Directorio de Ancap cumplió con la reglamentación de las tarjetas, que era hacer una rendición de los gastos con los comprobantes de pago. Sendic argumentó que "el monto de los gastos que se cuestionan es muy moderado".