Mencheviques en Stockolmo, Suecia, Mayo 1917. Pavel Axelrod, Julius Martov and Alexander Martinov.
enviado por zurdatupa
Menchevique
Los
mencheviques (en
ruso меньшевики,
menshevikí, «miembro de la minoría») eran la fracción moderada del movimiento revolucionario ruso que emergió en el verano
19031 tras la disputa entre
Vladimir Lenin y
Yuli Mártov, ambos miembros del
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Corriente diferenciada dentro del marxismo ruso, en 1912 se convirtió en un partido separado.
1
Nunca llegó a formar un movimiento cohesionado en ideología u organización.
1 Sus dirigentes a menudo disentían entre sí, se hallaban en ocasiones más cerca de los
bolcheviques, principales rivales por el respaldo de la clase obrera, que de otros mencheviques y variaron su postura sobre asuntos fundamentales en diversas ocasiones.
1 Pável Axelrod y
Yuli Mártov se convirtieron en los principales ideólogos de la corriente menchevique.
3
Muy activos en la organización de los
soviets durante la
Revolución de 1905,
tras el fracaso de ésta abandonaron la idea de la lucha armada, se
centraron en tratar de formar un partido legal y abogaron por una
liquidación progresiva del
zarismo hacia una
revolución burguesa, en la que el tercer estado compartiera el poder. Su separación del partido se hizo definitiva en
1912.
Tras la
Revolución de Octubre y hasta la disolución forzosa de la
Asamblea Constituyente Rusa, los mencheviques trataron de mediar entre el nuevo Gobierno bolchevique y los
socialrevolucionarios y de llegar a un acuerdo pacífico entre los partidos políticos socialistas.
Tras la disolución, trataron de arrebatar el poder a los bolcheviques
no mediante insurrecciones, sino a través de victorias electorales que
les devolviesen la influencia perdida en 1917.
Su popularidad aumentó en la primavera de 1918, tanto por la crisis
económica como por sus propuestas de medidas políticas y económicas.
Ante las victorias electorales de la oposición, el Gobierno disolvió
los sóviets en los que había perdido el control, lo que condujo a
protestas que provocaron la represión gubernamental.
La prensa de la oposición fue clausurada, algunos de sus dirigentes
fueron arrestados y se expulsó a mencheviques y socialrevolucionarios
del
CEC.
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Chile
Opinión 797
El pueblo te llama Michelle
En las elecciones presidenciales de 1946, Pablo Neruda dedicó
unos versos al candidato radical Gabriel González Videla, apoyado
por el Partido Comunista:
“Desde la arena hasta la
altura,/desde el salitre a la espesura,/el pueblo te llama
Gabriel,/con sencillez y con dulzura/como a un hermano, hermano
fiel”.
El resto de la historia es conocido. Con el inicio de la guerra
fría, González Videla se alineó con Washington e ilegalizó al PC.
La política de alianzas con la burguesía “democrática”, levantada
por el PC desde los años 30, se reveló como una ilusión y terminó
en un completo fracaso.
Aunque no es probable un desenlace tan catastrófico, las mismas
ilusiones se repiten hoy con el apoyo del PC a Michelle Bachelet y
su decisión de entrar a formar parte del gobierno de la Nueva
Mayoría (la antigua Concertación más el PC). En el pleno del
comité central realizado el 21 de diciembre pasado, el PC fijó su
postura partiendo de varios supuestos falsos.
El primero de estos supuestos es que el programa de Bachelet
“propone una transformación estructural del país, actuando sobre
tres ejes principales: nueva Constitución, Reforma Educacional y
Reforma Tributaria”. Cualquier examen del programa revela que éste
deja intocados pilares fundamentales del capitalismo neoliberal
instaurado por la dictadura y profundizado por los gobiernos de la
Concertación. Los cambios que se plantean no proponen terminar con
el modelo, sino, como reconoció Ricardo Solari al diario español
El
País el 1° de diciembre pasado, salvarlo: “Lo único que
pone en riesgo el modelo chileno es no hacer cambios”.
En primer lugar, el programa no propone cambios en aspectos como
legislación minera (ni menos revertir el 70% de privatización del
cobre), las Isapres, las AFPs y su régimen de capitalización
individual ni el Código del Trabajo (Fundación Sol ha calificado
las medidas laborales del programa de Bachelet como “tibias”).
En segundo lugar, en las áreas en que el programa sí plantea
cambios, éstos vienen con letra chica. La Reforma Tributaria se
acompaña de una reducción de los impuestos a los más ricos desde
el 40% al 35%: con la “reforma” de Bachelet, Andrónico Luksic
pagará menos impuestos.
En la Reforma Educacional, se busca legitimar las posiciones que
ha conseguido la educación privada por el medio espúreo de
declararlas “de interés público”, siguiendo un engendro conceptual
denominado “régimen de lo público”, pergeñado por ideólogos
concertacionistas como Alfredo Joignant, inspirado en las
políticas del neolaborismo de Tony Blair para privatizar servicios
sociales británicos.
En materia constitucional, la redacción de la nueva Constitución
quedará en manos del Parlamento binominal, condimentada con
“consultas” a los actores sociales, que no son ni vinculantes ni
resolutivas. Un escenario similar al que tuvo en su momento la
Comisión Asesora Presidencial por la Educación, creada por
Bachelet para desmovilizar la rebelión de los “pingüinos” y
terminar pactando la LGE con la Alianza.
Ese es el programa que el PC ha hecho suyo y al que jura lealtad
política: el programa de la burguesía “progresista” para
reconstituir la gobernabilidad del capitalismo neoliberal.
El segundo y decisivo supuesto del PC se deduce de lo siguiente:
“Debe quedar claro que no surge del programa un cuestionamiento
del capitalismo como sistema. No se visualiza la contradicción
capital-trabajo como la generadora principal del conflicto
social”.
No es el momento de poner en el centro la contradicción
capital-trabajo y por lo tanto, hay que subordinarse a la
“burguesía democrática”.
La del PC es la posición clásica del menchevismo: en una
revolución democrática, el partido obrero debe subordinarse a la
burguesía. El Lenin de
Dos tácticas y el Marx de
Mensaje
del Comité Central a la Liga de los Comunistas proponían
algo diametralmente opuesto: en una revolución democrática, el
proletariado debe ir mucho más allá del programa que está
dispuesta a respaldar la “burguesía democrática” y debe mantener
una orientación política independiente.
Es lo mismo que dice la experiencia latinoamericana reciente: la
revolución bolivariana del comandante Hugo Chávez pudo avanzar
porque desde el principio rompió con Copei y Acción Democrática
-el socialcristianismo y la socialdemocracia venezolanas-,
avanzando con su propio programa de reformas democráticas
radicales de horizonte emancipatorio.
Allí donde el PC plantea subordinación, la Izquierda
anticapitalista debe plantear la independencia del movimiento
social. Allí donde aquél se limita al programa de la burguesía
“progre”, la Izquierda anticapitalista debe levantar las demandas
más avanzadas del movimiento social, aquéllas que rompen
efectivamente con los pilares del capitalismo neoliberal: Asamblea
Constituyente, renacionalización del cobre, fin de las AFPs,
educación y salud gratuitas y otras medidas realmente de fondo,
que desde marzo deben volver a sonar fuertes en las calles.
Iván Vitta
(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 797, 10 de enero,
2014
Uruguay
20 de octubre del 2013
En el marco de su congreso, el Partido Comunista
(PCU) oficializó este domingo su apoyo a la candidatura de Tabaré
Vázquez en las próximas elecciones internas del Frente Amplio.
Por amplísima mayoría nuestra partido se ha
definido por el compañero Tabaré Vázquez, dijo Eduardo Lorier, senador
y secretario general del PCU, antes del final del congreso, según
informó El Observador.
El encuentro, que se realizó en el
Platense Patín Club, abordó aspectos programáticos que aspiran sean
contemplados en el programa del FA.