sábado, 23 de agosto de 2008

A 14 años de la Masacre del Filtro

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A Fernando Morroni y a Roberto Facal
los asesinó el sistema;
el mismo que hoy prevalece.

El Estado y su aparato represivo
y la justicia de clase,
ampararon y amparan a sus asesinos.

Nuevamente marchamos en su memoria
y llamamos a la mayor unidad en la lucha contra el olvido y la claudicación.

Nos autoconvocamos y convocamos

a marchar desde el Obelisco.

DOMINGO 24 hora 17






aquella trágica jornada del 24 de Agosto de 1994. Todo un pueblo en la calle solidarizándose con tres compas vascos que pedían asilo político en Uruguay.

El estado reprimió a mansalva contra todo lo que se moviera, con palos, balas, gases, caballos, motos; a todo ese pueblo que se solidarizaba con los vascos. El presidente de turno Lacalle y su ministro del interior Gianola siguen impunes por los crimenes cometidos, además se siguen jactando de su mano dura y su actuación durante los sucesos del Filtro. Solamente cuatro fueron los procesados por aquellos sucesos; tres de esos cuatro fueron ascendidos en sus responsabilidades por el actual gobierno "progresista".

Miles de personas se movilizaron como se viene haciendo año a año contra la impunidad de todos los que pegaron, callaron y mandaron aquel dia. Parece ser que el PIT-CNT, Frente Amplio, etc. no recuerdan lo que pasó aquel 24 de Agosto, es más, avalan el ascenso de los represores de aquel 94 que siguen siendo los mismos de hoy en las mismas estructuras represivas.

Nuestra memoria no olvida, nuestra dignidad no perdona.


Nuestros vascos queridos

Hacia el año 1988, terminada la dictadura militar en Uruguay y entendiendo que el proceso constitucional abierto les garantizaba no ser sometidos a montajes judiciales y las tan corrientes torturas en sus tierras originarias, la ciudad de Montevideo recibió la llegada de unos 18 ciudadanos vascos, quienes escapaban del Estado Español como perseguidos políticos por su militancia independentista. Sin embargo, 13 de ellos fueron detenidos. Poseían documentación falsa en prevención de la persecución sufrida por vincularse –como gran parte del pueblo vasco- a la causa independentista de una u otra forma.

El gobierno español los consideró integrantes de E.T.A y pidió la inmediata extradición. Las autoridades españolas argumentaban que cualquier retraso a estas exigencias ponía en duda la continuidad del “Tratado de Cooperación” entre ambos países y que incluía el envío de 200 ambulancias, patrulleros policiales y préstamos para instalaciones hospitalarias por 2 mil millones de dólares.

Los 3 vascos presos políticos
Tras más de 2 años de negociación, el gobierno uruguayo absolvió a 10 de los acusados, pero avanzó en la expulsión de tres de ellos, Jesús Goitia, Luis Lizarralde y Mikel Ibañez.En 1993, los 3 vascos presos iniciaron una huelga de hambre, que se interrumpió ante la falsa promesa del poder ejecutivo de la época de ponerlos en libertad. Así se inició el proceso de extradición de los presos políticos a las cárceles españolas.

En agosto de 1994, llegaron a Montevideo comandos especiales de la policía española con orden de articular con su fuerza par uruguaya la extradición "sí o sí" de los vascos. Los presos políticos iniciaron una nueva huelga de hambre como última esperanza de lograr el asilo.

La solidaridad y el derecho al asilo
Una parte importante del pueblo uruguayo se solidarizó con la medida de protesta de los presos políticos vascos y se movilizó en defensa del tan preciado derecho de asilo que 10 años antes –durante la dictadura- había significado para muchos de ellos la posibilidad del escape del terrorismo de Estado.

El 19 de Agosto el estado de salud de los detenidos se va deteriorando, tras haber interrumpido la ingesta de líquidos, y son internados en el Hospital del barrio de Jacinto Vera, en Montevideo (conocido también como el hospital Filtro).

El 20 de agosto, las organizaciones que apoyaban el reclamo de los ciudadanos vascos se decidieron a acampar en torno al hospital dando a conocer su solidaridad con los presos en huelga de hambre y reclamando se cumpla con el derecho de asilo político. Con ikurriñas y cánticos armaron fogones y carpas frente a la mirada nerviosa de la policía uruguaya y los servicios de inteligencia españoles que pretendían sacar a los vascos en ambulancia hacia el aeropuerto para cumplir con la extradición.

A medida que pasaban las horas los acampados en torno al hospital aumentaron, se sumaron muchos jóvenes y trabajadores, y proporcionalmente aumentaban las fuerzas represivas dispuestas en la zona. El clima era cada vez más tenso. La madrugada del 24 de agosto fueron los primeros desalojos de las calles aledañas al hospital por parte de la fuerza policial. La brutalidad de la fuerza publica en esos primeros incidentes evidenció hasta donde estaba dispuesta la policía local en coordinación con los servicios españoles para asegurarse el inminente traslado de los presos vascos.

El complicado panorama político
Un amplio espectro de fuerzas se proclamo contrario a las medidas dispuestas por el ejecutivo uruguayo. Organismos de Derechos Humanos, organizaciones sociales, incluso la Iglesia Católica, el Parlamento y la Junta Departamental de Montevideo no fueron escuchados por el entonces presidente Lacalle del Partido Nacional.

La izquierda parlamentaria y la Central de Trabajadores se mantuvieron críticos a la resolución de extradición pero veían con preocupación la creciente movilización popular (que –analizaban- podría complicar a la campaña de la izquierda en las cercanas elecciones nacionales y departamentales). A último momento, ambas fuerzas -por influjo de importantes sectores del pueblo en las calles- se adhirieron a las movilizaciones por la no extradición y el derecho de asilo.

Con este marco político el pueblo movilizado forzó a los sectores vacilantes de las direcciones gremiales a declarar una huelga general; encolumnados, estudiantes y trabajadores recorrieron el centro de Montevideo hacia el Hospital Filtro para sumarse a los campamentos.

La represión del Filtro
Quienes acampaban en apoyo a los presos políticos tuvieron sitiada la zona, vigilando rigurosamente cada entrada y salida de vehículos al lugar para impedir lo que se preveia como una extradición inminente. En esos instantes un avión de la fuerza aérea -con el motor encendido- esperaba en el aeropuerto.

Cuando a las 17 horas de aquel 24 de agosto la marcha obrero-estudiantil que congregó a miles, arribó a la zona del hospital, la policía comenzó un nuevo operativo desalojo de los manifestantes. encerrandolos entre los cuerpos de caballería y las brigadas de infantería. Entre gases lacrimógenos los manifestantes eran heridos y detenidos, los que lograban romper el cerco se replegaban hacia los barrios lindantes para reagruparse y regresar por sus compañeras y compañeros, y para evitar la extradición de los vascos. La autodefensa de la gente constaba de piedras y barricadas, mientras que la policía comenzaba a hacer circular la clave roja que implicaba una falsa alarma de policías heridos de bala, para provocar el ingreso de refuerzos con armas de fuego y ejecutar la masacre.

Cuando los manifestantes lograron una relativa recuperación de la zona y se mantuvieron en el lugar sin sospechar que en camino estaba un convoy de patrulleros y ambulancias que atravesarían las columnas de manifestantes abriendo fuego y atropellando.

Fue en esa emboscada demencial contra los manifestantes que la policía provoca los heridos de mayor gravedad. Los médicos que se acercaron a la zona para socorrer heridos también fueron reprimidos con ferocidad. El enfermero Esteban Massa logró sobrevivir a pesar de haber sido baleado por la espalda cuando intentaba conducir un herido al hospital. Otros heridos buscaron refugio en un centro de salud en la zona que fue atacado por uniformados con granadas de gas.

Los asesinatos de Morroni y Facal
Policía de civil esperó a los manifestantes que se dispersaron hacia los barrios cercanos. Fernando Morroni -de apenas 24 años- fue alcanzado por múltiples disparos de escopeta recortada en el hombro, en el tórax y en el corazón, realizados a menos de dos metros de distancia.

Hacia la madrugada se conoció la muerte de Roberto Facal, otro joven militante y estudiante de arquitectura. La policía intentó encubrir el asesinato con un parte policial que lo involucraba en un supuesto crimen pasional.

A parte de los 2 asesinatos se produjeron cientos de herido graves, personas que quedaron hemipléjicas por los golpes y la perdida de masa encefálica, ciegos por disparos e inválidos para siempre.

La extradición y el después
Pasadas las 22 horas los presos políticos vascos fueron transportados rápidamente hacia el aeropuerto con rumbo a España.

Días después el Ministro del Interior Uruguayo fue interpelado por el Parlamento por sus responsabilidades en la llamada desde ese día “Masacre del Filtro”.Consultado sobre las víctimas, respondió: “fue necesario sacrificar un caballo que presentaba una herida punzante en una pata”.

La justicia no encontró responsables materiales de los asesinatos, procesó sin prisión a varios oficiales a cargo del operativo represivo.

Hoy – a 12 años de esos hechos- esos oficiales han vuelto a ocupar los máximos cargos de la policía. Ante las denuncias efectuadas por organismos de Derechos Humanos, el actual gobierno de Tavaré Vazquez se justifica diciendo que no tiene mejores hombres que esos para que ocupen esos cargos, y que "su responsabilidad en los hechos es dudosa".

A continuación reproducimos la nómina y la situación en la que se encuentran algunos de los represores del Filtro:

Juan Miguel Rolán
Se desempeñó en el Filtro como Teniente primero al frente de un grupo de quince coraceros a pie. Procesado y condenado por el juez Imas como responsable de ataques a la población civil, castigándola con palos, gases y granadas químicas. Rolán declaró ante la justicia, buscando eximir su responsabilidad de los hechos del Filtro, alegando “su imposibilidad de ejercer control sobre 15 policías”.
Hoy es el segundo del regimiento de la guardia Republicana, bajo esta unidad funciona la guardia de coraceros y de granaderos. A cargo de él se encuentran la guardia de Coraceros y Granaderos en Montevideo, a quienes en su momento no puedo controlar.

Raúl Guarino
En el Filtro fue Segundo jefe, subordinado Rolán. Comandó el cuerpo denominado Hipo, de coraceros a caballo que avanzó sobre los manifestantes. La justicia comprobó que el fue quien ordenó el lanzamiento de dos granadas. Una de ellas dentro de un local de emergencia móvil. Las granadas fueron lanzadas, a pesar de que había orden expresa de la jefatura de Montevideo en cuanto a que no se usaran “armas químicas”. Hoy es Director de Seguridad de Montevideo, esto es Jefe de las 24 Comisarías del país.

Erode Ruiz
Comisario, al frente de seccional 23ª durante la represión. Al frente de la seguridad exterior del hospital Filtro, con 20 hombres a su cargo. Comandó junto con Martín Gutiérrez el convoy compuesto por ambulancias, patrulleros sin matricula y otros vehículos que irrumpió entre a multitud comenzando a disparar a mansalva contra los manifestantes. Hoy está al frente de la Jefatura de Policía de Lavalleja, donde presta servicios como subjefe Adán Cuello, quien posee antecedentes penales en democracia por castigos aplicados a un detenido.

imágenes de 1994 Masacre del Filtro
por Libertino recordando
libertino@indymedia.org
Fotos del 24 de agosto de 1994.










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