INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou
Escribir
sobre los atentados en París es pisar terreno resbaladizo. Las
sensibilidades están a flor de piel. Si uno recuerda que antes de esas
muertes hubo cientos de miles de muertes en territorios árabes, no
faltará quien se indigne. Y si sólo recuerda las muertes recientes en
París, se indignarán otros. Por eso, aunque todas
las muertes sean terribles, no voy a lamentarlas aquí. ¿De qué
serviría? Tampoco haré juicios morales. ¿Para qué sirve condenar en el
papel los asesinatos? Quizá sea mejor intentar identificar a los
verdaderos asesinos, a los de París, Libia, Siria e Irak. Aunque para
ello haya que dar un pequeño rodeo. UN BUEN CONSEJO Henry
Kissinger es un personaje tan despreciable como sorprendente. Alemán
nacionalizado estadounidense, fue Secretario de Estado de los
presidentes Nixon y Ford, le puso fin a la guerra de Vietnam, recibió el
premio Nobel de la paz, fue ideólogo del “Plan Cóndor” y de los golpes
de Estado en Chile, Argentina y Uruguay, y todavía le sobró tiempo para
dirigir a varias corporaciones y organizar el fútbol profesional en los
EEUU. El juez Baltasar Garzón ha intentado procesarlo y se le ha exigido
que devolviera el premio Nobel, pero hasta ahora ha eludido las dos
cosas.
Allá por 1991, cuando George Bush (padre) invadió por primera
vez a Irak, Kissinger escribió un brillante artículo periodístico en el
que analizó los límites de la invasión. Dijo que los EEUU no podían
derrocar a Sadam Hussein, porque para hacerlo tendrían que destruir a
Irak y eso dejaría sin contrapeso a Irán y descompensaría el delicado
equilibrio de fuerzas de Oriente medio, lo que traería problemas a los
EEUU. En aquél momento, la invasión se detuvo sin derribar a Hussein.
Años después, George Bush (hijo) y Barak Obama cumplieron la ambición
de Bush (padre). Con el pretexto de las Torres Gemelas, además de
invadir Afganistán, derrocaron a Hussein y, para ello, como vaticinó
Kissinger, destruyeron a Irak y a cualquier posible equilibrio de
fuerzas en la región. Después, con la entusiasta colaboración de los
gobiernos de la OTAN, derrocaron y mataron a Kadafi en Libia,
bombardearon a Siria y promovieron revoluciones y levantamientos en casi
todos los países de la zona.
Desde entonces, los países
occidentales han recibido los efectos del “terrorismo islámico”. Las
Torres Gemelas en Nueva York, atentados en Londres, en Madrid, y dos
veces en París. Sin embargo, nunca ha sido destruido un blanco militar,
ni una instalación estratégica, ni ha muerto un presidente o líder
político occidental. ¿Qué pasó en los años que median entre la
primera, tímida, invasión a Irak y éste presente de invasiones y
atentados generalizados? ¿Cómo un “halcón” de la política
estadounidense, como Henry Kissinger, puede parecer una prudente
“paloma” comparado con los actuales gobernantes estadounidenses y
europeos? EL PEQUEÑO Y SUCIO SECRETO El análisis de Kissinger
sobre la primera invasión a Irak es el de un político, el de un hombre
de Estado. Más allá de su criminalidad, el Kissinger de hace veinticinco
años seguía pensando en función de los intereses de los Estados Unidos.
Y no sólo él, ya que Bush (padre) fue frenado en 1991. Quizá buena
parte de la dirigencia política estadounidense, al igual que Kissinger,
seguía pensando la política internacional desde la óptica de los
intereses de su país.
El secreto –el pequeño y sucio secreto- es que
en los EEUU y en Europa ya no deciden los políticos. Basta ver cómo se
resolvió la crisis financiera de 2008, transfiriendo recursos públicos a
los mismos banqueros que se habían fundido especulando y defraudando,
para percibir que el poder real lo ejercen otros, en ese caso los
banqueros. Y basta ver el gasto enorme (también de dinero de los
contribuyentes) hecho para llevar la guerra y controlar el petróleo o el
gas en los países árabes, para advertir que, además del omnipresente
capital financiero, los beneficiarios son las compañías petroleras y la
industria del armamento y la tecnología militar. Para esas
corporaciones, dislocar al mundo no es un problema si eso sirve a sus
intereses. No se puede afirmar que el atentado contra las Torres
Gemelas, o los ocurridos en Madrid, Londres o París, fueran de
conocimiento previo de los presidentes de los respectivos países. Pero
sí que, en estos asuntos, nada es lo que parece. Porque, para un
presidente, los atentados en territorio propio deberían constituir un
fracaso inexcusable. Sobre todo si fueran consecuencia de sus propias
decisiones. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a que presidentes como
Bush (hijo) y como Hollande, pocos después de los atentados, salgan por
televisión postulándose para héroes, anunciando que intensificarán los
bombardeos o invadirán un nuevo país ¿Qué es el Estado Islámico?
¿Quién lo financia? ¿Quién le da dinero, le compra petróleo y le vende
armas? ¿Quién lo utiliza para intentar derribar al gobierno sirio de
Bachar al-Asad? Son, curiosamente, los “aliados de Occidente”,
Arabia Saudita, Israel, Turquía. Los fanáticos musulmanes del “EI”
utilizan armas estadounidense y francesas. No sería extraño que las
víctimas parisinas hubiesen pagado con sus impuestos las balas que los
mataron. El Estado Islámico, con sus atentados y decapitaciones a
cuchillo cuidadosamente filmadas, oficia como un “cuco” repugnante,
útil para justificar la intervención de las potencias occidentales.
¿Cómo explicar, si no, que haya crecido en soldados y en territorio pese
a ser, en teoría, sistemáticamente atacado por los EEUU y por las
potencias de la OTAN? AJEDREZ Siria es hoy el tablero de una
compleja partida de ajedrez, en la que también juega Rusia. Gas,
petróleo, gasoductos, estratégico acceso al Mediterráneo, y el de por sí
formidable negocio de la guerra (pagada con fondos aportados por los
ciudadanos), son algunos de los factores que explican el fenómeno, más
allá de los conflictos religiosos. Como en toda partida de ajedrez,
hay piezas y peones sacrificables. Es muy probable que el Estado
Islámico se vuelva inconveniente en poco tiempo y, como pasó con Bin
Laden y Al Qaeda, sea sustituido por otro ogro asustador. Y es posible
que las vidas de los europeos y estadounidenses estén siendo
consideradas también como fichas prescindibles, necesarias para
alimentar el odio y justificar guerra.
La pregunta es, ¿a quién le sirve la guerra? Y, también, ¿a quién no le sirve?
Sin duda, a los ciudadanos europeos no les sirve. Los pone en riesgo y
les cuesta fortunas que pasan a manos de la industria militar y de
quienes la financian. Sin embargo, es probable que, enardecidos por los
ataques y por la incesante propaganda sobre la crueldad del Estado
Islámico, los europeos terminen respaldando a los políticos que hagan
los discursos más xenófobos, belicistas y liberticidas, con lo que el
negocio y el poder de los inversores de la guerra, los verdaderos
asesinos, se redondeará. GUERRA EN EL DICCIONARIO La guerra
tiene además otro frente: el del lenguaje mediático. Un universo
paralelo, en el que el término “terrorismo” equivale a “musulmán”, pero
no sirve para describir a un montón de aviones europeos o
estadounidenses bombardeando ciudades y matando niños. Un universo en el
que es posible afirmar que los atentados en París “iniciaron la
guerra”, olvidando que Francia viene bombardeando a Siria e Iraq desde
hace mucho. Es un extraño universo en el que la “primavera árabe”,
cuando se somete a elecciones, produce aplastantes mayorías de
fundamentalismo islámico, y la “oposición pacífica y democrática” (esa
que “se convoca por celular y simpatiza con Occidente”)se transmuta en
hordas de mercenarios o de fanáticos armados hasta los dientes, como la
que linchó a Kadafi luego de que la aviación francesa destruyó el convoy
en el que el líder libio huía.
Henry con su patrón
Un universo en el que el Consejo de
Seguridad de la ONU está integrado por los mismos países que bombardean
sin autorización de la ONU. En síntesis, un universo en el que nada
es lo que se nos dice que es, y en el que el escepticismo y la
desconfianza son la única forma de evitar la manipulación. ¿TÍTERE DE SEGUNDA MANO? En ese contexto, Uruguay se jacta de ser aceptado en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Tiene alguna chance de modificar los planes de los cinco países que controlan e integran en forma permanente el Consejo?
La respuesta es obvia. Lo que hará será legitimar los planes de esa
media decena de gobiernos, que a su vez obedecen a intereses económicos
que ya no pertenecen ni son controlados por ningún Estado. O sea, un
títere de segunda mano. Cuando la realidad del poder es
absolutamente perversa, la lucidez y la distancia son el único camino
digno. Lástima que las declaraciones del Canciller, en París, anuncien
otro camino.
LAS FORMAS DE COMO NOS MIENTEN PARA INICIAR UNA GUERRA ..!VIDEO CENSURADO! como las grandes potencias utilizan el pánico social y la confusión de la misma para iniciar una guerra..! wow ..! increíble como nos engañan y como sacrifican vidas para logran sus propósitos ..!
Maria Victoria Moyano Artigas
en Roma declarando, demostrando la existencia del Plan Cóndor, del plan
sistemático de robo de bebés, y denunciando la impunidad en Uruguay que
impide juzgar a los militares asesinos, torturadores y apropiadores.
Testimonio de Victoria Moyano
Abogado de los represores imputados
Una y todos
Testigos y una hija de militante del MLN desaparecida en
Argentina relataron su historia en juicio del Plan Cóndor en Roma.
Empieza el invierno en Roma. El Aula Búnker de Rebibbia está
helada. En el marco del juicio por el Plan Cóndor que la Tercera Corte
d’Assise, presidida por la jueza Evelina Canali, lleva adelante, con más
de 30 imputados de Chile, Uruguay, Bolivia y Perú, por el homicidio y
la desaparición de ciudadanos latinoamericanos de origen italiano, se
examinó ayer el caso de María Asunción Artigas de Moyano (Mari),
militante de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) y después del
MLN-Tupamaros. Fue secuestrada en su domicilio, en la calle 595 de
Berazategui, en la provincia de Buenos Aires, junto a su esposo, Alfredo
Moyano, el 30 de diciembre de 1977. Fue madre de una niña nacida en
cautiverio, y desaparecida.
Los dos testigos que declararon ayer relataron haberla encontrado y
haber hablado con ella en dos centros de detención clandestina en Buenos
Aires: Pozo de Quilmes y Pozo de Banfield. Norma Leanza, argentina,
secuestrada el 15 de octubre de 1977, llegó al pozo de Quilmes
proveniente de otro centro clandestino, el Puesto Vasco: “En Quilmes
estuve en el segundo piso, el de las mujeres. En ese lugar y en ese
tiempo pude conversar con las uruguayas cuando nos abrían las celdas
para ir al baño y limpiar. Así supe que en el grupo de uruguayas estaban
María Antonia Martínez, María Artigas de Moyano y Aída Sanz. A Aída
Sanz la vi de lejos, pero María Antonia y Mari me contaron que había
tenido familia, una nena, antes de que la trasladaran al Pozo de
Quilmes. Mari Moyano contaba que cuando la secuestraron no sabía que
estaba embarazada, y a esa altura, en el Pozo de Quilmes, estimaba que
estaba entre el cuarto y el quinto mes de gestación. […] El día anterior
a mi liberación dejaron que las parejas pasaran un momento juntos en un
cuarto en el segundo piso. Allí subió el compañero de Mari Moyano; fue
la única ocasión en que lo vi”.
Diego Barreda, obrero argentino del astillero Río Santiago, despedido
por la dictadura, fue secuestrado el 14 de julio de 1978. Después de
ser salvajemente torturado, terminó en una celda del Pozo de Banfield.
Allí se encontró con María Artigas de Moyano, con quien tuvo una
relación de amistad. Barreda es autor de una novela, El pantano, inspirada en las mujeres embarazadas detenidas desaparecidas que, como dijo a la diaria,
surgió de las palabras que Mari le dijo en el Pozo de Banfield: “Si
volvés vivo al mundo de los vivos, escribirás sobre nosotras o no serás
nada”.
Barreda contó que en el Pozo de Banfield había una uruguaya
embarazada que dijo llamarse María Artigas y que tenía el “privilegio”
de salir de su celda para repartir comida y retirar los desechos de los
presos; “siempre era acompañada por una guardia, pero cuando abríamos la
puerta para recibir la ‘tumba’ [comida en jerga carcelaria] podíamos
estar sin tabique y sin esposas para recibir un plato y una cuchara de
madera. Así me di cuenta de que su embarazo estaba muy avanzado. El
último día, antes de dar a luz, ella llevaba una túnica que tenía
manchones de la leche que salía de su pecho. […] Ella me dijo que si era
niña quería que se llamara María, igual que ella. Cuando yo llegué a
Banfield, era más o menos el 20 de julio, pleno invierno, y yo llevaba
sólo el mameluco, que era muy liviano. Cuando pude hablar con ella le
dije que estaba muerto de frío; a los dos días, ella me trajo un
chaleco, que todavía tengo, hecho con una manta y cosido en los costados
con un hilo de alambre. En toda mi vida ni yo ni mi descendencia vamos a
olvidar su solidaridad y el hecho de que ella, en la situación en que
estaba, supo pensar en mí. […] Cuando nació la nena escuchamos el llanto
de una criatura. Desde aquel momento María no apareció nunca más”.
Victoria Moyano, aquella niña nacida en cautiverio una noche de
agosto de 1978, y entregada por Óscar Penna, jefe de la brigada de San
Justo y dirigente, junto a Miguel Osvaldo Etchecolatz, del Pozo de
Quilmes y el Pozo de Banfield, a su hermano Víctor Penna y a su mujer
María Elena Mauriño, estaba presente en el Aula. Ella también dio su
testimonio y contó los hechos que revolucionaron su vida, a los nueve
años, cuando fue restituida a su familia biológica. Relató el rol que
cumplió su maestra de primaria Olga Fernández. Todavía en dictadura,
Fernández había señalado a Abuelas de Plaza de Mayo que había algo raro
en la familia Penna, y cuando pudo acceder a la partida de nacimiento de
la niña y se dio cuenta de que Victoria figuraba como hija natural de
los Penna sin que la mujer hubiera estado embarazada, hizo la denuncia.
Victoria expresó que para “reconstruir la historia de mi mamá y de mi
nacimiento” fueron centrales las declaraciones de Adriana Chamorro, su
compañera de celda, que será testigo en una de las próximas audiencias.
“Desde la restitución de mi identidad pasé toda mi existencia sin
padres, viviendo con mis abuelos, con todo lo que significa para una
niña de nueve años enterarse de que sus padres están desaparecidos y que
no se sabe dónde están. Tuve que aprender a conocer y a querer a una
familia nueva, que era muy importante porque me había estado buscando
por tantos años, pero yo no la conocía y eso generaba una contradicción.
Entonces, cuando se habla de restitución de identidad se debe entender
que en lo jurídico es un cambio de nombre, apellido y algunos derechos,
pero desde lo personal es otra cosa, que viene desde la identidad más
profunda de un individuo, y el cambio de nombre es sólo una parte. Ése
es el punto de partida desde el que, durante todos estos años, yo estuve
buscando y peleando por el juicio y castigo de los responsables de la
desaparición de mis padres y de los 30.000”, relató Victoria.
Luego, en conversación con la diaria, Victoria cuestionó las
políticas estatales vinculadas a los derechos humanos que se llevan a
cabo en Uruguay: “La política que el Estado uruguayo ha llevado adelante
desde la dictadura hasta ahora es la impunidad, la falta de
investigación y la protección a los sectores que desarrollaron la
represión en Uruguay. Para llegar a atestiguar acá no tuve ningún
acompañamiento de Uruguay más que de mi familia y de unos jóvenes
militantes que estuvieron hasta último momento llamándome, pero por
parte del Estado uruguayo no hubo ningún acompañamiento”. “En Uruguay se
incumple la normativa internacional hasta llegar a la paradoja de que
tenemos que denunciar en tribunales internacionales, como acá en Roma,
lo que se debería estar denunciando en
Uruguay”, cuestionó.
El Prof. David Harvey es uno de los más prestigiosos
intelectuales de nuestra época. Es precursor en la actualidad de una
corriente de pensamiento que ha modificado radicalmente la forma de
entender los procesos de conformación del espacio y el territorio en el
modo de organización capitalista. Ha tejido los márgenes de varias
disciplinas haciendo surgir un nuevo conocimiento sobre las
problemáticas y los conflictos urbanos. Sus más recientes inclinaciones
teóricas y académicas que buscan hacer visibles y cuestionables algunos
procesos que aparecen naturalizados en los discursos actuales, en
particular como se desenvuelve el proceso de urbanización y de que
manera incide en la conformación de la geografía de las desigualdades.
.
David Harvey recibió título de Doctor Honoris Causa
Jueves 19 • Noviembre • 2015
Marx recargado
Harvey destacó la autogestión como “base para generar
políticas alternativas” y dijo que hay que “crear nuevas prácticas” en
la izquierda.
Con motivo de la visita del geógrafo y antropólogo británico
David Harvey, se realizó ayer en la planta de Funsa una actividad para
dialogar con este académico marxista sobre El capital en “escenarios de autogestión y economía solidaria”.
El presidente de Funsacoop, Enrique Romero, abrió la charla narrando
la historia de la fábrica que hoy produce neumáticos y guantes de goma,
gestionada por los propios trabajadores. La empresa cerró durante la
crisis de 2002 y los trabajadores decidieron “resistir al desempleo” y
organizarse “en pos de la reapertura”, lo que consiguieron luego de
aliarse con capitales privados. Con el apoyo del gobierno venezolano del
entonces presidente Hugo Chávez consiguieron adquirir la maquinaria y
la marca Funsa. En 2011, la sociedad con el inversor se disolvió y el
emprendimiento quedó en manos de Funsacoop, que recibió el apoyo del
Fondo para el Desarrollo (Fondes).
Carlos Aulet, representante del PIT-CNT en la Junta Directiva del
Fondes que gestiona el Instituto Nacional del Cooperativismo, dijo que
se está “en un momento de construcción de la autogestión y de la
economía social y solidaria”. “El Estado, el bloque social de la
autogestión, los sindicatos, la Udelar y la UTU deben conformar un
bloque que posibilite y afirme nuevos emprendimientos en una visión
distributiva, democrática, de desarrollo local y social. Ésta es una
forma de evolución de la autogestión”, agregó. Aulet destacó que “esta
movida” fue la que logró que se redactara la ley de institucionalización
del Fondes, y que “se va a reeditar” cuando se piense “en cómo se va a
gestionar” ese fondo.
Juan Geymonat, del Grupo de Estudios del Capital y Núcleo de Economía
Política de la Universidad de la República, se refirió “al lugar del
pensamiento marxista” en la universidad, al que calificó de “marginal”
tanto en la producción académica como en la enseñanza, lo que se
explica, dijo, por la influencia del posmodernismo y del neopositivismo
en el ámbito académico desde los 90.
Por su parte, Harvey, de 80 años y residente en Nueva York, hablando
en inglés afirmó que “hay una crisis social, política, económica, pero
además intelectual”, y que mientras que en el pasado, cuando había
crisis, “surgían nuevas ideas”, ahora “hay crisis y nadie sabe qué
hacer”. “Hace un tiempo que estoy tratando de entender cómo nos puede
ayudar el análisis marxista. Hay muchos marxistas que son conservadores
en su pensamiento, que se mantienen en los años 30 o en los 70, y creo
que hay que revitalizar ese pensamiento”, agregó. “No podemos ir a Marx
esperando encontrar todas las respuestas, tenemos que hacernos muchas
preguntas a nosotros mismos yendo al contexto”, dijo. Harvey destacó que
a lo largo de la historia surgieron sindicatos, movimientos sociales y
de autogestión que son considerados por el marxismo fundamentales “para
un cambio social radical”, pero “Marx dice que la autogestión de los
trabajadores nunca va a ser suficiente”, porque “es más probable que por
sí misma lleve a una situación más de autoexplotación que de
emancipación”.
El académico añadió que hay que ver al capital “en general” como
capital de mercancía, capital de producción y capital financiero. “Si
controlamos una de las formas y no las otras, estamos sumergidos en la
lógica capitalista”, explicó. Por lo tanto, para que la autogestión
funcione “se tiene que tener un poco de control de todo”, “un poco de
control de las finanzas, una fuerte relación con el aparato estatal y un
poco de control sobre las mercancías”. “Para que la autogestión sea una
fuerza emancipadora, se necesita una revolución social en general”,
precisó. Marxistas y anarquistas, uníos
Más adelante afirmó que la autogestión, que es un movimiento “muy
inspirador”, no se puede separar de un proyecto político general de
país, y destacó la relación de las fábricas recuperadas de Uruguay y de
Argentina con los barrios donde están ubicadas. Harvey expresó que hay
que relacionarse con el “aparato estatal” y no concebirlo como un
enemigo aunque tenga una lógica capitalista. “Con frecuencia se adopta
la posición anarquista de no querer tener nada que ver con el Estado,
pero para que éste pueda avanzar hay que tener algún tipo de relación.
El Estado no va a ser bueno con nosotros, pero hay que saber manejar esa
relación”, explicó. Contó que muchos marxistas no aprueban que sea
“amigo de los anarquistas”, y afirmó que el futuro de la izquierda
depende de poner lo mejor de los marxistas y de los anarquistas en un
programa común.
Para Harvey no sólo hay una crisis del pensamiento burgués, sino
también del pensamiento de izquierda, y afirmó que además de las
discusiones intelectuales, hay que “crear nuevas prácticas”.
Finalmente, dijo que a nivel mundial unas 2.000 familias tienen
concentrado el poder, destacando que “la concentración ha aumentado
dramáticamente” desde 2008. Según Harvey, controlan las decisiones
políticas y la prensa, y mientras “al capitalismo le está yendo muy mal,
a la clase capitalista le está yendo muy bien”. “Organizaciones como
ésta que funciona en Funsa son la base para generar políticas
alternativas. Establecer alianzas entre los diferentes movimientos es
crucial”
El arte de la política
Cómo diseñar un futuro alternativo desde la izquierda, según el académico británico David Harvey.
Ha escrito sobre urbanismo, medioambiente,
neoliberalismo, posmodernidad y marxismo; para muchos es uno de los
principales autores vivos de las humanidades. El británico David Harvey
llegó a Uruguay en el marco de la celebración de los 100 años de la
Facultad de Arquitectura, y hoy a las 19.00, en el Paraninfo, recibirá
el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República.
-Con el ascenso de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña,
Bernie Sanders en Estados Unidos, Syriza en Grecia y Podemos en España,
pareciera que existe un renacimiento de la política radical y de
izquierda a lo largo de Europa y Estados Unidos. ¿Cuáles son sus
impresiones sobre el estado de la izquierda en el Primer Mundo?
-Quisiera ser optimista, pero francamente soy más bien cauto, por
varias razones. Lo impactante de Sanders y Corbyn es que fueron una gran
sorpresa para la prensa convencional. Me da la impresión de que esa
prensa ha construido una narración sobre cómo es el mundo y está muy
cómoda en esa narración, que no incluye a gente como Corbyn o Sanders
como gente con influencia alguna. Esa narración estuvo equivocada desde
el principio: estaban ocurriendo muchas más cosas de lo que se
reconocía. Se puede rememorar algunos de los movimientos sociales de
masas que sorprendieron a la gente, como las enormes manifestaciones
contra la guerra en 2003. Nuevamente, éstos fueron eventos
sorprendentes, que se desvanecieron más bien rápido. La razón por la que
soy cauto en relación a lo que puede ocurrir es que veo que Syriza, por
ejemplo, llegó en una posición muy fuerte, y ahora se está manteniendo
en el poder administrando todas las cosas que dijo que quería abolir. Y
creo que si Corbyn dura -y pienso que va a durar más de lo que muchos
creen-, va a ser también por haber cedido, en parte, porque el poder ya
no está en la política. Y no está en la política por dos razones: una es
que las clases altas, la plata grande, domina a la política; y la otra
es que las personas que son intuitivamente de izquierda no confían en la
política en absoluto, tienden a no votar. Entonces, ocasionalmente
aparece algo como Corbyn o Syriza, pero la gente no se mantiene en la
política. Hay una especie de política de la antipolítica que domina
nuestra izquierda. Y es muy difícil transformar eso en algo organizado o
en una campaña política bien orquestada. Por eso no soy optimista en
cuanto a que podamos ver cambios importantes como consecuencia de todo
esto. Lo que sí veo es mucha gente muy desencantada con lo que ocurre;
veremos qué forma de expresarlo encuentran en los meses y los años que
vienen. Pueden ser modos de expresión de izquierda o de derecha. La
derecha está vivita y coleando en el Norte Global, y está reclamando
fascismo. Aún así, conservo la esperanza en que reviva la política
antiausteridad. -Al mismo tiempo que emergen estas nuevas izquierdas, parece
haber un resurgir de la importancia del pensamiento de izquierda, tanto
en el norte como en el sur. En América del Sur hay una gran discusión
entre los que siguen a Ernesto Laclau y piensan en términos de
estrategias populistas que logren tomar el poder del Estado y quienes
siguen a Antonio Negri y piensan en una política horizontal, no estatal y
local. Ninguno parece dar una gran respuesta: las estrategias
populistas pueden tomar el poder del Estado pero no saben cómo lidiar
con el capital, mientras que las estrategias horizontales nunca parecen
ser capaces de crear movimientos grandes y sostenidos. ¿Donde se
ubicaría usted en este debate?
-Creo que Negri está cambiando su postura; no creo que esté tan
comprometido con esas formas horizontales. De hecho, en una entrevista
reciente dijo que su pensamiento y el mío estaban convergiendo, lo que
me resulta bastante sorprendente. Existe cierto fetichismo de la forma
organizacional en la izquierda que significa que cualquier cosa que no
sea horizontal no está contemplada, cualquier cosa de gran escala es
rechazada. Yo no veo la política en esos términos; de hecho cada vez que
estuve en una estructura de asamblea en realidad no era horizontal,
existían liderazgos secretos y todo eso. Creo que sería necesario algo
de pragmatismo en esa parte de la izquierda en cuanto a cómo piensa en
la organización y en que debería hacer. Es cierto que las estrategias
populistas pueden servir para tomar el poder. Pero lo que vimos en
Argentina es que existe un límite a lo que podés hacer cuando estás
comprometido con una estrategia populista. -Quería preguntarle sobre ese punto. Varias veces ha usado a
América del Sur como ejemplo de un lugar en el que los movimientos
sociales fueron capaces de responder al capital. Éste es un momento muy
especial para América del Sur, porque todas las fuerzas progresistas y
revolucionarias están en crisis o en graves problemas. ¿Cómo ve esta
situación?
-Hubo un momento curioso en la historia de América Latina, al final
de las dictaduras, en el que vimos cómo se daban paralelamente la
democratización y el neoliberalismo, y cómo la colisión de estas dos
fuerzas creó una oportunidad para la aparición de una izquierda muy
peculiar, basada en cuestiones de derechos que eran perfectamente
compatibles con el neoliberalismo, pero que estaba basada también en la
profundización de la democracia. Más adelante vemos, por ejemplo, que
Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores llegan al poder en Brasil
y son, al principio, muy progresistas. Pero paso a paso se van haciendo
más y más cautivos del capital, y empiezan a desempoderar a los
movimientos sociales. Entre 2005 y 2010 las cosas estaban extremadamente
activas, pero desde entonces el poder político ha domado a los
movimientos sociales. Por ejemplo, los movimientos indígenas del campo
ecuatoriano ya no son tan fuertes como eran. Es una paradoja que hayan
sido gobiernos de izquierda los que los desempoderaron. Y ahora esos
gobiernos de izquierda están en problemas. Y vemos una situación en la
que la derecha puede hacerse cargo, y los movimientos sociales no van a
estar allí para crear resistencia. Esto, por supuesto, se une al hecho
de que hubo un boom económico en América Latina durante
aquellos años, que en buena medida estuvo unido al comercio con China.
La caída de los precios de las materias primas generó serios problemas
económicos en casi todos los países de América Latina, por lo que
estamos viendo tasas de crecimiento cero, y no el fuerte crecimiento de
hace cuatro o cinco años. Estas cosas suceden juntas y pintan un
panorama muy complicado. -En ese tema parece haber una contradicción en la acción de
los gobiernos progresistas y revolucionarios de América del Sur.
Pareciera que su habilidad para redistribuir y para obtener victorias
políticas depende de su capacidad para atraer grandes inversiones, ser
exitoso en los mercados internacionales y exportar materias primas,
todas cosas que dan poder al capital sobre el territorio, ya sea
mediante la especulación inmobiliaria, el desarrollo agrícola o la
minería. ¿Hay alguna forma de salir de esta contradicción?
-Es el clásico problema que ocurre cuando el socialismo es visto
simplemente como algo relacionado a la redistribución y no se presta
atención a la producción, a cómo se organiza ésta. Se da exactamente esa
contradicción: el programa redistributivo depende en lo crucial del
programa de desarrollo, lo que significa que, en esencia, renunciás la
estrategia de desarrollo del país a grandes empresas. Tiene que existir
una manera alternativa de pensar el modo de producción, que no sea
dependiente del capital. Esto no está siendo proyectado, excepto quizá
en organizaciones muy periféricas de escala bastante pequeña: economías
solidarias, cooperativas de trabajadores, fábricas recuperadas. Estos
movimientos son relativamente pequeños y no fueron organizados como una
fuerza que reconfigure cómo se produce la riqueza en la sociedad, y que
pueda ser aislada del poder del capitalismo global, que deviene cada vez
más centralizado y más politizado en la forma en que opera alrededor
del mundo. -Las organizaciones que querrían ir en otra dirección son
demasiado pequeñas, mientras que los gobiernos de izquierda son capaces
de transformar sus excelentes relaciones con el capital en una forma de
obtener apoyo popular. Siendo América Latina una región pobre y
desigual, existe una demanda popular real de mayores niveles de consumo.
¿Es posible, en una región pobre, la aparición de un movimiento
político que no se base en promesas de crecimiento del consumo?
-Depende de qué forma de consumo estemos mirando. Una cosa que me
impresiona de América Latina en los últimos 20 o 30 años es hasta qué
punto la forma de consumo que se promueve está construida en torno al
automóvil, a nuevas carreteras, a shoppings. Parece casi diseñada para
ser estadounidense. Y francamente éste no es, para mí, un modo de
producir especialmente sano o valioso. De hecho, últimamente cuando
visito grandes ciudades latinoamericanas paso mucho tiempo estancado en
embotellamientos, y pienso “por qué este compromiso con lo que en
Ecuador llaman 'buen vivir' implica estar sentado en un embotellamiento,
rodeado de shoppings y condominios”. En otras palabras, existen formas
variadas de consumismo, y creo que el modelo de consumismo que está
siendo importado en estos países no necesariamente es una forma de
consumismo que uno quisiera promover si estuviera pensando en el
bienestar de todos. De hecho, algunas de las protestas que han emergido,
por ejemplo los levantamientos en las ciudades brasileñas en 2013,
están relacionadas con el precio del transporte, de los megaproyectos en
torno a la Copa del Mundo, que estaban recibiendo recursos masivos que
no estaban llegando a la gente. Qué consumo queremos es una gran
pregunta, y creo que podemos decir a la gente: “Miren, no estamos en
contra del consumo, estamos a favor del buen consumo: comida limpia,
sana y buena en lugar de comida chatarra, menos tiempo de transporte,
mayor proximidad del trabajo a la residencia, rediseño urbano”. En otras
palabras, deberíamos buscar un modo de consumo radicalmente diferente
del que está siendo promovido, con consecuencias muy desafortunadas para
muchas ciudades de América Latina. -Mencionó el “buen vivir”. Existe una intensa discusión en
América del Sur entre los que usan esta categoría desde posiciones
decoloniales y antidesarrollistas y aquellos en la izquierda
tradicional, más economicista. Como intelectual marxista que estudia la
relación entre el capital y la naturaleza y ha propuesto una economía de
crecimiento cero, usted parece estar en los dos bandos del debate.
¿Como ve esta cuestión?
-Es un poco incómodo, porque me disparan desde los dos costados.
Murray Bookchin, que era anarquista y dejó el anarquismo, dijo
recientemente que él pensaba que el futuro de la izquierda dependía de
poder juntar lo mejor del anarquismo con lo mejor del marxismo, y que
mientras no aprendamos a hacer eso no vamos a ir a ningún lado. Me
inclino a estar de acuerdo con eso, porque pienso que muchas de las
ideas que se encuentras en los grupos autonomistas y anarquistas en
términos de organización social y relación con la naturaleza son muy
positivas, y merecen ser miradas y trabajadas. Me gusta la idea del
socialismo confederal, un modo de gobierno basado en asambleas locales y
asambleas macro, que buscan formas de desplazar al Estado capitalista
con otras formas de gobierno. Son ideas muy interesantes. Pero es muy
difícil para este tipo de política pensar en cómo organizar sociedades
macro de manera que alimentemos, refugiemos y vistamos a 7.000 u 8.000
millones de personas de una manera razonable. Y no creo que los
movimientos anarquistas o autonomistas puedan responder a esa gran
pregunta. Esa pregunta fue tradicionalmente abordada por grupos de la
izquierda tradicional, aunque de una manera tan dogmática que terminó
por despreciar la profundidad de las propuestas anarquistas y de
izquierda en lo que refiere a la organización y la naturaleza. Tenemos
que juntar muchas de estas cosas de la mejor manera que podamos. Veo que
está sucediendo algo de eso en el norte de Siria, entre las poblaciones
kurdas de Rojava, que llevan adelante experimentos. He tratado de
viajar hasta allá durante los últimos seis meses para ver qué está
ocurriendo, pero el gobierno turco no me lo ha permitido. No pretendo ir
para decir “acá está la respuesta”, sino para ver que existen
experimentos de este tipo que deben ser apoyados. Entonces, nuevamente,
creo que existen posibilidades y que hay que tener la cabeza abierta. Y
tenemos que pensar que una parte del asunto es estar preparados para
redefinir el terreno teórico en el que estamos pensando. -Uno de los principales conceptos de sus últimos trabajos es
que si bien el capital no es capaz de resolver sus contradicciones, sí
es capaz de moverlas de manera de que no exploten. Al mismo tiempo,
usted pone mucho énfasis en la ciudad como lugar de organización
política. ¿Es posible, desde lo local o lo nacional, enfrentar esta
capacidad que el capital tiene de moverse mediante burbujas, corridas,
etcétera?
-Estoy firmemente convencido de que toda política debe tener raíces
en las circunstancias locales. Pero también estoy firmemente convencido
de que si se mantiene en lo local y no va a otro lugar, fracasa. La
pregunta, entonces, es cómo construir atravesando diferentes escalas.
Existen intentos de construir conexiones internacionales. El MST
[Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra] de Brasil intentó
hacerlo, organizaciones como Vía Campesina tienen un alcance global. La
única respuesta a esa pregunta es que comencemos a configurar vínculos
firmes y activos entre organizaciones, en términos de su acción
política. Te puedo dar un pequeño ejemplo: la Unión Europea está en
serios problemas como configuración. Existe una generación entera de
estudiantes que atravesó Europa gracias a programas de becas como
Erasmus. Yo le pregunto a estos estudiantes por qué no construyen la
base de una organización completamente distinta que diga “hay cosas que
valen la pena de Europa, pero no la forma capitalista basada en
Maastricht, y nosotros somos la generación revolucionaria que va a
reconfigurar esto”; y ellos casi siempre dicen “Europa es burócrata” y
todo eso. Esto nos lleva al problema del descreimiento en la capacidad
para hacer algo. Hoy empezamos hablando sobre hasta qué punto un
movimiento antiausteridad puede desarrollarse a lo largo de Europa e
incluso más allá, y esto es posible si se logra canalizar a los sectores
de la población que ven algo valioso en trabajar juntos, en un ambiente
de respeto a las diferencias, para diseñar un futuro alternativo. Eso
es lo que espero ver, y es de lo que hablo tanto, para tratar de hacer
que la gente empiece a pensar en ello. Porque si no ocurre, vamos a
estar encerrados con esta bestia capitalista, a la que no le está yendo
muy bien, a pesar de que a los capitalistas les esté yendo
extremadamente bien. Ellos tienen que ser privados de su poder, y eso va
a ocurrir o bien pacíficamente, por medio de la aparición de
movimientos de masas, o bien de una manera mucho, mucho peor.
>>> Vázquez dijo que no se puede catalogar el programa de Macri como “neoliberal ni de derecha”
El
presidente Tabaré Vázquez admitió que ha tenido posiciones discrepantes
con los legisladores de su sector y dijo que el nuevo presidente
argentino Mauricio Macri tiene propuestas "desde el punto de vista de
una concepción progresista".
En el reciente congreso de ministros,
desarrollado en Durazno, el presidente pidió un "aplauso" para Macri,
algo que incomodó a algunos sectores del Frente Amplio como el MPP que
apoyó en forma explícita al candidato oficialista Daniel Scioli.
El
líder del FA dijo que "por lo poco que ha hablado" con Macri, "hay
condiciones favorables para Uruguay, aunque dijo que hay "un signo de
interrogación" sobre el "manejo de las políticas económicas".
En los ocho meses de gobierno, Vázquez ha tenido fuertes encontronazos con su fuerza política, algunos de ellos públicos.
Muchos
comentaristas políticos han manifestado que este Vázquez no es el del
primer gobierno y que su alejamiento de poder más el estilo de gestión
que dejo el expresidente Mujica han debilitado su forma de ejercer el
poder.
Uno de los hechos en los que se notó este episodio fue el
conflicto de la educación, en el cual el presidente Vázquez quedólo
junto a la ministra María Julia Muñoz.
La situación política del
gobernante lo obligó a repensar su estrategia del "cambio de ADN" en la
educación, y de hecho se cobró dos víctimas: el director nacional de
Educación Juan Pedro Mir, y el subsecretario Fernando Filgueira,
ideólogos de la propuesta educativa con la que el presidente ganó la
campaña de 2014.
En ese sentido reveló que antes de decretar la
esencialidad en la educación le adelantó la idea a todos los diputados y
senadores del Frente Amplio, y que de ellos solo uno dijo no estar de
acuerdo.
En declaraciones al semanarioVoces, el jefe de Estado dijo que si hubiera sabido la opinión mayoritaria de la bancada no hubiera firmado el decreto.
Sin
embargo, en la reunión ocurrida en la mañana, había 64 legisladores,
dijo Vázquez, y salvo uno, ninguno expresó sus reservas.
El
mandatario dijo que ese legislador que se mostró contrario -a quien no
nombró- lo hizo "una enorme valentía y una gran franqueza".
Luego
de la firma de la esencialidad la situación con los gremios docentes se
tensó aún más, y llovieron las críticas dentro del Frente Amplio para el
presidente.
Esa jornada el tema era el presupuesto quinquenal,
pero Vázquez de detuvo en la conflictividad en la enseñanza y les
confirmò que firmaría el decreto, un hecho inédito en un gobierno de
izquierdo.
"Quizás pasó desapercibido, dije que íbamos a seguir dialogando y a decretar la esencialidad", reveló el presidente.
Vázquez señaló que el decreto nunca fue reglamentado y se levantó porque él entendió que había un acuerdo.
La firma de la esencialidad fue "algo como para decir: muchachos vamos a ponernos las pilas en un tema importante".
El
presidente descartó que su posición sea débil por falta de apoyo de su
bancada y lamentó que la oposición "tenga que recurrir a esos argumentos
para marcar presencia", consigna el semanario
Dijo que de los
nueve proyectos de ley que el gobierno envió al parlamento hay ocho
aprobados y la restante iniciativa tiene media sanción.
El dos
veces mandatario contó además que una de sus principales fuentes de
consulta es su hermano, Jorge Vázquez, actual subsecretario del
Ministerio del Interior.
"Está en un cargo importantísimo que está
cumpliendo excelentemente bien. Pero cuando tengo que hablar algunos
temas políticos, los hablo con él.
>>> Una "ola progresista en la región"
También dijo que lo habla con
sus ministros y ministras, al tiempo que señaló consultar al Frente
Amplio "más de lo que la gente piensa".
Luis Almagro, secretario general de la OEA pidió al gobierno venezolano "actuar ya" contra la violencia y el asesinato de un opositor.
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>>> Pero la OEA no pide
por la muerte de los Mapuches, los escuadrones de la muerte en las fabelas de Río, los paramilitares colombianos, las mujeres de Guatemala, los periodistas muertos en Honduras...
Violencia policial en las calles de Haití en protestas contra fraudes en las elecciones, cuando solo el 18% votó.