Mostrando entradas con la etiqueta Obama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Obama. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2009

La verdad, hasta que deje de funcionar


por Norelys Morales Aguilera
http://islamiacu.blogspot.com

Al conocido columnista de New York Times, Thomas Friedman, el presidente Barack Obama le respondió: "Seguiremos diciendo la verdad hasta que deje de funcionar". Toda una declaración de principios. El serio comprometimiento de la ética con tal afirmación salta a la vista, pero no es cosa que los medios del capital lo repliquen. Sin embargo, los tozudos hechos vienen a confirmar que entre guerras, salvamento del capitalismo feroz y condiciones sociales en el mundo, el Presidente será popular pero sus políticas cada vez más lo van poniendo más en entredicho.



Así lo revelan las tres más recientes encuestas evaluando los primeros meses de Gobierno del demócrata, publicadas por el canal de televisión NBC, junto con el diario Wall Street Journal, por un lado, la cadena CBS y el New York Times por otro, y el Pew Research Center.

Respecto a Cuba hay mucho flotando en el aire y sin concreción alguna. Esas son las verdades que no están funcionando, aunque la maquinaria del Imperio las cambie precisamente, porque no están funcionando.

Para el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón de Quesada, Obama debe cargar un fardo bien pesado porque heredó de George W. Bush dos guerras, crisis económica y acusaciones de tortura a prisioneros en conflictos, además de sus promesas de campaña.

Alarcón de Quesada, también ha considerado que Cuba no es prioridad para Estados Unidos, pero el calendario de reuniones entre gobernantes de América colocó por accidente en la agenda la problemática cubana. Lo supieron manejar de manera inteligente, elegante, sin abandonar aún las posiciones básicas.

En respuesta a la oferta de diálogo de La Habana el presidente de EEUU, Barack Obama, ofreció un "nuevo comienzo" en las relaciones de su país con Cuba durante la Cumbre de las Américas en Puerto España en abril.

Fue categórico. "No estoy interesado en hablar por hablar. Creo que podemos llevar la relación entre EEUU y Cuba en una nueva dirección", sostuvo.

Parecía que iba a ser aceptada por Obama a la oferta del líder cubano, Raúl Castro, reiterando su disposición a "tratar con EEUU sobre democracia, libertad y derechos humanos…en igualdad de condiciones".

Sin embargo, el bloqueo está intacto y la decisión de la Corte Suprema respecto al caso de los cinco antiterroristas cubanos, pone sobre el tapete que la dirección que le interesa a Obama es la misma que a una decena de administraciones norteamericanas. Acabar con el proyecto social cubano, no permitir su perfeccionamiento, volver al capitalismo depravado que hubo en la Isla. Solo eso.


DOS VERDADES:

1. Obama perdonó a tres espías israelitas.
2. El gobierno de Obama pidió a la Corte Suprema no considerar realizar un nuevo juicio a los cinco cubanos antiterroristas.

Un delito de suma gravedad contra la seguridad nacional puede ser perdonado por las más altas instancias de Washington, simplemente para complacer al consentido Estado judío y al inmensamente influyente lobby israelí, según considera el periodista Ángel Guerra, en La Jornada de México.

De la misma manera que para congraciarse con la mafia de Miami, Washington capturó a los antiterroristas utilizando información proporcionada por Cuba al FBI —precisamente como evidencia de las actividades de terrorismo contra la isla desde esa ciudad— y los juzgó y condenó allí en un proceso plagado de irregularidades.

Es difícil creer que el gobierno de Obama, al pedir a la Corte Suprema que no considerara su apelación haya tenido otra motivación que hacerle un guiño a esa mafia.
¿Cambiará Obama la verdad sobre el mal llamado embargo expresado así por Noam Chomsky?

"Cuando uno ve el embargo, las medidas económicas y las guerras terroristas de aquel tiempo, estaban dirigidas explícitamente a castigar lo suficientemente al pueblo para que derrocara a su líder si lograba desafiar a EE.UU. Es algo así como un complejo de la mafia, el Padrino no acepta desobediencia".

La explicación que acaba de dar Obama sobre la recesión, para intentar un nuevo capitalismo bien valdría también para las relaciones de Estados Unidos con Cuba y sigue su misma lógica de la verdad, hasta que deje de funcionar: "esta recesión no es el resultado de un fallo, sino de una cascada de errores, de oportunidades perdidas y de una cultura de la irresponsabilidad".

---------------------------------------------

martes, 26 de mayo de 2009

La pobreza, los abogados del diablo o el dinosaurio todavía ahí





Norelys Morales Aguilera



Pareciera que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional con sus alertas aterradoras sobre la tragedia humana del planeta, están haciendo de abogados del diablo.

Intentan preservar al sistema capitalista y es como un eco de la alerta que hizo sonar Hegel: “El amo tiembla aterrorizado ante el esclavo porque sabe que tiene sus días contados”.

Estas instituciones de la columna vertebral del capital a escala planetaria dicen que “los países en desarrollo enfrentan gravísimas consecuencias, ya que la crisis financiera y económica se ha transformado en un desastre humano y de desarrollo.

Se estima que en 2009 otros 55 millones de personas serán arrojadas a la pobreza extrema. Se prevé asimismo que este año el número de personas que padecerán hambre supere los mil millones”.

El mismísimo presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha propuesto modernizar el multilateralismo y los mercados. Ha hecho también una afirmación contundente: Recordar, para pensar el futuro.

La pobreza no es asunto de cifras. Es drama humano perceptible en todas partes, en el Norte y en Sur. Tantas personas lanzadas por el capital a estados límites generan inevitablemente ingobernabilidad.

La humanidad en pleno ha puesto demasiadas esperanzas en el presidente de Estados Unidos, pero llama a la reflexión sus incumplimientos o impotencia para ejecutar lo que prometía durante su campaña hacia la Casa Blanca.

Es perturbador el trasfondo del pugilato de Obama con la derecha republicana que le demanda mantener la mano dura en la represión del fantasma terrorista, incluyendo el mantenimiento de la tortura.

Con la guerra antiterrorista, -lo sabemos hoy- Bush buscó reducir las libertades individuales para proteger de las amenazas sociales al sistema de acumulación concentrado, vertical y especulativo del capital que ha generado la actual crisis internacional.
Es muy llamativo y grave que el jefe de la inteligencia nacional estadounidense Dennis Blair afirme que las consecuencias de la recesión reemplazaron al terrorismo como la mayor amenaza para la seguridad del país.

La pobreza generará más violencia y más represión desde los centros de poder del imperialismo internacional, habrá movimientos de población y sufrimiento humano a gran escala, reducción de la actividad económica, menos comercio.

Cualquiera de esos fenómenos aislados lo pueden cacarear los medios de los poderosos y nada sucederá. Pero, su conjunción es una receta altamente explosiva.

No se dice y lo que no se menciona, no existe en el mundo mediático y globalizado, recuerda el periodista Marcelo Coulossi refiriéndose a la lucha de clases.

Nada lo ilustra más que el insuperable hallazgo literario de Augusto Monterroso. “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.”

(Especial para Cubahora.cu)

Texto relacionado

Las luchas de clase no pasaron de moda (aunque no lo quieran creer)

jueves, 23 de abril de 2009

El dulce encanto del rostro del Imperio


Norelys Morales Aguilera. Islamía

Tras la facundia de Barack Obama, que excesivamente arroba a muchos hasta que se hable de “Obamamanía”, la sonrisa inteligente, la apariencia informal o su inteligencia, más pronto de lo que podría suponerse ya podemos hablar de un dulce encanto para el rostro del Imperio. Pero, hay una inobjetable continuidad de la política de presión hacia Cuba.

Durante la enconada campaña presidencial que sustituiría al desgastado e impopular G. W. Bush para muchos fue sorpresiva la decisión de la Convención Demócrata de optar por Obama. Hoy sabemos que la estrategia era conformar hacia la política exterior la dupla Obama-Clinton.

No es casual. Acoplan perfectamente. Si seguimos las declaraciones de la jefa de la diplomacia norteamericana desde Asia, México, Haití y la Cumbre de Las Américas en Trinidad y Tobago. La sincronización y las “correcciones” son evidentes. Se ve en casi todos los temas.

En el caso Cuba, la señora Clinton lleva una progresión que da la impresión de un tomar el pulso hasta desembozar lo que la Administración pretende. En Haití, tal vez pensando que en la empobrecida nación podría tomarse alguna libertad, el presidente René Preval recordó la ayuda de su isla vecina.

La secretaria estadounidense de Estado declaró en el Palacio Nacional de la capital haitiana que para levantar el embargo contra Cuba es necesaria la democratización de ese país, lo que implica la liberación de los presos políticos.

En la misma reunión de Puerto Príncipe, el presidente haitiano, Preval, abogó por el fin del bloqueo y el inicio del diálogo entre Estados Unidos y Cuba, sin imponerse a esta última nación un cambio de orientación política.

En la Cumbre del Alba en Cumaná, Venezuela, el presidente Chávez consideró las declaraciones como una injerencia.

No podemos saber si fue desde el lujoso hotel de Puerto España o desde La Bestia, así denominado el costoso y fortificado vehículo tipo limosina del Presidente, pero algo debió suceder para que en el corto vuelo de Puerto Príncipe a Santo Domingo, la Clinton admitiese el fracaso de la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Pero, ello no supone que no quieran retrotraer a la Isla a la condición de neocolonia festinadamente por sus habitantes, como han supuesto otras administraciones con los consiguientes fiascos.

Obama dijo en su discurso en la sesión inaugural del la V Cumbre de Las Américas, adelantándose al tópico que iba a venir: "No estoy interesado en hablar por hablar. Pero creo que podemos llevar la relación entre EEUU y Cuba en una nueva dirección".

En su alocución, Obama expresó su disposición, manifestada ya durante la campaña electoral, a que su Gobierno "aborde con el Gobierno cubano una amplia gama de asuntos, desde los derechos humanos y la reforma democrática a las drogas, la inmigración y asuntos económicos". Añadió que "EEUU busca un nuevo comienzo con Cuba".

Sin embargo, tal “nuevo comienzo” parte de la continuidad a la política de Estados Unidos respecto a la Isla. Las medidas que anunció no tocaron el bloqueo, solo corrigió las estupideces de Bush, y está intacta la Ley de Ajuste y la Helms-Burton, que la secretaria de Estado, conoce muy bien, por ser firmada por su esposo y ella ser una activa política, que conoce a mafiosos y congresistas que de cubanos solo tienen el nombre.

En República Dominicana la Clinton habló a nombre del dueto que conforma con el Presidente. “… nuestro mensaje es el mismo: Estados Unidos quiere un tener un diálogo con el hemisferio, somos vecinos, somos socios, tenemos afectos, obviamente tenemos divergencias con la dirigencia de otros países de América Latina, pero a eso le damos un enfoque práctico no ideológico... “

Como que del dicho al hecho va un trecho, en esto los políticos estadounidenses son expertos. ¿Enfoque práctico no ideológico? Nada tiene más cara de ideológico que especular sobre las medidas de Obama que no tocan el bloqueo,"han dado pie al inicio de un debate interno en Cuba" y sobre discrepancias en la dirección del Gobierno cubano.

Seguramente se siguen asesorando con el cuartel general de la gusanera en la Isla, léase la Oficina de Intereses de los EEUU en La Habana (SINA).

La secretaria de Estado ha acudido al Comité para explicar el nuevo rumbo de la política exterior del Gobierno de Obama, que se muestra decidido a mejorar la imagen de EE.UU. en el mundo. Al paso que van al menos con Cuba, darán algún traspié.

Clinton reiteró la postura del presidente Barack Obama de su disposición a un diálogo que incluya los derechos humanos y la libertad de los presos políticos, y que el Gobierno de La Habana "debe tomar medidas hacia la democratización".

"Vamos a proceder muy cuidadosamente en este proceso, porque sabemos lo que ha pasado antes", señaló la Secretaria de Estado, en un intento de responsabilizar a Cuba de la falta de iniciativa al diálogo bilateral.
Para los cubanos, desde sus líderes hasta cualquier hijo de vecino, la cautela respecto a los intereses del gobierno de Estados Unidos está garantizada, aún con el encanto de su Barack Obama y la dupla que conforma con la Clinton.

jueves, 9 de abril de 2009

Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago


La hora de la verdad:




Atilio Boron

Rebelión






La inminente cumbre de las Américas pondrá a prueba la seriedad de las palabras pronunciadas por Joseph Biden en la "Cumbre del progresismo" que tuvo lugar en Viña del Mar a finales de Marzo. En esa oportunidad el vicepresidente de Estados Unidos dijo que "se acabó la época en que dábamos órdenes". Lo curioso es que pese a tan promisorias palabras Biden fue muy enfático al afirmar que continuaría el bloqueo contra Cuba, ya próximo a cumplir medio siglo de vida. ¿Cómo conciliar ambas expresiones? La Casa Blanca dice por medio de su calificado vocero que desea instalar en la región un clima de diálogo, respeto y comprensión; pero, simultáneamente, revela que no está dispuesta a poner fin a un bloqueo criminal e ilegal que ha concitado el repudio universal desde hace décadas. ¿Cuál de estas dos afirmaciones representa la política de Barack Obama hacia nuestra región?

Con su enigmática declaración Biden fortalece la impresión de que más allá de sus encendidas promesas de campaña, sintetizadas en la fórmula "somos el cambio", la administración Obama no parece demasiado preocupada por diferenciarse de su predecesor. Las grandes orientaciones de la política exterior de George W. Bush gozan de muy buena salud en dos áreas estratégicas de la Casa Blanca: guerra y economía. En la primera, habiendo no solo ratificado en su cargo al halcón Robert Gates como Secretario de Defensa sino también reforzando la presencia militar estadounidense en Afganistán y Pakistán mientras que el prolongado estacionamiento de sus tropas en Irak parece destinada a convertir a ese sufrido país en un eterno enclave neocolonial norteamericano. En lo tocante a la economía, el equipo de asesores y expertos seleccionado por Obama reúne a los cerebros que concibieron y llevaron a la práctica la radical desregulación del sistema financiero de los años noventas causante del fenomenal estallido de la burbuja especulativa en el verano boreal del 2008. Lo que se sabe de gentes como Robert Rubin, Lawrence Summers, Timothy Geithner y Paul Volcker es que los caracteriza una inconmovible fidelidad al neoliberalismo y a los intereses que éste representa: el capital financiero y los gigantescos oligopolios norteamericanos. Su presencia en la nueva administración de los demócratas pone de manifiesto su pertinaz empeño por restaurar la situación existente con antelación al estallido de la crisis, aplicando la misma medicina que ocasionara la debacle actual. Había otros economistas que, desde una perspectiva crítica y a la vez realista, podrían haber asesorado mucho mejor a Obama: mencionemos apenas dos, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, y Joseph Stiglitz, que obtuvo ese mismo lauro en el 2001. Pero Obama prefirió depositar su confianza en los gastados gurúes del neoliberalismo, con lo que se esfuman las esperanzas de una salida razonablemente civilizada de la crisis actual. El show mediático montado días atrás por el G-20 en Londres no permite pensar en otra cosa.

Bajo estas condiciones las declaraciones del nuevo gobierno estadounidense en el sentido de flexibilizar algunas restricciones en materia de viajes y visitas de familiares a Cuba merecen un aplauso, pero el mantenimiento del bloqueo económico a Cuba es absolutamente inaceptable y debe ser condenado sin atenuantes. Esto señala inequívocamente la magnitud del hiato que separa al Obama de la campaña electoral del Obama ocupante de la Casa Blanca. Agregaríamos: también del abismo que separa las ilusiones de los cultores de la "obamamanía" en muchos países de la región y fuera de ella, principalmente en Europa, de las políticas que aquél está llevando a cabo en su inescapable condición de jefe del imperio. Sus promesas de revisar la política anti-cubana que los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca instalaron desde los inicios mismos de la Revolución parecen destinadas a ser llevadas por el viento. Hasta ahora, lo que se advierten son gestos dirigidos a maquillar el bloqueo pero nada más. Un bloqueo que, conviene recordarlo, es económico, comercial, financiero, migratorio (por la canallesca "Ley de Ajuste Cubano") e informático, impidiendo a la isla acceder a bandas de Internet de alta velocidad.

El terco mantenimiento de esta situación es un síntoma revelador de sorprendentes patologías políticas que entorpecerán la gestión innovadora que debería tener un presidente estadounidense enfrentado a una crisis como la actual. ¿Cuáles patologías? Veamos: en primer lugar, la de una superpotencia imperialista que en lugar de definir su política exterior en función de sus intereses nacionales y criterios globales mantiene una agresiva política hacia un país, Cuba, que de manera alguna amenaza su seguridad nacional. El resultado ha sido la profundización del descrédito de Estados Unidos en la arena internacional, la irritación de los gobiernos y las poblaciones del hemisferio y una sensible pérdida de influencia en la región, puesta en evidencia por el espectacular fracaso del ALCA, ignominiosamente sepultado en la anterior cumbre de presidentes reunida en Mar del Plata en 2005. ¿Cuál fue el pecado de Cuba? Algo imperdonable para los amos del imperio: haber luchado exitosamente por su autodeterminación y por su dignidad, desembarazándose de las cadenas que la aherrojaron primero al colonialismo español y luego al imperialismo norteamericano. Por eso se la castiga brutalmente, como un escarmiento ante su osadía y como una lección para quienes sueñen con imitarla. Pero el tiempo se encargó de demostrar que lo único que logró esa política fue alimentar el sentimiento anti-imperialista de las masas y crear las condiciones para el advenimiento de una pléyade de gobiernos de izquierda y centroizquierda que, por distintas razones, frustraron el "sueño americano" de una América Latina sometida a los designios del ALCA.

En segundo lugar, Estados Unidos se presenta como un curioso país que, por lo dicho más arriba, no tiene una sino dos políticas exteriores: una, para Cuba y otra para el resto del mundo. En materia migratoria, la "Ley de Ajuste Cubano" otorga la green card a cualquier ciudadano cubano que pise suelo norteamericano; para el resto del mundo, en cambio, existen complicadísimos trámites de inmigración. El migrante haitiano, o dominicano, que arriesga su vida atravesando el Caribe en frágiles embarcaciones será hecho prisionero y luego devuelto a su país de origen en caso de ser atrapado; el cubano, en cambio, una vez que pisa suelo estadounidense automáticamente pasa a disfrutar de todas las franquicias que se conceden a los inmigrantes legales. En el caso de la frontera sur de Estados Unidos la persecución a los indocumentados mexicanos o centroamericanos es implacable: no sólo se ha erigido un infame muro en la frontera mexicano-estadounidense; también están la cacería de "la migra" y las masacres de los vigilantes de la frontera, todo lo cual contrasta odiosamente con el trato privilegiado que se otorga a los inmigrantes cubanos. Otro ejemplo de patología política: el Departamento de Estado condena incansablemente al régimen de partido único de Cuba, denuncia los supuestos déficits de su "calidad institucional" y proclama abiertamente la necesidad de producir un "cambio de régimen", eufemismo para referirse a la concreción de la contrarrevolución. Pero esta política, con su definición de principios, contrasta llamativamente con las fraternales relaciones que Washington cultiva con Arabia Saudita, país en el cual los partidos políticos están prohibidos, el despotismo monárquico es absoluto y la democracia una quimera; contrasta también con las intensas relaciones económicas forjadas con países como China y Vietnam cuyos sistemas de partidos son muy similares al que existe en Cuba. ¿Cuál es la razón de tamaña discriminación, de esta colosal inconsistencia de la política exterior norteamericana? No hay razón alguna; sólo el chantaje de un lobby mafioso ante el cual Washington se postra deshonrosamente.

Tercera patología: el bloqueo revela que Cuba ocupa un lugar especialísimo en el imaginario de la clase dominante estadounidense. Pese al tiempo transcurrido sus integrantes y sus representantes políticos no se resignan haber perdido a Cuba e insisten en recuperarla, en apropiarse de ella apelando a cualquier recurso. Cuba es su enfermiza obsesión, la sienten como un trofeo de guerra –de una guerra donde los patriotas cubanos habían derrotado al poder colonial español y que luego Estados Unidos con sucias artimañas les arrebató la victoria- y en pos de ella son capaces de cualquier cosa. Casi medio siglo de bloqueo es un fenómeno que no tiene parangón en la historia del imperialismo. Imperios anteriores, desde Esparta y Roma hasta hoy, sitiaron por un tiempo algunas ciudades. Pero sostener un bloqueo integral como el que padece Cuba es algo que no tiene precedente alguno en la historia de la humanidad. Constituye una monstruosidad, una verdadera aberración y una imperdonable inmoralidad. El mantenimiento de una política que ha fracasado ostensiblemente, que ha terminado por aislar a Estados Unidos, sólo puede comprenderse como una señal de la decadencia de la clase política norteamericana. Con la inminente reapertura de las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, Estados Unidos será el único país del sistema interamericano que no tiene relaciones con Cuba. ¿Cómo sostener una política que no sólo ha fracasado en promover el tan anhelado "cambio de régimen" sino que, a su vez, ha convertido a Estados Unidos en una suerte de paria del sistema internacional cuando en la última votación de la Asamblea General de la ONU el bloqueo fue condenado por 185 de los 192 países miembros de la organización?

Por consiguiente, si Obama quiere dar un nuevo comienzo a la relación con América Latina y el Caribe hay un primer paso que es inevitable: debe levantar total e incondicionalmente el bloqueo e iniciar de inmediato conversaciones para normalizar la relación con La Habana. Debe reconocer que Cuba no está aislada y que quien está aislado es Estados Unidos. Con el transcurrir de los años el prestigio de Cuba se ha ido agigantando, porque siendo un país pequeño ha demostrado una notable coherencia y fortaleza en su política exterior. Cuba ayuda más que Estados Unidos a los pueblos de nuestra América y, en general, del Tercer Mundo; lo hace con sus médicos, sus alfabetizadores, sus técnicos, sus entrenadores deportivos y su amplísimo programa de cooperación científica y técnica con unos cien países. Cuba da, mientras Estados Unidos quita. Y la ejemplar resistencia de Cuba le ha granjeado el respeto de la comunidad internacional y, muy especialmente de los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe, cualesquiera que sean sus orientaciones políticas. Los gobernantes que acudirán a la cita de Trinidad-Tobago no podrán profundizar las relaciones de cooperación con la Casa Blanca en materias como la migración, el narcotráfico, el terrorismo y tantas otras a menos que se remueva de raíz el obstáculo que representa el mantenimiento del bloqueo a Cuba. De lo contrario pagarían un enorme costo político y podrían ser desalojados del gobierno más pronto que tarde. Hay varios ejemplos recientes que ilustran este aserto.

Demorar el levantamiento del bloqueo sólo servirá para perjudicar al interés nacional de Estados Unidos y los de numerosos individuos y empresas de ese país, sacrificados en aras de un lobby como el que aglutina la Fundación Nacional Cubano-Americana que es una verdadera vergüenza para la política norteamericana. Esto se va tornando cada vez más obvio para una parte creciente de la dirigencia política estadounidense. La misiva que el senador Richard Lugar le enviara al Presidente Barack Obama el 30 de Marzo de este año es sumamente elocuente. En ella, el senador por Indiana dice que la política de Estados Unidos hacia Cuba ha fracasado y que, debido a ello, "nuestros intereses políticos y de seguridad más globales" están siendo socavados. Esto requiere una "transición en las relaciones cubano-estadounidenses" y el momento para la misma es ahora: durante la Cumbre de las Américas. Lugar agrega que la política seguida por la Casa Blanca contrasta estridentemente con el acrecentado relacionamiento de los países de América Latina y el Caribe con Cuba. Las recientes declaraciones anunciando planes para restablecer las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, la serie de visitas a La Habana por los presidentes de Ecuador, Bolivia, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil, Haití, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua y Honduras y varios más del área del Caribe y la incorporación de Cuba al Grupo de Río demuestran, a su juicio, la soledad en que ha caído Estados Unidos. "El embargo dispuesto sobre Cuba es asimismo fuente de controversias entre Estados Unidos y la Unión Europea, así como en las Naciones Unidas, que ha aprobado una resolución muy ampliamente refrendada por los demás países condenando el embargo de Estados Unidos durante los últimos 17 años. Para el resto del mundo", continúa Lugar, "nuestro actual enfoque desafía toda lógica: aún durante los momentos más álgidos de la Guerra Fría, los canales diplomáticos directos con la ex Unión Soviética jamás fueron cortados." Agregaríamos: ¿cómo es posible que Estados Unidos mantenga conversaciones con países como Irán y Corea del Norte y se niegue terminantemente a hacerlo con Cuba? ¿Cómo justificar tan enfermizo empecinamiento?

El mensaje de Lugar es suficientemente claro: en una época de crisis como esta la Casa Blanca no puede darse el lujo de seguir siendo vista con enorme recelo por pueblos y gobiernos de la región. Su credibilidad internacional como una potencia que se ha arrogado la misión de promover la paz, la libertad y la democracia se desvanece irreparablemente por su política anti-cubana, aparte de tantas otras. La intención de Obama de ser visto como una radical renovación de la política norteamericana quedaría como una palabrería vacía de todo contenido si su gobierno no produjese, ya mismo, una radical rectificación de su política hacia Cuba cuyo primer paso es el inmediato levantamiento del bloqueo (que en Estados Unidos prefieren denominarlo mañosamente como "embargo", concientes del repudio universal que concita esta política). Por otra parte, no debería escapar a la atención de los estrategos norteamericanos que el imprescindible mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y los países de América Latina –imprescindible, decimos, dada la inédita debilidad de la superpotencia estancada en aventuras militares sin destino en Irak y Afganistán y brutalmente golpeada por la crisis económica- se vería negativamente influenciado por el mantenimiento del bloqueo. Todos los países de la región, aún aquellos gobernados por partidos o coaliciones de derecha, se han manifestado en contra del bloqueo, y para Washington sería imposible conferirle credibilidad a su promesa de fundar un nuevo patrón de relaciones inter-americanas si al mismo tiempo se preserva una retórica y una política inspiradas en el apogeo de la Guerra Fría. No sólo se perjudican los intereses económicos estadounidenses sino también se atenta contra la credibilidad global de la política exterior norteamericana.

En otras palabras, las buenas relaciones en el ámbito interamericano deberán construirse sobre la base de gestos e iniciativas concretas que demuestren la seriedad de las intenciones de la Casa Blanca, su capacidad real para producir políticas innovadoras y los alcances de su pregonado compromiso con un orden hemisférico basado en el diálogo y el respeto mutuo. Los gobiernos de América Latina y el Caribe que asistirán a la Cumbre de Trinidad-Tobago saben que sin acabar con el bloqueo el nuevo orden que Washington pretende construir será inviable, estará muerto antes de nacer. Pese a su ausencia Cuba tendrá un papel estelar en esa reunión y nuestros gobiernos deberán actuar con gran firmeza y coordinadamente para exigir el levantamiento del bloqueo; de lo contrario serán copartícipes del fracaso, pagando un alto costo en sus respectivos países. En Puerto España Obama se enfrentará a la hora de la verdad. Su conducta en ese cónclave será el test ácido que pondrá de manifiesto si está o no a la altura de los desafíos que le impone la historia. Y esto no sólo en relación a la cuestión cubana sino también ante los gravísimos retos que brotan de la crisis general del capitalismo.


.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Obama y su plan de rescate

Plan de rescate económico: Más deuda, más devaluación y más crisis


El Senado de EEUU aprobó hoy con un mínimo margen su plan de estímulo económico de 838.000 millones de dólares (algo más de 636.600 millones euros), texto que habrá de unificarse con el aprobado por la Cámara de Representantes, que ya aprobó su versión del plan el pasado 29 de enero, antes de ser enviado a la Casa Blanca. Mientras que en la Cámara de Representantes se sacó adelante sin apoyos de los republicanos, en esta ocasión se ha aprobado con 61 votos a favor, uno más de lo que se necesitaba, y 37 en contra. Algunos senadores republicanos han puesto seria resistencia a este plan, por consideralo un gasto excesivo que incluía, además, demasiadas rebajas fiscales. De ahí lo ajustado de la votación y el hecho de que se haya prolongado el debate durante tantos días. Aún aprobado, los republicanos siguen criticando lo que consideran "un riesgo excesivo con el dinero de otros", en palabras del senador republicano por Kentucky, Mitch McConnell, que ha añadido que el plan está "lleno de despilfarro". Precisamente hoy, el Secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geithner, ha anunciado un plan de estabilización de 1,5 billones , que podría llegar hasta los dos billones, para dotar al sistema financiero de las herramientas necesarias para salir de la crisis, situación que no ha gustado en los mercados .







.