El canciller venezolano afirmó que el presidente Orsi “carece de autoridad sobre la vida política de la República Bolivariana de Venezuela”: “Invitamos al presidente Orsi a ocuparse de los asuntos de Uruguay"
sábado, 10 de enero de 2026
Veleta
El canciller venezolano afirmó que el presidente Orsi “carece de autoridad sobre la vida política de la República Bolivariana de Venezuela”: “Invitamos al presidente Orsi a ocuparse de los asuntos de Uruguay"
miércoles, 7 de enero de 2026
Desinformación
Por Marcos Joel (FB)
El relato que cimienta la percepción del uruguayo promedio es, lisa y llanamente, basura ideológica. Un producto manufacturado por los medios de desinformación hegemónicos, diseñado no para informar sino para domesticar. Carece de toda profundidad crítica y de cualquier anclaje histórico serio. El receptor, ese sujeto promedio moldeado por décadas de pedagogía neoliberal, no está llamado a pensar, sino apenas a replicar, a repetir como loro lo que le inoculan a diario bajo el rótulo de “noticia”.
Pensar cansa. Pensar incomoda. Y por eso se renuncia al pensamiento. Lo que los grandes medios martillan todos los días no es información: son mentiras funcionales, engaños sistemáticos, humo discursivo y paja mental cuidadosamente elaborada para mantener a la población en un estado de pasividad dócil. El resultado es un sujeto políticamente analfabeto, incapaz de distinguir entre propaganda y realidad material.
El uruguayo promedio no tiene la menor noción de lo que ocurre en el mundo. Desconoce por completo las dinámicas de la geopolítica, los procesos de acumulación global, las disputas entre bloques de poder o las formas contemporáneas del imperialismo. Todo lo que “sabe” le llega filtrado, recortado y adulterado por medios que cumplen una función disciplinadora, idiotizar, banalizar, embrutecer. Un bombardeo constante de trivialidades, noticias falsas y relatos edulcorados que anulan cualquier posibilidad de pensamiento autónomo.
Desde una perspectiva psicológica y antropológica, este fenómeno no es casual. El individuo promedio ha sido entrenado para temerle a la crítica y a la diferencia. Se le ha inculcado la obediencia como virtud y la mediocridad como refugio emocional. No existe sentido crítico ni creatividad del pensamiento; solo la repetición mecánica de la inmundicia televisiva y digital. No se reflexiona, se vomita discurso ajeno.
Prefieren el confort anestésico de la mentira a la incomodidad de la verdad. Optan por la falsa sensación de seguridad que ofrece el relato dominante antes que arriesgar un mínimo gesto de autenticidad intelectual. Es más cómodo padecer la rutina del dolor conocido que enfrentar la posibilidad, incierta pero liberadora, de algo mejor. Más fácil ser cobarde y vivir bajo el temor constante a perder migajas de estabilidad que asumir la dignidad de la aventura emancipadora.
Aquí se expresa con crudeza la esclavitud moderna, no necesita cadenas visibles ni capataces armados. Se sostiene sobre el miedo, el individualismo y la renuncia voluntaria al pensamiento. El uruguayo promedio es mediocre, y lo sabe. Pero esa mediocridad le brinda seguridad ontológica; lo protege del vértigo de la libertad. Es un esclavo contemporáneo que se refugia en su propia necedad, negando la realidad para no tener que transformarla.
Y mientras tanto, el sistema avanza sin resistencia, celebrando la docilidad de quienes confunden prudencia con sumisión y paz con resignación.
Por Marcos Joel
martes, 6 de enero de 2026
Tío Caimán y la siesta revolucionaria
“TÍO CAIMÁN, SU COLMILLO INMUNDO”
Y LA SIESTA REVOLUCIONARIA… ¿DESPERTAREMOS?
La Chacra, 4 de enero de 2026
Álvaro Jaume (¡siempre REDOMÓN!)
I.
Ayer despertamos con la noticia del secuestro de Nicolás Maduro. Bronca, impotencia y, si soy sincero, hasta incredulidad. Desde hace tiempo, uno de los amos del mundo, el Sr. Donald T., venía anunciando la intervención en las históricas tierras de Bolívar. Las costas venezolanas se convirtieron en teatro de operaciones: despliegue de barcos, hundimiento de decenas de lanchas pesqueras, un gigantesco portaaviones, aviones y miles de efectivos militares. ¡Según Trump, para combatir el “narco-terrorismo”!
Pero en este intenso año de gobierno de este sujeto, a pesar de las tantas amenazas, insultos y contramarchas, uno podía suponer que en pleno siglo XXI las viejas prácticas colonialistas y supremacistas ejercidas con total impunidad podrían encontrar cierto límite. La “locura” de violar la soberanía de una nación, secuestrar a su presidente constitucionalmente electo —más allá de todo cuestionamiento posible sobre la instancia electoral— parecía algo propio de la cinematografía yanqui o del pasado, no de esta era del metaverso que nos ha tocado vivir.
Es cierto que no han sido pocas las intervenciones e invasiones norteamericanas (más de 40) en América Latina en la historia moderna. También es cierto que han existido operaciones similares a la de Maduro en épocas anteriores, como el arresto del general Noriega, presidente de facto de Panamá, quien a fines de 1989 fue derrocado mediante invasión yanqui y conducido a EE. UU. para ser juzgado por supuesto narcotráfico.
Todavía me cuesta, más que creer, asumir lo que ha pasado. No porque, tal como estipula el catecismo progresista o “woke”, se me haya ocurrido pensar —ni por un instante— que el imperialismo fuese un concepto históricamente perimido o una antigua curiosidad propia de Lenin y su libro (“fase superior”…). Si bien el Frente Amplio uruguayo (con Vázquez, Mujica y Astori a la cabeza, descansen en paz), junto al equipo de tecnócratas neoliberales que lo formó desde los años 90, ha intentado convencernos de que ni la superpotencia USA, ni el FMI, ni el Banco Mundial eran “los de antes”, que habían cambiado, el mismísimo Trump, con su MAGA (¡América grande otra vez!), se ha encargado de demostrar a los “aggiornados” —y confirmar al resto— que imperialismo y realidad siguen de la mano.
La canción Tío Caimán —del grupo Quilapayún, que identifica al Tío Sam como un caimán que “habla inglés” y mete su colmillo inmundo donde quiere— está más vigente que nunca.
Por supuesto, toda la campaña ideológica, política y mediática que se instaló en Occidente luego del mes de julio —señalando a Maduro como el gran dictador de Sudamérica, supuestamente vinculado a un cartel de droga, presentando a Corina Machado como premio “Nobel de la Paz”, y describiendo a Venezuela como epicentro de una de las grandes diásporas modernas con más de siete millones de emigrantes— eran todas señales de que podía repetirse el fenómeno del “colmillo interventor”.
Y obviamente que el contexto geopolítico de finales de 2025 contribuyó a animar el espíritu conquistador. Nuestra América del Sur se fue pintando de blanco para alegría de Trump y su acólito Marco Rubio. En Argentina, Milei —el súbdito más fiel del amo— se confirmó electoralmente. Kast ganó en Chile; Noboa en Ecuador; Rodrigo Paz en Bolivia; Peña ya instalado en Paraguay; J. Jerí —aunque transitorio— en Perú, con perfil de derecha.
Conclusión: de lo que hoy se denomina “izquierda”, es decir, “progresismo”, quedaron Lula en Brasil, Petro en Colombia, y dejo para el final —¿cómo definirlo, arrepentido o desteñido?— al “canario” Orsi, quien esquivó todos los temas (incluido el genocidio en Palestina) para no incomodar, pero que en Foz de Iguazú no firmó contra Venezuela y ayer se animó a condenar el secuestro del matrimonio Maduro/Flores.
Este panorama insufló coraje a los comandantes del MAGA, empezando por “papá Donald”. Por último, el atractivo más adictivo que tienen la mayoría de países del “patio trasero” del Tío Caimán —es decir, nosotros— son nuestras riquezas naturales, atractivas para cualquier imperio: en el caso de Venezuela, las mayores reservas petrolíferas del planeta; en Uruguay, el agua. Entonces: ¿se justifica cierta incredulidad mía o miopía política ante tamaño atropello? Racionalmente, quizás no; pero me invadió esa irresistible tendencia emocional de creer que no se atreverían a tanto.
Y cierro esta primera reflexión con la fuerza de aquellos grandes discursos antiimperialistas no solo de Maduro, también de Delcy Rodríguez (nueva presidenta), de Diosdado Cabello y otros dirigentes del PSUV, que nos transmitieron que los bolivarianos estaban blindados ante cualquier ataque yanqui, que existían milicias populares y un millón de reservistas… como si eso hubiera detenido la furia del colmillo adicto.
Quizás ingenuamente, uno soñaba que tan altisonantes palabras pudieran tener algún efecto paralizante. Sumado a las declaraciones solidarias de Rusia y China, no parecía verosímil semejante impunidad… ¡pues no! ¡Si habrá que seguir aprendiendo! Desde el nombre de la operación, “resolución absoluta”, pasando por la ejecución a cargo de un comando de élite llamado “Delta Force”, bombardeando ciudades, produciendo apagón en Caracas, hasta vencer los tres anillos de seguridad que rodeaban a Maduro (con el costo de unos treinta cubanos fallecidos), queda en evidencia que el adversario no descansa y no tiene límites para defender sus intereses. Bienvenida la Doctrina Monroe, y otra que “democracia”, si se trata de ejercer poder, defender privilegios y hacer negocios.
II.
¿Y nosotros qué? Los pueblos: ¿se rebelan, se sublevan? ¿O duermen la siesta de la esclavitud? ¿O se resignan ante tanto poderío? ¿O se contentan con negociar con los amos, como lo está haciendo en este preciso momento Delcy Rodríguez, directamente con Trump y Rubio?
Pensar que ella y su hermano Jorge (presidente del Legislativo) son hijos de un exguerrillero (MIR), asesinado bajo tortura el 25 de julio de 1976 por haber secuestrado a un ejecutivo norteamericano, mercenario y explotador, y que hoy se sientan en la mesa con Donald, Marco, Delcy, Diosdado y Vladimir P. para “mantener la paz” en Venezuela… ¡qué tristeza profunda! ¡Cuánta hipocresía y cinismo!
El superdictador Donald —ese que con insufrible arrogancia amenazaba anoche desde el Air Force One a Cuba, Colombia y México; ese que fomentó (¿organizó?) el asalto al Capitolio tras perder elecciones; ese que amenazó a Lula con aranceles del 50 % si no liberaban a Bolsonaro— se considera responsable de la “transición en Venezuela para administrar su petróleo”, como si fuese su jardín en Mar-a-Lago. Y apesta a cinismo: si los mayores consumidores de droga son los norteamericanos, el mundo entero lo sabe.
Es un Trump que tiene un gran mérito: habla claro, sin tapujos, y se comporta como si el planeta Tierra fuese un cuartel bajo su mando.
¿Entonces? ¿Qué más necesitamos para salir del letargo o despertar de la siesta? Dicen que a algunos pueblos originarios, cuando llegaron los arrogantes conquistadores, solo algunos fueron comprados con espejitos de colores. ¿Y a nosotros con qué intentan comprarnos? ¿Con consumismo, individualismo, democracia, institucionalidad y corrección política?
Frente a los atropellos insensibles que estamos viviendo hoy: ¿es tan descabellado imaginar que en un futuro —quizás no tan lejano— a Orsi o quien sea presidente lo secuestren para llevarse tranquilamente las aguas de nuestro acuífero Guaraní? Esto lo razonábamos algunos, la otra tarde, en la Plaza Libertad participando en la primera protesta… Así como con lo de Palestina, nuestro granito de arena es seguir batallando conciencias y seguir saliendo a la calle.
viernes, 2 de enero de 2026
miércoles, 17 de diciembre de 2025
La magia del poder y las cadenas
LOS “VIEJITOS”, SHAKIRA, LA MAGIA DEL PODER Y LAS CADENAS…
La Chacra, 6 de diciembre de 2025 — Álvaro Jaume (siempre REDOMÓN!)
(I)
LOS “VIEJITOS”, SHAKIRA, LA MAGIA DEL PODER Y LAS CADENAS…
La Chacra, 6 de diciembre de 2025 — Álvaro Jaume (siempre REDOMÓN!)
(I)
Había pensado cerrar este 2025 en silencio. Me parecía suficiente la notable tarea que viene realizando el blog El Muerto, mordiéndole los talones a este cuarto gobierno del FA, denunciando paso a paso cada uno de sus “derrapes”. En todo caso, para no sumar críticas —que por reiteradas serían más ruido que aporte— con la esperanza de que la base frenteamplista que se siente realmente de IZQUIERDA sacase sus propias conclusiones, contrastando promesas con realizaciones: discursos por un lado, prácticas concretas por otro. Es tarea impostergable de cada uno de nosotros poner en jaque la credibilidad de los discursos políticos, para no ser manejados como marionetas.
Pero esta mañana, trabajando la tierra bajo el mormazo del sol, más que por fuera, algo por dentro comenzó a quemarme. Una suerte de incendio interior, de bronca incontenible ante cosas que uno se resiste a imaginar o aceptar. ¿La razón? El cierre de una semana marcada por dos acontecimientos que tienen la particularidad de sacudir esa modorra tan uruguayesca, que además —en épocas festivas— se acrecienta con la vorágine consumista y se satura con banalidades de todo tipo.
Uno de ellos: los megashows de la diva Shakira en su gira mundial Las mujeres ya no lloran. Y dos: la gestión del “amigazo” presidente Orsi, siempre tan sencillo y campechano, ante la SCJ —Suprema Corte de Justicia—. Suprema Corte de la Injusticia, diría el Tambero en la Plaza Libertad cuando nos procesaron por segunda vez. Gestión que, según Orsi, fue realizada para “asesorarse” (palabra textual) sobre el estado de los militares presos por delitos de lesa humanidad en la cárcel VIP de Domingo Arena.
Se trata de más de una veintena de asesinos, torturadores y violadores, verdaderos terroristas de Estado, que desde hace tiempo el propio Pepe Mujica y Lucía han rebautizado con el misericordioso apodo de “viejitos”. Sumándose la original conexión entre uno y otro hecho: el presidente concurrió en familia —como “debe ser”— al primero de los recitales de la “diosa”.
Y lo que parecía olvidarse, hizo su trabajo por dentro mío. En la Olla, el pasado miércoles, habíamos comentado algo de ambos hechos, pero lo cierto es que me fueron quemando por dentro… el “burnout”, diría el coreanito (BCH), enfermedad muy típica —según él— de este tecnocapitalismo posmoderno. Hasta que hoy reventó, y aquí me “hallo” (dirían los paisanos), haciendo catarsis escrita, preguntando —mil veces preguntándome—:
¿Qué nos está pasando, como sociedad, como civilización —no solo aquí en Uruguay sino a nivel planetario— que no paramos de RETROCEDER, Y RETROCEDER?
Ya no solo de abandonar o renunciar a las históricas utopías de un mundo sin explotados ni explotadores, un mundo de verdadera libertad y justicia social/ambiental, sino de despeñarnos cada vez más al claudicar los más básicos principios éticos y las más elementales actitudes de solidaridad humana.
¿Tendrá freno esta loca carrera por matar al ser humano, por maquinizarlo todo, por convertirnos en adictos tecnológicos que solo aspiraríamos a la individualidad pura y dura, a “ser UNO MISMO”, tal como lo promueve la canción del Cuarteto de Nos?
El primer paso para no rayarse (término bien canero) es intentar ENTENDER cómo funciona el sistema y las cabecitas que lo sostienen —que lo sostenemos desde un lugar u otro, desde lo que hacemos y vivimos.
(II)
Empecemos por Shakira, a quien “aman” —dicho así por mis propias nietas—, sobre todo mujeres, ya que ha sido muy inteligente su marketing utilizando el feminismo como bandera. Partamos de un dato significativo: en un país de poco más de 3,5 millones de habitantes, más de 100 mil personas asistieron a sus dos recitales en el Estadio. Entradas que, como mínimo, rondaban los 100 dólares (Tribunas Ámsterdam y Colombes, de pie y sin numerar: $3.450).
En un país donde cerca del 19 % de la población vive bajo la línea de pobreza, es decir, casi 700 mil personas que diariamente la pelean para resolver lo más básico de sus vidas.
Cierto: en la Olla, cuando nuestro parlantecito de morondanga empieza a sonar —luego de la infaltable asamblea—, entre mates y tortas fritas, varias veces ha sonado la mentada diva. Solicitada por varias —contundentes— Olleras, y también por Olleros. Incluso hemos bailado al son de su música.
Pero mientras observaba desde la compu las imágenes del show, el imponente despliegue visual y sonoro, con la “diosa” esplendorosa como una reina Cleopatra posmoderna, pensaba en el humilde ranchito de costaneros ya casi podridos de nuestra querida Graciela. Histórica Ollera —¡ya llevamos casi seis años!— que al día de hoy SOBREVIVE con el guiso de los miércoles.
Y me preguntaba: ¿cuántos millones amasa Shakira?, ¿cuántos se gastaron en el montaje de sus megashows? Contrastes que se naturalizan.
Lo mismo que con Andresito, Ollero desde el primer día “plandémico”, que con su cochecito vestido de “bolso”, tricolor hasta la pasión, jamás se ha preguntado cuántos miles y miles de DÓLARES ganan sus ídolos futbolísticos.
¡Qué brillante el CAPITALISMO como sistema, que ha logrado que los esclavos, los “condenados de la tierra” —que los hay no solo en Toledo sino en todos los rincones de esta Patria QUE NO ES DE TODOS— idolatren a multimillonarios que se dan la gran vida!
O voten a políticos, conchetos o campechanos, que ganan ¡150 o 200 veces más que ellos!
Y atención: en la Olla de Toledo —no hace falta ir ni a Palestina ni a Burundi— hay gente que vive con un promedio de $100 AL DÍA, festejando cuando los tiene.
Este TURBOCAPITALISMO, enamorado de la IA, maestro en “psicopolítica” (Byung-Chul Han), produce esclavos que se sienten —que se auto-perciben— libres. Produce “AGENTES” (Mark Fisher) que no solo NO se cuestionan, sino que naturalizan la existencia de semejantes contrastes.
Preguntarse si no es un atentado a la dignidad humana organizar un megaevento prohibitivo para casi un tercio de la población parecería quedar fuera de nuestra “normalidad ideológica”. Menos aún si ese circo —ya no romano sino montevideano— es consagrado con la presencia del presidente de la República.
El operativo político de la semana, popularizando al “presi” con su asistencia al super show, no es improbable que esté concatenado con uno ideológico de mayor alcance: comenzar a recorrer —si no el camino de la reconciliación— sí el camino del PERDÓN a los protagonistas del terrorismo de Estado.
La misma sociedad que pasa de largo ante quien duerme en la calle, o ignora a quien no tiene ni $100 para el diario vivir, parece conmoverse por voces sensibles que sostienen que un país tan civilizado y democrático como el nuestro no puede dejar morir en la cárcel a unos pobres ancianos.
Si ya fue un GIGANTESCO RETROCESO que el FA —sí, el heroico FA— en su primer gobierno instalara en 2006 una cárcel VIP para estos milicos asesinos (suavizo: violadores de DDHH), AÚN MAYOR RETROCESO es insistir hoy con una campaña de sensibilización pública hacia ellos.
A partir de la noticia difundida por el semanario Búsqueda, reaparecieron los argumentos “humanitarios” a favor de la prisión domiciliaria. No solo de Zubía, sino de legisladores cabildantes, coalicionistas y de una prensa facha que volvió feliz al revisionismo.
Entonces vuelvo hacia adentro para no incendiarme del todo. Intento explicarme lo casi inexplicable. Rebelarme contra este espiral ascendente —este nunca acabar— ¡DE IR MARCHA ATRÁS!
Es verdad: cuando en 2007, organizados por Plenaria Memoria y Justicia, realizamos el primer escrache a la cárcel VIP de Domingo Arena, no fuimos multitudes. No hubo bronca social ni sublevación del pueblo frenteamplista ante tamaña traición a su ADN político.
Desde el Pacto del Club Naval en adelante, podrían escribirse tomos enteros de los RETROCESOS del FA. Siempre en nombre del pragmatismo. Siempre con la cantinela de que “los tiempos han cambiado”.
Eso explica que Orsi, con su pose de canario bonachón, relativizara su reunión con la SCJ diciendo que “no se había preocupado, solo había consultado”. Si no dudara de su capacidad, pensaría que nos tomó el pelo. Pero ojo: ¡Orsi no es solo Orsi! Con matices, ¡SON TODOS!
Nadie patea el tablero. En conjunto, se sigue marchando HACIA ATRÁS. Y lo que ocurre políticamente, ocurre también socialmente.
En esto hay que reconocerle mucho al ya extinto Zygmunt Bauman, que con su análisis de la sociedad líquida y el mundo-consumo nos dio claves fundamentales para entender esta fase del capitalismo: tibieza cultural, individualismo y consumo como anestesia.
CIERRE — LA MAGIA DEL PODER Y LAS CADENAS
¿Por qué el título LA MAGIA DEL PODER? Porque el poder seduce, pero además domestica. Lo vivido esta semana lo demuestra con claridad. Lo sintetiza magistralmente Luce Fabbri:
“En Uruguay, como en todas partes, la izquierda se aproxima al poder perdiendo sus características originarias, adquiriendo los rasgos que en su nacimiento había combatido. Parece suficiente el olor del poder para corromperse.”
Grande Luce, incansable luchadora social.
Y por último, las CADENAS. ¿A qué apunto? En mi desesperación de “radical” necio —al menos de eso se me acusa— me sorprende cómo tantos militantes sociales o políticos, antes comprometidos, abandonan la lucha para resolver sus vidas privadas. O cómo mortales comunes acompañan luchas y luego se repliegan a su casa y su trabajo. Para felicidad de dirigentes y élites, que quedan con las manos libres.
Ante esto recordé la frase final del Manifiesto Comunista (1848):
“Los proletarios no tienen nada que perder, excepto sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.”
Tiene sentido histórico, pero hoy también plantea dilemas. Existen cadenas subjetivas —psicológicas, emocionales— que frenan la rebeldía. Y existen objetos materiales que refuerzan el consumismo y el sentimiento propietarista.
Hoy, en tiempos de horizonte revolucionario escaso, donde parece que solo hay capitalismo y más capitalismo, la tarea política pasa por la concientización desde abajo, peleando palmo a palmo ideas, valores y un nuevo imaginario.
En ese largo camino forjaremos herramientas y experiencias que nos permitan gritar bien fuerte:
¡NITEP!
(¡Ni todo está perdido!)








