lunes, 26 de octubre de 2026
53 años después
Silvia Guzman
En el año 1973, quien esto escribe tenía 8 años.
Entonces, no sabía nada de lo que sucedía en el País.
Mi mundo comenzaba en la pequeña y humilde casa sin luz y sin esperanzas...y terminaba en la entrada de la Escuela 155 de La Colonia Nicolich.
Sin radio y sin ningún medio de comunicación, lo único que me ponía un "poquito" al tanto de lo que sucedía más allá de los juncos del Arroyo Toledo, era las charlas de los vecinos en la cola del almacén de Don Gelpi.
Una mañana, percibí el tono serio de los vecinos, mientras hablaban de "Un golpe de Estado"
Descalza, sin que el pedregullo de las modestas calles pudieran frenarme, llegué a casa agitada y a gritos preguntado: Que significado tenía lo que había oído?
Mi Padre colaba en el gigante aro forrado con una tela de algodón, varios baldes de café para salir al centro a venderlo dentro de su máquina dispensadora.
Mi madre...labava en la pileta los pantalones mío y de mis hermanos,manchados de pasto.
La respuesta fue Lacónica:
-Es como una guerra_ respondió mi padre_ Pero si no te metes, no te pasa nada.
Y entonces ...seguí jugando a la pelota...
A pocas cuadras, lo que otrora fuera un Colegio de Padres Salesianos, se había transformado sin mucha explicación, en un Cuartel.
La Escuela Pública entonces, se vió desbordada.
Almohadones en el piso, contenían niños que hasta hacia unos días, contaban con cómodos salones en el Convento.
Y el Cuartel fue el centro de atención de todo el barrio.
Apostados a lo largo de los 200 metros de frente, se veia un soldado cada 10 metros con fusil en mano y cara de pocos amigos.
En dónde quedó el recreo?
Los pasillos llenitos de correteadas y risas cuando las monjas no nos veían?
Y la cantina? Ese espacio tan querido por mi, y al que solo una vez me acerque a comprar una malta, pues mi madre me había " hecho un mimo' dándome el dinero a escondidas para que lo hiciera.
Y los días transcurrieron con la monotonía y las carencias a las que ya estábamos acostumbrados.
En lo personal, el cambio a la escuela Pública me encantó.
Deje de ser: la niña becada y mirada con desprecio, para pasar a ser una más entre los hijos de los quinteros de la zona...y el beneficio del Comedor fue un regalo del cielo .
Una tarde de enero, sin comedor Público, ni clases, sin recreos de trueque que me proporcionaran algún beneficio para merendar, y con mucho hambre; escucho a un vecino decir que en el Cuartel, ahí, en una de las garitas de los guardias, a las 14 horas reparten la comida sobrante.
Mis hermanos más chicos, dormitanan todo el día, y solo se despertaban para sollozar y pedir el pan...que no había.
Mi Padre hacía dos días que no regresaba a la casa, y mi madre ya no tenía más que inventar para alimentar a la Prole.
Cuando no me ve, tomo una olla del rincón desvastado de lo que oficiaba como cocina, y salgo disimulada con la idea de llegar hasta a la entrada de lo que hasta hace unos meses fue mi escuela.
Camino descalza... Rápida y segura. El hambre apremia. Mis hermanos más chicos solo llorizquean y duermen.
Llego a la esquina de don Capellan. Doblo. Y al mirar para atrás, veo que mi madre me viene siguiendo.
Entonces comienzo a correr.
La tiznada olla se bambolea al ritmo de mi pollerita verde, tableada y gastada.
Mi madre me alcanza. Me arrebata la olla con una mano, y con la otra me samarrea bruscamente.
Está enojada...Pero tambien dolida.
Sus ojos brillan como el agua del algibe en esas mañana de quietud y heladas.
No!!! a los Milicos no les pedimos nada!!!
Te dan sobras...y hasta seguro escupen dentro antes de repartir.
Muchos años pasaron. Muchos Compañeros y Compañeras quedaron en el camino...porque SI SE INVOLUCRARON.
En mi vida...mil historias...
Pero la más reciente y a la que pretendo por medio de la Palabra escrita, receñar es:
LA OLLA POPULAR DE TOLEDO.
UNA HISTORIA DIFERENTE.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


En Pinar Norte también hacemos ollas populares, y no nos sentimos obligados en cada instante a dar testimonio de ello. La diferencia emerge con claridad en la distinción entre Rebelde y Revolucionario. Si un hombre solo puede obedecer y no desobedecer, es un esclavo; si solo puede desobedecer y no obedecer, es un rebelde (no un revolucionario); actúa por cólera, despecho, resentimiento, pero no en nombre de una convicción o de un principio.
ResponderEliminar