lunes, 12 de abril de 2010

Abril duele en la memoria





Fechas trágicas se rememoran por estos días. Hechos ocurridos al inicio y al fin de la escalada autoritaria en el país

Luis Alberto Mendiola, Elman Fernández, Raúl Gancio, Justo Sena,

Ricardo González, José Abreu, Ruben López, Héctor Cervelli

Abril de 1972


Un grupo de obreros se encontraba en el interior de un local del Partido Comunista, cuando en la madrugada del 17 de abril un escuadrón de las Fuerzas Conjuntas llegó hasta el establecimiento y los obligó a salir. Algunos de los militantes que se encontraban en el local, presintiendo el trágico desenlace, lograron escapar por la azotea, mientras que ocho decidieron salir con las manos en la cabeza.

El local había sido allanado dos veces el mismo día, y aunque la dirección del Partido había ordenado que nadie se quede en el lugar, la mayoría pensaba en defender la 20º, en acompañarse mutuamente y en no ceder ante la violencia.

A pesar de no haber opuesto resistencia, sin disparar ni una sola bala y habiendo abandonado el local con los brazos en alto, los militantes recibieron múltiples disparos por la espalda. Tres de ellos murieron desangrados. Dos ambulancias de Salud Pública estuvieron seis horas esperando para atenderlos, pero los militares no los dejaron actuar hasta las siete y media de la mañana, cuando los heridos ya estaban muertos.

Una multitud marchó por la calle Sierra, desde la altura del 1720 hacia el Cementerio del Norte, miles de obreros caminaron en silencio, con los puños en alto y cargando al hombro los siete féretros de los comunistas asesinados.

La CNT convocó a un paro general que se extendió de veinticuatro a cuarenta y ocho horas para tratar de evitar nuevas provocaciones. Hicieron hincapié en que los obreros permanecieran en sus casas, había que impedir más muertes. Once días más tarde muere en el Hospital Militar el octavo comunista, que había sido herido junto a sus compañeros.
En junio de 2001 se presenta ante la justicia penal una denuncia para que se investigue y se establezcan los responsables de los homicidios, se estima en la denuncia que los hechos no se hayan comprendido en Ley de la caducidad de la pretensión punitiva del Estado, número 15848, ya que su vigencia temporal se extiende durante los años de dictadura y estos hechos ocurrieron antes del golpe de Estado. El Fiscal ENRIQUE MÖLLER admite que está de acuerdo, y expresa que en los años de dictadura las garantías para investigar y hacer justicia eran inexistentes, no computando entonces, ese plazo para la prescripción del delito. Sin embargo el expediente se archiva porque el Fiscal no acusa, Möller entiende que corresponde aplicar el instituto de la obediencia debida al superior, siendo entonces responsable el Ministro de Defensa de la Época: el General Enrique Olegario Magnani, quien ha fallecido en 1987, extinguiendo de esta forma el delito.

Abril de 1974

En la madrugada del 21 de abril, un operativo de las Fuerzas Conjuntas ingresa a la casa de la familia Barrios buscando a Washington Barrios (hijo)

El operativo fue dirigido por el Batallón de Artillería Nº 1 con apoyo de Artillería Nº 2, a cargo del Gral. Juan Rebollo y la participación de los Gales. J.C. Rapela y E.Cristi, los Mayores A. Méndez y José “Nino” Gavazzo, el coronel Manuel Cordero y los entonces capitanes Mauro Mauriño, Julio César Gutiérrez y el Tte. Jorge Silveira.

Preparados para la guerra rodearon la manzana, coparon las azoteas y asaltaron la casa. Cuando abren la puerta entran amenazando a sus ocupantes y preguntando por Washington Barrios, lo confunden con su padre por llevar el mismo nombre y se abalanzan sobre él, hasta que uno grita: “No, a ese no lo maten que es el padre”.

En medio de un griterío infernal y ráfagas de ametralladoras se dirigen al apartamento de enfrente derribando la puerta. Entraron disparando y ametrallando todo el apartamento, estaban por todos lados.

Allí se encontraban durmiendo Silvia Reyes de 19 años y sus dos compañeras de estudios y de lucha, Laura Raggio de 19 años y Diana Maidanik de 21 años. Las tres jovencitas fueron asesinadas a sangre fría.

Los vecinos linderos debieron salir y esconder a sus hijos ya que la balacera era tan grande que parecía traspasar las paredes. Hubo más de 140 tiros que fueron contados luego por la familia y allegados.

Sacan los cuerpos al otro día luego de montar una ratonera toda la noche para esperar a Barrios, pero éste no aparece.

El padre de Silvia debió reconocer a su hija en la morgue del Hospital Militar y contó más de 30 impactos de bala en su cuerpo, donde además llevaba un embarazo de 3 meses de gestación.

Le sacó el anillo de matrimonio de la mano derecha y se lo envió a Washington que ya estaba clandestino en Argentina, donde después sería secuestrado. Hoy continúa desaparecido.

El velatorio se hizo en la casa materna de Silvia. La presencia militar no impidió que los vecinos llegaran en silencio y se fueran ubicando en la vereda de enfrente, donde armaron una cadena humana. Cuando salió el féretro, una lluvia de rosas rojas cayó sobre él. Con las manos unidas la gente formó el espontáneo y cálido cortejo.
En el año 2007 el juez, Dr. Pablo Eguren, dispuso el archivo del expediente que investigaba el asesinato de las tres muchachas en 1974. El magistrado clausuró la investigación a pedido del fiscal ENRIQUE MÖLLER.

Abril de 1984

Vladimir Roslik

Oriundo de la localidad de San Javier. Era el médico del pueblo, tenía 42 años, era casado y padre de un niño de apenas 5 meses.

Fue detenido en su casa en la madrugada del 15 de abril por efectivos del Ejército, falleciendo al día siguiente a causa de torturas en el Batallón 9 de Fray Bentos.

Este asesinato se constituyó en el de la última víctima mortal del terrorismo de Estado.

El 29 de mayo de 1984 la justicia militar procesó por homicidio intencional e irregularidades en el servicio, al teniente coronel Mario Olivera, jefe del Batallón de Infantería 3 y al mayor Sergio Caubarrere, subjefe del cuartel y conocido torturador desde el año 1972.

A comienzos de 1985 ambos fueron reintegrados al Ejército. En octubre de 1984 el Dr. Saiz, quien firmó el certificado de defunción fue expulsado del gremio médico por un Tribunal de Honor, luego del retorno a la democracia el presidente Sanguinetti lo mantuvo como médico militar.


Más de treinta años no es nada para el dolor y la memoria amarga de quienes sufrieron las terribles consecuencias de la represión, pero supone la mitad de la existencia de una legión de asesinos impunes. Algunos de ellos han muerto sin otro castigo que la repulsa de gran parte de la sociedad, otros, viven en libertad arropados entre las complicidades de sus camaradas de armas y bajo la protección de la inmoral Ley de Caducidad. Tendrán que rendir cuentas ante la sociedad, aunque los beneficios por edad avanzada o enfermedad les sirvan de salvoconductos para evitar morir tras las rejas.

En un océano de horror y perversidad, la impunidad sigue vigente a la espera de que el Parlamento Nacional anule la Ley de Caducidad y los casos puedan ser reabiertos para que los asesinos paguen sus culpas.

Por todos ellos, memoria, verdad y justicia.

Marys Yic (Abril 2010)

Aclaración sobre las muertes de la seccional 20

ESTO ES LO QUE SE PUEDE LEER HOY (12-04-2010) EN EL SITIO WEB DEL MINISTERIO DE DEFENSA:



Y qué es lo que dice la CAP-L sobre este incidente(!) por boca del Ratón Rosadilla???



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Esejorge

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