jueves, 27 de diciembre de 2012

El pecado original





1 BUSQUEDA | 27/12/2012


Comunistas, socialistas, demócratacristianos y la CNT apoyaron "de manera entusiasta" el alzamiento militar de febrero de 1973. 


Nuevas revelaciones sobre el golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas hace cuatro décadas aparecen en el libro "El pecado original", del periodista Alfonso Lessa Una gran parte de la izquierda y el sindicalismo uruguayos acogieron "de manera entusiasta" el levantamiento militar de febrero de 1973, que acabaría con la disolución del Parlamento cuatro meses más tarde y la instauración de una dictadura que se prolongó hasta el 1º de marzo de 1985.

En una pormenorizada investigación que quedó plasmada en el libro "El pecado original", el periodista Alfonso Lessa narra cómo comunistas, socialistas, demócratacristianos y la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) no solo no se opusieron al quiebre institucional y a la violación de la Constitución perpetrada por las Fuerzas Armadas, sino que, en expresiones públicas y privadas, les manifestaron su respaldo.
"El pecado original", editado por Random House Mondadori, será puesto a la venta en las próximas horas en las librerías. Lessa es el actual gerente periodístico de Canal 12. Durante su extensa trayectoria profesional, se desempeñó como periodista en Búsqueda, entre otros medios de comunicación. En su obra, de 350 páginas y a cuyo adelanto accedió Búsqueda, Lessa recuerda las posiciones explícitas de apoyo al alzamiento militar de febrero de 1973 de los diarios "El Popular" (Partido Comunista), "El Oriental" (Partido Socialista) y "Ahora" (Partido Demócrata Cristiano).

"El Partido Comunista incluso llevó su apuesta más lejos y apoyó secretamente al semanario golpista "9 de Febrero", que en la interna militar expresaba los puntos de vista más cercanos a los comunicados 4 y 7 y al general Gregorio Álvarez, a quien ensalzaría durante la dictadura como la gran figura de las Fuerzas Armadas.


Gregorio Alvarez hoy preso en una cárcel VIP (de lujo)

Son varias las fuentes que confirmaron este dato, entre ellas el dirigente Ruben Villaverde, que integró las direcciones del Partido Comunista y de la CNT", escribió el periodista. Los comunicados 4 y 7 emitidos por las FFAA en febrero de 1973 fueron decodificados por la izquierda que apoyó a los militares como un programa similar al que llevaba adelante en Perú la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, quien antes había derrocado en otro golpe de Estado al presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry.

 Velasco Alvarado  y los "militares peruanistas" con quien parte de la izquierda uruguaya se vio iluminada

Según el libro de Lessa, el actual diputado frenteamplista Víctor Semproni (Espacio 609), que hace 40 años era un dirigente bancario con conexiones con el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), dice que "hubo pactos entre comunistas y militares que impidieron una reacción en febrero e incluso llegaron a junio del 73".

 Victor Semproni y la ley de caducidad

"Avanti, avanti". Luis Iguiní, alto dirigente de la CNT y del Partido Comunista en aquella época, dijo que "la línea era avanti, avanti, llenos siempre de ilusiones de que iba a haber un cambio con la participación de los militares en el gobierno".

 Velasco Alvarado iluminó a la izquierda uruguaya


El 9 de febrero de 1973, mientras el Ejército y la Fuerza Aérea formalizaban su levantamiento, "El Popular" sostenía que "el dilema real del país es hoy oligarquía o pueblo, y la oligarquía no puede representar a la democracia. Y en este pueblo caben los orientales honestos, civiles patriotas y militares patriotas".
Para el Partido Comunista, el pronunciamiento militar llamaba "al reencuentro de los orientales, recuperando los grandes valores de aquellos que forjaron nuestra nacionalidad".

Parte del documento 5 del MLN Tupamaros Ver documento entero

Vladimir Turiansky (primer vicepresidente de la CNT, alto dirigente comunista y diputado en 1973), sostiene en el libro que "había elementos como para pensar que era posible la existencia de corrientes de esa naturaleza. Nos dijimos: si existen esas corrientes, alentémoslas (...). Nos orientábamos a reconocer la existencia de corrientes avanzadas progresistas dentro de las Fuerzas Armadas y a ambientar su desarrollo. Por eso aquella consigna de "obreros, militares, civiles", todas esas cosas que sigo pensando que eran correctas".

 9 de julio 1973, la huelga general que nunca se decretó

También el Partido Socialista, y en especial su principal referente de la época, Vivián Trías, apostó a los militares insurrectos. El socialista Aldo Guerrini, miembro del Comité Central del Partido Socialista en 1973, reconoció a Lessa la falta de valoración que existía en su partido acerca de la democracia y dijo que en amplios sectores de la izquierda la historia de Uruguay era desconocida.
 "Se discutía sobre la Unión Soviética, sobre China, sobre Cuba y no nos poníamos a pensar realmente por qué 80% de la gente votaba a colorados y blancos", señaló Guerrini.

Los editoriales en el diario "Ahora" de la principal figura histórica del PDC, Juan Pablo Terra, expresaban inequívocamente una expectativa positiva respecto de las FFAA. El 11 de febrero, en pleno levantamiento, Terra escribió un editorial titulado "Lo que muere" donde dijo que "los acontecimientos se han precipitado de un modo asombroso. Las fuerzas militares que enfrentan al gobierno poseen una superioridad abrumadora y demuestran voluntad resuelta de cumplir con sus objetivos".

Documental "a las 5 en punto", los obreros no fallaron


"¿Qué muere?", se preguntó Terra. "Seguramente no solo un ministro (en alusión al general Antonio Francese): la Presidencia de Bordaberry está clínicamente muerta. Los restos de su autoridad han sido destruidos". Cinco días después, Terra volvió a escribir sobre "la respuesta militar". Dijo que, a pesar de considerar "indiscutible" que lo que ocurría estaba "fuera del marco institucional", había que "tratar de entender seriamente lo que esto significa". Y, en una comparecencia ante la dirección del PDC, Terra hizo explícito el "apoyo crítico" a la intervención militar, estimó "auspiciosa la ruptura de la alianza trágica entre la ultraderecha y las Fuerzas Armadas" y resaltó el programa castrense "que por primera vez pone sobre el tapete el problema de las estructuras del país y sus problemas reales".
La CNT fue disuelta y los dirigentes sindicales requeridos 

 Los ex dirigentes comunistas y sindicales Iguiní, Turiansky, Villaverde y Eduardo Platero; los ex dirigentes bancarios Carlos Bouzas y Semproni; y los dirigentes demócratacristianos Daniel Sosa Días y Romeo Pérez, coincidieron en afirmar que en la antesala del "golpe formal" del 27 de junio de 1973 "hubo reiterados contactos con los militares".


 La heroica huelga general a las 5 de la tarde ya estaba vendida?



En "El pecado original" son reveladas "reuniones reservadas" que el PDC mantuvo con el entonces director del Servicio de Información de Defensa (SID), el coronel Ramón Trabal, así como "diálogos con oficiales jóvenes del Batallón 13 de Infantería". "Contactos con militares, cualquier cantidad (...), había permanentemente", dijo Bouzas (aliado al PCU), quien visitó cuarteles para explicar el contenido de un documento que había preparado en marzo de 1973 la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU).

AEBU decía entonces que no la frenaban "ataduras formales creadas por la oligarquía" ni el "marco institucional" y, por eso, juzgaba "positivo" el contenido de los documentos que daban sustento programático a la insurrección militar de febrero. Cuando ya los militares incidían directamente en la política uruguaya a través del Consejo de Seguridad Nacional (Cosena), creado después de la sublevación de febrero, en abril de 1973 la CNT se reunió oficialmente con la Junta de Comandantes en Jefe de las FFAA. Turiansky admite en el libro que la central sindical "planteó en ese encuentro a los jefes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea y al director del Esmaco, los puntos de acuerdo que tenía con los comunicados de febrero".

El general Gregorio Álvarez, que en 1981 sería "electo" dictador por sus pares de las tres armas, participó en esa reunión.

El 9 de febrero, el Secretariado Ejecutivo de la CNT ya había emitido una declaración "al pueblo uruguayo" en la que no figuraban cuestionamientos o advertencias acerca del levantamiento militar, sino críticas al general (r) Antonio Francese, el mismo que desconocía el movimiento militar como ministro de Defensa Nacional, nombrado dentro de las potestades del gobierno.

"La designación del general Francese como ministro de Defensa Nacional ha sido un factor precipitante de la crisis, y el desacierto con que ha manejado los problemas surgidos con ese motivo hacen recaer una tremenda responsabilidad sobre el gobierno", dijo la CNT. Seis días más tarde, con la situación consolidada y luego del avance que significó para los militares el acuerdo de Boiso Lanza (donde el presidente Juan María Bordaberry entregó a las FFAA el poder real), la Mesa Representativa Nacional Ampliada de la CNT difundió otra declaración en la que criticó a la "oligarquía" pero no dedicó ni una sola línea al levantamiento militar contra la Constitución.


El coronel Trabal fue, según Lessa, uno de los principales articuladores militares de los contactos con comunistas, socialistas, demócratacristianos y sindicalistas. Muchos de éstos lo veían como líder del movimiento golpista.
Pero, informa el libro, en la mañana del 27 de junio, ya concretada la disolución de las Cámaras legislativas, "se recibió en una oficina del SID el siguiente radio: "27 jun 73. "Ceibo 1". Felicidades en el día de la Patria. "Sable 1"." "Ceibo 1" (a quien iba dirigido el mensaje) era Trabal y quien firmaba "Sable 1", era Gregorio Álvarez.

Zorrilla solo.

Cuando la sublevación de febrero se produjo, el entonces comandante en jefe de la Armada, almirante Juan José Zorrilla, decidió resistir. Pero quedó solo y pronto renunció ante el hasta ese momento presidente constitucional Juan María Bordaberry.
El Ejército y la Fuerza Aérea habían desconocido el nombramiento del general (r) Francese como ministro de Defensa, habían sacado tanques y blindados a las calles, habían tomado el control de los medios de comunicación y habían comenzado a publicar comunicados de claro contenido político.
Zorrilla se opuso al alzamiento de sus colegas y ordenó defender la Constitución y la ley resistiendo desde los barcos de la Armada, para lo cual dispuso un cerco en la Ciudad Vieja.


"El pecado original" dice que "la falta de respaldo a Zorrilla y los marinos leales (a la Constitución) no solo se debió a la inercia o la parálisis ante la crisis; en algunos casos, esa falta de apoyo se debía lisa y llanamente a decisiones políticas, al hecho de que algunos sectores y dirigentes políticos estaban en la vereda de enfrente, apoyando el levantamiento".
Eso fue expresamente reconocido por el entonces dirigente del PDC, Romeo Pérez, que había participado en dos reuniones con Trabal.

El PDC, confesó Pérez a Lessa, "veía mal" la conducta de Zorrilla de enfrentar a los militares insurrectos. "Era sostener a Bordaberry y era opuesto a Trabal, y nosotros teníamos las expectativas puestas en Trabal" y "en los militares".
Pérez pensaba en un "paréntesis" institucional, en una "revolución vicaria", en un "nacionalismo de inspiración cristiana, con cambios sociales profundos pero no colectivistas, no marxistas". Y en eso, dijo, registraba coincidencias con Trabal, que valoraba particularmente el hecho de que el PDC fuera "anti-tupa".

El Partido Comunista también rechazó la actitud de Zorrilla.

Cuatro décadas más tarde, dirigentes de primera línea lo siguen pensando. "Yo sigo cuestionando la actitud de Zorrilla. También el papel que jugó la Marina en ese momento. Nosotros la vimos como el respaldo a Bordaberry. Y Bordaberry ya era el enemigo, era la oligarquía, la reacción", dijo Turiansky al autor del libro.

 "Solo lo que digan ellos".

Algunos frenteamplistas no creían ni siquiera en lo que les decían militares amigos. El entonces coronel y hoy general (r) Pedro Aguerre (padre del actual comandante del Ejército) dice que "en febrero fue el verdadero golpe" y que así se lo advirtió a su abogado, el futuro senador socialista José Korzeniak, que estaba entusiasmado con los comunicados militares.
"Esto -le manifestó- es un golpe de Estado. De a poco van a ir cerrando la prensa contraria, la prensa neutral y después toda la prensa, las organizaciones contrarias, los estudiantes y al final todas las organizaciones. Al final se va a hacer solo lo que digan ellos".

"Se desconoció la Constitución; fue un delito de rebelión en principio.

Se levantaron contra una decisión del presidente, no acataron la orden de recibir a un ministro, lo rechazaron e hicieron nombrar a otro, impusieron el Cosena ahí adentro.
Si eso no fue un golpe de Estado, que venga Dios y me lo diga", dijo Aguerre a Lessa.

Opinó además, que "lamentablemente los políticos fallaron todos" y hubo un error en la conducción del Frente Amplio, ya que el general (r) Líber Seregni "se dejó llevar por delante por el peso que tenía el Partido Comunista en las decisiones políticas.

La famosa unidad obligó a que cedieran todos ante un mamarracho".

El libro recoge asimismo las posturas críticas respecto al alzamiento militar de algunos intelectuales destacados en la izquierda, que quedaron en minoría. Entre ellos, menciona al director del semanario "Marcha", Carlos Quijano, al maestro Julio Castro, al dirigente Adolfo Aguirre González y al periodista Guillermo Chifflet.

Quijano, en particular, escribió el 16 de febrero de 1973 un artículo titulado "La era de los militares". Allí dijo: "Empecemos por decir que es preferible tener una Constitución, aun mala, aun violada, a no tener ninguna. Pero lo que está en juego es algo todavía más sustancial y no es probo ni útil usar de los chisporroteos retóricos y las largas tiradas seudodoctrinarias, para esconderlo.
La cuestión es simple, y va más allá del respeto o no a la Constitución, del mantenimiento de las instituciones; de la permanencia o no de un presidente; se trata de que el poder militar, lo quieran o no lo quieran quienes lo ejercen, ha sustituido al poder político".
"Y no hemos vivido tantos largos años como hemos vivido, para renunciar y dar la espalda, movidos en el mejor de los casos por cegadores espejismos, a lo que siempre hemos creído: al poder militar como tal, como organización con personalidad, disciplina y fines propios no le corresponde ejercer el poder político. Es una conmixtión peligrosa que el país, intuitiva o conscientemente, sobre todo después de las dolorosas experiencias del siglo último, siempre ha mirado con desconfianza y siempre ha terminado por rechazar", precisó el director de "Marcha". Y agregó: "¿Qué hacer? vuelven a preguntarse algunos Hamlets. Los hechos se han producido.

Nada podemos contra ellos.

 Las cartas están mezcladas y las aguas bajan turbias. Se encuentran, entre esos dubitativos, los que creen que el poder militar puede hacer o impulsar la "revolución" que el país necesita. El fin, se consuelan, justifica los medios. No vamos a destruir sus ilusiones".



 Al borde del enfrentamiento entre militares
La Armada vivió durante la crisis de febrero de 1973 momentos de extrema tensión y más de una vez
algunas de sus naves estuvieron a punto de abrir fuego, según recuerda el entonces capitán de navío
Julio César Franzini, quien había quedado a cargo de casi todos los barcos de guerra que estaban
operables.

En un documento inédito preparado por Franzini y que se incluye en el libro "El pecado original" del
periodista Alfonso Lessa, el marino dice haber recibido la orden del entonces comandante de la
Armada, Juan José Zorrilla, de atacar al tenderredes "Huracán", que se encontraba en el Dique del
Cerro y del que se había apoderado un puñado de marinos afines al Ejército bajo las órdenes del
capitán de navío Jorge Nader".

El trabajo de Franzini, titulado "Algo sobre los hechos de febrero de 1973 y algunas de sus
consecuencias", fue escrito en enero de 2010, entregado a Zorrilla y corregido y ampliado en setiembre de 2012.

El marino recuerda que Zorrilla dispuso el 6 de febrero de 1973 retirar los barcos del puerto, mediante una "orden condicionada a otras disposiciones "secretas"", "en sobres cerrados, los que deberían ser abiertos únicamente ante posterior y expresa disposición suya. Así se procedió para regresar a puerto el viernes 8".

"Mientras tanto", conocido el levantamiento del Ejército y la Fuerza Aérea, los Fusileros Navales
"habían tomado posiciones" en la Ciudad Vieja y los miembros de la Aviación Naval "permanecían en sus puestos".

Franzini dirigió sus acciones desde el buque "Campbell", al que trasladó la insignia de las dos
divisiones entonces a su cargo.

El 9 de febrero, en presencia del jefe del Estado Mayor, capitán de navío Carlos Jaunsolo, y del
director interino de los servicios, capitán de navío Bernardo Piñeyrúa, Zorrilla dio a Franzini "órdenes terminantes": "el "Campbell" navegaría aguas adentro por la bahía y a una distancia conveniente haría fuego sobre el insurrecto "Huracán", aún en dique seco", con el objetivo de "inutilizarlo".

Ante la orden del comandante en jefe de la Armada, "Franzini solicitó información técnica
"actualizada" sobre la capacidad de respuesta de fuego del área del Cerro, comentó sobre pormenores
de la situación táctica y le manifestó a Zorrilla, con el mayor respeto, que "saldría a ejecutarlas tal
como se le ordenaba, no sin antes recibir su propia reiteración personal por medio de los canales
internos de comunicaciones de la Armada", ya que estaba aún en juego la instancia de "negociación" y la expectativa sobre si sería realmente necesario consumar hechos irreversibles, en todo lo cual hubo rápido consenso".

Franzini salió del puerto para cumplir su misión y debió enfrentar la insubordinación de un oficial y un guardiamarina, pero recibió el apoyo explícito del resto de la tripulación.

"Pasaba la tarde y la convenida reiteración de la orden de Zorrilla no llegó", cuenta Franzini, pero sí
"un mensaje proveniente del Comando de la Armada, que indagaba" acerca de si el capitán de navío se encontraba bien "ya que en tierra había rumores que sostenían lo contrario. El motivo de la indagatoria quedó claro horas más tarde, porque se supo que desde una unidad de artillería del Ejército próxima al Dique Nacional, se nos haría fuego en caso de aproximarnos. Nos llegó a continuación, buen rato después, la orden escueta por parte de Zorrilla de regresar a puerto".
Paralelamente a los hechos relatados por Franzini, en la zona del Dique del Cerro, centro de
operaciones de Nader, llegaron a producirse escaramuzas e intercambios de disparos.

Franzini no tiene dudas: el levantamiento de febrero "a todas luces constituyó el verdadero golpe de
Estado militar de 1973", "claramente más grave -por haber sido el punto de partida y causante del
resquebrajamiento inicial de la disciplina militar- que los hechos acaecidos en junio de 1973".
El marino considera que en los episodios de febrero, la Armada "apoyada por las limitadas fuerzas de
la Prefectura General Marítima", "tomó distancia de la posición inconstitucional del Ejército y la
Fuerza Aérea (?) resistiendo la acción golpista con la totalidad de sus comparativamente precarios
medios disponibles".

Franzini añade que "esto dio a Zorrilla la indiscutida imagen de hombre demócrata que aún conserva y que lo prestigió ante la ciudadanía, para reconocerlo como la figura en torno a la cual se agrupó la
mayor parte de la oficialidad de la Armada, en porcentaje superior al 90%"




Por eso hubo dos balances de la Huelga General. El de la línea mayoritaria de la CNT y el de la “Tendencia Combativa”
Ese balance debería re-publicarse porque ahí sí están al descubierto los debates y la médula de la cuestión. La línea de conciliación de clases, la búsqueda de acuerdos con los que NO DEBEMOS BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA HACER ACUERDOS, está allí plasmada. Siguieron los discípulos de aquellos que apostaron por la conciliación su prédica. Creían que podían cobijarse bajo el sindicalismo amarillo que fomentaban las Fuerzas Armadas. Y estas aplicaron después de la Huelga el PEINADO FINO contra los militantes, activistas, delegados del movimiento obrero. Con fotografías tomadas de las ocupaciones, torturaban brutalmente y obligaban fábrica por fábrica a reconocer los rostros que tenían fotografiados. En esos menesteres hicieron sus primeros pininos algunos (solo la parte mas importante) de los que hoy descansan sus huesos en una cárcel VIP, la de Domingo Arena. Y después de despedirlos de sus trabajos, los obligaron al exilio y ahí también los fueron a cazar nuevamente, implacablemente.

 El movimiento obrero uruguayo tiene una larga historia que supera los 100 años con largueza. Fue una historia en el cual la unidad era una aspiración colectiva que se vio trabada y saboteada por las interpretaciones políticas. En esa historia nadie menciona hoy día

 La huelga general
Duró 15 memorables días. Y fue la primera vez en la Historia del Uruguay, que una clase, la clase obrera se plantó ante la sociedad toda, como el primer campeón social de los oprimidos. Como el primer demócrata en serio entre las corrientes de la democracia pequeño burguesa. No hubo una sola de las clases, capas, segmentos y fracciones en que se divide la sociedad moderna de clases en Uruguay, que pudiera mostrar la firmeza, la decisión, la audacia y el coraje de los obreros uruguayos dirigidos por sus líderes naturales, elegidos por ellos mismos, que organizaron, coordinaron y sortearon en breves momentos los avatares que todo enfrentamiento encierra. En esos 15 días se “cayo” el transporte, y hubo que salir a frenar los colectivos, restablecer la moral, incentivar la lucha y, prendiendo fuego los colectivos, obligar perentoriamente a que los carneros y los pequeños patrones sacaran de la calle las unidades con las que se pretendía desalentar a los huelguistas ocupantes y quebrar la huelga. Salieron de las fábricas los jóvenes militantes con sus motos, sembraron las calles de “miguelitos”, subieron a los ómnibus y los pararon prendiéndoles fuego.
En aquella lucha, como en todas las anteriores las Fuerzas Armadas, salieron a hacer -conducidas por sus oficiales, armados hasta los dientes, con camiones y tanquetas- los desalojos a mano armada. Los obreros acataban lo que no podían enfrentar, y salían envueltos en las estrofas del Himno Nacional, que obligaban a cuadrarse a los milicos y aprovechando esa momentánea indecisión de sus verdugos, retomaban las ocupaciones. Hubo fábricas desocupadas y vueltas a re-ocupar hasta tres veces. Un verdadero ballet de heroicidad, de coraje y de férrea voluntad de no aflojar que debería estudiarse en todas las escuelas de cuadros de la izquierda, para mostrar el formidable empuje, la extraordinaria inventiva de los obreros comunes y corrientes, dirigidos por sus líderes naturales de base. Fue en esa lucha que los obreros uruguayos (individualmente muchos de ellos con el ciclo de Enseñanza Primaria no terminado) le dieron clase de civismo, de conciencia, de lucidez a todos los doctores de los partidos tradicionales y hasta a muchos líderes de la izquierda. Cuando todos estos farsantes se subieron después a las tribunas que abrió el pueblo trabajador con su lucha para ponderar la democracia de la que habían abjurado porque fueron ellos los que fueron a golpear a las puertas de los cuarteles, o se confundieron con comunicados mentirosos, fraguados por la Inteligencia Militar (el 4 y el 7 de lamentable memoria) los obreros estuvieron siempre claros.
Así nació la Tiranía Militar en Uruguay, que duró sus buenos 12 años de terror 


UNA VISIÓN SOBRE EL GOLPE DE ESTADO Y LA HUELGA GENERAL



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Brevísima historia contemporánea de la izquierda uruguaya

   

Sandino Nuñez
fin de siècle
Se sabe que toda operación de andar poniendo fechas, orígenes o puntos clave en la historia es antojadiza o arbitraria. Pero también se sabe que es, hasta cierto punto necesaria. 1989 fue el fin anticipado del corto siglo XX, de acuerdo a lo que ya es un lugar común en algunos observadores: fin del socialismo Real, comienzo de la expansión ilimitada del capitalismo de mercado y de la ontología brutal de la globalización. Para la izquierda uruguaya fue el comienzo de la crisis del ala marxista tradicional. También fue el año en que el Partido Nacional ganó las elecciones. Lacalle nos hacía sentir, casi por primera vez, que nos gobernaba directamente una clase social; quiero decir, no una élite (o una clase) política que representa eventualmente los intereses de tal o cual sector o clase social, sino directamente una clase, un tipo e incluso un estilo o un gesto social: una vestimenta, un look, un dialecto, una forma de hablar. 
 El fin del socialismo uruguayo
Si Sanguinetti era el grado cero de lo social y el grado infinito de lo político, Lacalle era casi exactamente lo contrario: el grado cero de lo político y el grado infinito de lo social. El primero ocultaba su proveniencia social detrás del uniforme del saco y la corbata (casi logrando así la invisibilidad de un man in black, cuya imagen no debe permanecer en la memoria retinal de nadie), del habla de una clase media acomodada, ilustrada y laica, educada en el Elbio Fernández y en la Facultad de Derecho, forjada en las astucias del comité, recostada en un ambiente libresco o de gabinete, capaz de hablar, con fluidez e irresponsabilidad, de estética, de filosofía, de derecho, de grandes líneas ideológicas o doctrinarias, capaz de citar a Ahrens o a sir Karl Popper, incluso a Habermas o a Beck, a la sociedad abierta y a sus enemigos jacobinos.
El segundo mostraba su verdad en la singularidad irreductible de la imagen publicitaria: el look country, más cerca del caudillo, el patrón o el patriarca (el territorio, el campo, la lógica pastoril) que del político (el ambiente urbano de la polémica liberal), el familiarismo y las profundas convicciones católicas, siempre acompañado por “la verdad enfática del gesto en las grandes circunstancias de la vida” (la frase es de Baudelaire), siempre rodeándose de objetos parciales y de pequeñas magias fetichistas y barrocas destinadas a lograr una especie de empatía o de contagio con la masa: la lacia rebeldía del jopo cayendo sobre la frente, la golilla, la camisa remangada, el auto reciclado de Herrera que lo conduce (junto a su Vice Aguirre) del Parlamento a Casa de Gobierno, el juramento y la ceremonia de promesa (o misión) cumplida ante la tumba del abuelo, la convocatoria y la interpelación arcaicas en patriotas u orientales. En fin.
A pesar de su laicismo, Sanguinetti podía, en cualquier caso, hacer suya la frase cristiana “mi reino no es de este mundo”: él es nadie, es nada, representa a la política institucional misma. Lacalle en cambio, y a pesar de su confeso catolicismo, no: su reino era bien de este mundo, no remitía a nada ni metaforizaba nada. Únicamente representaba el fin de la representación.
fin du globe
También ese año marcó un punto de catástrofe para la izquierda (no solamente para la izquierda, ciertamente, pero sobre todo para la izquierda). La política se desplazó súbitamente al famosísimo “arte de lo posible”: administración, gerencia y gestión práctica de adversidades, obstáculos y anomalías, y ya no un deseo o una Idea política. La palabra “capitalismo” comenzaba de a poco a desaparecer del vocabulario de la izquierda hasta ser completamente suplantada por la palabra “economía” (aunque esa desaparición tiene una fecha bien precisa, como veremos más adelante, enseguida). Pero, sobre todo, apareció la poesía mimética de la imagen, el publicista, la “idea-fuerza” (frase de inocultable memoria nietzscheana), y los “politólogos” —título académico-nobiliario que se les concedía a los interpretadores de encuestas y a los profetas de lo obvio que comenzaban a aparecer en los medios. Y ya que política en tanto “arte de lo posible” suponía una renuncia voluntaria a la Idea y al Concepto, también suponía el cálculo electoral, la subordinación obediente a encuestadores capaces de poner en cifras y diagramas el deseo (o mejor, el apetito) insustancial de la masa, la tentación facilista de hipnotizar con la verdad definitiva de un póster o un eslógan, o zambullirse gozosa en la magia contagiosa de los nuevos poetas: publicistas y asesores de imagen (y de paso, en esa imagen o esa frase graciosa o tierna que todo lo resumía, se podía lavar la cara austera y agria de una izquierda histórica habituada a hablar de revolución, dictadura del proletariado, violencia necesaria, sacrificio, pueblo en armas, etc.) Era un golpe duro. Invertir dinero en una campaña publicitaria era un atajo en el camino del movimiento y de la demanda social hacia la política investida en el Estado: un videoclip y un clisé parecían ponernos de pronto ante las puertas mismas del cielo. Conviene no olvidar que ese año estuvo coronado por el primer gran éxito electoral de la izquierda: la primera intendencia frenteamplista de Montevideo.
Pero ¿y si como observaba Platón, la poesía en realidad “nos desviaba del desvío”? ¿Y si nos mostraba una verdad redonda e inapelable que nos encandilaba e impedía u obturaba el camino a la verdad? ¿Y si la cuestión política no era la verdad sino el camino a la verdad, así como la cuestión del sujeto político no es la libertad sino la liberación? De golpe nos entusiasmábamos con la creencia de que un par de creativos, poetas y publicistas nos situaban, afortunada magia, casi al lado del edificio mismo del poder, y que ese atajo podía suplantar años de organización y militancia (usemos palabras viejas, deliberadamente), de brigadas cobrando cuotas y cotizaciones, repartiendo periódicos y editoriales, organizando reuniones y discusiones, tratando (con diversos grados de torpeza o fortuna), de crear sujetos políticos, en fin. Pero, una vez más: ¿y si la política residía precisamente en esa paciente organización colectiva o social del pensamiento, y no tenía nada que ver con un medio orientado al fin de inscribir al partido (que a su vez inscribía, se supone, el interés o la demanda de los movimientos o los sectores representados) en un lugar en el poder del Estado?
Entonces podemos repetir, sin remordimientos, la fórmula. El grado infinito de la poética publicitaria electoral era el grado muerto de la filosofía política. Cuanto más cerca del poder, más lejos de la política. Cuanto más cerca de la pragmática y la retórica, más lejos de la idea y del concepto.
 La gran herramienta: la movilización en la calle

La debacle total

Hay que hacer, antes, un paréntesis excepcional y extraordinario en el año 1992, que indicó la ocurrencia de un extraño revés (y casi se diría, a esa altura, un revés casi residual o extemporáneo) en la inercia gravitacional que parecía arrastrar a la izquierda hacia la lógica de la pragmática, el mercado y los medios. Se logró y se ganó el plebiscito contra la privatización de las empresas públicas. Algo del siglo parecía seguir vivo ante el furor privatizador, el dinero fácil y las consignas de achicar el costo del Estado, propias del clima neoliberal de la utopía capitalista de los 90 (recuerdo todavía unos pegotines que solían adornar ideológicamente algunos autos cero kilómetro en aquel entonces, que decían:¡Achiquen el costo del Estado, por favooooooor! —así, enfáticamente, con muchas “o”). Pero los teléfonos, el agua, la energía eléctrica, los combustibles, los fondos de pensión, seguirían siendo empresas estatales.
Ahora sí. El verdadero punto de inflexión para la izquierda uruguaya ocurriría casi exactamente diez años después de este plebiscito, con la famosa crisis bancaria, el corralito y la fuga de capitales del año 2002 —es decir, un año después de que el derrumbe de las torres gemelas de Manhattan pareciera simbolizar el derrumbe de la utopía capitalista de mercado y de la globalización lograda únicamente a empujes pacíficos de democracia liberal y de elecciones libres, dando lugar a una especie de nuevo orden bélico mundial, erizado, matón y agresivo. En la llamada “crisis del 2002” todo el sistema político uruguayo cerró sus filas en la consigna de salvar a la economía nacional de la quiebra, la ruina y el default. Todo el dispositivo político institucional corría de aquí para allá pues el Titanic comenzaba a zozobrar. Se debía aprobar de urgencia una ley que autorizara una inyección de capital de 1500 millones de dólares provenientes de los Estados Unidos. El Ministerio del Interior y los medios anunciaban que la horda y la marabunta hambrienta medieval se descolgaba de los rincones más sombríos arrasando todo a su paso: la peste lamía los muros de la ciudad. La anomalía radical, la catástrofe, el gran happening final, el fin del mundo, ya estaba comenzando a ocurrir.
Tras un épica jornada, llena de horror y sobresaltos, discusiones y exasperaciones, la ley fue aprobada. Ahora era cuestión de esperar que el Congreso de los Estados Unidos aprobara a su vez el envío de la ayuda. Todo el sistema político nacional decidió entonces plegarse a la performance enfática de realizar una especie de ridícula vela de armas en la propia Embajada de USA hasta altas horas de la noche, con caras graves y expectantes, en un delicado composé con la terrible circunstancia. Los periodistas, raza despreciable, recorrían el lugar, realizando breves entrevistas a los políticos conocidos, jadeando y a media voz, como si estuvieran velando a alguien o a punto de ser devorados por un monstruo que no era conveniente despertar. Miles de uruguayos seguían discretamente los acontecimientos por la televisión, pálidos fantasmas iluminados por el brillo espectral de la pantalla, comiéndose las uñas, al borde del colapso cardíaco. Si la cosa salía mal, al otro día, íbamos a amanecer flotando en el Atlántico, y las hordas de zombis hambrientos, autómatas residuales del propio capitalismo que venían de los barrios pobres, de las zonas marginales y de los campamentos para refugiados, iban a tomar por asalto nuestras casas, nuestros shoppings y nuestros supermercados, iban a violar a nuestros hijos y a nuestras mujeres y nos iban a comer a todos. Qué novelón, señor, qué profundo dramatismo: así no hay corazón que aguante ni cerebro que ligue dos ideas.
Recuerdo que sorprendido por un periodista ante la pregunta “¿qué pasa si el Congreso de USA no aprueba el envío de fondos a Uruguay?”, el Cr. Danilo Astori, quien iba a ser nuestro Ministro de Economía de izquierda apenas dos años después, se tomó la cabeza con las manos y sin poder ocultar una especie de gesto out of joint, logró, apenas, murmurar, con la voz quebrada: “la debacle... la debacle...”.
El padre de todos los simulacros
La ayuda fue, finalmente, aprobada. Y esto redondeó, rasgo típicamente uruguayo, la forma más convencional y burda del simulacro. El dinero llegó en la alta noche al aeropuerto de Carrasco en un avión oscuro y secreto (hubiera bastado una transferencia electrónica, o una autorización para imprimir dólares, supongo yo). Inmediatamente, un deslumbrante dispositivo militar de seguridad rodeó la operación del traslado de los fondos desde el aeropuerto al Banco Central (una operación comando con policías, sirenas, guardias, militares, jeeps, camiones, ansiosas comunicaciones por radio, fue el contracorso visible e hiperrealista de las invisibles hordas de zombis hambrientos, en cuyos ojos se adivinaba el brillo insano por el hambre y la voracidad, amenazando con el fin del mundo y de la vida). Esta infame teatralización entre los zombies antropófagos y la seguridad, puesta entre el sistema político, la imagen, los medios y el horror de la masa, selló definitivamente el destino de la política contemporánea uruguaya, y especialmente el de la izquierda. No estábamos endeudando a la gente para rescatar al sistema financiero, especulativo, bancario, no estábamos preservando la estructura del privilegio, el capital, la riqueza y los bienes. No señor. Estábamos mostrando un gesto de madurez y responsabilidad política sin precedentes para salvar una economía al borde de un colapso debido a alguna anomalía de su funcionamiento (crisis de fe, rebote del efecto argentino, en fin). We are fantastic.
Era más sencillo, como observaba Zizek, hacer que la masa imaginara el fin del mundo, el fin de la civilización y la debacle total, que pensar que podíamos estar cerca del final de un simple modo histórico de producción. Y este fue el momento exacto en que la palabra economía sustituyó plenamente, en la izquierda, a la palabra capitalismo. (Sabemos que capitalismo es un modo histórico de producción, y que economía es una dimensión irreductible de la práctica social.) Y en que la lógica pragmática de la economía y el mercado sustituyó a la lógica de la política.
¿Qué hubiera pasado si la famosa ayuda no llegaba? Nada. Quiero decir, nada grave; nada, sospecho, de lo que no hubiéramos podido salir. (Para no ir demasiado lejos, Argentina levantó su economía después del 2001 sin ayuda alguna de los Estados Unidos. Recuerdo que se llegó a pensar, casi proudhonianamente, en un sistema de trueque-trabajo que sustituyera al dinero.)
Ese gesto fue decisivo para la izquierda. La izquierda pudo haberse situado en las antípodas de este acuerdo, o incluso, simplemente, al margen: pudo haber entendido que un acto político, en ese momento, hubiera consistido en trazar o en permitir que se trazara un antagonismo entre la política y la propia economía (en entender el acto anticapitalista como una crítica a la economía política). Pero no: herida la izquierda marxista histórica, lo que quedaba de la izquierda eran jirones de oportunismo electoral, burocracia funcionarial, tentación con el poder o meros balbuceos anecdóticos o poéticos sobre el pasado reciente. En el año 2002 estuvimos a muy pocos pasos de una verdadera revolución política (descapitalizados, empujados casi a la ruina, con el poder del Estado reducido a escombros, una derecha desconcertada e incapaz de pensar el poder), pero agarramos para el lado contrario. No es descabellado pensar que por ese gesto —e incluso por los malentendidos provocados por ese gesto— la izquierda ganó las elecciones siguientes.

Renovación ideológica

 Y ahora se habla de renovación ideológica o de renovación político-teórica de la izquierda. Y hay que entender, antes que nada, que no hay renovación ideológica posible sobre ese real de un capitalismo cubierto e invisibilizado por la economía, la tecnocracia, los medios y los miedos a la catástrofe (y no solamente la catástrofe económica o financiera, sino todos sus sucedáneos: la catástrofe sanitaria, la de la delincuencia, la meteorológica, la de los accidentes).
El presidente Mujica, a pesar de parecer situado en las antípodas del expresidente Lacalle, es una perfecta continuación de aquella magia idiosincrásica que comenzaba en 1989 y que era el síntoma del fin de la política: la singularidad fascinante de un personaje que no representa nada sino que es la vaga convocatoria poética de un estilo, un look, un modo de vida, una forma de hablar. Los votos de pobreza, la apelación a la solidaridad, la sensibilidad y la caridad es la ingenua gran variante católica del actual discurso de la izquierda en el poder. El trabajo libre y desproletarizado, las iniciativas individuales de los microemprendimientos, la poesía del rebusque y la sobrevivencia, son su gran manifiesto demagógico-democrático. El sanitarismo, la profilaxis, la policialización y la seguridad son los grandes asuntos del Estado. Y la economía gana la partida casi sin esfuerzo: su lógica pragmática invade todos los rincones de la vida social (educación, seguridad, comunicación, salud). Chorreamos orgullo patriótico por las calificaciones internacionales, por los índices del desarrollo, por la recuperación del grado inversor, por nuestro lugar en el ranking de exportadores, sin pensar dos segundos en quiénes son los que adjudican calificaciones y valores, o peor, si el desarrollismo y sus cifras-fetiche tienen algo que ver con la calidad social y política de la vida.
No puede haber renovación ideológica alguna mientras estos asuntos no se planteen en serio. Esto no es lo que hace treinta años llamábamos izquierda (aunque su germen estuviera ya incrustado desde ese entonces y también desde bastante antes). No puede haber renovación ideológica porque no hay ideología ni política alguna para  renovar. El documento presentado hace un tiempo por Vázquez en un comité de base, es, en ese sentido, verdaderamente irrisorio, por lo convencional y por lo inactual.
Una vez más: hay que inventar otra vez la ideología y hay que inventar otra vez la política —y verdaderamente dudo que la izquierda electoral institucional sea un buen ámbito para encarar estas tareas.

La isla de las flores


“El señor Suzuki, a diferencia de los tomates, las ballenas y las gallinas, es un ser humano”, caracterizado por tener el telencéfalo altamente desarrollado y el pulgar oponible, que cultiva tomates. En la Isla de las Flores hay pocas flores, pero mucha basura, es uno de los vertederos de Porto Alegre. Si os digo que el corto cuenta lo que le ocurre a uno de los tomates del Sr. Suzuki hasta llegar a la Isla de las Flores probablemente pensaréis, “¡oh, qué historia tan apasionante!” Pues sí, apasionante historia la que nos cuenta Jorge Furtado en este corto documental, en el que en tan solo 12 minutos nos da una lección magistral de como funciona nuestro mundo.




Los gráficos de Gabriel Carbajales










Si se deja que el capitalismo

Atilio Borón, politólogo y sociólogo argentino: “Si se deja que el capitalismo siga su curso, en 50 ó 100 años más, el planeta estalla”

 

En medio de su breve paso por Chile, el investigador social conversó con El Ciudadano, revelando sus apreciaciones sobre el proceso socio político chileno, el rol de los partidos de izquierda, la reciente instalación de una base militar estadounidense al norte de Valparaíso y el desahucio del capitalismo. Propuso, además, el Socialismo del Siglo XXI como alternativa para implementar una democracia más participativa y profunda en la región.
El politólogo argentino Atilio Borón, tuvo un breve paso por Santiago. Invitado a dictar un seminario sobre democracia y autoritarismo en la Región, en el Doctorado en Procesos Sociales y Políticos en América Latina de la Universidad Arcis, el investigador visitó la capital chilena y el puerto de Valparaíso.
A Borón se le puede catalogar como uno de esos investigadores sociales que gusta no sólo de estar entre libros y cátedras, sino también en espacios que promueven un proceso educativo que -en palabras de Paulo Freire-, es y debe ser un acto político. En Chile, las pocas horas de paso, abarrotadas de conferencias sobre los procesos de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Cuba, no impidieron olfatear el proceso actual. A contraluz, se dejó entrever un análisis concluyente: existe un triunfo ideológico del neoliberalismo y los funestos legados de la dictadura pinochetista. “Hay una demanda social importante, pude ver mucha insatisfacción. Existe preocupación por el endeudamiento de las familias, por el alza de los precios y la carestía de los servicios de salud. Observé de primera fuente la increíblemente desideologizada campaña municipal. Los afiches, en su mayoría, promovían fotos de los postulantes, su nombre y el número de identificación de su lista, sin mencionar al partido político al cual pertenecían. Sólo por excepción, alguno que otro apelaba al ‘photoshop’ para insertar a su lado la imagen de Michelle Bachelet o Camila Vallejo. No vi ninguno que tuviera la osadía de colocarse junto al rostro sonriente del presidente Sebastián Piñera. En suma: en la mayoría de los casos no había partidos, no había ideología, no había apelación a un sujeto colectivo ni utopía que alcanzar y por la cual luchar”.
-No es primera vez que Chile experimenta elecciones de tipo político-publicitarias. La explosión de movimientos estudiantiles y reivindicaciones indígenas, alcanza a provocar sólo a ciertos sectores políticos.
-Es una sociedad que se moviliza esporádicamente, son unos poquitos sectores. Los estudiantes, básicamente, y con razón, porque son ellos los que tienen la perspectiva de ver un futuro complicado, el costo de la educación sólo se sostiene con altos niveles de endeudamiento. Pero imagínate lo adormecidos que están los chilenos, si enfrentaron con total pasividad la instalación de la base militar 


de Estados Unidos en el Fuerte Aguayo, en Concón, a pocos kilómetros de Valparaíso. Esa base, que depende del Comando Sur, se especializará en el entrenamiento militar requerido por un programa del Pentágono denominado MOUT (“Operaciones Militares en Terreno Urbano”). Dicho sin eufemismos, entrenamiento de fuerzas especializadas en la represión de la protesta social. Washington y Santiago negociaron ese acuerdo en absoluto silencio. Es increíble que cuando se filtró la noticia en abril, en medio de la visita a Chile del secretario de Defensa de Estados Unidos, León Panetta, no haya existido resistencia popular alguna. En Argentina, cuando se anunció que iban a instalar una base en el Chaco, hubo una reacción fulminante de la gente que masivamente salió a la calle, obligando a abortar el plan. Es importante decir que hoy existen 76 bases militares de EE.UU. en América Latina y el Caribe. En la década de los 60 había dos bases militares, en menos de 50 años ya tienes 76, dime ¿para qué están?
-Parece que en Chile la gente está más acostumbrada a asumir que a protestar. ¿Tendrá que ver con los partidos de izquierda que no toman protagonismo o falta maduración en el movimiento social?
-Las dos cosas. Pero pienso que la responsabilidad principal recae en los partidos políticos de izquierda; no puede ser que cada demanda social existente los tome por sorpresa, y si ocurrió así, entonces es importante que se preparen para el futuro para que no haya nuevas sorpresas. Los movimientos sociales a veces dan cuenta de un ensimismamiento, es decir, tienden a concentrarse en ciertos tipos conflictos, de dinámicas o problemas. Por ejemplo, las demandas estudiantiles, el rechazo a los abusos medioambientales, las causas indígenas, u otros. Esto implica que cuando alguna problemática se escapa de la pantalla de su radar, los partidos tienden a no enfrentarla.

 La izquierda duerme

-¿El desafío es articulación política entre movimiento social y política tradicional?
-Sí y sobre todo responder de manera inmediata a las demandas de la calle. En Chile lo que veo es la persistencia de un rasgo tradicional de la política, una híper institucionalización que va en desmedro de potenciar los impulsos espontáneos de la población. Yo siempre juego con esta imagen de lo institucional y la calle, que es algo en lo que Nicolás Maquiavelo insistió mucho durante sus análisis de la República Romana. Él decía que lo que dio grandeza a Roma, fue justamente la dialéctica entre el Senado y la calle. Usando esa analogía, cuando uno mira a Chile, es mucho Senado, mucho Congreso, muchas instituciones y poca calle, salvo cuando salen los estudiantes, pero eso no basta. Y si hay una función clara de los partidos políticos de izquierda, es la de sintetizar una diversidad de demandas sociales que los movimientos tienden a exigir desde su especificidad y confrontarlas con un sistema político económico devastador.
-Existe el debate en algunos partidos de izquierda, de exigir una Asamblea Constituyente para acabar con la institucionalidad añeja.
-Me parece muy positivo; ojalá la clase política tradicional no lo impida. Fíjate que una de las fórmulas en las que la democracia fue fortalecida en Bolivia, Ecuador y Venezuela, fue con reformas constitucionales solicitadas por la población. Los ciudadanos eligieron sus diputados constituyentes, que luego deliberaron y el pueblo fue convocado para aprobar la Constitución redactada. El caso de Chile es bastante excepcional; existen tres constituciones, la de 1833, 1925 y 1980; en ninguna de ellas la población tuvo injerencia alguna. Existe una inercia histórica que tiene una especie de demo fobia, fobia a lo popular, fobia al pueblo, fobia a los plebeyos. Lo que hace falta entonces, es mayor fuerza plebeya para sacudir esta híper institucionalidad asfixiante que impide trazar nuevos rumbos. Eso ayudará a retomar el valor de la política y el ejercicio de los derechos democráticos, que sobre todo los jóvenes menosprecian de manera significativa y preocupante. Me preocupa, porque si hoy existe desprecio a la política, se le hace el juego a la apatía, que es lo que ellos quieren. ¿Por qué? Porque de esa manera, a mayor despolitización, gobiernan más tranquilos. ¿Quién se enteró de la base militar en Concón?


-Incide un servil silencio de los medios de comunicación que pertenecen a grandes holding empresariales. Recientemente el Gobierno convocó a una reunión extraordinaria para liquidar el diario La Nación, único medio impreso de propiedad mayoritariamente estatal. A diferencia de cuando Hugo Chávez no renovó la concesión de Radio Caracas TV, aquí nadie habló de censura.
-Es bueno decir que Chávez no renovó la concesión de Radio Caracas TV porque el canal hizo una abierta apología al golpe de Estado. Esperó cinco años para hacerlo y aún así lo llamaron censura. Hay un mensaje muy claro en los medios de comunicación al no cubrir esas noticias: mal informar a la ciudadanía. En Chile la ciudadanía está mal informada, tanto de los asuntos del país como de los de fuera. Existe una prensa invariablemente tendenciosa que tiende a consagrar la imagen que tienen en el himno nacional: la copia feliz del edén. Eso lejos de ayudar a Chile, ayuda a los grupos dominantes.
-No es extraño que la administración de Sebastián Piñera quiera cercenar los espacios de comunicación de medios comunitarios y públicos.
-Es coherente con la ideología conservadora; es perfectamente comprensible, pues este tipo de medios no van a estar a favor de ellos. Es una manera de ir avanzando -y te lo digo con mucho cuidado- hacia un Estado totalitario. Comunicacionalmente, Chile tiene muchos rasgos de Estado totalitario; basta con mirar la televisión o ver la prensa impresa para darse cuenta de que, por ejemplo, en comparación con países como Uruguay o Argentina, aquí están mucho más cerrados a recibir miradas plurales. Y eso es un grave problema, porque la gestación de valores democráticos, de prácticas inclusivas donde el pueblo tenga que asumir un protagonismo en la construcción de su propio destino, no tiene el anclaje necesario en el espacio público que hoy conforman los medios de comunicación masiva.

La crisis, el imperio, la polarización y el movimiento


SOBRE MARXISMO Y OTRAS HIERBAS
-Ha dicho que el marxismo está más vigente que nunca. ¿Cuál es el desafío de los partidos de raigambre marxista para usar hoy esa teoría como herramienta?
-Es una herramienta extraordinaria de análisis. Hace unos años escribí un libro llamado Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo. En él hay un capítulo dedicado a los 150 años del Manifiesto Comunista de 1848, donde elaboro la tesis de que el marxismo es una de las teorías más vigentes del momento. Cuando uno observa los pronósticos de los grandes economistas del pensamiento liberal burgués desde el siglo XIX en adelante, desde David Ricardo para acá, se puede ver el augurio de un desarrollo capitalista amplio, que provocaría un sistema internacional mucho más armónico y ordenado, donde las ansias del comercio iban a evitar la confrontación de las naciones y a acabar con las guerras. El análisis de Karl Marx, en cambio, plantea que el capitalismo provocará una polarización internacional, además de la creación de un grupo de naciones ricas versus otra de países pobres, potenciando la diferencia de clases al interior de las Estados que conforman ambos grupos. El análisis de Marx no pudo ser más correcto. Eso te da instrumentos para hacer política, te permite tener una capacidad de lectura de la realidad. Hoy el análisis marxista permite a los partidos tener una identificación muy clara de cuáles son los problemas, las alternativas, las alianzas posibles, los amigos y los enemigos. No hablo de dogmas, sino del marxismo como teoría científica de análisis a partir de la cual se puede avanzar en un programa de transformaciones tendientes a superar esto, que se supera por las buenas o se supera por las malas, porque el capitalismo está desahuciado como sistema.
-¿Quiere decir que no hay otra alternativa que el fin del sistema actual?
-El capitalismo es insostenible, ni siquiera en el largo plazo, sino en el mediano plazo, porque a sus contradicciones sociales, que son enormes, se le agrega la contradicción ecológica. O sea, el capitalismo reformó toda la sociedad a su imagen y semejanza, tal como vaticinaron Karl Marx y Friedrich Engels, y ahora desata un ataque feroz contra la naturaleza, sobreexplotando los recursos naturales. La Cordillera de los Andes está volando por los aires desde Colombia hasta Tierra del Fuego, solamente para encontrar oro, cobre y otros metales. ¿Para qué sirve el oro? Más del 80% para fabricar lingotes y ser objeto de especulación del capitalismo financiero mundial. Para lograr eso, estamos destruyendo la Cordillera, la flora, la fauna y envenenando el agua. No me parece que un sistema así pueda ser viable.

 Crisis capitalista mundial: paradojas y respuestas
-Algo como lo planteado por el filósofo alemán Franz Hinkelammert, sobre el atentado a la naturaleza producido por la totalización del mercado globalizado que provocará el suicidio del hombre.
-Es un suicidio. De ahí la importancia de una nueva corriente dentro del marxismo que es el eco socialismo. Diversos autores han escrito sobre este tema: Michael Löwy, Joan Martínez Aliero, Jeff O’Connor, quien habló sobre la segunda gran contradicción del capitalismo. La primera es capital, trabajo, la que ya conocemos. La segunda, es entre el proceso de acumulación y la naturaleza. El capitalismo empieza a mercantilizar la naturaleza en sus formas clásicas, como la agricultura; luego con la explotación de los bosques, las minas, el agua; sigue con los servicios sociales, la educación, la salud, para terminar mercantilizándolo todo, hasta que para el hombre ya no quede nada. Esta expansión brutal tiene transformaciones traumáticas del medio ambiente. El documental ‘Una verdad incómoda’, de Al Gore, es magistral para mostrar lo devastador del sistema; sólo tiene una equivocación: los culpables del desastre natural no son los hombres, es el capitalismo. Los grandes grupos económicos y los gobiernos son los responsables. En Chile y Argentina el tratado minero es una vergüenza, porque cedemos soberanía y permitimos que hagan lo que quieran con el medio ambiente.


EUROPA NO TIENE NADA QUE ENSEÑAR
-Pero al parecer nuestras sociedades piensan que lo han hecho bien. Existirá una Cumbre entre la Unión Europea y la Celac para compartir planes de trabajo.
-Europa no tiene que dar recetas sobre cómo salir de su crisis, y lo que van a proponer es más neoliberalismo, que es lo que están haciendo en su Continente, enviando a millones de personas a la pobreza, al padecimiento o a la enfermedad y a la muerte. No tienen nada que venir a enseñarnos acá; ellos van a venir a proponer justamente lo que los está matando y que casi nos liquida a nosotros. Habría que organizar una contra-cumbre, sería importante hacer eso.
-Al menos recibieron el Nobel de la Paz.
-Eso es una tomadura de pelo, realmente creo que es una broma sangrienta lo que hizo esa gente, darle el Nobel de la Paz a quienes le han ofrecido la guerra a sus propias poblaciones. Recordemos que la Unión Europea miró para otro lado durante la masacre de Ruanda, miró para otro lado en la masacre de Yugoeslavia, creó un país artificial como Kosovo, participó de las aventuras militares de Irak y Afganistán y está dispuesta a apoyar una guerra contra Irán. También ha participado de las sanciones contra Cuba.

 Socialismo siglo XXI (mural de Diego  Rivera)

-¿Cuál es la alternativa para una democracia con menos mercado y más participación? ¿El Socialismo del Siglo XXI?
-Si hay algo que califica al Socialismo del Siglo XXI, a diferencia de las experiencias socialistas ocurridas durante el siglo XX -incluso el notable intento de Salvador Allende-, es que avanza en el desmontaje de la institucionalidad burguesa que juega en contra de las demandas populares y empodera efectivamente a la ciudadanía, otorgándole voz en las decisiones fundamentales. Lo ha hecho Venezuela, Ecuador y Bolivia, con referendos revocatorios. De Hugo Chávez se puede decir cualquier cosa menos que es anti democrático; ha convocado 15 elecciones en 13 años, de las cuales ganó 14 y perdió una por el 0,7% de los votos, reconociendo de inmediato los resultados desfavorables. Convocó a un referendo revocatorio de su mandato. ¿Qué presidente de América Latina se expone a un referendo revocatorio? Sólo Rafael Correa, Evo Morales y Hugo Chávez; ni Sebastián Piñera ni Michelle Bachelet, ni ninguno en Argentina, ni ninguno en Uruguay.
A diferencia de lo ocurrido en el Siglo XX, el Socialismo del Siglo XXI ofrece un modelo de gobierno que perfecciona el juego de la institucionalidad democrática, otorgando mayor participación a las bases sociales y una libertad de prensa que roza el libertinaje. Entonces es un socialismo especial, que no cree en la estatización total de la economía, pero sí en un riguroso control de los mercados, porque los mercados tienen una potencia destructiva fenomenal y, aunque pueden producir crecimiento económico, también provocan desigualdad y deslegitiman la democracia. Democracia participativa, economía de las equivalencias, integración supranacional, ésa es la alternativa que ofrece este sistema. Y pienso que los líderes tendrán que revisarlo, pues si se deja que el capitalismo siga su curso, en 50 ó 100 años más, el planeta estalla. O el capitalismo o la humanidad, no hay opción.
Por Javiera Olivares M. 
El Ciudadano Nº136, segunda quincena noviembre 2012

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El año de los grandes juicios

DDHH Argentina 
 Por Marcela Valente

BUENOS AIRES, dic (IPS) - Sin gran impacto mediático, la justicia de Argentina finaliza el año de mayor actividad respecto de las actuaciones por los crímenes contra la humanidad perpetrados por la última dictadura, tres décadas después de su fin. Represores de toda la escala de responsabilidades fueron condenados por decenas.

 Datos de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante el Terrorismo de Estado indican que casi 400 represores fueron llevados ante los tribunales este año, 86 de los cuales recibieron sentencia, 72 por primera vez.

Los acusados, en su mayoría exmilitares y expolicías, responden por delitos contra la humanidad, como secuestros, detenciones ilegales, torturas, ataques sexuales, apropiaciones de menores, homicidios y desapariciones forzosas.


"La política de acumulación (de casos) que implementamos está dando resultado", dijo a IPS el fiscal coordinador de la Unidad, Pablo Parenti. "Más que la cantidad de juicios, lo importante es que aumentó la cantidad de acusados en cada causa", remarcó.

El enjuiciamiento a la represión dictatorial, iniciado apenas se recuperó la democracia en 1983, se reanudó solo en 2006 luego de que se declararon inconstitucionales las leyes de "obediencia debida" y "punto final", promulgadas en la segunda mitad de la década del 80 y de los indultos firmados por el presidente Carlos Menem (1989-1999) apenas comenzado su mandato.

La lista oficial de personas detenidas desaparecidas entre 1976 y 1983, que se mantiene siempre abierta por la continua suma de nuevas denuncias, indica que ya superan las 12.000, aunque organizaciones defensoras de los derechos humanos sostienen desde siempre que rondan las 30.000.

Los primeros casos que pudieron ser pasados a juicio oral y público, tras las investigaciones e instrucciones, tenían uno o muy pocos acusados y por una reducida cantidad de víctimas, todos rasgos que desvirtuaban y alargaban el proceso y fatigaban a testigos y sobrevivientes.

Este año, sin embargo, se resolvió en diversas causas acumular expedientes de delitos cometidos dentro del mismo centro clandestino de detención o de un mismo distrito militar y, entonces, los acusados pasaron a ser decenas en cada juicio.

"Cuando se puso en marcha la Unidad (en 2007), había mucha dispersión", contó el fiscal Parenti. "Algunos juicios tenían el valor de ser los primeros y había que apoyarlos, pero eran contra uno o dos acusados", añadió.

Frente a ese panorama y con instrucciones de la Procuraduría General de la Nación, la Unidad diseñó una serie de medidas para acumular expedientes conexos de manera de lograr juicios significativos en plazos razonables, añadió.

"Hubo resistencia de jueces y fiscales, porque nuestra administración de justicia está acostumbrada a trabajar en pequeña escala, con menores volúmenes de prueba, pero al final se está avanzando y eso lo vimos reflejado este año", remarcó Parenti.






Uno de los juicios más grandes y emblemáticos que comenzó en noviembre fue el que reúne todas las atrocidades cometidas en la hoy desactivada Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el centro clandestino de detención que tenía la marina de guerra en la ciudad de Buenos Aires y por donde pasaron unos 5.000 prisioneros.

En 2007 había sido elevado a juicio oral el caso de un solo acusado de la ESMA, el prefecto Héctor Febres, quien se suicidó en vísperas del veredicto. En 2011 fueron condenados otros 16 represores de ese centro en un segundo juicio.

Pero el proceso de este año sentó en el banquillo a 68 imputados, entre ellos seis ex oficiales que pilotaron aviones en los "vuelos de la muerte", como se llamó al transporte aéreo de detenidos que eran arrojados vivos al Río de la Plata o al océano Atlántico.








En ese proceso actualmente en curso, identificado por el tribunal como causa "ESMA unificada", se está enjuiciado a ese más vasto número de represores por delitos cometidos contra 796 víctimas, una cantidad acumulada sin precedentes.

A comienzos de este mes arrancó en la provincia central de Córdoba otro proceso a gran escala en el que se unieron 16 expedientes contra 46 represores y por 450 víctimas. Este juicio, como el de la ESMA, culminará en 2013.

El tercer juicio oral de gran magnitud que comenzó en las últimas semanas de este año se tramita en la noroccidental provincia de Tucumán, con 43 acusados y 235 víctimas. La justicia unificó los casos de detenidos en dos grandes centros de detención.

Finalizó esta semana con 23 condenas, 16 de ellas a cadena perpetua, el juicio contra represores de la oriental provincia de Buenos Aires, que aglutinó los casos de 280 víctimas en seis prisiones ilegales, en un proceso llamado Circuito Camps, por el nombre del entonces jefe de la policía del distrito, el ya fallecido Ramón Camps.






Según datos de la Unidad Fiscal, actualmente están en curso 20 juicios por delitos de lesa humanidad. "Hasta 2008 solo había 70 condenados y ahora ya hay 339" hasta noviembre, detalló Parenti. No obstante, el fiscal no está conforme con el ritmo de los procesos.

"Se avanza, pero ojo con creer que ya está. Falta mucho, tenemos casi 1.000 procesados y, si bien se están haciendo juicios más grandes, el ritmo deja mucho que desear. Hay procesos con audiencias dos veces por semana", protestó.

Parenti remarcó que la acumulación de causas sirve para dar a la cosa juzgada una visibilidad más acorde al delito. "Al ver el conjunto y no las partes sueltas, se pone en escena la magnitud del terrorismo de Estado", subrayó.

El fiscal consideró que la suma de casos también ayuda a reconstruir el fenómeno en un contexto amplio. "No es lo mismo acusar a 50 que a uno o dos". La valoración de la prueba se vuelve, además, más sencilla con más casos que refuerzan testimonios.

La Unidad se apoyó mucho también en una serie de reglas prácticas fijadas este año por la Cámara de Casación Penal para agilizar juicios complejos, con muchas víctimas. Esas reglas recomiendan cómo proceder.

Una de las cuestiones en las que más se insiste es en el traslado de prueba a través de versiones en video, de manera de no revictimizar a testigos y sobrevivientes que están declarando una y otra vez en múltiples causas desde hace más de tres décadas.





En otro orden, el fiscal mencionó que está preocupado por la falta de control eficaz sobre los condenados con prisión domiciliaria por razones de edad o enfermedad –38 por ciento del total de condenados- que suelen ser vistos en la calle en salidas que no cuentan con el debido permiso.

Por último, mencionó que, si bien "se agilizó un poco" el proceso de revisión de sentencias, aún son pocas las que quedan firmes. De 339 condenados, solo a 50 no le quedan instancias de apelación, mientras que el resto aguarda la confirmación, en algunos casos desde 2009.

"Ese es otro gran desafío en el que tenemos que trabajar. Para que una vez finalizado el juicio oral, la sentencia definitiva, que debe venir de instancias superiores, llegue lo antes posible", definió.